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miércoles, 1 de noviembre de 2023

apolonia dormida se deshace





    La tumba de Apolonia Canales Zurro en el cementerio de Ciudad Real, se deshace, se va reduciendo a ruinas. Realizada por su marido, Tomás Argüello, nacido en Valladolid en 1887, director y profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real, y hoy de propiedad municipal, está abandonada a su suerte. 

    El escultor había conseguido por oposición la plaza de profesor Auxiliar con destino a la enseñanza de Modelado y Vaciado en la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real, que por entonces dirigía Enrique Hervás Escurier. Contaba 28 años cuando contrajo matrimonio en Valladolid con la joven Apolonia Canales Ruiz en septiembre de 1915. Complementaba su sueldo de profesor auxiliar con la enseñanza de la asignatura Concepto del Arte e Historia de las artes decorativas ya que la Escuela de Ciudad Real carecía de Profesor de término en esta materia, cuya docencia compartía con el profesor de Dibujo artístico. La inesperada muerte de su esposa el 12 de octubre de 1916 provocó un hogar deshecho, cuando en plena juventud mayores venturas se prometían nuestros amigos. Quiso rehacer su vida y en 1917 firmó la convocatoria para opositar a profesor de Término de las escuelas de Artes y Oficios de Barcelona y La Coruña. Desde entonces, nadie ha cuidado el sepulcro.

    Aunque la obra no está firmada, existen fotos del autor junto a esta tumba llena de leyendas populares. La parte inferior de la tumba, hoy casi perdida, demuestra el gusto del autor por las artes decortivas renacentistas, recargada de elementos vegetales, medallones, ménsulas y hasta figuras de atlantes. Contrasta con la naturalidad de la figura femenina de la parte superior, acostada sobre una cama y cubierta ligeramente por un sutil velo.

En 1999 el escultor García Donaire ofreció al Ayuntamiento de Ciudad Real, su propietario, su entera colaboración para su restauración. Incluso hubo promesas de los políticos. Lo cierto es que jamás se ha hecho nada. La bella durmiente se hunde.

En 2025 ha sido restaurada y cambiada de lugar, ya que el terreno donde estaba se hundía. Esta restauración ha consistido en una limpieza que, realmente, ha supuesto una pérdida lamentable de los detalles. Puede verse AQUí: 

miércoles, 18 de noviembre de 2020

las momias de san andrés


Los cadáveres del antiguo cementerio parroquial de la iglesia de San Andrés de Toledo fueron colocados en una cripta bajo la iglesia con la ampliación del siglo XVI. En noviembre de 2012, esta cripta, y el pudridero contiguo, estaban siendo limpiados y adecentados con la intención de convertirlos en espacios visitables en el futuro. Fue en estas fechas que el fotógrafo toledano David Utrilla pudo acercarse con su cámara para conseguir estas fotos con el fin de publicarlas, junto a otras muchas, en el libro Toledo Secreto; pero al considerarlas demasiado tétricas, nunca se atrevió a hacerlo. Cosa que hizo en su blog dos años más tarde.

miércoles, 21 de marzo de 2018

un cementerio para un bebé muerto


Parece que por estas sierras ya estuvieron sacando plomo los romanos. A final del siglo XIX se conocían siete concesiones mineras en la Hoz del Chorrillo. Pero la mayor actividad minera conocida por estos lares se dio en la primera mitad de la década de 1920, cuando la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya llegó a tener un auténtico coto minero de once mil hectáreas de extensión repartidas entre los términos municipales de Mestanza, Solana del Pino y San Lorenzo. Sus esfuerzos se centraron principalmente en los filones del margen izquierdo de la Hoz del Chorrillo, donde se reconocieron más de veintiseis, aunque solo se llegaron a explotar cinco o seis. En 1924 se habían excavado más de dos kilómetros de galerías y cruceros de reconocimiento. Entre 1922 y 1923 se construyó el poblado minero Pueblo Nuevo o Nava de Río Frío, un poblado famante al que se llegaba a por su nueva carretera que venía de Mestanza. Llegó a tener más de setecientos habitantes, repartidos en190 viviendas para los mineros y 24 para los técnicos, con un montón de comodidades para su tiempo como escuelas, dispensario médico, iglesia, oficinas, cooperativa, cuartel la guardia civil y fabrica de harina y pan. Además de servicio de agua potable, energía eléctrica y teléfono. Y claro, como no, también tenía cementerio. Un cementerio con dos calles en cruz jalonadas con cipreses y en cuyo punto de intersección se levantaba una cruz de hierro.

Del pueblo hoy solo quedan paredones de tapial derruidos y la fachada de la iglesia sin campana. El cementerio mantiene las tapias circundantes, aunque dentro es una maraña de coscojas, lentiscos, jaras y matas de romero sobre la que se elevan los estilizados y elegantes cipreses. El camino es ahora un arroyuelo de agua limpia que muere en el Jándula. Por un trozo de pared hundida se puede entrar.

Como quiera que la mina se cerró ocho años después de ser construido el pueblo y que quienes lo habitaban eran familias jóvenes, imaginamos que no hay muertos enterrados. Ni lápidas, ni cruces, ni ramos de flores secas debió haber nunca, ni un solo llanto. Sin embargo, próximo a las barriadas de los obreros existían charcas formadas por hundimientos del terreno sobre las galerías de la mina con pequeños pozos que desviaban los obreros para regar sus huertos. En apenas unos años la mitad de los habitantes de Nava de Río Frío estaban afectados de paludismo, llegando a ser el mayor foco de la provincia.

Sabemos que se instaló en 1927 un dispensario central antipalúdico cargado de quinina a solicitud de la empresa minera Sociedad de Peñarroya, a partir del cual médicos de la empresa mantuvieron sendos dispensarios en los centros de San Quintín y Asdrúbal hasta 1932, y la Comisión Central trasladó el dispensario a Puertollano, a partir de marzo de 1931, en concomitancia con las obras del ferrocarril Puertollano-Córdoba y como uno de los servicios mixtos de higiene minera (anquilostomiasis y paludismo), por el cierre de la mina de La Nava.

Así que, cerca de la cruz central, escondida por la vegetación, puede verse una pequeña lápida sin cruz, rota y comida por el líquen, donde dice que Marianito Rubio Pareja subió al cielo el dos de abril de 1928 a la edad de siete meses. Y que sus pobres padres, olvidados de todos, muertos y ya enterrados sepa Dios dónde, no lo olvidan.

El ferrocarril y la minería extendieron el paludismo con su gran movimiento migratorio de personas. La minería especialmente por el movimiento de braceros temporales que venían de otras regiones en invierno para mover los terrenos y que volvían a su tierra a las labores agrícolas en verano. Luego, se desarrollaba en unas malas condiciones higiénicas, con lavaderos sucios, agua estancada y abundante vegetación. La salud del infeliz obrero, víctima constante de rebeldísima infección malárica escribe Juan Tomás García en su libro sobre la minería sevillana del carbón.
Comercialización de la quinina en 1928

La Sociedad Minera utilizaba dos pantanos, dos embalses y dos arroyos para el desagüe de las minas. Para combatir el paludismo se utilizó petróleo, “verde parís” y gambusias. Para favorecer el crecimiento de los peces y su acceso a los nidos de larvas se realizó un aclarado de la vegetación vertical y se suprimió la horizontal. El tratamiento terapéutico se realizó con dosis de 1 gr de quinina durante seis días y diez días con plasmoquina. Por encargo de la Dirección General de Sanidad, se llevó a cabo en 1927 una campaña antipalúdica, con la colaboración de los doctores Fábrega y Cienfuegos y la coordinación de Emilio Luengo. Estos últimos facultativos detectaron que de los 703 habitantes censados, 369 estaban afectados de paludismo. 

A partir de 1928 la Sociedad de Peñarroya estableció de forma permanente un Laboratorio de Profilaxis e Higiene Industrial, con el fin de realizar un seguimiento del paludismo de 1928 a 1932. Bajo la dirección facultativa de M. Maldonado las analíticas realizadas fueron:   
Año     Nº de análisis totales  Análisis positivos   Gastos quinina 
1928               1092                          35%                   10.071 gr 
1929               4567                          46%                   86.902 gr 
1930               6170                          49%                   91.415 gr 
1931               4460                          43%                   41.433 gr  
1932               1895                          29%                   10.318 gr 

Se capturó A. maculipennis en un 58% de los casos y por centenares en las cuadras. Se detectaron fiebres tercianas y perniciosas. Maldonado suministró a los enfermos 1 gramo de quinina durante seis días y durante los siguientes diez días plasmoquina con buenos resultados. En 1932 se suministraron además 40.000 tabletas de plasmoquina. Además se utilizaron 851 Kg de “verde parís” en la campaña antipalúdica. A pesar de los ejemplos descritos, el paludismo no era una enfermedad endémica de las cuencas mineras, sino más bien que las minas estaban enclavadas en lugares palúdicos. Además, la remoción continua de tierras y el lavado de los minerales formaban depósitos de agua permanentes que podían convertirse en focos de paludismo. La falta de medicación preventiva por un lado y por otro la falta de vigilancia en la administración de la quinina para los obreros, acabó provocando un aumento en la incidencia de la enfermedad. 

La erradicación del paludismo en España. Aspectos biológicos de la lucha antipalúdica. Memoria de Tesis Doctoral de Balbina Fernández Astasio. Universidad Complutense de Madrid, 2002.

Félix encontró dos lápidas

miércoles, 6 de diciembre de 2017

cipreses

                            
                            
                            

Estos hermosos y enormes cipreses deben ser de la época de la inauguración del cementerio de Ciudad Real, hace 126 años.

"Te compro la sombra de tu ciprés por veinticinco monedas de oro", le dijo aquel buhonero a Li. Y Li fue feliz hasta que un día la sombra del ciprés se proyectó hasta la sala de estar de su casa, y aquel buhonero araposo entró con sus pulgosos amigos a jugar a las cartas, pues la sombra ya era suya. Entonces Li, desesperado, le propuso comprar la sombra del ciprés por cincuenta monedas de oro. "No habrá trato sin no es por doscientas", le contestó el buhonero. El vendedor ambulante montó una casa de té con el dinero de la sombra del ciprés y le fue muy bien el resto de su vida. Li, sin embargo, se arruinó y su mujer le abandonó. Cuentan que nunca más se opuso a que alguien disfrutara de la sombra del ciprés. Pero esto no es más que un cuento chino.

miércoles, 4 de octubre de 2017

el cementerio alegre de sapanta






Este colorido cementerio se encuentra en Sapanta, en Rumania, junto a la frontera con Ucrania. El lugar nació en 1930 con la idea de crear un sitio para recordar con alegría a quienes habían dejado este mundo. Cada lápida es de madera y tiene una imagen que representa al difunto.

Con frecuencia la lápida contiene un poema y explica cómo murió la persona. Por esta razón, el cementerio guarda testimonios de enfermedades físicas y mentales, de la Segunda Guerra Mundial y del régimen comunista rumano.

jueves, 17 de agosto de 2017

las catacumbas de los capuchinos de palermo


En las afueras de Palermo, en Via Cappuccini, las catacumbas están situadas bajo un monasterio de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que fue originalmente un cementerio en el siglo XVI, y en el que los monjes excavaron criptas subterráneas. En sus orígenes las catacumbas estaban destinadas solamente para los frailes, pero ya en el siguiente siglo, y dado el éxito del costoso proceso de momificación que los monjes habían adquirido en sus viajes misioneros a América del Sur y África del Norte, las familias palermitanas pudientes solicitaron que sus familiares fallecidos fueran depositados en las mismas. Algunas personas describían en su última voluntad el atuendo con el que deseaban ser recordados, otras demandaban que sus ropas fuesen cambiadas regularmente.

Básicamente los pasos que llevan a la conservación de los cadáveres pasaban por mantener el cadáver en una cueva de piedra de tufo, extremadamente porosa, de ambiente muy seco para que el cuerpo “sudase” la humedad durante ochos meses, exponerlo posteriormente al sol para que se secase más y darles después una limpieza de vinagre. El primer cuerpo tratado de esta manera que todavía existe hoy fue el del hermano Silvestro da Gubbio que murió en 1599.

Las más de 2.000 momias de la catacumbas de los capuchinos en Palermo, están ordenadas por salas según su estatus en el mundo: hombre o mujer, sacerdote o profesional, niño o adulto. Existe incluso una cámara para las vírgenes. El panorama resulta notablemente grotesco y no solo por los gestos desencajados de las calaveras, también por las briznas de paja que escapan de los rellenos y las ropas apolilladas de otros tiempos.

En ellas está basada la famosa estampa en la que el genial dibujante y grabador holandés Maurits Corneliis Escher, tras un viaje por el sur de Italia, representa un grupo de sacerdotes momificados, dispuestos en hornacinas y con la sentencia “Ite, missa est“ (Idos, la misa ha terminado) bajo sus pies. En esta imagen, además de un extraordinario y tradicional memento mori (recuerda que morirás), algunos han querido ver un indicio cristalino de la filiación gnóstica y anticristiana del artista, patente en otros aspectos de su obra. Efectivamente, la leyenda sobre el final de la misa parece insinuar el fin de la religión católica.

El gobierno italiano prohibió la momificación en el lugar en 1881, aunque se realizó una excepción en 1920 para la niña de dos años Rosalía Lombardo cuyo cuerpo notablemente bien conservado adopta el sobrenombre de la bella durmiente. Fallecida en 1920, fue momificada a petición de su padre. El encargado de dicha tarea fue el químico Alfredo Salafia, que procedió a embalsamar el cadáver de la niña conforme a su innovadora y duradera técnica. Un reciente estudio con rayos X demostró que el cuerpo, incluidos los órganos, se encuentran en muy buen estado de conservación y con un grado de deterioro muy leve.

Recientemente un equipo de investigadores del Instituto de Momias y Hombre de Hielo de Bolzano (Italia) encabezados por el bioantropólogo Dario Piombino-Mascali ha tenido acceso a las notas personales de Alfredo Salafia, e incluso han podido hablar con descendientes directos del mismo para descubrir la técnica empleada por el embalsamador, que nunca desveló en vida. Ésta consistía en una mezcla de formol diluido en agua que actuaba como desinfectante y eliminaba a las bacterias, saturada en sales de zinc. También incluía alcohol, que junto el clima particularmente seco de las catacumbas podría haber secado el cuerpo de Rosalía y permitir de este modo su momificación; ácido salicílico, que evitaba la proliferación de hongos, y glicerina, que prevenía el excesivo secamiento de los tejidos corporales.

Merece la pena visitar el cementerio contiguo, con hermosos panteoness racionalistas.

sábado, 15 de noviembre de 2014

último día en cuba


Me pongo en marcha hasta la 12 y me meto en el Cementerio de Colón, que es gratis los domingos y no hay funcionarios. El coche funebre es un Cadillac negro con cabezas de torpedos en el punto de choque del paragolpes delantero. Tengo que dar la vuelta para entrar al cementerio chino. Pequeño, acogedor, silencioso, con grandes árboles de sombra. Casi todas las tumbas son cristianas, pero también se levantan pequeñas pagodas con incensarios como en los templos budistas e inscripciones en chino. Me entretengo leyendo sus nombres y apellidos en una calle de nichos: Luis Chang, Enrique Lee, Antonio Tang, Alfonso Lam... La calle 23 mantiene edificios preciosos, que dibujo. La antigua fábrica de tabaco H. Upmann reparada y pintada para Tabacuba.

Junto a Beni visitamos el callejón Hamel, que es un collage tridimensional lleno de objetos y graffiti. Una especie de galería sobre el afrocubanismo y sus palos. Se oye música de percusión bongosera y negritas bailando con pelucas para las cámaras digitales. Luego pasamos por la mole de torres circulares de Soledad con San Lázaro. Un hombre pasa con un traje de arpillera y una caja de cartón con un San Lázaro, que nos desea salud. El 17 es el día en que sus seguidores se visten con un saco, deben haber aprovechado el domingo. Su devoción está ligada a la santería, a Babalú Ayé, a quien se ofrecen sacrificios y en ese día se le dona dinero (dame veintisiete velas pa ponerme en cruz).

Salimos al Malecón por Parque Maceo y su estatua ecuestre, el Titán de Bronce. Bebemos cerveza en la Taberna Galeón. Los cubanos descansan sentados en el bordillo, pescan con una cuerda o buceando. El sol ilumina el faro y el castillo del Morrillo.

En Prado se han organizado las timbas de ron. Beben ron blanco de dudosa destilación. Todo se ha llenado de artistas vendiendo sus cuadros. Los árboles se han hecho gruesos y sobresalen de los círculos de hierro fundido que los rodeaban originalmente. Cerca del Capitolio se acerca un buitre con la sinceridad, el amor al gallego y finalmente el anticastrismo. Estos moscones son lo peor de La Habana, por eso siempre dejamos la capital para el final, cuando ya nos hemos cubanizado y sabemos relativizar. Está empeñado en acompañarnos y no nos apetece nada. Le digo que no quiero nada. Ya en el Barrio Chino quiere sentarse en nuestra mesa del Luna de Oro y le digo que preferimos comer solos. Me dice que no va a comer y le repito que preferimos estar solos, que nosotros elegimos nuestras compañías.
- Un día te hará falta una ayuda y te acordarás de mí.
- Me acordaré de mucha gente.
- ¡Te acordarás de mí! me dice más alto y mirándome fijamente a los ojos como si de un maleficio yoruba se tratara.

Cojemos un taxi. Los chavales juegan al baloncesto y al fútbol por las calles con un balón ponchado que suena bastante mal. 23, edificio Alameda. Nos sentamos en un bar de cerveza dispensada a seis pesos, hace un calor pegajoso. Unos chavalillos nos explican el mecanismo de unos triciclos caseros de madera y rodamientos con los que bajan las cuestas. El volante es el eje de la rueda delantera, fijo a uno de los costados y móvil el lado opuesto. Me dicen que si soy pintol que pinte a éste de tremendas orejas. Frente a Tabacuba hay una terraza con cerveza Polar en botella y dispensada en jarras de tercio. Hay un borracho pintado y una señora con una gran jarra. Se pone a llover y nos metemos bajo una visera de hormigón de una sola columna. Una luz lateral quema todas las fachadas y parece levantar ese fuerte olor a tierra mojada. Bajamos hacia Los Almendrales, al río. Atravesamos el puente que los une a Miramar. Abajo empujan un coche que cuando empieza a funcionar arrastra a todos los chavales y los revuelca por el piso mojado. En la Casa de la Música todo se ha acabado. Hay un fuerte olor y mucho humo. Los músicos recogen los instrumentos en el escenario. Las mesas están llenas de latas vacías de Bucanero.

En el Habana Libre vemos las fotos de los barbudos en el vestíbulo con sus botas encima de los sofás.
La señora nos cuenta que se jubila a los 55 años. Necesito tiempo libre para ir a un balneario que me haga bien para la artrosis en los codos y las rodillas. Bueno, esto se ha acabado, hay dos Cubas y un pueblo que vive mal. El bloqueo es un asesinato. Estados Unidos ahora castiga a una empresa que nos vendió una purificadora de agua. Apenas si ha llovido, es una salvajada.

Nos llama a un taxi.  Es un 1430 como el que tuvo mi padre. Es emocionante circular otra vez en él. Hacen milagros.
- Es una Lada, Nosotros le llamamos 1600 aunque tiene 1500 centímetros cúbicos. Éste es un 1600 Especial.

En el aeropuerto nos dejan pasar las botellas de ron que aparecen en las radiografías. Todo lo demás es lo de siempre.

viernes, 14 de noviembre de 2014

la habana vieja y una peli del ché




Otra vez las estrellas en el techo y sábanas con olor a limpio y el jaleo toda la noche de la calle 23. Paseo hacia el malecón tempranito. Entre los puestos de un mercado lleno de frutas y hortalizas. Una brigada del CDR llevan linternas y palancas en busca del mosquito del dengue. La brigada de inspectores de la Salud Pública llevan un uniforme del coronel tapioca.

En el Hospital Calixto García me hicieron la inmovilisasión dinámica para el esguince. Me gustó que el paciente participa en la cura. Cogemos Neptuno. En el 960 está el local de ensayo de Beni Moré, con dos filas de asientos de teatro. San Miguel, Obispo, hacia la Habana Vieja.

- Me dio un golpe una prieta con su tremendo culo, y me estremesí. Me cuenta alguien con el que choco sin querer. Son bailones y bacilones, graciosos.

La calle Obispo va a tope. En La Lluvia de Oro sigue un grupo la música del tren. El edificio del 306 tiene puertas correderas entre columnas. El edificio Europa. La antigua Droguería Johnson, impresionante farmacia con los ventiladores colgados como arañas. El edificio de piedra de la Bolsa de la Habana. El Hotel Florida con su patio ajedrezado de soportales llenos de plantas. La farmacia Taquechel con sus vitrinas de madera llenas de tarros de cerámica, los historiados mostradores y el esqueleto en la puerta. La hermosa cafetería del rosado Hotel Ambos Mundos, donde deambulaba Heminway en los años treinta.

Curioseamos en los puestos de los libreros de la Plaza de Armas; con suerte aparece mi cuaderno perdido. No está, pero encuentro unas guías de los cincuenta de Cuba, América Central y Centro América preciosas. La calle Oficios parece un parque temático colonial con gente disfrazada de soldados y prietas yoruba en los sardineles. Museos de coches, de ganchillo... esta parte de la ciudad está repintada y rebonita. Comemos en la cafetería Marina, frente a la iglesia. San Francisco en la plaza del mismo nombre y la Catedral de San Cristóbal (recordad que la ciudad se llamó San Cristóbal de la Habana). Mercaderes, la plaza del porticado Palacio de los Condes de Jaruco, con su patio de arcadas en dos pisos. Una imprenta con las máquinas de aspas funcionando. Brasil, La farmacia La Reunión, que lanzó la famosa Magnesia efervescente Sarrá.

Una señora me preguntó si salió bien en la foto. se la enseño. Linda, linda, dice. Descansamos en la terraza del Hotel Inglaterra, con viejas y gorditas alemanas en compañía de machucambos cubanos y abuelos italianos con jovencitas jineteras. Aparece Des y nos lleva a su casa. Nos dice que se ha limpiado esta parte de la ciudad al quitar los destrozos del tifón. Tiene muebles cómodos y una barbacoa a la que se sube por una escalera de submarino.
- Las yoruba que te sonríen son funcionarias del Estado que te cobran un dólar por un beso.

Bajamos por San Lázaro hasta el Malecón. Familias con sus perritos, voladores de cometas, pescadores sin caña, novios besuqueándose. Vamos al Yara a por los boletos. La taquillera unta fuagrás en las galleticas saladas y come lentamente y con cuidado de no estropear el carmín. No abrirá hasta que la cola sea ya imposible. Después de un descanso en casa, nos ponemos a la cola. Pongo asento cuuubano pa conseguí los boleticos.

Es hermoso y emocionante ver aquí Diarios de motocicleta, especialmente cuando lees al final que el amigo del Ché se vino a Cuba, fundó un hospital y vive aún en La Habana junto a su mujer y sus hijos.

lunes, 11 de marzo de 2013

tercer día en buenos aires














Cogemos el 126 a Retiro, terminal de buses. Miramos posibilidades a la playa. Resultado: un bus semicama a Santa Teresita para mañana a las 10:45. Parece que esta playa no está tan masificada como Mar de Plata y, seguramente, los hoteles no sean tan caros.

Tratamos de ir en línea recta al barrio de La Recoleta, pero dos policías nos desaniman a cruzar un barrio chungo que hay detrás de la estación (la 31), peligroso es poco dicen. Así que volvemos hacia atrás y pasamos a ver la pequeña estación de Belgrano, de estructura metálica pintada de verde oscuro, y luego la aparatosa de Retiro, neoclásica-napoleónica, con dos vestíbulos pasadísimos y taquillas en curva forradas de cerámica esmaltada verdosa bronce oxidado. Nos asomamos al espectacular café que ya dibujara en el anterior viaje y a las vías. Plaza de San Martín en cuesta con el famoso edificio Kavanagh. Carril bici de Libertador, Museo Nacional Hispanoamericano y un poco hacia arriba y de golpe estamos en Serrano. Casas de lujo, calles limpias, boutiques caras con señoronas cotorreando (es una pocholada!), chachas de uniforme fregando las terrazas, hoteles de muchas estrellas, cafés puestos… otro Buenos Aires, pues el nuestro es sucio comparado a éste.

Nos sentamos bajo un ficus gigante en la plaza Alvear. Nos comemos unas manzanas y yogures. Dibujo este espectáculo natural. Subimos hasta el cementerio. En el Centro Cultural, vemos las mariposas en cautividad traídas de Misiones: la monarca y julia (naranjas), la viuda del Norte (negra con una cenefa roja) y el limoncillo verde. Nos vamos porque las condiciones en que están son las ideales para los mosquitos y ya hemos visto demasiados carteles contra el denge.

Paseo por el cementerio: grandes esculturas, caras de personalidades, ángeles desesperados y el reloj de arena con alas (tempus fugit). Calaveras de chapa oxidada con dos fémures cruzados, mujeres lánguidas, pesarosas, mausoleos, cruces mohosas, óxido y ruina. Los dioses griegos, cristo muerto, batallas en relieves, cañones, espadas, coronas de bronce, símbolos masones, candelabros de siete brazos. Salimos cansados de tanta simbología y tan poco sentido del humor. Un niño pregunta: y si abrimos la puerta ¿saldrá una calavera?. Con esta frase en el coco, voy a abrir una puerta de madera, y una voz dentro me grita ¡Nooo! y me doy un buen susto. Beni se troncha.

Fuera, nos comemos dos superpanchos cada uno, en promoción, con lluvia de papas y salsa con cebolla, pimiento y tomate. Me dejo el macuto y tenemos que volver. Llegamos hasta la plaza de Vicente López donde hay muchos árboles y columpios para bebés felices. De allí a la plaza Libertad, con un espectacular edificio modernista lleno de ángulos, pegado a la sinagoga y el Teatro Nacional Cervantes. En la plaza Lavalle, el Teatro Colón en obras, estatua de Adriano y La Corte Suprema. Enfrente justo han hecho una callecita de chavolas sobre el césped, donde duermen mendigos que se despiertan frente al espectacular edificio donde se les hará justicia. También está Lavalle petrificado, un impresionante gomero y un ceibo con muletas. De allí a la Plaza de la República con un obelisco de pega (tiene una ventanita arriba) donde por primera vez se levantó la bandera nacional. Abajo, alguien ha puesto un quiosco con un gran cartel: Ministerio de Queja.

Me dibujo la espectacular esquina con Florida (en el dibujo no es tan espectacular) y nos metemos al Café Colonial, en la avenida de Belgrano. Allí descansamos junto a un argentino con cara de amargado. A las ocho se ponen a barrer y nosotros seguimos Perú hasta San Telmo. Pintadas chulas, garajes antiguos bonitos, casas del XIX, ya estamos en el casco viejo.

Al llegar a Carlos Calvo alucinamos viendo como El Federal se ha convertido en “Splendid”, un bar moderno. De la noche a la mañana, un grupo de chavales están cambiando carteles, pintura… espero que nada más. Era un clásico del barrio. El otro día nos clavaron en él.

Llegamos un poco cansados. Beni se empiltra y yo me pongo a escribir en el patio. Le he cogido cariño a este hotel baratero, me gusta. Pedimos la tarjeta para reservarlo a la vuelta de la playa. Este barrio está bien, un poco Malasaña, teniendo en cuenta que los argentinos conservan mejor su pasado.

domingo, 10 de febrero de 2013

último día en sucre


Me paso la mañana de negocios: lavandería, cobro de cheques de viajes, cambio a bolivianos, revelado de fotos… entre tanto me como un dulce por allí, una tapita por allá, mirando carteles: Farmacia Louis Pasteur, Confecciones Elegant, se precisan señoritas de buena presencia para meseras, Repizza, llegaron mochilas, llegaron bolsos escolares, no queremos una sociedad laica, atea y etnicista.

Mamen nos invita a comer en Los Balcones de la Plaza. Vistas maravillosas de todo el verde: las copas de los árboles y las palmeras que sobresalen. La ensalada está sobresaliente, con pepino, judias verdes, calabacín, pasta y brócoli remozados en una salsa vinagreta que ha estado dando sabor un rocoto (chile gordo y pequeño que rabia) y cebollas moradas, mas una salsa rosa. De segundo una chuleta de cerdo con salsa dulce y tallarines. Es un sitio donde viene mucho guiri y la comida no es demasiado fuerte.



Pillamos un bus al cementerio. Es como un parque para pasear rodeado de tumbas y panteones, muy agradable. Paseamos entre tumbas de hombres insignes (el presidente Hilario Daza, músicos, generales, arzobispos, beneméritos de la guerra del Chaco) y nichos de gente anónima con esas puertas que los convierten en hornos o lavadoras. Muchos niños, en sus vitrinitas cochecitos de juguete y muñequitas. En algún amante de la priva: copas y botellas en miniatura. La muerte es nada, el olvido es todo y otras frases importantes. De vez en cuando se acerca un niño: ¿escalera, se lo subo, se lo reso?, o una niña: ¿le limpio la lápida, se lo voy a resá?. Un apartado para el cementerio judío, separado por una reja metálica con estrellas de David. Escalera, se lo subo, se lo reso.

 La plaza está hasta arriba de estudiantes. Hoy se habrán acabado las clases. Mañana compadres y pasado comadres. La policía Gama van dando vueltas con la moto. Vestidos de soldados y con casco de soldados, van por parejas, el de atrás lleva un fusco. Mamen no está, nos vamos al teatro Tres de Febrero a ver el concurso de bailesitos de Carnaval. Es una bombonera pequeña con tres pisos de palcos y un patio pequeñín de butacas no demasiado destartaladas y tapizadas con chinchetas. Empieza el espectáculo, sale una parejita, luego un grupo de estudiantes saltando, luego se levanta Josemari y seguidamente Benigna, y desapàrecen. El espectáculo es lamentable.

sábado, 22 de diciembre de 2012

de cementerios en la habana



Para el viajero que pasea por La Habana es un descanso visitar el remanso de paz de Colón y su adyacente Cementerio Chino. En el primero puede deleitarse con su aparatoso coche fúnebre. En el segundo, descubrir las pequeñas cajas donde descansan los restos de los chinos habaneros y, también sus curiosos nombres, mezcla de culturas.

Rafael Muy, Luis Chang Lima, Jesús Ching, Miguel Chang, Manuel Eng Fenz, Antonio Tang, Dámaso Lon Won, Francisco Bu, Alan Chang, Alfonso Lam, Alfredo Bu Long, Manuel Chang Shong, Alberto Botuey, Antonio Eng, Wo Huey Lee, Lourdes Lock, Rocío Lao, Lui Chao, Manuela Luan Lay, Antonio Chang, Ángel Hung, Ángel Chui Wong, Enrique Lee Wong, Alfredo Xi Chang, Wong Weng Sun, Roberto Luis Chino Pino, José Ly Ly, Manuel Cano, Eladio Chung Chin, José Li, Alejandro Sing, Alfredo Lee Lang, José Lau Lau, Diana Choy.