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domingo, 17 de diciembre de 2017

art brut à parís




















Jean Dubuffet creó este concepto y lo definió en 1946. Se refería al arte ajeno al mundo artístico, arte bruto, sin procesar, instintivo, primitivo, sin una formación académica. Es un arte que se desarrolla sin contacto, ni contaminación, con las instituciones artísticas presentes ni pasadas. Por tanto todo lo plasmado en la obra nace de lo más profundo de cada uno de los artistas y de su percepción del mundo. Lo que Roger Cardinal llamó Arte Marginal y otros Outside Art, incidiendo en la autoría de excluidos de la sociedad, el lado oscuro de la tradición artísticaDubuffet comenzó a reunir una colección de esta clase de obras y a divulgarlas por medio de exposiciones y de publicaciones después de la segunda guerra mundial para quitarle a las obras el rótulo de arte de enfermos mentales.

Dubuffet afirmaba que todos llevamos un potencial creativo que las normas sociales actuales anulan. Esto se observa en las creaciones de personas que se mantienen al margen de la sociedad, tales como: internos de hospitales psiquiátricos, autodidactas, solitarios, inadaptados o ancianos. Desde 1945 Dubuffet recoge estas obras, fundando en 1948 la "Compagnie d´Art Brut" junto a André Breton, Michel Tapié y otros. La colección formada llega a las 5000 obras, que se exponen por primera vez en 1967 en el Museo de las Artes Decorativas de París, instalándose definitivamente en 1976 en el Château de Beaulieu de Lausana. La colección está formada en su mayoría por obras de enfermos psiquiátricos, generalmente esquizofrénicos; pese a ello, Dubuffet rechazó siempre la idea de "arte psiquiátrico" afirmando que "no existe un arte de los locos". El art brut hoy día tiene una estrecha relación con la artesanía, el arte popular, el arte de los niños y el arte primitivo. El aspecto de primitivismo es fundamental y ha sido asumido a lo largo de todo el siglo XX por ciertos artistas que permanecen al margen de la modernidad.

En la Casa de Victor Hugo, en París, con la locura de su hermano Eugène y su hija Adèle como excusa, se exponen, hasta marzo del año que viene, cuatro colecciones europeas del siglo XIX gracias a aquellos psiquiatras que creyeron en la terapia del arte y supieron valorar las obras de los enfermos mentales como obras de arte: La Folie en Tête. Incluye: la colección de la doctora Browne (1805-1885) de obras realizadas en el Crichton Royal Hospital, institución escocesa pionera en la terapia artística; la colección de Auguste Marie (1865-1934), adquirida en gran parte por Dubuffet y actualmente en la Colección de Art Brut de Lausana; la Colección del Dr. Walter Morgenthaler (1882-1965) conservada en el museo de psiquiatría de Berna; y la colección Hans Prinzhorn (1886-1933), que los nazis incluyeron en su lista de arte degenerado. Morgenthaler  publicó en 1922 el libro Expresiones de la Locura, que ejerció una gran influencia en los artistas de vanguardia.

Aprovechando la visita, y acercándonos al 1 de la calle Cabanis de París, el Centro Hospitalario de Psiquiatría y Neurología Santa Ana expone bajo el título de Érase una vez sus obras más antiguas, de la década de los 40, de su colección de pinturas y dibujos de talleres terapéuticos y de famosos artistas creadores de Art Brut, con las obras de Dubuffet y Volmat en su visión de arte y locura al final de esta década.

sábado, 18 de julio de 2015

corrêa dibuja la llegada de los marcianos






Henrique Alvim Corrêa nació en una familia brasileña aristocrática que había huido a Europa poco después que Brasil declarase su independencia de Portugal en 1888. Se formó como artista militar y finalmente expuso en el Salón de París. Corrêa allí se enamoró y se casó contra de los deseos de sus padres, siendo desheredado y apartado de la fortuna familiar.

Para ganarse la vida, comenzó a dibujar caricaturas para su venta, e imágenes de horror y erotismo bajo el seudónimo de Henry Lemort (Henry the Dead). Después de leer la edición Davray (francés) de La guerra de los mundos, Corrêa hizo algunos bocetos de su interpretación de la visión de Wells y, en 1903, los llevó a Londres para mostrar el autor. La guerra de los mundos primero fue publicado en forma de libro en 1898, sin embargo el autor HG Wells no estaba del todo satisfecho con las ilustraciones de Warwick Goble en la primera edición del Reino Unido porque sentía que el artista había confiado demasiado en la Revolución Industrial y la criatura era demasiado terrenal.

Wells se quedó tan impresionado con aquellos dibujos de Henrique que lo invitó a ilustrar la edición limitada publicada en 1906 por L'Vandamme (Bruselas). Esta edición es muy apreciada y alabada por su estilo Art Nouveau, estilizada y de excelente producción, con lápiz y tinta sobre cartón hecho para el Livre Premier: L'arrivée des Martiens. Ya en la portada aparece una máquina marciana y los seres humanos que luchan contra sus invasores en trípode. Otras imágenes inquietantes representan la reinvención de Corrêa de los extranjeros como criaturas cerebrales. Desde 1906, ha sido reimpreso en ediciones posteriores del libro, así como aparece en numerosos artículos y documentales sobre Wells.

Trágicamente, Corrêa murió de tuberculosis en 1910 a los 34 años durante la Segunda Guerra Mundial, gran parte de su obra artística, mientras era transportados de vuelta a Brasil, fue destruida por un submarino alemán. Sin embargo, treinta y uno dibujos de gran formato, un raro cartel promocional que anunciaba la llegada del libro en 1906, y una postal de Wells a Corrêa sobrevivieron a la guerra, todos ellos aparecen en una subasta en Heritage 14 de mayo, donde se subraya que es la primera representación del extraterrestre.

jueves, 25 de septiembre de 2014

el café del infierno




En el París de finales del siglo XIX, alguien tuvo la idea, novedosa pero a la vez arriesgada, de abrir un local temático, probablemente el primer local temático de toda la Historia, basado en el mismísimo Infierno.

Situado en el barrio de Montmartre, el barrio bohemio por excelencia en el París de la época, y lugar dónde se encontraba, entre otros, el famoso Moulin Rouge, y, según parece ubicado en el Boulevard de Clichy, Le Café de L’Enfer, abrió sus puertas a finales del siglo XIX.

Lo primero que sin duda llamaba la atención del local era su entrada y su fachada, pues en su puerta se encontraba una boca demoníaca gigantesca que nos invitaba a adentrarnos al Infierno. Además la fachada estaba llena de esculturas hechas con yeso que representaban figuras demoníacas así como almas torturadas. Pero si su entrada no era suficiente para atraer a posibles clientes, siempre quedaba el portero, que, disfrazado de Satanás, nos invitaba a “entrar para ser condenados”, sin duda toda una declaración de intenciones. Una vez dentro nos encontrábamos con un local que tenía forma de cueva, con una decoración bastante recargada, dónde en el techo nos encontrábamos de nuevo con esculturas que representaban las almas torturadas dentro del Infierno. Por supuesto al tratarse de un local temático, todos los trabajadores de este café-restaurante, iban disfrazados de demonios. Así mismo, todas las bebidas y comidas no tenían su nombre habitual, ya que fueron rebautizadas con nombres que nos recordaban al averno, así por ejemplo, si pedíamos un café con una pizca de coñac, teníamos que pedir un “hervidero de pecados con una pizca de azufre”.

Como mera anécdota, habría que mencionar que justo al lado de Le Café de l’Enfer, hubo alguien que decidió abrir otro local al que le puso por nombre Le Ciel, teniendo así, uno al lado del otro el Infierno y el Cielo.

A mediados del siglo XX, en la década de los cincuenta, las puertas del Infierno de Le Café de l’Enfer, cerraron definitivamente, poniendo fin al que hoy en día es considerado el primer café-restaurante temático de la Historia.

viernes, 21 de marzo de 2014

música neolítica





Los que estén en París, mañana y el lunes podrán disfrutar de tres conciertos únicos de música de litófonos del Neolítico. Casualmente se descubrió que lo que se creían piedras para moler grano podrían ser instrumentos, cuando Erik Golthier, arqueólogo musical del Museo Nacional de Historia Natural de París, las tocó con unos mazos de madera al encontrarlas en el almacén del museo. Las piedras, de hasta un metro de longitud, han sido datadas entre 2.500 y 8.000 a.C., un período conocido como Neolítico. Serían los primeros instrumentos transportables del hombre.
Golthier piensa que hace miles de años se hacía música en las cuevas en relación con sus pinturas, una suerte de espectáculo prehistórico que ahora se quiere rememorar en dos únicos conciertos.
Nunca más los repetiremos, por razones éticas, a fin evitar daños en nuestro patrimonio cultural.

Puedes oír estas piedras aquí.

jueves, 15 de noviembre de 2012

calles de parís


Fue en 2007 la última vez que visité París. Fui solo y me hospedó gentilmente mi amigo Hervé. No eran días de grandes monumentos sino más bien de pasear por sus calles parando en pasadizos, bares, librerías, mercados y rincones que no aparecen en las postales. Me hizo feliz esta forma de viajar sin horas ni cotas y dibujé muchos de esos detalles. Al volver, alucinaban con lo bien que había dibujado las hojas de la robinia de San Julián el Pobre, plantada en 1602 y apuntalada con hormigón, que ciertamente eran hojas reales caídas en el suelo y pegadas al papel con tesón.

Los dibujos que hice en el Museo Guimet pueden verse aquí.