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miércoles, 17 de enero de 2018
la falla del cerro de san blas
lunes, 11 de diciembre de 2017
el herbario de elizabeth blackwell

Este impresionante herbario de plantas medicinales bellamente ilustrado tiene detrás una historia curiosa: fue dibujado, grabado y coloreado por Elisabeth Blackwell y publicado semanalmente, cuatro láminas y una página de texto a la semana, entre 1737 y 1739, hasta 500, con el fin de recaudar dinero para sacar a su marido de prisión, encarcelado por deudas, utilizando especímenes del Chelsea Physic Garden.
Hija de un comerciante exitoso que le dio una educación que incluía el dibujo y la pintura, cometió el error de casarse con Alexander Blakwell, un oscuro personaje que ejercía de médico sin formación, que se adentró en varias aventuras ruinosas y que acabaría ahorcado en Suecia por traición en 1784.
Ella se adentró en el proyecto haciendo ella misma las ilustraciones y usando los conocimientos médicos de su marido para escribir los textos que las acompañaban. Recibió el apoyo de la Sociedad de Boticarios y varios médicos destacados. Alquiló unas habitaciones en Swan Walk, al lado del Chelsea Physic Garden, que se había establecido en 1673 como un jardín para enseñar a los boticarios aprendices a identificar plantas y ahora estaba cultivando las nuevas plantas exóticas de las Américas.
El trabajo completo fue publicado en dos volúmenes y titulado A Curious Herbal, prescrito por el presidente del Royal College of Physicians y su órgano rector. Blackwell publicitó el libro de boca en boca y en varias revistas. Ella se mostró una empresaria experta, logrando acuerdos mutuamente ventajosos con libreros que aseguraban el éxito financiero de su libro.
La copia que se conserva en la Britsh Library viene de la biblioteca de Sir Joseph Banks, un famoso botánico que navegó con el Capitán Cook, y tiene anotaciones de éste. Fue elegido presidente de la Royal Society y fedeicomisario del British Museum. A su muerte, su biblioteca fue transferida a la British Library.
Aquí puedes pasar sus páginas y consultarlas en la versión digital de este maravilloso libro, bueno algunas láminas y en otro orden distinto al original.
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miércoles, 30 de marzo de 2016
ánimas en el torso de freddy
Las ánimas desesperadas se consumen en el torso de Freddy Krueger en Pesadilla en Elm Street 4: El Maestro de los Sueños, de 1988. Las ánimas benditas permanecen en el Purgatorio dependiendo del número de sus faltas, la malicia y la deliberación con que éstas fueron realizadas, la penitencia hecha, o no, la satisfacción hecha, o no, por los pecados cometidos durante la vida y de los sufragios ofrecidos por ellos después de sus muertes. Su estancia, en general, es mucho más larga de lo que la gente suele pensar. San Luis Bertrand tuvo una visión del Purgatorio donde su padre sufría; aun siendo ambos buenos cristianos y él afanarse con rezos, ayunos y otros grandes sufrimientos, no saldría hasta pasar ocho años completos. San Malaquías sacó a su hermana tras muchas misas y grandes mortificaciones tras varios años. Hasta 60 años han tardado algunas monjas carmelitas con toda la comunidad trabajando por la labor. La hermana de San Vicente Ferrer se le apareció a éste cuando hubo salido para contarle que fue gracias a sus rezos, misas y ruegos que su tiempo no fue infinito. ¿Puedes hacerte una idea del tiempo que tú pasarás con un alma tan alejada de la santidad?
miércoles, 10 de febrero de 2016
carnes permitidas en la cuaresma católica
En general, la abstinencia solo permitía el consumo de pescado y marisco pero hay algunas excepciones llamativas. En Sudamérica, y en particular en Venezuela, se permitía el consumo de capibara, el roedor más grande que existe y que se convirtió en un alimento popular durante la Cuaresma y la Semana Santa. Del mismo modo, en respuesta a una consulta de los colonos católicos franceses de Quebec, comer castor fue también considerado aceptable para cumplir con la abstinencia. Y no es algo solamente de hace siglos, el arzobispo de Nueva Orleans, demostrando más su manga ancha que sus conocimientos zoológicos, declaró en 2010 que «el caimán se considera de la familia de los peces», algo que recibió el apoyo de la conferencia episcopal norteamericana. La base legal para estas sorprendentes clasificaciones puede ser la Summa Theologica de Tomás de Aquino, donde los animales son clasificados atendiendo a su hábitat y no por su anatomía o su genética, que son los criterios fundamentales que utilizan los taxónomos. Capibaras, castores y caimanes son tres especies que pasan gran parte del tiempo en el agua y, por lo tanto, para capturarles muchas veces son «pescados».
José Ramón Alonso en Jot Down
viernes, 7 de noviembre de 2014
la jungla de lino y santa clara
Junto a la iglesia bautista está el abuelo de los aguacates. Dibujo las chapas de las puertas: CDSL, logos de logías, Solo Cristo salva, flamencos y palmeras, volverán... Vuelvo a desayunar. Siguen con la fruta bomba, que ya le hemos dicho que no nos gusta, que no sabe a nada. Los vecinos vienen a ver la obra. Cuando empiezan con la radial, nos vamos.
Buscando el Museo de Historia de la Ciudad chocamos con el activista cultural Lino Manuel Abel Lobatón que organiza una visita a su jungla. Este prieto hiperactivo charlatán dice tener delirio por los astros. Se declara católico apostólico romano y su casa es un museo del panfleto religioso. Cristo, Buda, Santa María del Cobre y Fidel juegan a las cartas. San Lázaro y Santa Bárbara se lanzan la bolilla del mundo, se arropan con mapas siderales.
En el Museo, muy interesantes los números de prensa manuscrita del XIX de Remedios, El Bobo, el casco y la primera foto del cuerpo de bomberos, algunos carteles y dibujos de estética soviética, el cosmonauta mulatico Arnaldo Tamayo Méndez, trompos, canicas, juegos de niños.
Un chavalín nos lleva a dibujar las casas más antiguas: La del Alférez Real del siglo XVIII y otra del XVII con hermosos artesonados en los techos, tejados volados y columnas en las puertas. No están reconstruidas, se mantienen porque se vive en ellas. Beni se enrolla con la dueña y el niño. Hablan de los barrios de Remedios: El Carmen (el gavilán) y San salvador (el gallo).
En la estación esperamos la guagua de Santa Clara, contemplando, una impresionante galería de personajes como el vendedor de caramelos de naranja y menta de larga patilla y sombrero guajiro. Nadie le compra y se sienta a ver la tele. El mendigo con los dedos de los pies al aire. El viejo de la langosta disecada. El niño del carrito decimonónico. En la ventanilla dicen que esto no es Alemania, los horarios aquí son elásticos. La gente se agrupa. Han vendido más billetes que asientos. Se colocan en el pasillo. Un negrito celoso rodea a su chica. Valles con palmeras, pequeñas casitas de madera pintada de blanco con tejados de palma seca, gallinas. El sol se pone y la hora feliz ilumina el valle de rojo.
Llegamos a Santa Clara. A pesar de la reserva, la señora ha alquilado la habitación. Quiere que le enseñe el cuaderno mientras tomamos un buche de café. Nos ofrece la casa de la vecina, la ingeniera Ana, con terraza a la calle y refrigerador. Se sube a la parra y nos lo baja quitándonos el desayuno. Nos ha preparado abundante cena: sopa, frijoles con arroz, ensalada de aguacate, pescado con patatas fritas, jugo de naranja y frutas.
La orquesta toca en el parque Vidal, que está lleno de jovencitos guapetones y gacelas de culo respingón bailando los temas más famosos de Los Beatles. Estamos cansados. Ni bailaremos ni subiremos al bar de las vistas. Caemos en la cama y nos dormimos en el aire.
jueves, 6 de noviembre de 2014
una vuelta por caibarién
Anoche hubo jaleo, creo que llegaron unas vecinas portuguesas. Me ducho temprano. Al salir de la casa suena una alarma ¡Una alarma en Cuba, hasta donde hemos llegado! El pueblo está precioso con sus casas de madera como durmiendo. Las despierta el grito de un cerdo que quiere librarse de la matanza. Es un inmenso cerdo negro que dos cubanos tratan de colocar en un bicitaxi con las pezuñas atadas.
- Óigame, ¿ustedes van a matal ese seldo?, preguntan unos niños ociosos.
- No, solo vamos a haserle cosquillas.
- Óigameee, ese seldo ronca muuucho.
Junto a la estación de Astro hacen botella. La estación está muy nueva. Pregunto por la guagua de Caibarién. Me dicen que está saliendo, que no hay otra, frente al hospital puede coger un taxi.
- Puede ser uno el primer presidente negro de los Estados Unidos.
- ¿Collin Powell?
- Nooo, otro chavalico que salió nuevo.
Pasa una guagua con un teatro de guiñol y unos cubanos con frascos para recoger su litro de leche.
- ¡Florerooo!
- Israel, ¿dónde vas Israel?
- ¡Muuula!
- No eres Blancanieves, eres la primita del enanito.
En el cine de la plaza ponen El crimen del padre Amaro, una peli mexicana de Carlos Carrera, en la que trabaja Sancho Gracia. El cartel está hecho a mano. Recuerdo que en Santa Clara ponían Celos de Vicente Aranda. Los niños ponen el aro de una bici en la ventana para jugar al baloncesto.
La señora Ania no tiene sentido del humor. Cuando pregunta sonriendo si nos quedaremos otra noche se le pone cara de dólar. Nos saca 15 fulas por una cama en una barbacoa con baño compartido. Desayunamos entre albañiles. Para construir no usan el yeso. Echan una capa de cemento grueso y otra encima de cemento fino color tierra. Pregunto si les resulta fácil conseguir el suelo de cemento hidráulico. Dice que se hace en Cuba, a cinco pesos la loseta. Pero ella lo va a quitar y poner uno de esos cerámicos rebonitos. Nosotros ya hemos pasado por esa mierda. Para quitarle la idea le digo que en España ahora se busca el mosaico, que es mucho mejor, más duradero y allí cuesta mucho más. Es inútil, está convencida con la porcelanosa.
Frente al hospital, nos ponemos en la cola para Caibarién. No se respetan demasiado, los listos se meten en los coches y les importa una mierda el sistema. Hay orden de arriba de parar los vehículos para recoger a la gente. Después de una hora nos metemos en un Lada arreglado donde caben doce. Nos piden cinco pesos. En la entrada del pueblo han puesto las letras de Caibarién en cemento y un enorme cangrejo de ferrocemento, al modo de los dinosaurios de la Gran Piedra. Las aceras están hechas con grandes losas de piedra pulida y desgastada por muchos muchos pasos. Casas de madera con porches y fachadas pintadas de verde. Paramos en la Cafetería Liceo en un increíble edificio. Naves vacías en el puerto, como graneros ingleses, un auténtico museo viviente. También un triste gimnasio con pesas decimonónicas, junto a la sociedad La Tertulia.
En el mercado hay una oferta de cerveza dispensada (de grifo), pero cada uno tiene que llevar su vaso. La gente lleva botellas de plástico de dos litros, tarros de cristal y unos vasos chapuzas uniendo dos latas. Yo presento mi tarro del agua para las acuarelas. Recorremos el malecón. Hay familias en bañador comiendo y oyendo la radio del Plymouth. Comemos algo en un chiringuito donde las parejas se convidan. La música está a tope. En frente están los cayos Santa María y Las Brujas, con aeropuerto, con playas blancas para los turistas, en las que solo hay hoteles y muy caros.
-Tremendo golpe se dió. El radiador se pochó porque el agua se botó.
Frente a la peluquería La Fantasía salen los taxis para Remedios. Hay una cola que rápidamente se deshace cuando para un camión y todo el mundo se arremolina y se cuelga del remolque. Demasiado, nos vamos a lo que llaman La Terminal, una estación destartalada de tren donde también paran las guaguas para Santa Clara, Remedios, Buenavista, Dolores, Las Vacas y Carahata por un peso aprox.
Con suerte pillamos a las taquilleras, antes de irse a la sala a ver la tele, y sacamos los boletos. Esperamos en la sala. Son curiosos los asientos y los ceniceros caseros. Hay sillones para parejas y para tres que parecen de un cine cutre. Las taquillas son desiguales. La gente se acerca, pero las taquilleras siguen viendo la tele sin inmutarse. Una de ellas se estira y la otra se echa una buena siesta. Nos tomamos unos sorbetes Baconao, sabor tropical. Llega el tren de Camagüey y se forma la cola en la ventanilla 2. Las taquilleras ahora ven los dibujos animados. Una de ellas levanta una mano y grita ¡estoy aquí!
Llega nuestra guagua y todo el mundo se mete. Naturalmente, el número no servía para nada. Nos quedamos sin asiento. ¿Oíste amigo? sin asiento. Y los dos paletos de Siudarral con el 0 y el 1. Otra vez el enorme cangrejo. Bajamos en Remedios. Saludamos al peluquero empeñado en cortarme el pelo y hacerme las patillas, y luego a Ania, que lleva su cara de fula. Descansamos en el maravilloso Louvre, típico bar tropical de barra baja y camarera negra alta, con las puertas abiertas a la calle.
Mientras Beni va a casa, yo me animo a pelarme. El peluquero me comenta que es un pueblo de un día. Yo le digo que me gusta, que vendría más si fuera fácil desplazarse. Dice que para él también es difícil porque una moto cuesta 225 pesos. Acabamos con el rollo del robo al turista y la gente que resuelve. Le digo que sé que el pelado no cuesta el dólar que me pide pero que se lo ha ganado. Me dice que se llama José Hernández y me deja hacerle una foto.
Compro dos emparedados en La Fe y unos aguacates gigantes a un negrito que vende por la calle. Los chavales van al baile como gallitos mirando por encima de las lentes ahumadas. Ellas bien repretadas y tacones altos con camisetas de los guiris de Caja Canarias, italianas de Puma o del Athletic de Bilbao. La gente mayor baja muy arreglada, alguna con mantones de Manila. En una casa de Limpieza e Higiene han puesto un cartel que reza: Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Pasa el manisero con su carrito.
- ¡Manisero!, llama un niño de tres años que circula con su perrito Rocky y sus amigos Adrián, Gabriel y Lázaro.
Mientras los saludo y afoto, me doy cuenta que ya estoy en casa y que le traigo unos presentes a mi Beni.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
santa clara y remedios
Cambio dólares en Cadeca. Cola tremenda. Me pongo a dibujar los personajes. El de atrás quiere una caricatura. Se queda inmóvil para que lo inmortalice. Cuenta que su abuelo vino de España con una medalla de la Guerra de la Independencia. Otro gili poluto dice que en Nueva York el más pobre es más rico que el más rico de Cuba y que tienen las medicinas y la sanidad cubiertas. Le digo que yo he estado en Nueva York y eso es mentira. Los cubanos viven de mitos, porque no creen en la información oficial.
Paseo feliz por las calles asomándome a las casas y a las ventanas de las escuelas. Las calles están vivas. Pasan carros, motocarros y motocicletas. Vemos el Museo Provincial y nos bebemos unas Manacas en La Cubana. Nos llegan olores de petróleo y guayaba. Los niños lavan un caballo en una alberca. El río está muy sucio. Pagamos un peso para ver el Museo de la Ciencia y la Historia. Según pasamos, la guía nos va encendiendo y apagando las luces. Es cutre, con fotocopias con los planetas, un corte de la tierra de porespán, una colección de caracolas, corales y peces disecados en plan laboratorio de colegio.
-Ese pez nos lo cenamos en Trinidad, les digo.
-Ese pez nos lo cenamos en Trinidad, les digo.
El de historia es un petardo, con bolígrafos, botas, guantes de boxeo y otros objetos de los revolucionarios. No llegamos a la guagua y nos metemos en un taxi a Remedios. Después del regateo, finalmente nos clavan. Luego cargan a otra chica que según el chofer es la mujer de un amigo. Siempre de negocios. Liantes.
El paisaje es verde, hermoso con las palmeras que dan buen rollo. Vamos a la casa de Ania, en la que ya estuvimos hace dos años. Nos duchamos y lavamos las mudas y damos una vuelta por el pueblo. Un pueblo tranquilo de casas antiguas de techos de madera, fachadas de grandes ventanales y patios coloniales.
El peluquero está un poco maleado. Trata de venderme puros, una moneda del Ché de tres pesos y, por fin, un pelado por un dólar. Opto por hacerle una foto. Mientras llueve entramos a un restaurante de pesos, La Fe, y nos comemos una pizza, croquetas y empanadas con dos jugos. Luego nos pasamos por el bonito Hotel Mascotte, de madera pintada. La camarera nos explica que antes fue una casa antigua, hotel de la ciudad y hace unos seis años se arregló para el turismo. Nos resuelve una visita a una habitación del hotel, espantosa. Acabamos en el Bar Louvre, muy agradable, con suelo de mosaico amarillo y blanco, muebles antiguos, techo de madera a dos aguas y cuatro puertas abiertas a los soportales de la plaza. Nos tomamos una cerveza con apagón y la camarera nos explica sin convicción que estos nombres franceses vienen de un asentamiento francés. Es curioso que las columnas de los soportales son de hierro fundido y por el interior baja el agua de los canalones.
Ania nos ha preparado plátanos fritos, potaje de frijoles y pargo con ensalada. Nos propone una moto para ir a los cayos. 22 dólares por 24 horas. Salimos a la plaza. Los chavales bailan eso que tú tienes son celos y el Ave María de David Bisbal. La cosa está animada. Ellas se contonean de maravilla y ellos tienen una pachorra que paqué.
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