Nos levantamos tempranito para llegar a la visita guiada de las nueve. La guía es una mujer simpática y charlatana de Villarta de San Juan. A pesar de todo lo que ha llovido, el agua ha bajado bastante desde la primavera y la concentración de
agua de mala calidad de las depuradoras de varios pueblos, especialmente de Alcázar de San Juan, de gran tamaño, hace que sea difícil ver las especies que necesitan agua transparente (como la nutria y algunos ánades) y que en algunos sitios huela mal. Hacemos el circuito amarillo (no se puede hacer ninguno en barca) y vemos aves como garcetas, garzas imperiales y cangrejeras, fochas, somormujos, sampullines chicos y cuellilargos, golondrinas de agua, cormoranes y el aguilucho lagunero. Y otros animales como el cangrejo americano, que acabó con el nuestro (y que vino gracias a la codicia de quienes vivían de él), gambusias (introducidos para acabar con el paludismo, ya que se comen los huevos de mosquitos) y el pez gato.
También plantas como el carrizo, la enea, el malavisco, la masiega, la verbena, la correvuela y los árboles típicos de las tablas: el taray, que aquí tiene ejemplares centenarios que cae por su propio peso y vuelven a resurgir como si fueran macetas. Impresionante y mágico el bosque de tarayes.
Lo más triste es que este rebosamiento de los cauces de los ríos de Cigüela y Guadiana, ya no es tal, sino que se mantiene estancada con una presa y el agua no circula. El chivato son los Ojos del Guadiana; si ya no existen es que el agua no llega a ese nivel.
Una mañana agradable, que empieza a no serlo cuando el sol empieza a apretar. Volveremos en Otoño.
Las visitas guiadas a las Tablas de Daimiel son gratuitas. Hay dos diarias: a las nueve y las once de la mañana. Los guías privados siguen el mismo recorrido, no hay otra forma de entrar al Parque. Hacen otro recorrido en 4x4, pero es exterior a sus límites.