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lunes, 18 de octubre de 2021
lunes, 30 de abril de 2018
villanueva de la serena
Es una ciudad de más de veinticinco mil habitantes con gente activa y un comercio saludable. Comparte estación y hospital con otra gran población que se llama Don Benito. Creo que la culpa de sus progresos se debe su clima cálido y templado y las tierras fértiles de estas vegas del Guadiana. Hemos visto grandes zonas de frutales y almacenes de envasado y distribución de fruta y hortalizas, industrias y empresas de servicios, propio de una gran aglomeración de habitantes de la comarca. También nos cuentan que tiene gran tradición de ganadería, fundamentalmente lanar. También presumen de su artesanía en romanas, las famosas básculas por contrapeso en una barra, quizá heredada de los romanos, y de haber inventado la tortilla de patatas.
Comemos de tapas en las terrazas de las que nos habló el superhombre. Por suerte hemos encontrado una mesa libre. Las tapas no son nada del otro mundo, no parece que les den importancia. Después paseamos por el parque con una familia gitana y nos acercamos al centro por la calle comercial. Entramos a la Plaza de España por un lateral de la iglesia herreriana de la Asunción. En la portada de este lateral hay dos bustos interesantes: a la derecha San Pedro con un libro y una gran llave, y a la izquierda San Pablo con la espada con la que moriría. San Pablo tiene una larga barba y San Pedro la tiene más recortada. Ambos están calvos. También es interesante el edificio con soportales del Ayuntamiento. En la parte central de arriba hay una sirena del siglo XVI que pareciera modernista, flaca y elegante con el pelo largo enredado en su propio marco, que sujeta con las dos manos y parece ser la terminación de la cola. Pero está muy seria pues sus escamas de cadera hacia abajo le impiden tener relaciones sexuales. Al lado puede leerse que acabose el año 1583. Recordemos que el nombre del pueblo hace referencia a la sirena. Al lado justo está el Casino La Serena un bar clásico con barra, salón y sala de lectura con muchas maderas con adornos de forma piramidal. En su terraza cenamos con buenas raciones recogidos entre arcadas y la fachada de la Asunción.
Dormimos tranquilos y desayunamos bien gracias al superhombre. Después seguimos el Guadiana con parada en una terraza de La Puebla de Don Rodrigo, donde los ganaderos discuten en su almuerzo. Luego llegamos a Alarcos y Ciudad Real, dando nuestro viaje por finalizado, aunque paisajes, edificios y gente sigan revoloteando por nuestros cocos. Eso es todo amigos.
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domingo, 29 de abril de 2018
medellín
Este es uno de esos pueblos extremeños cuyo nombre se repite en América. Y con razón, pues aquí nació Hernán Cortés, que por su cuenta y riesgo, también dinero, y contra la orden del gobernador de Cuba, decidió conquistar México, con la inestimable ayuda de la chinche Malinche, con la que tuviera un hijo. Y aquí se conserva, en la iglesia de San Martín, la pila donde fue bautizado.
Pero no es ésta la razón de nuestra visita a un pueblo desconocido para nosotros, apagado quizá por el explendor de la vecina Mérida. Es una señal de indicación de su puente romano lo que allí nos acerca. De tal puente apenas si habrá unas piedras, los que vemos es un fastuosa obra llamada Puente de los Austrias reconstruido casi por completo en 1630, después de la riadas de 1603 y antes de 1525, con veinte ojos y cuatrocientos metros para saltar el Guadiana. Descansamos en la ribera junto a unos pescadores, desde donde dibujo el puente y el castillo, subido el lo alto de un cerro.
La subida al castillo nos depara hermosas sorpresas: la Iglesia de San Martín, con un ábside puro románico del siglo XIII y una portada gótica y la Iglesia de Santiago con ábside tardorrománico con unas pequeñas ventanas lobuladas muy curiosas, y puertas góticas. En su interior está el centro de interpretación del Parque Arqueológico de Medellín. Pero lo más flipante es que entre el castillo y esta última iglesia se ha desenterrado un magnífico teatro romano en estos últimos años (se abrió en 2013) y que conserva perfectamente casi todo su graderío. El hecho de estar enterrado lo ha conservado, por esa misma razón toda la construcción que servía de fondo del escenario, vestuarios, entrada, taberna, etc. ha desaparecido. El ábside de la iglesia de Santiago ya está invadiendo esta zona, como puede verse en el segundo dibujo. Damos un paseo por el castillo y después por el pueblo. Y continuamos nuestra ruta.
viernes, 27 de abril de 2018
mérida
Nos despedimos de esta ciudad que dicen fue residencia para descanso de veteranos de guerra, siguiendo el curso del Guadiana hacia su nacimiento, siempre acompañados de cigüeñas.
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martes, 24 de abril de 2018
badajoz
Atravesamos Alentejo bajo una fuerte e interminable lluvia solo con un limpia en funcionamiento. El rebujo de los camiones no nos deja ver. Finalmente una tregua en la ciudad fronteriza de Badajoz, que mantiene el encanto de algunos comercios locales antiguos e imaginativos y muchos edificios de principios del siglo XX, quizás demasiados vacíos. Por fin las cañas y las tapas. El recepcionista del hotel se emociona al ver el coche en la puerta. Era el coche de mi familia, dice.
La Plaza Alta es una falacia, un decorado donde no vive nadie. Muy agradables los abandonados jardines de La Galera. Una vista a las ruinas de la Alcazaba, desde donde puede verse la ciudad y el río Guadiana. Y un hermoso ejemplar del olmo montano, extraño en en estas tierras bajas. También hay hermosos ejemplares, como la botella de Queensland o esa tremenda y tortuosa Glicinia enramada para dar sombra y alfombrar el suelo de flores, en el Paseo de San Francisco. Una parada en la Plaza de la soledad. Unas cañas en el Dada dibujando una copia en ladrillo de la Giralda u otra de bronce de Porrina. El paseo tranquilo por Menacho y Francisco Pizarro, que es por donde se sale de misa, y un peine con cabello de ángel o un vergara en la Confitería Cubana, de 1890, donde aún puede verse algún anuncio de Kinito, aquel dibujo animado que bebía kina San Clemente.
La lluvia y el fútbol reparte a los paisanos por sus casas o bares. Buscamos uno sin tele para cenar. En el Caesura, en Francisco Pizarro, se cena bien de tapas. Risotto con trompetas, alitas cajún y solomillo con mango. Todo demasiado simple. En la calle no para de llover. Nosotros cerramos el chiringuito.
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