Mostrando entradas con la etiqueta Trenes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trenes. Mostrar todas las entradas
sábado, 16 de noviembre de 2019
lunes, 14 de octubre de 2019
miércoles, 25 de septiembre de 2019
jueves, 8 de agosto de 2019
domingo, 23 de junio de 2019
la vuelta en cuatro trenes
Después de un montón de robles y chopos verticales, cruzamos León. Un enorme nogal a las dos horas de viaje. El tren acelera sobre cultivos delimitados por líneas verdes de árboles y arbustos. Todo se hace plano, aparece el cereal amarillo, las encinas, Palencia y parada en Valladolid, donde los fumadores salen otra vez al andén. Cientos de bloques de pisos iguales. Pinares y el resto arrasado. Oscuro otra vez atravesando la sierra de Madrid, encinas salpicadas, naves de empresas, las altas torres de la Castellana, las torres Kio y Chamartín. Escaleras eléctricas arriba y abajo. Otro tren a Atocha por la catacumbas de Madrid. Un horrible bocata de calamares en El Brillante y otro tren a Ciudad Real. El sol apenas si deja ver el campo arrasado. Me pregunto cómo puedo vivir en este horno desierto, a unas horas del Paraíso. Dibujo a la gente, que duerme o se hace la dormida. A las dos estoy en Ciudad Real, donde cojo el último tren. En el vagón solo hay una chica: María, mi oftalmóloga. ¿Te recogerán en Almagro?, pregunto. Sí, la hija de Juana, ya estará allí.
La casa está vacía. Beni cumple los años y está en Puertollano. Cojo las llaves y el Renault 4. Ceno con ellas embutidos de Salamanca, pisto y un tempranillo de La Solana. Cuando bajamos la cuesta que llega a Aldea, empieza a oscurecer. Pero no es que se haga de noche, que ya se hizo hace un buen rato y vamos con las luces encendidas; es otro tipo de oscuridad acompañada de música. Me temo que pronto desapareceremos y empezará a salir una lista interminable de líneas de letras blancas. Y los fumadores ya se habrán levantado con el ansia del último truja.
Etiquetas:
Camino de Santiago,
CaminoSS,
Cuadernos,
Trenes,
Viajes
miércoles, 27 de febrero de 2019
el tren de los ricos
El País
domingo, 28 de octubre de 2018
iglesias, playas y el tren de vuelta
Hoy visitamos iglesias como si fuéramos devotos. En San Nicolás, una señora reza con una mano sobre un Cristo muerto, moviendo el cuerpo como en trance. Todo parece normal hasta llegar a la capilla del ábside donde San Nicolás, el de Bari, se mantiene arriba y dorado rodeado de ángeles y querubines. Los turistas no paran de hacer fotos. La basílica de Santa María es austera al máximo, si no hubieran añadido esa portada barroca. De golpe, el sacristán dice que salgamos, que hay que cerrar. Los turistas guiris se rebelan. No se quieren ir. Señores, yo tengo que hacer mi trabajo, dice.
Bajamos la calle Mayor hasta el D'Tablas, donde caen unas cañas con chopitos. Comemos en una casa de comidas, escondida en un pasaje, un estofado de patatas y bacalao. Está lleno de curritos alegres que bacilan a la camarera. Ella me felicita por el dibujo y me hace enseñárselo a María, que es la señora que he dibujado en la ventana de la cocina. En un bus nos acercamos a la playa del Postiguet. esta sí que tiene bastantes devotos. Desde la terraza de una heladería la dibujo.
Llegamos a la estación. Un mendigo presumido sentado en el suelo se peina el bigote y las cejas. Vende esos ceniceros tan feos que se hacen con latas de cocacola. Cogemos las mochilas y nos metemos en el tren. La gente espera en el andén para cargarse con los últimos rayos del sol, y no entran hasta el último minuto. Nos sentamos junto a una pija presumida que se mira en la ventana. Vamos otra vez al revés. Detrás del cristal vemos huertas con frutales en las explanadas entre las colinas terrosas, donde algunos excavaron sus casas. Dibujo algunos paisajes chocantes y a este chaval tan alto con una gran cicatriz en la cabeza. Se hace de noche y esperamos que la megafonía retransmita el final de nuestro viaje.
domingo, 27 de mayo de 2018
estaciones de edimburgo
La construcción de la nueva ciudad de Edumburgo, al norte de la ciudad medieval, dejó en pleno centro el lago conocido como Nor Loch, que se convirtió en un foco de malos olores en pleno centro de la ciudad. Se realizaron varios trabajos de drenaje que culminaron en la década de 1820 con la disponibilidad absoluta del terreno, que en principio fue dedicado a jardines.
Con el progreso del ferrocarril en Gran Bretaña y las buenas condiciones del valle para introducir vías férreas en el interior de la ciudad en la década de 1840, fueron tres las compañías que construyeron estaciones en la zona. Todas fueron denominadas en honor de la novela Waverley de Walter Scott (que narra la lucha entre ingleses y escoceses en el siglo XVIII), en torno a 1854. El 2 de febrero de 1842 se puso en servicio en Escocia la línea ferroviaria entre Glasgow y Edimburgo, Pocos años más tarde, el 15 de febrero de 1848, la Compañía del Ferrocarril de Caledonia ponía en servicio la línea principal cuyo destino era también Edimburgo y situaba su estación en la Princes Street. Esos terrenos habían sido ocupados anteriormente por los jardines que sustituyeron Nor Loch. Años más tarde, construyó para alojamiento de los viajeros un lujoso hotel que aún sigue funcionando aunque la estación ferroviaria fuera demolida.
![]() |
| Alojamiento de viajeros de la Caledonian Railway |
Aprovechó toda la vaguada existente entre la parte vieja de la ciudad y los barrios situados ya al norte, al otro lado de los jardines. La superficie es tan grande que ha resultado la segunda más importante estación británica en superficie. Para entonces ya los dos puentes comunicaban ambas partes de la ciudad. El más elevado y de líneas más atrevidas tiene una historia más dilatada pues data de la segunda mitad del siglo XVIII.
![]() |
| Puente del Norte y el hotel Balmoral |
![]() |
| Scottish National Gallery |
Fotos en blanco y negro: Roslin Station, Jerdbugh Station, Glencorse Station y Waverley Station en la década de 1960, de J. L. Stevenson. Y hall de Waverley en 2014, de Miguel Ángel Matute (así como las de color).
jueves, 5 de abril de 2018
los dólmenes de valencia de alcántara, marvao y un sueño cumplido
Llegamos hasta Alcorneo, donde unas gallinas negras y su gallo se han hecho con la parada de autobuses, de forma que los asientos están totalmente cagados. Al volver, el ordenador elige un atajo por un camino empedrado que salta la sierra y atraviesa un pequeño pueblo llamado El Pino. Pasamos la abandonada frontera y en la entrada a Galegos, a la orilla del río Sever, los portugueses nos ponen un guiso de arroz con cocochas de bacalao impresionante, riquísimo, después de un aperitivo de garbanzos con cebolla, pimiento y aceite de oliva increíble. Finalmente un pudin excepcional, y todo por 36 euros, dos personas, el precio de cualquier menú mediocre de España. Os lo recomiendo: Restaurante Sever, justo al entrar al puente que atraviesa este río en la frontera.
Paseamos por Marvao, un bonito burgo medieval con un origen romano y después árabe, amurallado y en lo alto de un cerro de la Sierra de San Mamés. Paseamos por sus calles empedradas viendo sus fachadas blancas con marcos de granito y el castillo, declarado Monumento Nacional en 1922. Impresiona el tamaño de su cisterna. Dibujo sus jardines. Y luego el ordenador nos lleva por más caminos empedrados que se convierten en las calles de un pequeño pueblo que llaman Escusa.
Siempre he pensado que una forma de viajar sin moverse es vivir en una estación de tren. Me he imaginado muchas veces con el quepis rojo y las banderas dar la salida al convoy y luego charlar con los viajeros que esperan el siguiente. Dormir en la planta superior con la luz de las farolas iluminando el techo de la habitación. Hoy parte de ese sueño se cumplirá gracias a Ana Patricio que ha montado una casa rural en la estación, en desuso, de Castello de Vide. Aquí en Portugal se dan concesiones a quien pueda darle una utilidad y así mantenerlas. Hay cinco ya recuperadas. La mía aquí está: reluciente, con su reloj y farolas, su almacén de madera, sus azulejos de la fachada... una estación de verdad donde esta noche dormiré a gusto cumpliendo un viejo sueño.
Etiquetas:
Cuadernos,
Portugal,
Ruta del Tajo,
Trenes,
Viajes
lunes, 8 de enero de 2018
historias en el tren
Salí a las dos de mi casa de Benidorm, y llegaremos a las nueve. Además, en la capitaleja hará un frío que pela. Desde que abrí la ventana esta mañana he estado todo el día en mangas de camisa. ¡Y ese solecito! Dios mío ¿Qué hago yo aquí?
viernes, 8 de diciembre de 2017
lucía viaja en tren
Ella estudia diseño, tiene ilusiones y sueños. Yo soy incapaz de ver un metro más lejos. Sus blancos y delgados brazos, sus ojos alargados con el rimel. Una pequeña sonrisa que se le escapa entre sus finos dedos.
jueves, 7 de diciembre de 2017
domingo, 3 de diciembre de 2017
un ángel en el tren
jueves, 28 de septiembre de 2017
miércoles, 30 de noviembre de 2016
los cuadernos de marta jarque
Si no hubiera ido a Santiago este año, jamás hubiera conocido a dos inmensas cuadernistas catalanas: Anna Ishtar y su amiga Marta Jarque. Cuando vi sus cuadernos expuestos, en ese pequeño escaparate que se monta después de una salida a la calle, pregunté a la seño por ellas. ¡Qué buenas son!
Marta parece tener 23 años. Y es por su alegría y esa forma tan libre y tan aparentemente despreocupada de dibujar. Cuando yo la vi, apenas si usaba los colores, pero puede verse aquí arriba de qué manera lo hace. Ya sé que todo el mundo la conoce por sus dibujos en el tren, pero para mí ha sido una agradable sorpresa ver a esta chica manejarse con un cuaderno gigante y una extraña caja de madera, de donde salen, como de chistera, lápices y pinceles y unas tizas de sastre. Sabía que aunque escondiese mi boina, al final iba a salir. ¿Quién puede esconderse ante esos ojos de viseras gigantes bajo dos arcos románicos?
Lo que más me enganchó al dibujar en el tren, fue que se crea una situación especial, que la gente se despierta e interactúa conmigo y entre ellos, y hay muy buen rollo en general. Me gusta poder retratar a la gente desde una perspectiva psicológica, un poco al menos, lo que me impresiona. No sé, me gusta plasmar un poco la impresión que tengo de esa persona. También me resulta muy excitante todo, porque he de ser muy rápida, me tengo que dar toda la prisa que pueda para explicarlo todo.
Marta Jarque en Tumblr
Girl Curator
Marta Jarque en Tumblr
Girl Curator
Etiquetas:
Barcelona,
Cuadernistas,
Ilustradores,
Santiago,
Trenes
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




















































