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miércoles, 26 de agosto de 2015

cines de la india



En tres viajes entre 2010 y 2013 hemos fotografiado salas de cine de los años treinta a los años setenta en el sur de la India. Las fotos de estos edificios dan testimonio elocuente de la rica cultura cinematográfica de aquellos tiempos. El estilo arquitectónico muestra una mezcla inusual de modernismo, elementos arquitectónicos locales, un fuerte uso del color y, en el caso de algunas salas de cine más antiguas, de estilo Art Deco.

Las fachadas a menudo parecen maquetas colocadas en el edificio, enfatizando así su personalidad teatral. De esta manera, la arquitectura desempeña un papel importante en las presentaciones de la película. Esta interesante intensificación de la función del edificio se continúa en el interior del cine. Aquí, también, se encuentran de vez en cuando formas escultóricas extravagantes y adornos que colocan a los visitantes en un escenario que nos introduce en la experiencia cinematográfica.

Muchas salas de cine en el sur de la India se dejan en su estado original. Sin embargo, es la remodelación en multicines ya en marcha, en particular en las grandes ciudades la que dará lugar a la desaparición de estos edificios "como testigos de su tiempo". Las fotografías documentan una parte de la cultura del cine que ya ha desaparecido en gran parte de Europa y EE.UU., y cada vez más está siendo suplantado por los intereses comerciales y los avances técnicos. En la India, también.


Sabine Haubitz y Stefanie Zoche.
Trabajaron juntos como dúo de artistas desde 1998 hasta que en marzo de 2014 Sabine falleció.

martes, 14 de enero de 2014

la india de benoît guillaume























Este ilustrador parisino ha hecho animación, diseño de juegos, flip-books, historietas y crónicas de conciertos musicales. Dice estar influenciado por Blutch, Nicolas de Crecy, Dave Mc Kean ... los de siempre. Es un auténtico cronista de la realidad, un gurú para aquellos que no pasamos de dibujar unas cuantas estatuas. Aquí hay vida, ya lo creo.
Cada una de sus ilustraciones atraviesa esa membrana que nos altera por dentro, ofreciéndonos un placer nervioso. Supongo que esto debe ser arte.

Su página
Dibujando en directo en un concierto.

sábado, 9 de noviembre de 2013

el pozo de la muerte


Pilotos temerarios de motos y coches se ganan la vida corriendo y haciendo acrobacias sobre la pared del Maut ka Kuaa, un cilindro de madera con forma de barril, desafiando la gravedad a fuerza de velocidad. Los billetes que recogen allá en lo alto son la recompensa al enorme riesgo. Es un espectáculo propio de los parques de atracciones desde principios del siglo XX, en New York e Inglaterra. Rodado en Allahabad, en la India, donde sigue siendo una atracción de feria.

Video realizado por Jim Demuth como video promocional de la canción Wor, (p) y (c) 2012 Because Musicdel grupo británico Django Django, premio Mercury de música.

04 1938: Dixie montado en la pared de la muerte a Southend. (Fox Photos / Getty Images)

domingo, 16 de septiembre de 2012

adiós a mumbai







El City Palace Hotel huele a naftalina. Dormimos como lirones, anestesiados. Desayunamos en el Shivala, de más nivelillo, de gente con zapatos, ropa limpia y planchada. Es gente fina que come con una cucharilla en cada mano. Cogemos un taxi para visitar las Torres del Silencio, lugar donde se exponen los muertos, según el rito parsi, para ser comidos sus cuerpos por los buitres y finalmente reducidos a huesos por la fuerza del sol y el viento. Vamos a la Colina Malabar, donde están estas altas plataformas cilíndricas, en un parque amurallado. Una señora se nos monta en el taxi y nos dice que a ella la dejarán entrar; pero un guardia joven nos lo impide. Intentamos por las otras puertas del parque, pero no lo conseguimos. Y allí nos quedamos, en un pequeño zoo que hay al lado con animales de latón policromado en las vallas, bonsais y grandes árboles como el alucinante Albiga Amara.

Paseamos andando hasta y a través de la playa de Chowpatti hasta Churchgate Station, plagada de gente y funcionarios con la gorra de barco y el traje blanco que se dejan fotografiar como si fuéramos periodistas. Descansamos en la Catedral de Santo Tomás. Giran los ventiladores, se está fresquito. Hay muchas tumbas de soldados ingleses. Bonita la del capitán George Nicholas Hardin, que murió ahogado. Aparece de uniforme sentado en una caracola gigante tirada por dos caballos sobre el agua y un ángel alado-venus lo recoge mientras un niño saca la bandera mojada. Hay un barco destruído y, en las esquinas, un tigre y un elefante.

Vamos al café Samovar y visitamos la galería. Me encantan las sillas de este café. Nos comemos unos rollitos de pollo inidentificable con su traje picante. Beni paga una rupia a la señora del wáter, que le hace un justificante de uso. Resulta ser un simple agujero. Los camareros usan esos uniformes antiguos de José Luis y sus chaquetillas, con parches más oscuros en cuello, puños y las tapaderas de los bolsillos.

Paseamos hasta Crawford Market, cuyas fuentes de piedra fueron diseñadas por el padre de Kipling, y luego al gran mercado de telas. Llueve y paseamos por un laberinto de pequeñas tiendas. Agobiante. Salimos a la calle, parece un hormiguero atascado de coches. Huímos y nos escondemos en la cafetería Shivala. Se enrollan y nos dejan lavarnos en el hotel.

La despedida desde el taxi es total. Bultos dormidos por el suelo, bajo plásticos o puentes para evitar la lluvia, chabolas de dos pisos, los trenes abarrotados con las puertas abiertas y la gente agarrada para no caer. Gente y más gente durante hora y media. Al llegar, el taxista quiere propina. Nos obligan a facturar. Controles y controles. Ejecutivos potantes. Las barrenderas dejan las escobas y se sientan a ver una peli espantosa de un agente 007 indio. Los de seguridad me quitan el agua de las acuarelas. Les enseño el cuaderno para que no me quiten los tubos y se conforman con las cremas hidratantes, pasta de dientes, champú y suavizante. Además hay que aguantar que nos chuleen. Las azafatas llevan sari. Nos abandonamos a ellas hasta donde quieran llevarnos.

sábado, 15 de septiembre de 2012

amanecer en mumbai y la isla elephanta








Me despierto en Panvel. Gente dormida en el suelo de la estación. Construyen una estación faraónica con columnas de capiteles de flor de loto. Todo el mundo anda repeinado en el compartimento de Beni, que es el único con la luz encendida y activo. Ella duerme. Mucha gente lleva el dinero liado en un pañuelo. Esto es Nilaje, ya estación de metro de Mumbai. En Thane se baja mucha gente. Entra un grupo de mujeres pidiendo dinero. Me piden tocándose la barriga. Son hombres vestidos de mujer y muy maquillados. El tren va a 5 km/h, ya llevamos 12 horas de viaje. Los cercanías cruzan con las puertas abiertas, sacan la cabeza para coger el fresco.

La llegada a Victoria Station es espectacular. Miles de bultos de arpillera se ponen en movimiento. Otros, esféricos, están hechos cosiendo dos cestos de mimbre por sus bocas. Los familiares que esperan se agarran al tren aún en movimiento, se cogen de sus seres queridos por las ventanas. Impresionante esta masa humana que se mueve en el andén a la velocidad del tren. Mucha gente durmiendo, y también repartiendo periódicos. Me despido de Sham, gran jugador de billar, y Florence. Me desean feliz viaje.

La amanecida nos pilla en la calle, cuando se levantan todos los que duermen bajo los soportales. Descansamos mientras dibujo la Fuente de Flora, junto al Palacio de Justicia. Se pone a llover sobre los ciclistas. Mucha gente sigue dormida por las calles. Los que tienen un puestecito rodante, duermen debajo. Los que lo tienen fijo, en el techo. Los taxistas dentro del taxi. Las aceras están repletas de durmientes. Ya se desperezan sobre las marquesinas del bus. Los taxistas empiezan a lavar sus taxis y los más madrugadores se lavan la boca con el agua de una botella. Otros, en calzoncillos, se echan agua por todo el cuerpo. Mumbai tiene un enorme problema de superpoblación. Hay zonas con 400.000 habitantes por km2, una de las densidades de población más altas del mundo. Beni está cansada y con pocas ganas de nada.

A las siete, ya estamos en el Olympia. Beben el café de los platillos. Comemos huevos con chile, café con leche y bollo, y un zumo de lima. Se arma un poco revuelo alrededor de nuestra búsqueda de hotel en el que no nos roben por dejar las maletas el último día. Acabamos dormidos en la recepción del City Palace, mientras arreglan la habitación, y luego encima de la cama.

En la Puerta de la India cogemos una barca a la isla Elephanta, poblada pòr una pequeña comunidad Gharapuri. Aquí vemos los templos excavados en la roca. La temperatura es muy agradable aquí dentro y resulta mágico este juego de luces y sombras. Desde la oscuridad se siluetean los guerreros, los dioses y los monos de un lado a otro. Los relieves, muy machacados por los cristianos portugueses, siguen impresionando. Y también la mirada tan humana de estos monos.

viernes, 14 de septiembre de 2012

goabye







Mientras hago la mochila, fantaseo sobre cómo sería vivir aquí, en una de estas casitas coloniales por cien euros al mes de alquiler. Podríamos comer diariamente de restaurante. Con tranquilidad dejaríamos pasar lo días. Sería un auténtico lujazo. Visitamos el Museo del Estado de Goa, al otro lado del Ourém. Así estaremos al menos a la sombra. Ha llovido durante toda la noche. En los charcos lavan la ropa y limpian los autobuses. Los vigilantes del museo se descalzan y se tumban a la siesta. Los ventiladores se balancean.

Unos catalanes nos recomiendan hotel para Mumbai. Barato y limpio dicen. Ellos están en el Panjim Inn, que es caro. Les recomendamos Casa Afonso y el Venite para cenar. Nos despedimos de la señora en portugués. Quedamos en que nos volveremos a ver ¿quién sabe? Vamos en bus y ricksaw a Karmali Station. Los modelos de maletas son del tiempo en que éramos niños. Y como entonces, los trenes llegan con retraso y la gente espera tranquilamente. Para llegar a nuestro asiento, en el tren, tenemos que atravesar la cocina. Chavales curran entre el vapor y el olor que sale de perolos gigantes. La hora es perfecta para contemplar el paisaje. Gente trabajando en el campo, alguna capilla blanca llena de chorreones, tierra roja, niños jugando al fútbol, grandes y brillantes charcos de agua donde se bañan los niños y luego corren por las vías.

Se pone a llover a mares y tenemos que cerrar los cristales y contraventanas de guillotina. Comen una papilla que no huele muy bien. Me entretengo dibujando a una familia muy joven. Beni pone su sábana y se acuesta. Relámpagos y truenos. Nadie recoge las sobras y el olor permanece. Mucha gente durmiendo en el suelo. Espero que mi compañero se coma el postre y hago mi cama.