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martes, 17 de septiembre de 2019

No vengas de donde aún existen las palabras.

domingo, 30 de junio de 2019

aquel día

El agua inundaba los surcos con el tintineo de la noria. Su padre yacía empapado boca abajo con las rodillas clavadas en el barro. Pensó que era el momento. Acercó la escalera de madera al tronco del álamo más grande, y subió, paso a paso, apoyando los pies en cada una de las ramas, hasta allí arriba, a lo más alto. Extendió allí sus alas y, agitándolas como había aprendido de los pájaros, se echó a volar.

lunes, 6 de mayo de 2019

el pensamiento monógamo

    Si la monogamia es un sistema relacional, podemos preguntarnos si se limita a las relaciones sexo-afectivas y de pareja, o si es un sistema que cruza de manera transversal todas nuestras construcciones y articulaciones grupales. Volvamos sobre algunas de sus características principales: esencialización identitaria, jerarquía del núcleo reproductor de esa identidad (cohesionado en el modelo eurocéntrico contemporáneo a través de la mitificación romántica), exclusión y confrontación como formas autodefinitorias.
    Estas características son las que sustentan lo que llamaremos Pensamiento Monógamo, tanto aplicado a la pareja como a cualquier otra estructura social y que es el cogollo a desmantelar si queremos deconstruir la monogamia.

    Para que sus dinámicas funcionen, el Pensamiento Monógamo necesita de la diferencia. De hecho, inventa la diferencia, la crea. Alessandro Baricco utiliza la Gran Muralla China como metáfora de esta idea en su libro "Los Bárbaros" (Anagrama, Barcelona 2006). Como él nos dice " en su propia relación con los bárbaros, toda civilización lleva inscrita la idea que tiene de sí misma. Y que cuando lucha con los bárbaros, toda civilización acaba eligiendo no la mejor estrategia para vencer, sino la más apropiada para confirmarse en su propia identidad. Porque la pesadilla de la civilización no es ser conquistada por los bárbaros. sino ser contagiada por ellos: no es capaz de pensar que pueda perder contra esos andrajosos, pero tiene miedo de que luchando pueda salir modificada, corrompida". La Gran Muralla como metáfora es la línea que convierte a unos en civilización y otros en barbarie. Es una línea abismal, una línea que no acepta "continuums", ni idas ni venidas, ni medias tintas, ni pertenencias múltiples. El Pensamiento Monógamo necesita del pensamiento binario que aprendemos a aplicar, en primer término y desde que nacemos, en cuestiones de género.

    Brigitte Vasallo en Pensamiento Monógamo, Terror Poliamoroso. La Oveja Roja, Madrid 2018

jueves, 17 de enero de 2019

vaginas rebeldes

Abrid las puertas.
Quitaos los uniformes.
Venid a saborear la libertad
con nosotras.

Pussy Riot

viernes, 28 de diciembre de 2018

la perla

Al tratar inútilmente de poner la motocicleta en marcha, supuse que había hecho la perla. Los motores de dos tiempos funcionaban con una mezcla de gasolina y aceite y si el aceite no era de buena calidad, el líquido se apelmazaba y formaba una bolita iridiscente, llamada la perla, que obstruía el carburador. Mientras le daba estas explicaciones, desmonté la bujía, la limpié con el pañuelo y la volví a instalar. El motor arrancó al primer intento.
Eduardo Mendoza en El rey recibe, Seix Barral Biblioteca Breve. Barcelona 2018


El coche no tiene frenos,
el autobús tarda mucho,
la moto me hace perlita
y mi novia ya no pita.

Kiko Veneno en Un catalán fino, del disco Pata palo (2000)

martes, 14 de agosto de 2018

desayunando al amanecer

No sé si las cosas deberían desaparecer con sus dueños, como esas fotos que los muertos se llevan en su ataúd. Desde la perspectiva del muerto, me parece una buena idea. Pero desde la del vivo, ¿por qué evitar esa extraña sensación que nos produce bebernos el café con leche en el tazón que usaba nuestra madre y que un alfarero hizo en la costa de Tarragona?

viernes, 3 de agosto de 2018

nombres en mestanza (2)




Ya hablé en otra entrada de ese afán mestanceño por poner nombres rebuscados, fuera de lo común. Desde que hiciera esta entrada, han salido muchos otros en diversas conversaciones. Gracias a que siempre llevo un cuaderno en el bolsillo, he logrado hacer una nueva lista, que aquí reproduzco. Las razones de estos son los extraños vínculos o aficiones de los padres (Lavoisier es el nombre del hijo de un amante de la Revolución Francesa) y la facilidad con que los vecinos lo aceptan, al ser ya una costumbre, y la familiariaridad con que se hacen abreviaturas o se empequeñecen (Panta, Gena, Patro, Resure, Cipri, Maximian, Damasín, Rufinito, Herminieja...). Considero que es un camino abierto al libre pensamiento, loable en todo caso.

He aquí la nueva lista:

Abelina, Adelaida, Afrodisio, Albertano, Amadora, Amanda, Aniasia, Antigua, Asincrito, Atilano
Barbotina, Basilisa, Benigna, Brígida,
Canuto, Cipriana, Constanza, Crisóstoma, Cristeto,
Danilo, Desiderio, Desposorio, Dionisio, Domitila,
Edelmira, Eladio, Eleuteria, Elexámpite, Emerenciana, Emeterio, Emperatriz, Enelina, Engracia, Epafrodito, Eufemiano, Eulalia, Eulogia, Evasio, Exaltación,
Facundo, Felipa, Florentina,
Gasparo, Genara, Getulio, Graciano, Griselda,
Heleodora, Heliodoro, Heraclio, Herminia, Higinio,
Isabelino, Isidora, Isidra, 
Lamnilo, Lavoisier, Llorel, 
Magdesigildo, Marceliano, Maximina, Maximiano, Melanio, Melitona, 
Nabusiel,
Octaviano, Olayo, Onésima, Orosia, Ovidio,
Pantaleón, Patrocinio, Policarpo, Porfirio, Primitiva, Priscila, Purificación,
Quiterio, 
Resurrección, Rufino,
Saturia, Segismundo, Segundino, Sila, Silverio, Silvestra, Sipa,
Teodosila, Teófilo,
Ubaísla, Umbelina, Urcisina,
Valeriano, Vedasta, Victorio, Vidala, Visitación,

miércoles, 4 de julio de 2018

monocultivo

Un turista desconsiderado dijo que a partir de Despeñaperros el paisaje era aburridísimo, todo olivos. Cuando uno viaja por Europa o América del Norte se da cuenta de que todo el hemisferio norte del planeta Tierra viste igual, come igual y piensa igual. Las multinacionales lo consideran una bendición y el viajero aventurero un daño colateral de la globalización, que empezó, sin duda, con el invento de la tele.

Pero el desarrollo de la televisión como negocio privado, y de la pública imitando fórmulas con éxito de audiencia, está llegando al colmo del monocultivo y el aburrimiento. Hay unas veinte personas que se repiten sin cesar en todos los canales: algunos periodistas, cantantes y actores mediocres de televisión se intercambian papeles en la caja tonta como empleados autónomos. Un cantante que hace de jurado o de policía en una serie, canta un poco en play-back, da las noticias de la tarde, pasa palabra, protagoniza reality shows, opina sobre filosofía como contertulio, vende sartenes, explica los mapas de isobaras y finalmente llega a ministro. Buscando sus viejos twits, resulta que de adolescente pintaba como Dalí. Pronto aparecerá una pasta con su efigie para nuestra sopa.

¿Qué más habrá de pasar para llevar el aparato, con sus veinte monigotes, al punto limpio más próximo?

viernes, 11 de mayo de 2018

apología de lo pequeño

Algo revolotea en nuestra mente como un pájaro pequeño. Es inútil querer hacer algo grande como una escultura barroca, como esas rocambolescas columnas que conducen al mismo sitio por un camino más largo. De los museos solo soy capaz de apreciar pequeños detalles, más bien intenciones. De los edificios solo aquellas casas pequeñas sin ángulos rectos. Solo aquellas cosas útiles sin grandeza, como la piedra que se pone bajo el chorro de agua de una poceta para que ésta no erosione la reguera. Los pequeños jardines que las mujeres construyen poco a poco en el metro de tierra que hay en su fachada. Esas flores pequeñitas que crecen en el campo y que recogía para mi madre.

Poco puedo decir del gran arte excepto que me abruma como una rosaleda. Odio la joyería, el oro, las piedras preciosas. Solo llego e esas figuras pequeñas que los chinos hacen con el jade que apetece tocarlas y meterlas en el bolsillo. Las figuritas de bronce que los íberos echaban a las aberturas entre las rocas. Los brazos rotos de los griegos y romanos ilustres, esas narices perdidas, esos huecos como elipsis. La madera pintada y desgastada por el tiempo. Los frescos desvanecidos. Los animales rojos y simples en las paredes de las cuevas. Esos dibujos de los escritos tartésicos y chinos. Esos pequeños juguetes que los padres les hacen a sus hijos o los mismos niños construyen para jugar un rato. Los peinados que las madres hacen a sus hijas en los pueblos perdidos de África. Los tiradores con que los niños filipinos matan a los pájaros. Los adornos con que se personalizan los trompos. Las primeras cuatro notas indecisas. Las canciones que las mujeres cantan cuando limpian en la casa. Las figuras que los pastores esculpen con la navaja. Un jersey de mezclilla o de ochos que se hace en el poco tiempo libre. Los dibujos sin destino que hacen los niños y los que siguen siéndolo. El barro desigual, las vajillas gruesas y pesadas, el tazón blanco donde uno puede beber medio litro de leche con pan empapado.

A veces un objeto resalta como cuando el sol ilumina solo una pequeña parcela en el mar, aunque estén escondidos en el rincón más oscuro de un museo o en la pared más fría de una casa. Esos objetos me emocionan como un árbol centenario y no sé qué cosas podría hacer para que perduraran en mí. Es quizá la intención de quien lo hizo, quizá su alma, lo que me retiene tanto tiempo frente a él. Me gustaría cogerlo con mis manos, besarlo quizá. Porque esos objetos son como las buenas acciones de los hombres, como esos detalles que nos hacen congraciarnos con los demás y el mundo donde vivimos.

lunes, 23 de abril de 2018

pamplinas

No he tenido hijos. Prefiero abrazar un árbol centenario a plantar alguno comprado en un vivero. Los libros que me han publicado han sido de encargo, por lo que no me han dado muchas alegrías. Sí me hace feliz rellenar cuadernos, pero también me canso. No siempre estoy satisfecho de mi vida. Algunas veces pienso que soy feliz, pero otras muchas pienso que no lo soy. No creo en la plenitud, ni que para ello haya que tener un hijo, plantar un árbol o escribir un libro. Son tópicos sin importancia. Como esas pequeñas plantas que pisamos sin querer.

jueves, 15 de marzo de 2018

el genoma taíno


Antonio Salas, profesor de Medicina en la Universidad de Santiago (USC) y miembro del Instituto de Ciencias Forenses Luis Concheiro de Compostela, acaba de participar con la Universidad de Copenhague en la secuenciación del genoma nativo del Caribe más antiguo que se conoce. A partir de unas piezas dentales de más de mil años, han obtenido el perfil completo de una mujer que vivió en una pequeña isla unos 500 años antes de la llegada de Colón. Esta caribeña que vivió entre los siglos VIII y X en la isla Eleuthera (Bahamas) pertenecía a la etnia de los taínos, tenía un físico semejante al indígena amazónico y su ADN se ha conservado de milagro hasta hoy dentro de la caverna: "Las condiciones del Caribe, con un ambiente húmedo y unos suelos extremadamente ácidos" hacen casi imposible la obtención de información genética, comenta el profesor de medicina. "Extraer ADN de restos óseos tan mal conservados es tremendamente complejo", continúa explicando, "sin las nuevas tecnologías de secuenciación masiva, sin los avances computacionales, habría sido imposible obtener resultados de este tipo de restos arqueológicos".

Se parecería mucho a las habitantes que se toparon los conquistadores al pisar tierra. Su ADN aún pervive en la población actual de Puerto Rico, con "entre un 10% y un 15% de nativo americano y el resto compuesto por un mosaico de origen europeo y africano", apunta Salas. Hoy el grado de mestizaje es muy alto, y comenzó progresivamente nada más llegar los españoles. El genoma nos indicaque existía "una gran movilidad e intercambio entre islas próximas", una suerte de redes regionales que "favorecían la transmisión de conocimientos y también de genes", dice el profesor de medicina. Esto encaja con los estudios arqueológicos que revelan una intensa vida comercial en el Caribe antes de la llegada de Colón.

A todo ello se suma la huella lingüística. No se sabe cómo se expresaban los taínos que habitaban las islas hace mil años, pero según el profesor gallego la mujer identificada presenta un genoma semejante al de poblaciones de la costa del sur de América que "utilizan lenguas arahuacas". Hoy hay casi 700.000 hablantes desde los Andes hasta el Caribe, pasando por la llanura amazónica, Paraguay, Guyana o Venezuela. El español le debe a estas lenguas voces como tiburón, caimán, canoa, boniato, colibrí, hamaca, iguana, carey, maíz, caníbal y, por supuesto, cacique, que ya no es el jefe de la tribu indígena, pero según en dónde sigue estando muy presente.


El País-Materia
sinc



Niña añú de Venezuela, de la familia arahuaca. Wikipedia


Meses antes de que Cristóbal Colón confundiera en 1492 las islas del Caribe y las Antillas con Asia, la región tenía una altísima densidad demográfica. Estos vivían de la caza, la pesca y las guerras. Tres pueblos las ocupaban: los ciboneys, establecidos en las partes oeste de las actuales Cuba y Haiti; los taíno-arawaks en las Grandes Antillas (las actuales Cuba, Jamaica, Haití, República Dominicana, Puerto Rico y Trinidad); y los caribes que ocuparon las hoy Pequeñas Antillas (que se encuentran al este de las Grandes Antillas).

De estos pueblos hoy nada queda, salvo medio millar de caribes confinados en reservas en la actual Dominica, la mayoría mezclados con africanos, y una pequeña población que conserva rasgos indígenas en Cuba y Puerto Rico. El impacto cultural, la esclavitud y las enfermedades que traían los europeos borraron estos pueblos de la faz del erróneo paraíso.

Si la historia de los taínos (pertenecientes al grupo lingüístico de los arawaks, que ocuparon una área que se extendía desde la actual Florida hasta el Paraguay y al norte de Argentina) terminó con la llegada de los europeos, esta misma historia había empezado desde hacia muchos siglos, cuando alrededor del siglo V a.C. salieron de la cuenca del río Orinoco, ocuparon la isla de Trinidad y desde allí se propagaron a todas las Antillas, donde, después de haber empujado a los ciboneys hacia el oeste de Cuba y Haití, se dedicaron sobre todo a la agricultura y al comercio y se organizaron en comunidades administradas por jefes religiosos, llamados caciques, en una estructura social jerárquica cuyo grado más bajo era ocupado por los esclavos.

Poco antes de la llegada de los europeos, los taínos habían sido desplazados de las Pequeñas Antillas por los caribes, cuyos nombre originario era Galibi, provenientes, como los arawaks, del norte de Sudamérica. Los caribes eran grupos móviles y guerreros con una organización social simple y principalmente dedicada a la guerra y la conquista. Las mujeres de los caribes mayoritariamente de origen arawaks, eran tomadas por medio de la conquista militar.


jueves, 22 de febrero de 2018

el arte esquemático y la escritura





La escritura en su prólogo utilizó los símbolos ideográficos o mnemónicos que el hombre usó en el Paleolítico Superior y el Neolítico: la pintura esquemática. A esto se le ha llamado Protoescritura.

Posiblemente comunicaban ideas y conceptos entre distintos grupos repitiendo siempre los mismos signos. Fueron usados durante unos 20.000 años y entre ellos hay signos que hacen referencia a cosas abstractas. Se ha compilado, durante veinte años, un Signario de la Escritura Lineal Paleolítica (ELPA) con 88 signos.

En 2005, en china, se descubrieron unos signos grabados en el caparazón de una tortuga datados en el 6.000 ac, en unas tumbas neolíticas de Jiahu y Banpo. La escritura china está formada por miles de pictogramas, cada uno de ellos es un morfema, la unidad mínima con significado. Algunos de ellos aparecen ya en ese caparazón.

Según las investigaciones de Pablo José Ramírez, arqueólogo e investigador de la Universidad de Sevilla, la escritura tartesia tiene su origen en el arte prehistórico de la Península Ibérica, con la que comparte más de cuarenta signos, la práctica totalidad de su alfabeto, tras ocho años comparando el alfabeto tartesio -reflejado en la totalidad de las estelas conocidas y documentadas- con símbolos prehistóricos que van desde el neolítico antiguo hasta el final de la Edad del Bronce. Manifestaciones simbólicas como la representación del sol, la rueda, las estrellas, el motivo en zigzag y figuras con forma de escalera se encuentran tanto en el arte prehistórico como en los epígrafes escritos de las estelas tartesias. Incluso el signo de la persona con una línea vertical en la cabeza que se dijo proceder del phi griego. Hasta ahora se ha visto como fruto de la colonización cultural de fenicios y griegos, siendo en realidad la propia simbología local la base del código linguístico.

En Fuencaliente, Ciudad Real, tenemos muchos ejemplos de esa pintura esquemática en Peña Escrita y la Chorrera de los Batanes. No hay rayados o grabados, son pinturas rojizas hechas con arcillas ricas en óxido de hierro que fueron descubiertas en 1783 por el cura párroco de Montoro, López de Cárdenas, mientras realizaba una recogida de minerales y otras antigüedades para el Conde de Floridablanca que, a instancias del rey Carlos III, estaba organizando el gabinete de Historia Natural en Madrid. A él se deben las primeras copias de pinturas rupestres esquemáticas conocidas en la Península y probablemente en el mundo.

Imágenes: Superior en negro, signos de la llamada escritura Banpo; en rojo, aproximación a las pinturas de Fuencaliente (no es un calco); e inferior negro, escritura tartésica.

domingo, 18 de febrero de 2018

una mañana en corea del norte

Después de atravesar el control de maletas, bolsos y abrigos, pasamos el de los billetes. Una pistola láser ilumina de rojo un código de barras. Las puertas del tren se abren automáticamente y entramos en manada. Hay una gran confusión con los vagones y los asientos. Algún burócrata gracioso, o vago, lo ha liado todo y nadie encuentra su sitio. La gente va y viene despistada. Alguien dice que no existen esos números en los coches indicados, que no es la primera vez que ocurre y que lo mejor es sentarse en cualquier plaza libre. El revisor no pasará. Los viajeros se van sentando poco a poco desconfiados.

Llegamos a la Gran Estación. Los viajeros bajan con prisas, apelotonadamente, empujándose. Hacen rodar unas grandes maletas siguiendo las flechas de salida y luego las que indican el metro, un rectágulo azul dentro de un rombo rojo, entre un montón de tiendas custodiadas por la policía. Para pasar hay que cruzar unos tornos como los de contar ovejas. Para otro tren. Las puertas resoplan al abrirse. La gente se empuja para conseguir un hueco. Lee o escribe en los teléfonos móviles, todos en silencio. Nos olemos y nos tocamos unos a otros sin querer.

Los altavoces anuncian estaciones y transbordos. Reconocemos el nombre del nuestro. Al salir del vagón tenemos la sensación de haber sido vomitados y dejar el convoy a gusto. Todos subimos las escaleras con tristeza, en silencio. Hay una ola de cabezas en la sombra a medida que avanzamos. Fin de trayecto, por favor desalojen el tren, dice los altavoces. Subimos unas escaleras metálicas en fila india adelantando los que se han parado a la derecha, con bolsas o carritos.



En la calle suenan las sirenas. La gente se agolpa en la puerta del autobús. Optamos por caminar. Todo el mundo tiene prisa. Un paseante rojo y luminoso nos impide cruzar la calle. Cuando se pone verde todos salen como en el inicio de una carrera. Los conductores de los coches parados se miran el reloj impacientes. Nosotros no tenemos tanta prisa; pero cuando de golpe se hace intermitente a ritmo de un sonido cíclico, date prisa parece decir, nos obligan a correr. Y todo el mundo quiere adelantarte empujando y dando codazos.

Cuando enciendo un cigarro me miran con recelo. En la plagada acera sólo vemos espaldas, que hemos de seguir pues arrean por detrás. Una parada podría ser desastrosa. Sólo podríamos hacerlo en los márgenes donde, a pesar del frío, se pone la gente que vende tonterías. Todos llevan un teléfono en la mano. Hablan solos u oyen música.

Llegamos a la clínica. Traspasamos una verja donde pone: Propiedad privada. Hay una cola delante de un monitor. La gente mete una tarjeta por la ranura a cambio de un papelillo. En el nuestro pone: Turno DZ2 Sala B. La sala B está repleta de gente en silencio mirando el móvil y un gran monitor lleno de letras y números difíciles de descifrar. De vez en cuando suena una nota aguda y la gente levanta la cabeza y miran su papelillo. Hace mucho calor. Las plantas tropicales están mustias. Un mapa lleno de flechas rojas indica un pretendido camino en caso de incendio. Esperamos que nada de eso ocurra. Yo abro un libro clandestino de un coreano del norte que logró sacarlo de su país. Me indigno ante esa sociedad que describe, tan burocrática, tan policial.

Nuestro turno aparece en el monitor. Nos levantamos. Una médico y su joven ayudante nos esperan sentadas detrás de una mesa. Nos sentamos por nuestra cuenta. Grandes amantes de la química, nos hablan de un montón de principios activos y nos recetan un montón de pastillas. Finalmente salimos contentos. Seguros de que a partir de ahora los caminantes luminosos siempre estarán verdes, que la gente nos saludará por la calle, que cambiarán su indumentaria gris con la primavera, que saldrá el sol y no será necesaria tanta tristeza. Y los del SAMUR no tendrán que reanimarnos.

jueves, 2 de marzo de 2017

dime que no es verdad


El jol estaba lleno de fumadores que bromeaban haciendo pausas para chupar sus cigarrillos y luego soltaban las palabras en el chorro de humo. Podían verse letras de imprenta volteándose y haciendo espirales en las fumarolas. Chocaban unas con otras formando palabras raras de sabe dios qué diccionarios. Matute se había hecho el amo con su larga nariz que nacía entre los carrillos que su risa había subido hasta los pómulos. El pelo gris. De golpe había envejecido, de la noche a la mañana.

La orquesta lo hacía bien, eran buenos para lo que por aquí se despacha. La animadora llevaba un minisor de raso encima de dos largas piernas. Ellos hacían bromas. Atrás, en la pantalla, la silueta negra de una chica bond se contorneaba al ritmo de aquella bachata. Apenas si bailaba gente. Pude ver a dos concejalas de sonrisa forzada intentando animar el cotarro. Algún disfraz, ninguna máscara. Era un fracaso. El pueblo estaba muerto.

Saqué de la cartuchera el cuaderno y la pluma atraído por la silueta de Nieves, que circunvalé dibujando a sus acompañantes con disimulo. Luego empecé con esa extraña bufanda peluda que coronaba su excelsa silueta negra. Quizá había alargado demasiado la nariz y desee dejarlo pronto.

Matu se acercó con el tique y le pregunté por su pelo. Me dijo que simplemente no se había tintado porque se iba a hacer un implante. ¿Con esa mata de pelo? le pregunté mientras la pluma le hacía las ondas. La coronilla, me dijo. A mí me gusta más el color que nos da la edad, le dije cogiendo un mechón de mi brillante peluca blanca. Contento del dibujo, dejó un tique para mí en la barra.

El primero me sabe a gloria, dije a Dan el alicantero, con dos teles paralelas apoyadas sobre su nariz, sacando la frase del archivo. Estaba tan cerca que podía ver sus poros exhalando alcohol, las grietas de sus labios, cada tronco del bosque de su barba. Usé el cubata para extender la tinta y dibujar la geografía menos pronunciada. Sacó una foto con el móvil y luego trajo a su novia para que la dibujara. Insistiendo más de la cuenta.

Tendrías que dedicarte a esto, me dijo, como si no le estuviera dedicando. Cobraríamos cada retrato a cincuenta pavos, la mitad para cada uno (parece que ya tenía representante, y asignada su comisión). El próximo cubata lo pago yo, dijo olvidando que, según nuestro reciente contrato, me tenía que abonar setenta y cinco pavos por su retrato, el de su novia y el de su cuñada.

Sol dijo que era mi amiga, y estaba bien dicho entre tanto desconocido. No sabía que yo hacía eso, que lo había guardado como un tesoro. Me gustó que me hablara con dulzura. Aquello sí que me supo a gloria entre tanto machote alcoholizado. Enseguida trajo a su hijo para que también lo inmortalizara, así, guapetón de labios gruesos, antes de que el tiempo lo eclipsara.

Clodo se empeñó en hacerme famoso, introducirme en la redes, incluso hablar de mí por el micro de la animadora. Su retrato lo lanzaría en feisbuc y tendría nosecuantos seguidores, tantos, que me estaba empezando a cansar. Él era un músico de fama al parecer. Me enseñó un video en su celular. Una masa de fervorosos jovenzuelos lo vitoreaban. Es curioso, normalmente quieren editarme un libro, aquí quieren hacerme un retratista de masas. Después me preguntó que quién era yo, que de dónde había salido, como si no llevara la cara al descubierto.

Creo que yo era el único que curraba esa noche. Llegaron los de la escalera, la de los tiques y su hermana, el muñeco y Efeerre, los camareros, Laura y Mariado, Roberto... Había cierta excitación en la cercanía, como en los trazos de las siluetas de las chicas que bailaban. El roce de su pelo al dibujar las ondas, el calor de sus mejillas al pasar la pluma, ese paseo por sus curvas. Una especie de voyeurismo místico. Una religión.

De golpe me sentí cansado, como el que vuelve de un largo viaje. Metí los archeles en su cartuchera y me fui silenciosamente, como un forastero.

martes, 14 de febrero de 2017

ana en la taberna del callejón de los huertos























Aún sonaban los estruendos de las bombas en mis oídos. Los camaradas bebíamos en aquel sótano infecto para lamernos las heridas. Edu no salía de su lánguido estupor. La sangre había traspasado las vendas y miraba desde otro mundo los mapas rojos que invadían aquel territorio de tela sucia. Solo las mujeres parecían mantener el tipo. Noelia aplaudía sin cesar a aquellos que se atrevían a salir a aquel pequeño escenario levemente iluminado. Ana mantenía su cara angulosa de un blanco impoluto, los labios rojos, su pelo oscuro recogido en la nuca. Pareciera que nunca hubiera vivido una batalla, que no hubiera existido aquella estúpida guerra.

Cojeando, me acerqué a la barra a rellenar la botella. Desde atrás, el espectáculo era grotesco. Siluetas negras con movimientos torpes, enfermizos, levantaban las jarras y las botellas olvidados del mundo. Aquel poeta triste sin voz había dejado el escenario y nadie lo había notado.

Entonces se levantó ella, de una forma solemne, religiosa. Se diría que una luz iluminaba su cara. Con pasos decididos machacó la madera de la escalera y se cuadró en el escenario. Levantó la cara con orgullo y empezó a cantar haciendo elipses desiguales con su labios rojos. Sin música. Las sombras bajaron las botellas y las jarras y, poco a poco, se fue haciendo el silencio hasta dejar limpia esa enérgica voz.

Algo escondido ahí dentro desde el Pleistoceo, o quizás solo desde que eran niños y jugaban sobre la nieve, parecía despertar. Ana.


sábado, 11 de febrero de 2017

a noelia morgana





no lo creería

por ese tono tan cargado
de razón
y por la desfachatez
con que nos grita
como si fuera lenín
con ese cabello rojo tan rojo
y tan demasiado

por sus zapatos de cada color
y su mala leche sin metáforas
sin doble sentido
ni rimas ni rimel
ni carmín para decir coño
y follar y chupar
donde no quiere mentar
ni amor 
ni eterno 

por su rabia 
por su labia
por el brillo de un metal afilado
que esconde en el fondo
                               de sus ojos
jamás lo creería

noelia morgana
escribe poesías
hermosas
barriobajeras
sinceras
maleducadas
poesías


Ayer Noelia nos recitó  poemas de sus libros autoeditados Hirviendo y Maleducados en La Madriguera. Hoy aparecerá en la Tetería Pachamama, Huertos 1, Ciudad Real.

jueves, 3 de noviembre de 2016

chin chin chino




En China el consumo de alcohol nunca ha sido considerado de manera negativa o culpable, incluso la ebriedad se acepta siguiendo una sola regla intangible: nunca beber solo. Este imperativo es el origen de dos costumbres, ambas muy delicadas, que se aplican particularmente durante los banquetes y las comidas de festejo.

La primera estipula que el vaso de cada convidado debe estar siempre lleno, cosa que perturba con frecuencia a los extranjeros que ven el hecho de llenar el vaso de quien no desea, por un lado, un desperdicio inútil y, por el otro, una manera de "empujar al consumo", percibida como una agresión. Así pueden verse, en los banquetes, extranjeros rechazando con agresividad que se llene su vaso, actitud que pone doblemente en aprietos a su anfitrión. La cortesía china parte de principos muy simples y el más evidente es que el invitado debe estar siempre satisfecho. Por tal razón, cuando bebemos alcohol el vaso debe estar siempre lleno. El hecho de que desee beber o no le corresponde únicamente al invitado. Dejar el vaso del invitado vacío es una falta de delicadeza, puesto que es encerrarlo entre el disgusto de no poder beber a voluntad y la humillación de tener que pedir que sea servido.


La segunda costumbre fundamental estipula que nunca se debe beber solo. Quien desea beber debe invitar por lo menos a otro para hacerlo en compañía. Puede invitar a quien sea, a toda la concurrencia si lo desea, pero debe forzosamente invitar a otra persona a brindar con él. Para la persona que preside, es una obligación que debe a cada uno de sus huéspedes, y estos a su vez deben corresponder, durante la comida y uno a uno, con otro brindis.


Los comensales pueden igualmente invitarse mutuamente y, como los festejos chinos son raramente de menos de ocho cubiertos, se entiende la razón del pequeño tamaño de los vasitos chinos para el alcohol. podemos también imaginar, dentro de la gran cantidad de invitaciones, todos los diferentes mensajes sutiles y tenues que esta costumbre permite pasar de manera tan eficiente como discreta, entre por ejemplo los convidados que han sido invitados dos veces seguidas, aquellos que "se olvida invitar", aquellos a los que no se les contesta la invitación, etcétera.

Cuando deseamos invitar a alguien a brindar, la gran cortesía impone hacerlo de pie con el vaso en las dos manos (la izquierda sosteniéndolo por abajo), se levanta el vaso en dirección de la persona que se invita, diciéndole: wô quîng nî hë jiû, literalmente: yo invito a beber vino. Esta fórmula tan formal se resume frecuentemente en la simple palabra "invito", pronunciada en tono ascendente, lo que provoca que la final "g" se trague y solo se oiga "chin"


Otro principio de la cortesía china toma el relevo, el que prescribe el deber de honrar a su interlocutor rogándole beber primero. La persona invitada debe regresar la invitación bajo su fórmula abreviada "chin". Habiendo asistido a estos intercambios, entendemos la razón por la cual los franceses trajeron a Europa la costumbre de brindar diciendo"¡chin'chin!".


CyrilleJ.-D. Javary en 100 palabras para entender a los chinos, SigloXXI editores, 2014

lunes, 12 de septiembre de 2016

falsa ingravidez

En general, creemos que los astronautas flotan en el interior de la Estación Espacial Internacional (a la que me referiré como la ISS, por sus siglas en inglés) porque en el espacio no hay gravedad. La ingravidez no es el equivalente a la sensación de ingravidez. Y los astronautas experimentan mucho de lo segundo, pero nada de lo primero. Si el espacio no estuviera “lleno” de gravedad (de planetas, satélites, estrellas, agujeros negros…), nada se mantendría unido: la Luna no daría vueltas a nuestro alrededor, ni nosotros alrededor del sol, ni existirían siquiera las galaxias.                                                            
Alejarte unos cuantos kilómetros del planeta no va a librarte del efecto de su campo gravitatorio: los satélites más cercanos siguen experimentando una fracción considerable de la fuerza gravitatoria que sentimos en la superficie terrestre. Incluso a 400 kilómetros de distancia, la Tierra tira de la Estación Espacial Internacional (y de sus tripulantes) con el 90% de la fuerza que sentimos en la superficie. Pero los 7.66 km/s a los que se desplaza la ISS son los justos y necesarios para que la estación espacial caiga al mismo ritmo al que el suelo se aleja a medida que la superficie terrestre se curva bajo ella. Cualquier objeto que orbita alrededor de otro está experimentando, en realidad, una caída infinita.

Eso mismo es lo que les ocurre a los tripulantes de la ISS, que están siendo atraídos constantemente por la fuerza gravitatoria terrestre sin ninguna fuerza externa que los sujete. La sensación es de una caída libre permanente, vaya, no es que estén en un estado de ingravidez (entendido como la ausencia de una fuerza gravitatoria).