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viernes, 24 de marzo de 2017

concierto de los van van en 2001


Macroconcierto de Los Van Van en el Malecón de La Habana, junto al Hotel Nacional, en 2001.


Juan Formell con los Van Van




Los Van Van es una banda cubana liderada por el bajista Juan Formell, y es la banda cubana posterior a la revolución más reconocida. Formell, y los ex-miembros Changuito y Pupy son algunas de las figuras más importantes de la música cubana contemporánea. 


En 1967, Formell se convirtió en director musical de la orquesta de charanga de Elio Revé. Formell reformó el grupo en Changüí el 68, y luego fundó su propio grupo, Los Van Van, el 4 de diciembre, el 1969. 

Juan Formell estaba convencido de que podía capturar la imaginación de la generación más joven de Cuba mediante la infusión de arreglos de Revé con elementos de rock de norteamericano y de un nuevo estilo extraño que él llamó changüí 68. A principios del siguiente año, casi exactamente una década después de que la banda de Revé había abandonado el barco para formar la orquesta Ritmo Oriental. Formell incitó el más famoso de los motines y se fugó con la mayoría de los músicos para formar un grupo que se ha alojado en la verdadera vanguardia de la música de su país más que cualquier otro. Formell en un principio se basó en gran medida rn las canciones y las tendencias estilísticas de su trabajo previo con Revé. Las armonías, nunca antes escuchadas en la música cubana, fueron claramente tomadas del pop norteamericano bailable. Su repentina popularidad comercial hizo añicos las limitadas fórmulas en armonía de la música popular cubana, a la que las otras bandas fueron fieles durante tanto tiempo. Rítmicamente, el grupo de 1969 hizo la transición del Changüí 68 a la primera encarnación de un estilo, que Formell llama "songo".

Los Van Van originales fueron: Juan Formell (líder, bajo, voz); Orlando Canto (flauta); Raúl "El Yulo" Cárdenas (congas); Blas Egües (batería); Luis Marsilli (violonchelo); José Luis Martínez (guitarra eléctrica y voz); Julio Noroña (güiro); Pupy Pedroso (teclado); Miguel Ángel "Lele" Rasalps (voz); Guillermo Sánchez (guitarra eléctrica), y Gerardo Miró, Jesús Linare, Fernando Leyva, e Iván Rocha (violines).

José Luis "Changuito" Quintana sustituyó a Egües en 1970. Changuito amplia en gran medida los parámetros del songo e introdujo una técnica revolucionaria de congas y timbales, mediante la incorporación de los rudimentos del tambor de trampa. Changuito es el percusionista cubano más influyente de la segunda mitad del siglo XX.

La aportaciones rítmicas de Changuito coincidieron con la maduración de Formell como compositor y los lanzaron durante un período de seis años, que por sí solo habría sido suficiente para establecerlos como una de las bandas más importantes de Cuba. Las grabaciones de 1970 a 1976 son el punto de partida definitivo para cualquier persona que quiera aprender sobre el género enigmático del songo.

En 1974 el cantante Pedro Calvo dejó la orquesta Ritmo Oriental para unirse a Los Van Van. Calvo afrontó la banda durante dos décadas. Los Van Van estrenan composiciones de Pedro Calvo, José Luis "El Tosco" Cortés, y Pupy Pedroso, que llegaría a convertirse en el segundo compositor más prolífico del grupo después de Formell. En 1980 Formell tomó la inusual decisión de añadir trombones a su formato de charanga. 


Los Van Van han logrado consistentemente adaptar su estilo a los tiempos, y siguen siendo, después de 35 años, la orquesta de baile más popular de Cuba. Junto con el pianista César "Pupy" Pedroso, Juan Formell ha escrito algunos de los versos más intrigantes en la música de baile popular, incluyendo las historias que se ejecutan en varios álbumes y, en contra de las tendencias de la timba, todo tipo de comentario social. Ambos artistas son maestros indiscutibles del doble sentido en una cultura musical en el que múltiples significados en letras son omnipresentes. De hecho, el título de la banda es, probablemente, la intención de evocar los novedosos y convincentes ritmos del nuevo sonido de la banda de Formell, por eso el nombre de la banda se podría traducir como "aquellos que vayan, van (también se ha sugerido para traducir como su nombre como algo así como el go-gos! ). Cuando César "Pupy" Pedroso, su pianista y miembro fundador, dejó la banda en 2002 fundó su propia banda Pupy y Los Que Son Son, que es probable que un nombre con un triple sentido. La palabra son puede significar tanto a sonido como al son de la música tradicional, originarios de las provincias orientales de Cuba, de la que la salsa estilo cubano puede tener su origen. También es una referencia a la expresión idiomática española "los que pueden, lo hacen", presumiblemente como una especie de guiño a la expresión "aquellos que no pueden, enseñan".


martes, 12 de abril de 2016

vivir en un decorado



Una encantadora mujer que nunca se marchó de Cuba pese a que toda su familia política sí lo hizo tras el triunfo revolucionario. Josie, que se apellida Granda Rodríguez y sobrevuela los ochenta años, se casó en noviembre de 1958 con José Miguel Alonso Soler, ingeniero químico azucarero que estudió en Estados Unidos y a quien la vida alumbraba. El suegro de Josie era Óscar Alonso Solís, presidente de una importante empresa norteamericana, la Compañía de Ferrocarriles de Camagüey, y su cuñado era un alto directivo de Colgate-Palmolive. Pero llegó el triunfo de la revolución, y con las nacionalizaciones de las empresas norteamericanas y la muerte de Óscar, en 1963, José Miguel y su esposa quedaron solos en La Habana. La pareja se mudó a vivir a la vieja casona burguesa de la calle Calzada y, pese a que el resto de la familia emigró, ellos decidieron esperar. Las cosas cambiarían pronto y entonces la familia regresaría, pensaron. Pero los años fueron pasando y nada cambió, excepto que poco a poco la hermosa casa del Vedado se les fue viniendo abajo.

“Al principio no había dinero para mantenerla, pero luego resulto ser mejor”, cuenta Josie. Las estancias decadentes de la fabulosa casona ecléctica construida en 1929 comenzaron a adquirir encanto y un día se la empezaron a alquilar para rodajes. Primero fueron varias telenovelas cubanas, después películas del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematografica (ICAIC) —incluida una que protagonizó Paco Rabal en los años noventa, ‘La noche de Consantinopla’, de Orlando Rojas— e incluso hasta para producciones de moda. El año pasado, tras el inicio del deshielo entre Washington y La Habana y el boom de Cuba, el lugar fue escogido por Vanity Fair para que posara Rihanna fotografiada por Annie Leibovitz. Josie, que es de misa diaria, muestra una foto de la cantante desnuda, tumbada en la cama de uno de los cuartos. “Si llego a saber que es para esto no se la alquilo”, comenta. Josie es consciente de que las vigas al descubierto y las paredes despintadas son un buen reclamo, pero, dice, hay que tener cuidado. “Hay que mantener la decadencia, no podemos arreglar demasiado, pero el punto es que no se te caiga el techo encima y acabe contigo".


Mauricio Vicent en El País
Foto de Miguel Pereira

miércoles, 17 de diciembre de 2014

la habana en 1851

Dedicado con permiso al Excmo. Señor Gobernador y Capitán General de la Ysla Don José Gutiérrez de la Concha. Smith Hermanos y Compañía, Londres BN/N. Inventario 35.325 (Vistas). Medidas: 75x105 cm. (Detalle). Del catálogo de la exposición El Sueño de Ultramar. Biblioteca Nacional y Fundación El Monte. Sociedad Editorial Electa España S.A. 1998.

sábado, 15 de noviembre de 2014

último día en cuba


Me pongo en marcha hasta la 12 y me meto en el Cementerio de Colón, que es gratis los domingos y no hay funcionarios. El coche funebre es un Cadillac negro con cabezas de torpedos en el punto de choque del paragolpes delantero. Tengo que dar la vuelta para entrar al cementerio chino. Pequeño, acogedor, silencioso, con grandes árboles de sombra. Casi todas las tumbas son cristianas, pero también se levantan pequeñas pagodas con incensarios como en los templos budistas e inscripciones en chino. Me entretengo leyendo sus nombres y apellidos en una calle de nichos: Luis Chang, Enrique Lee, Antonio Tang, Alfonso Lam... La calle 23 mantiene edificios preciosos, que dibujo. La antigua fábrica de tabaco H. Upmann reparada y pintada para Tabacuba.

Junto a Beni visitamos el callejón Hamel, que es un collage tridimensional lleno de objetos y graffiti. Una especie de galería sobre el afrocubanismo y sus palos. Se oye música de percusión bongosera y negritas bailando con pelucas para las cámaras digitales. Luego pasamos por la mole de torres circulares de Soledad con San Lázaro. Un hombre pasa con un traje de arpillera y una caja de cartón con un San Lázaro, que nos desea salud. El 17 es el día en que sus seguidores se visten con un saco, deben haber aprovechado el domingo. Su devoción está ligada a la santería, a Babalú Ayé, a quien se ofrecen sacrificios y en ese día se le dona dinero (dame veintisiete velas pa ponerme en cruz).

Salimos al Malecón por Parque Maceo y su estatua ecuestre, el Titán de Bronce. Bebemos cerveza en la Taberna Galeón. Los cubanos descansan sentados en el bordillo, pescan con una cuerda o buceando. El sol ilumina el faro y el castillo del Morrillo.

En Prado se han organizado las timbas de ron. Beben ron blanco de dudosa destilación. Todo se ha llenado de artistas vendiendo sus cuadros. Los árboles se han hecho gruesos y sobresalen de los círculos de hierro fundido que los rodeaban originalmente. Cerca del Capitolio se acerca un buitre con la sinceridad, el amor al gallego y finalmente el anticastrismo. Estos moscones son lo peor de La Habana, por eso siempre dejamos la capital para el final, cuando ya nos hemos cubanizado y sabemos relativizar. Está empeñado en acompañarnos y no nos apetece nada. Le digo que no quiero nada. Ya en el Barrio Chino quiere sentarse en nuestra mesa del Luna de Oro y le digo que preferimos comer solos. Me dice que no va a comer y le repito que preferimos estar solos, que nosotros elegimos nuestras compañías.
- Un día te hará falta una ayuda y te acordarás de mí.
- Me acordaré de mucha gente.
- ¡Te acordarás de mí! me dice más alto y mirándome fijamente a los ojos como si de un maleficio yoruba se tratara.

Cojemos un taxi. Los chavales juegan al baloncesto y al fútbol por las calles con un balón ponchado que suena bastante mal. 23, edificio Alameda. Nos sentamos en un bar de cerveza dispensada a seis pesos, hace un calor pegajoso. Unos chavalillos nos explican el mecanismo de unos triciclos caseros de madera y rodamientos con los que bajan las cuestas. El volante es el eje de la rueda delantera, fijo a uno de los costados y móvil el lado opuesto. Me dicen que si soy pintol que pinte a éste de tremendas orejas. Frente a Tabacuba hay una terraza con cerveza Polar en botella y dispensada en jarras de tercio. Hay un borracho pintado y una señora con una gran jarra. Se pone a llover y nos metemos bajo una visera de hormigón de una sola columna. Una luz lateral quema todas las fachadas y parece levantar ese fuerte olor a tierra mojada. Bajamos hacia Los Almendrales, al río. Atravesamos el puente que los une a Miramar. Abajo empujan un coche que cuando empieza a funcionar arrastra a todos los chavales y los revuelca por el piso mojado. En la Casa de la Música todo se ha acabado. Hay un fuerte olor y mucho humo. Los músicos recogen los instrumentos en el escenario. Las mesas están llenas de latas vacías de Bucanero.

En el Habana Libre vemos las fotos de los barbudos en el vestíbulo con sus botas encima de los sofás.
La señora nos cuenta que se jubila a los 55 años. Necesito tiempo libre para ir a un balneario que me haga bien para la artrosis en los codos y las rodillas. Bueno, esto se ha acabado, hay dos Cubas y un pueblo que vive mal. El bloqueo es un asesinato. Estados Unidos ahora castiga a una empresa que nos vendió una purificadora de agua. Apenas si ha llovido, es una salvajada.

Nos llama a un taxi.  Es un 1430 como el que tuvo mi padre. Es emocionante circular otra vez en él. Hacen milagros.
- Es una Lada, Nosotros le llamamos 1600 aunque tiene 1500 centímetros cúbicos. Éste es un 1600 Especial.

En el aeropuerto nos dejan pasar las botellas de ron que aparecen en las radiografías. Todo lo demás es lo de siempre.

viernes, 14 de noviembre de 2014

la habana vieja y una peli del ché




Otra vez las estrellas en el techo y sábanas con olor a limpio y el jaleo toda la noche de la calle 23. Paseo hacia el malecón tempranito. Entre los puestos de un mercado lleno de frutas y hortalizas. Una brigada del CDR llevan linternas y palancas en busca del mosquito del dengue. La brigada de inspectores de la Salud Pública llevan un uniforme del coronel tapioca.

En el Hospital Calixto García me hicieron la inmovilisasión dinámica para el esguince. Me gustó que el paciente participa en la cura. Cogemos Neptuno. En el 960 está el local de ensayo de Beni Moré, con dos filas de asientos de teatro. San Miguel, Obispo, hacia la Habana Vieja.

- Me dio un golpe una prieta con su tremendo culo, y me estremesí. Me cuenta alguien con el que choco sin querer. Son bailones y bacilones, graciosos.

La calle Obispo va a tope. En La Lluvia de Oro sigue un grupo la música del tren. El edificio del 306 tiene puertas correderas entre columnas. El edificio Europa. La antigua Droguería Johnson, impresionante farmacia con los ventiladores colgados como arañas. El edificio de piedra de la Bolsa de la Habana. El Hotel Florida con su patio ajedrezado de soportales llenos de plantas. La farmacia Taquechel con sus vitrinas de madera llenas de tarros de cerámica, los historiados mostradores y el esqueleto en la puerta. La hermosa cafetería del rosado Hotel Ambos Mundos, donde deambulaba Heminway en los años treinta.

Curioseamos en los puestos de los libreros de la Plaza de Armas; con suerte aparece mi cuaderno perdido. No está, pero encuentro unas guías de los cincuenta de Cuba, América Central y Centro América preciosas. La calle Oficios parece un parque temático colonial con gente disfrazada de soldados y prietas yoruba en los sardineles. Museos de coches, de ganchillo... esta parte de la ciudad está repintada y rebonita. Comemos en la cafetería Marina, frente a la iglesia. San Francisco en la plaza del mismo nombre y la Catedral de San Cristóbal (recordad que la ciudad se llamó San Cristóbal de la Habana). Mercaderes, la plaza del porticado Palacio de los Condes de Jaruco, con su patio de arcadas en dos pisos. Una imprenta con las máquinas de aspas funcionando. Brasil, La farmacia La Reunión, que lanzó la famosa Magnesia efervescente Sarrá.

Una señora me preguntó si salió bien en la foto. se la enseño. Linda, linda, dice. Descansamos en la terraza del Hotel Inglaterra, con viejas y gorditas alemanas en compañía de machucambos cubanos y abuelos italianos con jovencitas jineteras. Aparece Des y nos lleva a su casa. Nos dice que se ha limpiado esta parte de la ciudad al quitar los destrozos del tifón. Tiene muebles cómodos y una barbacoa a la que se sube por una escalera de submarino.
- Las yoruba que te sonríen son funcionarias del Estado que te cobran un dólar por un beso.

Bajamos por San Lázaro hasta el Malecón. Familias con sus perritos, voladores de cometas, pescadores sin caña, novios besuqueándose. Vamos al Yara a por los boletos. La taquillera unta fuagrás en las galleticas saladas y come lentamente y con cuidado de no estropear el carmín. No abrirá hasta que la cola sea ya imposible. Después de un descanso en casa, nos ponemos a la cola. Pongo asento cuuubano pa conseguí los boleticos.

Es hermoso y emocionante ver aquí Diarios de motocicleta, especialmente cuando lees al final que el amigo del Ché se vino a Cuba, fundó un hospital y vive aún en La Habana junto a su mujer y sus hijos.

jueves, 13 de noviembre de 2014

el parque josone y buonasera en la habana









Me levanto temprano y desayuno en un chiringuito viendo como descargan a los trabajadores cubanos uniformados. Aquí llega el cocinero como de un juego de cartas de oficios. La leche, amarillenta, está muy fuerte. Es difícil ver azúcar en sobres, se dispensa del azucarero.

Paseo entre las casas de madera con porches. La Guajira, una cervecería de pesos. En la 52 salen gallos y gallinas de una casa de madera muy cuidada. Palmitos, galetas. Entre la 56 y la 57, el Parque Josone, un jardín poco visitado y muy cuidado, residencia y lugar de descanso de José Fermín Iturrioz, un gran empresario del 30 al 50 que le puso ese nombre siguiendo aquella costumbre de contraer los nombres: el suyo y el de su mujer Onelia. Pinos péndula inmensos. Laureles, sauces, hibiscos y flamboyanes. El palomar parece el Hotel Nacional para palomas. Gallos, gallinas, elegantes avestruces.
- ¿Por qué está la bandera a media asta? pregunto.
- Porque ha muerto el presidente de Afganistan, Yaser Arafat.
- Será el de Palestina.
- La tendrán una semana así.

Nos damos una vuelta por la playas, primero de cubanos y luego de toallas naranjas. Negosiamos una hamaca y bronceo a mi esposa. El agua está transparente. Un baño y una Cristal fresquita en el Ranchón con unos alemanes como cangrejos sancochados. Cuando el pollo al carbón sale, Beni se incorpora.

Nos duchamos y montamos en la viajera de Viazul. Pasamos el puente de matanzas y vemos el nuevo Tropicana, el edificio de bomberos, el teatro, el puente a Versalles, la pequeña playa. Recordamos nuestra estancia hace unos años (la jirafa del parque infantil abandonado, aquella preciosa casa racionalista, la vieja botica-museo). 

Llegamos de noche a La Habana. El conductor nos deja en el Habana Libre. Paseamos por la 23. Nos comemos una pizza rica con chorizo en una pizzería gigante de pesos llamada Buonasera, con dos jugos de papaya y unos ricos bocatas de queso y jamón. Y disfrutamos de la música en directo en un bar hasta que llega la odiada tuna a joder el asunto. Bajando la 23, paramos en las mesas chorreantes del Quiosco Continental con música de la nueva trova y una bucanero. Coppelia ha abierto un quiosco con terraza para guiris y el cine Yara pone Diarios de motocileta. Intentaremos ir mañana.

miércoles, 29 de octubre de 2014

290ct : a la habana


En el avión nos ponen La terminal, un cuento de Navidad para llorar con Tom Hanks y el Spiderman de Sam Raimi. El señor Espíderman llaman los niños a ese héroe con el traje desteñido de calzoncillos vistos. Favor de poner los asientos en posición vertical, dice la aeromosa. En la tele, Polito Montañez con guayabera blanca dice que no se equivoquen, si cojo un avión pienso volver. Un locutor comenta que en el Hotel Telégrafo, recién recuperado, se hospedó en 1874 el primer mandarín que visitó Cuba. Entonces había en la isla casi sesenta mil chinos, que venían con contratos de ocho años por un costo inferior a los esclavos negros.

Ya sobrevolamos la isla. El sol entra directamente por las ventanas de la derecha y me empieza a entrar mucho mucho sueño. Llegamos al aeropuerto José Martí. Aplausos en el aterrizaje, un clásico. En la aduana nos preguntan por el hotel en que nos hospedaremos, les digo que en El Científico, ese tan bonito y decadente que hay en el Prado. Abren las maletas, me preguntan por las medicinas, les digo que tengo el pié hinchado.

En el taxi nos viene ese olor dulzón y húmedo con gasolina de La Habana, palmeras reales, coches antiguos, motos con sidecar. Un rótulo con oro negro en una gasolinera. La Plaza de la Revolución con el Ché, la estación de Astro y Presidentes con la 23 con esos setos recortados como campanas gigantes delante de la Casa Balear. Un prietito nos quiere llevar a una casa y, a pesar de nuestra negativa, se pone a andar delante. En un descuido lo perdemos.

Eso es cosa de mis padres, dice la jovencita que ha bajado a la puerta. Disculpen no haber telefoneado, les digo. Solo una noche. El enemigo está muy cerca, nos tiene muy apretados, quiere meterse en todo, por lo menos vivimos, nos cuenta el padre mientras las mujeres nos preparan la cama. Es una casa grande y limpia, com muebles chulos de los cincuenta. El baño tiene azulejos rosas y sanitarios art decó. El papel recuerda a nuestro elefante. Encienden los ventiladores y nos ponen unos vasos de agua hervida. Nos recomiendan cerrar las ventanas para evitar el ruido.

-Es que la calle 23...
-Ah, ¿ya conocen ustedes Cuba?

Beni no quiere salir, se pone a dormir, y yo escribo un poco. Las luces de los coches juegan con las sombras de las persianas como las llamas sobre los bisontes de Altamira, que parecen moverse. Los jóvenes se sientan en la hierba del bulevar. Los coches y las motos se pitan para saludarse. Hace fresco y Beni se recoge. Apago el ventilador. La calle se desvanece en mi sueño, y yo con ella.

viernes, 25 de julio de 2014

la habana en 1925

De la colección de Ramiro Fernández en Cuba luego, 2014

sábado, 22 de diciembre de 2012

de cementerios en la habana



Para el viajero que pasea por La Habana es un descanso visitar el remanso de paz de Colón y su adyacente Cementerio Chino. En el primero puede deleitarse con su aparatoso coche fúnebre. En el segundo, descubrir las pequeñas cajas donde descansan los restos de los chinos habaneros y, también sus curiosos nombres, mezcla de culturas.

Rafael Muy, Luis Chang Lima, Jesús Ching, Miguel Chang, Manuel Eng Fenz, Antonio Tang, Dámaso Lon Won, Francisco Bu, Alan Chang, Alfonso Lam, Alfredo Bu Long, Manuel Chang Shong, Alberto Botuey, Antonio Eng, Wo Huey Lee, Lourdes Lock, Rocío Lao, Lui Chao, Manuela Luan Lay, Antonio Chang, Ángel Hung, Ángel Chui Wong, Enrique Lee Wong, Alfredo Xi Chang, Wong Weng Sun, Roberto Luis Chino Pino, José Ly Ly, Manuel Cano, Eladio Chung Chin, José Li, Alejandro Sing, Alfredo Lee Lang, José Lau Lau, Diana Choy.