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sábado, 30 de enero de 2016

el jardín de los monstruos de bomarzo
















El Sacro Bosco di Bomarzo, también conocido como Parque de los Monstruos, es una obra maestra única adelantada a su tiempo, o mejor dicho, fuera de tiempo. Fue creado como jardín del castillo de un mecenas noble, Vicino Orsini, descrito como artista y anárquico, y un arquitecto, Pirro Ligorio (quien más tarde sería el responsable de la continuación de la obra de Miguel Ángel en el Vaticano), en Bomarzo, provincia de Viterbo, de camino de Florencia a Roma. En él hay un conjunto monumental de esculturas desmesuradas de formas caprichosas y grotescas representando personajes míticos y fantásticos con más ánimo de sorprender que complacer, creadas en el Cinquecento italiano, en torno a 1550. Su abandono posterior, tras la muerte de su creador, le da un toque más misterioso y romántico, con el avance de la vegetación y las figuras cubiertas de musgo y líquenes. Parecen surgir de la naturaleza en un jardín iniciático. No fue hasta el siglo XX que se recuperase de nuevo.

En Bomarzo el paisaje es abrumador, el observador no puede ver porque está inmerso en un engranaje de sentimientos [...] capaz de confundir las ideas para acosar emocionalmente, para participar en el mundo absurdo, lúdico y hedonista de los sueños, comenta el crítico de arte Bruno Zevi.

Atlas of Wonders

lunes, 4 de junio de 2012

el real jardín botánico


Es uno de mis sitios favoritos de Madrid. Más retiro que El Retiro, más apacible y recogido, es un museo de plantas vivas. Una colección que se inició en 1781, tras los proyectos de Sabatini y Juan de Villanueva, donde se incluían la actual Cuesta de Moyano y el solar del Ministerio de Agricultura, que serían segregados en la nefasta década (1880-1890) en que también un ciclón acabó con la vida de 564 valiosos árboles. Mariano de la Paz Graells instaló un zoológico, que sería el origen de la Casa de Fieras del Retiro.

Hoy puede pasearse tranquilamente a la sombra de árboles legendarios como el pantalones (un olmo de dos grandes troncos de unos 220 años), el abuelo (un ciprés de unos 240 años y 32 metros de altura), un olmo del Cáucaso de 200 años, un ginkgo de 110 años, un haya roja de 100 años, algunos almeces impresionantes y las enormes socuoyas que rodean la fuente.
Es en los bancos de esta fuente donde mejor he disfrutado de la lectura en esos días en tinta negra en que la gente trabaja. Lo visité un domingo del mes pasado y sólo había guiris (la entrada ya cuesta 3 euros) no dispuestos a hacer la enorme cola del Prado. Conserva en muy buen estado la Estufa de las Palmas, un invernadero de 1856 con una calefacción curiosa que funcionaba con la fermentación del estiércol.

Las hojas y dibujos corresponden a una visita el día de Todos los Santos de 2006. Con hojas de la acacia del Japón, el almez, el ginkgo, el caqui, el sanguino, el pantalones, el laurel, el roble americano, el pruno, el falso plátano, el aligustre y el tilo. Y los dibujos de la fuente, el abuelo y el olmo del Cáucaso de unos 200 años, al que le había crecido una higuera loca.