martes, 22 de mayo de 2012

el templo de los lamas y el parque beihai



Bajo en bicicleta, con una parada a desayunar leche de soja y porras. Recorro los hutong, sus casas tradicionales a dos aguas con una pared acristalada al patio, al sur. Bicicletas oxidadas en callejones de un metro de ancho con las paredes marcadas con una x. Próximamente serán derruidas por real decreto para hacer rascacielos que vistan de progreso las Olimpiadas.
Entro en el Palacio de la Paz y la Armonía, el más importante templo budista de la orden Geduck de budismo tibetano y el segundo mayor de Beijing, después de la Ciudad Prohibida. Un museo precioso sobre el budismo en el Tibet con hojas caligráficas que podría estar horas mirando. La penúltima estancia es un templo muy alto con un buda de bronce de veinte metros. Llueve, me siento bajo una visera alada de un pequeño templo. Dibujo.
El mercado callejero tiene cantidad de frutas, hortalizas y demás plantas completamente desconocidas para mí. Huevos gigantes y otros azulados. Botes con otros sumergidos. El suelo está lleno de plantas. Los niños duermen sobre lo que parecen lechugas.

Visitamos el Museo de Historia. Expo sobre Hong Kong. Los palillos para contar los sacos cargados del puerto. Esos zapatitos que deformaban los pies. Personajes de cera que dan miedo. Confucio, Mao y una colegiala en un camión.
Paseamos por el Parque Beihai, antiguo jardín imperial, con su campana blanca boca abajo. El Lago y el Islote del Jade Floreado. El jardín botánico con sus plantas de agua. Cenamos, junto al lago, pollo con cacahuetes, ternera agridulce y arroz con berenjenas. Oímos a los Arcane, un grupo de gitanos del norte de China, y nos vamos a la piltra.

lunes, 21 de mayo de 2012

la gran muralla

Mr. Jack no para de sonreír mientras conduce su furgoneta a toda velocidad a algún punto de la larga muralla de 10.000 Li no demasiado visitado. Es un tío majo que acaba de ganar 280 yuanes. 

Es una muralla en varios sectores desde la frontera coreana hasta el desierto de Gobi. De ella sólo queda una tercera parte. Es muy larga, pero no hay ninguna razón para que pueda verse desde el espacio exterior. 
Vemos los restos de Simanaien, en la comarca de Miyun. Cerca de Beijing, pero no tanto como para que vayan los turistas. Lo mejor es que no ha sido reconstruida para que se hagan fotos. Apenas si nos cruzamos con algún chino y algún vigilante que ve la tele en blanco y negro en las torretas de vigilancia, descalzos y tirados sobre el suelo. 
Entramos por el puente colgante de un río y luego subimos unas empinadas escaleras que nos desfondan. Caminamos varios kilómetros sobre las losas de piedra que hay que abandonar en algunos tramos más deteriorados. Ya cansados, nos sentamos en el borde almenado y dibujo las maravillosas vistas: cadenas de montañas y una línea interminable de piedras en las crestas. La fortaleza infinita. La locura del poder.
Volvemos muy cansados. Beni se queda descansando y yo atravieso el puente colgante que, realmente, acojona. El otro lado está mucho mejor conservado; pero ya no tengo fuerzas para hacer demasiado trecho.
Un ciego toca una especie de banjo lo que parece un triste blues.
Llegamos exhaustos y hambrientos. Yack conoce esas caras y no retira su eterna sonrisa.

Ya en Beijing, invitamos a cenar a Javier y Maruchi. Deliciosas setas con pimientos picantes y cerdo con salsa dulce para hacer en traslúcidas empanadas. Frescas cervezas Hapi. Y la infalible dulce dulce camarera.

domingo, 20 de mayo de 2012

gente en la feria de córdoba

Dibujo a muchos tipos y tipas en la Feria de Córdoba. Allí siempre me tratan bien y conozco a gente interesante. Hoy os enseño los dibujos de los que bailaban en las casetas. En general, se sienten agradecidos al ser dibujados, y más satisfechos cuando atrapan su dibujo con el móvil.

sábado, 19 de mayo de 2012

la ciudad prohibida y los niños acróbatas


Hoy dedicamos el día a la ciudad imperial. De ella nos llegó el primer relato en el libro Sombras chinescas, de Luis Valera, que entró en 1900 con las legaciones occidentales, después de la Sublevación de los Boxer, como único miembro de nuestra legación. Aunque menos ajetreada, quisiera yo imaginarme su entrada a la vez con el asombro de tanta belleza, a la que yo añadiría paz. Pues, a pesar de la gente, es la tranquilidad, el sosiego, lo que domina. Del Sur al Norte más bello se hace. Hasta el último hall, con sabinas chinas milenarias, piedras extrañas, pagodas de tejas vidriadas amarillas. Y desde allí ese impresionante horizonte de cerámica del color del sol con siluetas de dragones y otros animales mitológicos.

Comemos en un restaurante público con 23 camareras de uniforme. Nos toca la dulzura personificada, de piel blanquecina y gruesos labios. La comida muy bien. Con la sandía viene el recuerdo de las sandías de Padre Miguel, y luego de mi padre. Y yo aquí en China, siguiendo la tradición, le doy la primera rodaja a Beni y, luego, mi corazón.

Sondeando la colonia española en Beijing, veo dos sectores radicales. Uno ve a los chinos necios, de malos modales y cerdos. El otro como honrados y cándidos (se ponen nerviosos como los niños acorralados y te ayudan, si pueden, hasta el final). Son horteras, dicen, pero esa tradición de las artes de escribir o la jardinería (el amor al agua, las piedras...), la medicina natural, la orientación de las viviendas... son cosas serias.
Cenamos en la terraza del restaurante ruso Elephant. Sopa Solyanka y filete con puré de papas. En el Alpha hemos quedado con Sara, mánager del Jam Club. Nos pasa unas entradas para un concierto y nos presenta a un joven diseñador de ropa muy chula, la tradición llevada a la vanguardia. La ropa que lleva es la mejor muestra.

Quedamos anonadados con el espectáculo de los acróbatas. Niños que parecen muñecos capaces de todo. Ruedas metálicas que no paran, la cuerda floja hasta la máxima dificultad. Bicicletas sin manos, sin pies, boca abajo... hasta doce chicas en una bici que gira en el escenario. Contorsionismo, platos girando... una pasada. Pienso en esas infancias destruidas para llegar a hacer ésto. Como guiri, me sacan a hacer un poco el tonto entre número y número. Beni se parte de la risa.

viernes, 18 de mayo de 2012

la locura pekinesa

Muy agradable pasear por Pekín en la bici de Javi. Me siento feliz entre tanto ciclista. Voy por las avenidas hasta la Plaza de Tiananmen. Allí me siento frente a la entrada de la Ciudad Prohibida, con la foto gigante de Mao. Se me forma un corrillo de chinos alrededor, que cada vez es mayor y me hace más difícil dibujar, sobre todo cuando se empeñan en comprobar que soy real y mis pelos naturales. Finalmente, una pareja me deja a su bebé para la foto, y pongo cara de hombre peludo de feria, de alimentarme básicamente de carne cruda.
Subo hacia el norte, parando en los hutong. Casitas a dos aguas con patios de vecinos. Cerca de casa, me pierdo en una calle llena de puestos de verduras y huevos de tamaños y colores muy diversos, donde venden tortitas calientes con un huevo a la plancha y un brochazo de salsa. A dos jovencitas le enseño la chuleta que me ha hecho Maruchi, me llevarán a casa.

Vuelvo a  la plaza con Beni; satisfecha con las tortitas y la sandía que le he traído. La gente lanza cometas preciosas. Tiburones volando junto a caras, aviones y pájaros. No para de cruzar la gente los cinco puentes de mármol blanco. Ropa recargada y muy barata en el sur de la plaza. Caen unas tapas de pimiento picante y gambas con gabardina. Pruebo cervezas.
Rodeamos parte del foso de la Ciudad Prohibida, por el costado oeste (dos grandes parques con lagos) hasta la Puerta Norte. Allí baila la gente mayor a ritmo occidental. Callejeamos por los hutong. Los chavales llenan sacos con botellas de plástico. Todo resulta miserable. Beni preferiría irse de aquí. Hacia el Este llegamos a una avenida que nos saca del laberinto.

La zona de la Puerta Norte del Estadio de los Trabajadores está llena de bares y restaurantes. Gitanos chinos bailan flamenco. Hay un grupo de españoles. Los becarios lo pasan en grande. En el Alpha hay una fiesta que hacen dos peluqueras. Occidentales y chinos fashion. Una pareja pija gallega. Champán, dulces y el montón de estrellas de Polito Montañez. Un negro baila salsa en calzoncillos y calcetas blancas. En VICS chinas guapas y guiris bailan en un escenario. Miradas que desnudan. La locura china. Gracioso y bestia. A ellas les gustan los occidentales, pero a las occidentales no les gustan los chinos, de bruscos modales; por lo que ser occidental aquí es un privilegio, y ellas están en una situación complicada.
Salimos confundidos entre risas, buscando un taxi. Miramos hacia un ruido tremendo. Una moto con sidecar pasa en dos ruedas.

jueves, 17 de mayo de 2012

sevilla en mayo del 32


Volvemos a Sevilla merced a Bakumarsa. Nadie preguntó por nosotros. Inspeccionamos el recorrido. El barco ha sido señalado. FP está preparado en Madrid. Sigo pensando que es precipitado, pero no depende de nosotros. Karl y Anne están muy metidos. La cohartada de Karl es buena, pero Anne gusta demasiado de las funciones nocturnas, lo que irrita al arzobispo y dificulta nuestras relaciones ¿Por qué no entiende el aspecto moral de nuestros amigos? Ayudaremos en la campaña contra el divorcio. Una de las máquinas está al llegar. Si Karl no puede, hablaré yo. Deberíamos desaparecer a finales de julio. Prepararé el viaje con la naviera. Es lo mejor.

miércoles, 16 de mayo de 2012

martes, 15 de mayo de 2012

de tianjin (天津) a beijing (北京)

El hotel, Imperial Palace, nos gusta. Con ese rollete de peli china: maderas rojas lacadas, dulce recepcionista con camisa bordada, escaleras voladas, mantas ilustradas... todo tiene un aspecto agradable, cercano y rancio; al menos nada de esa asepsia de los grandes hoteles. Me engancho con la peli de héroes de la Revolución. Zooms y elipsis preciosos. Marcelino pan, y vino con colores rabiosos.

Vamos en taxi hasta el Rastro tianjino: el Guwang Schichang. Lugar donde empezar un relato. Tras la estantería cargada de piedras de jade, un niño dormía sobre un colchón de papeles. Casas pequeñas de ladrillos rojos vistos. Hago fotos entre los tenderetes. Unos posan, otros salen corriendo. Hermosos planos de ciudades. Hacen carteles de madera con las letras en relieve, que luego pintan en dorado y rojo, sus colores favoritos.

La Estación Oeste es muy bonita, de la época alemana. No salimos de la película. Los pasillos de nuestro tren están llenos de cáscaras de pipas y cacahuetes, y un montón de envases de plástico. Nos ofrece comida esa chica tan liiista de Xiam.  De golpe, se oye una música  espantosa y las barredoras se ponen a su tarea. Ignorando a la gente, retiran las fundas de los asientos y se ponen a fregar. 

Impresiona la  enorme estación de Beijing con ese toque antiguo. Un pantallón pone anuncios de China Mobile. Llamo a Javi desde el móvil, y él se lo pasa a una compañera china. El taxista se pone el aparato en la oreja. Después nos lleva a casa de Javi, un rascacielos de cristal para extranjeros. Planta 15. El piso es grande y luminoso. Javi nos ofrece la habitación de su compa, Maruchi, y nos pasa un edredón. Descansaremos mientras él va a su clase de chino.

Los hutongs son pequeñas callejuelas y callejones llenos de casas tradicionales a dos aguas. Ahora los están derrumbando a ritmos forzados y se hacen algunas acciones en contra. Hoy merendamos en un bar con terraza en la propia demolición. Somos un grupo de occidentales tomando el fresco y comiendo tapas a la brasa sobre las ruinas de la China tradicional. Invito a cenar a todos por 86 yuanes. Vamos a un local infesto en el que cantan dos chinas sosísimas con un guitarrista heavy enamorado de himnos épicos, y luego a un local donde unos gitanos chinos cantan flamenco. Nos advierten del momento extravagante de Beijing, a lo Madrid años ochenta. Todo está cambiando a una velocidad de vértigo, los chinos se sienten en el centro del mundo, observados, y se comportan como adolescentes. Aparecemos en una terraza chula con el suelo de madera y cuadros colgando con chinas desnudas. No quiero hablar mucho del viaje. Nos enseñan sus bicicletas y nos dejan las llaves de los candados. Yo se la acepto a Javi, que es una bici vieja en la que poder ir relajado. Encima de la cama hay un plano de Pekín con la casa marcada y una guía. Esto promete.

lunes, 14 de mayo de 2012

ji'nan (濟南)



La gran dificultad del chino hablado son los tonos. Cada símbolo corresponde a un concepto, pero depende  del tono que signifique una cosa u otra. Wei puede ser calle y paralelo.
Estamos en la capital de la provincia de Shandong. Cuando llegamos anoche los obreros seguían trabajando en un rascacielos, con bombillas, colgados. Contrasta la cantidad de horas que se trabaja y en muy malas condiciones, con la laxitud de los funcionarios. 

Nos montamos en dos motos y nos damos una vuelta por la ciudad. Infernal, fea, sucia. Llena de polvo y hollín. Casas caídas, escombros, calles levantadas. Gente resistiendo. No sé si tiene alguna relación con las próximas Olimpiadas, esa regeneración de la que gustan arquitectos y políticos. La ciudad antigua ya fue arrasada en la Segunda Guerra Mundial. Hasta el parque de la Montaña de los Mil Budas carece de la belleza de los jardines chinos. Allí me hacen un sello de piedra (con una traducción fonética de mi nombre) y visitamos varios templos del mal gusto.

El restaurante tiene montados los platos en crudo (muchísimos), así que sólo hay que elegir. Un plato de huevos de codorniz con setas y gambas y dos peces con buena cara, con una cerveza local con la botella serigrafiada (Bao Tu Quan). El pescado aparece bañado en una salsa exquisita.

El tren lleva retraso. Mucha gente esperando. Es el que va a Beijing desde Shanghai y viene a tope. Imposible pillar asientos. Nos sentamos en las mochilas, en el espacio entre vagones. Dos guiris están molestos cuando un abuelo flacucho, sentado sobre sus talones, se enciende un cigarro. Llevan pantalones cortos y las chicas les tiran de los pelos de las piernas. Bichos raros camino del circo. Con el traqueteo y empujones hago un dibujo rápido del caos.

domingo, 13 de mayo de 2012

15m el 12m : madrid de fiesta

Mani divertida con mucha mucha mucha gente. Emotivo el encuentro con la columna del sur y luego en Atocha con los anarcos, y después el recuerdo de los abogados asesinados en Antón Martín. Froilán, sé bueno y dispara al abuelo, se oye. Cada uno lleva su pequeño cartel. No somos antisistema, ¡el sistema es antinosotros! se lee. Pocas banderas. Republicanas. Alguna griega. Viejos conocidos del 15M. El grito mudo a las doce. Sobre todo, mucha samba. Yo lo celebro con mi lápiz lisérgico y abandono cuando los riñones me lo exigen, demasiadas horas de pie.
Parece que a altas horas, la policía se envenena y convierte esta fiesta pacífica en clase de prácticas. Desalojo de la plaza y detenidos. Todo tiene un límite dicen, y lo pone quien puede.