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domingo, 15 de febrero de 2026
apuntes sobre piezas cerámicas antropomorfas de la cultura jomon
Flipo con toda la simbología jomon, uno de los primeros pueblos originarios de Japón, sedentarios antes del Neolítico, y la importancia que dan a la figura humana en su cerámica. Pueden verse cientos de piezas en Instagram, en @jomonzine.
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lunes, 26 de enero de 2026
los ainu
Los ainu, los humanos, son un pueblo indígena del norte de Japón y partes del Lejano Oriente ruso, con una cultura, idioma e historia distintivos que por mucho tiempo son anteriores a la formación del moderno estado japonés. Se dice que son una fusión de los jomon, primeros habitantes del archipiélago, y pueblos provinientes de Siberia y Kamchatka, pero resulta extraño que no mantuvieran su tradición cerámica.
Tradicionalmente habitando Hokkaid ō, Sakhalin, y las islas Kuriles, los ainu se mantuvieron a través de la caza, la pesca del salmón y la recolección, desarrollando una rica cosmovisión espiritual en la que animales, plantas y fuerzas naturales fueron venerados como kamuy, o seres divinos. El oso (Kimun Kamui) es un espíritu central y muy venerado.
Presentan rasgos físicos distintos a los japoneses (barbas tupidas, vello corporal, cabello ondulado y castaño, ojos claros) y tienen una herencia genética que sugiere mezclas con poblaciones siberianas y europeas, aunque su origen exacto es debatido, y tienen su idioma propio, el ainu, a punto de desaparecer, y una profunda conexión con la naturaleza. Su artesanía principal es el tallado de madera y el bordado. Sus viviendas son de madera con techos de paja.
Sufrieron asimilación y discriminación, pero en las últimas décadas ha habido un movimiento creciente para revivir la cultura ainu y hacer valer los derechos indígenas, culminando en el reconocimiento oficial por parte del gobierno japonés en 2019, marcando un paso importante hacia la preservación y honorificación del patrimonio ainu.Algún antropólogo sugiere ciertas semejanzas con los samurai, por lo que en su asimilación pudieran haber llegado a ocupar altos cargos algunos descendientes ainu.
lunes, 5 de enero de 2026
empezar el año en japón
La cultura del hatsuyume (初夢) en Japón se centra en el primer sueño del año nuevo, Tradicionalmente, es el sueño de la noche del 2 al 3 de enero, considerado un presagio de la suerte para los próximos 12 meses, una costumbre cultural que se remonta al período Edo que utiliza el primer sueño del año para predecir la fortuna, con elementos icónicos que representan lo más sublime y poderoso de Japón, como el Monte Fuji (富士), que representa lo más alto y grandioso, el Halcón (鷹), símbolo de fortaleza y astucia, o la Berenjena (茄子 - nasu), cuya palabra también significa "lograr algo importante". Son tres grandes símbolos que presagian fortuna para el año venidero.
El kakizome (書き初め) es la primera caligrafía del Año Nuevo. Tradicionalmente, la primera caligrafía japonesa se realizaba el 2 de enero y hoy en día son muchos los que se reúnen el día 5 de enero en el Nippon Budokan de Tokio para escribir en caligrafía un kanji auspicioso, evento que cubren ampliamente los medios de comunicación japoneses. La tradición marca que esa primera caligrafía se queme el 14 de enero y que si el papel vuela alto, esa persona mejorará en sus habilidades. El primer pincel que usamos para esta primera caligrafía se llama fude hajime (筆始め) y el primer intercambio de cartas se llama hatsudayori (初便り).
Hay más «primeros» dentro de estas tradiciones japonesas de comienzos de año, como por ejemplo el shigoto-hajime (仕事始め), el primer día de trabajo del año; el keiko-hajime (稽古始め), el primer entrenamiento del año; el hatsuyu (初湯) o primera vez que se hierve agua y que se relaciona generalmente con el primer baño que tomamos en Año Nuevo; o el hatsudayori (初便り) o primer intercambio de cartas.
El hatsunohide (初日の出) es el primer amanecer del año. Muchos japoneses conducen hasta la costa o suben a alguna montaña o edificio alto para ver bien el primer amanecer del Año Nuevo. Es por eso que tradicionalmente, la noche del 31 los japoneses no salían (entre ir al santuario o templo y ver el primer amanecer ya tenían la noche completa), el primer sueño se tenía la noche del 1 de enero, razón por la cual al día 2 de enero se conoce como hatsuyume.
El waraizome (笑い初め) es la primera risa del Año Nuevo. Eso no debería extrañarnos, pero según la tradición, si comenzamos el Año Nuevo con una sonrisa tendremos un buen año. Este «primero del año» tiene mucha relación con la popularidad que los humoristas y dúos cómicos tienen todavía en Japón, así que no es de extrañar que en los primeros días del año haya especiales televisivos de humor.
El hatsugama (初釜) es la primera ceremonia del té del Año Nuevo. Suele ser una ceremonia algo más formal de lo habitual y una oportunidad única para que estudiantes de ceremonia del té disfruten de una ceremonia realizada por parte de sus maestros. Suelen ser ceremonias privadas, por lo que a no ser que tengamos algún contacto, no nos será fácil disfrutarlas como turistas, a no ser que se realice en algún santuario o templo y tenga carácter público.
El hatsu-uri (初売り) son las primeras rebajas del año. Porque sí, porque hasta en la tradición de los «primeros» puede haber consumismo y así lo demuestra el hatsu-uri. Esta nueva tradición marca las primeras compras del año, como por ejemplo las bolsas de la suerte fukubukuro (福袋), literalmente «bolsas de la suerte», unas bolsas regalo de diferentes tamaños y precios, completamente sorpresa, ya que no conoceremos qué hay en el interior hasta que las abramos en Año Nuevo. La idea básica consiste en que cada tienda llena una bolsa con artículos variados y las vende con un descuento importante (puede ser del 50%) para atraer a compradores.
Hay más «primeros» dentro de estas tradiciones japonesas de comienzos de año, como por ejemplo el shigoto-hajime (仕事始め), el primer día de trabajo del año; el keiko-hajime (稽古始め), el primer entrenamiento del año; el hatsuyu (初湯) o primera vez que se hierve agua y que se relaciona generalmente con el primer baño que tomamos en Año Nuevo; o el hatsudayori (初便り) o primer intercambio de cartas.
lunes, 22 de diciembre de 2025
el sedentarismo y la cerámica antes de la agricultura
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| Cerámica incipiente Jōmon |
Entre el 13000 y 400 ane, en lo que hoy es Japón había una poblaciones que vivían en aldeas bien asentadas formadas por varias viviendas familiares semienterradas y grandes edificios colectivos. A lo largo de todo este periodo, conocido como Jōmon, la principal evidencia de su sedentarismo fue la importancia de la cerámica. De hecho, a finales del siglo XIX, los numerosos y espectaculares vestigios de la cerámica Jōmon suscitaron gran curiosidad por este periodo. Pero todos los indicios sobre su modo de vida muestran que eran cazadores-recolectores que explotaban tanto los recursos costeros como los forestales. Dejaron tras de sí los mayores bancos de conchas conocidos. De todos los ecosistemas, las orillas del mar ofrecen la mayor concentración de recursos densos y diversificados. El consumo de conchas en la sociedad Jōmon se combinaba con el de nueces, bellotas, castañas y avellanas, para el que se practicaba una forma de silvicultura por selección de algunas especies de árboles. Como entre las herramientas líticas se han encontrado hachas de piedra pulida, la expresión de "Neolítico no agrícola" se inventó para Jōmon y posteriormente se aplicó para otras sociedades.
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lunes, 8 de diciembre de 2025
cerámica japonesa
Tarro con asas, 2500-1500 aC, Japón
Loza de barro. 49 × 39 × 32 cm
Instituto de Arte de Chicago
Esta vasija decorada con calados es del tipo Ubayama (Kasori E) se encontró en los montículos de conchas neolíticos de Ichikawa en Chiba; este tipo de vasija se caracteriza por la integración de ornamentación y forma, y ésta cada vez más compleja al modelar la arcilla. Aquí, “ondas” de doble línea hechas de bobinas de arcilla surgen hacia uno de los mangos perforados. Las paredes inferiores estaban impresas con una cuerda retorcida.
Museo Nacional de Tokio
Dogu significa muñeco de tierra. Éstas representan deidades femeninas, en la mayoría de los casos embarazadas, del pueblo Jomon, una de las primeras sociedades establecidas en Japón con muestras artísticas, de gran habilidad en el manejo de la arcilla. La curiosa forma de sus ojos ha dado pie a conjeturas sobre alienígenas. Además de diosas de la fertilidad, se piensa que eran receptoras de las enfermedades, de forma que se adoraban para que la enfermedad pasara a ellas, como un muñeco budú de sanación. Estas figuras tan fascinantes no tienen ningún precedente parecido que pudiera inspirarlas.
Cabeza y torso de danzante haniwa
Siglo V-VII, Japón
Loza de barro. 48,3 × 35 × 15,8 cm
Instituto de Arte de Chicago
Botella de sake, siglo XVII, Japón
Cerámica Tamba
Cerámica Tamba
Los hornos de Tamba se alimentaban de madera, lo que ayudaba a crear un vidriado de ceniza único en las piezas. Este vidriado, conocido como «Tamba-yaki», se convirtió en un rasgo característico de la su cerámica se sigue utilizando hoy en día.
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Figura dogu, 2000´1000 aC, Japón Horiai Hirakawasi Aomori |
sábado, 27 de septiembre de 2025
katsumi watanabe
En la década de 1970, cuando las cámaras automáticas económicas comenzaron a popularizarse, a Watanabe le resultó difícil ganarse la vida como fotógrafo ambulante. Sin embargo, Watanabe continuó creando un archivo masivo de imágenes de Shinjuku y sus habitantes. Además de retratos, fotografió a niños jugando en callejones, un disturbio frente a Koma Gekijo y las pilas de latas vacías que se acumulaban en las esquinas de Shinjuku. Como uno de sus habitantes, Watanabe ofreció una visión desde dentro de la transformación de Shinjuku.
Katsumi Watanabe nació en 1941 en la ciudad de Morioka, prefectura de Iwate, y falleció en 2006. Watanabe asistió a un curso a tiempo parcial en la escuela secundaria Morioka Daiichi de la prefectura de Iwate mientras trabajaba como asistente en la oficina de Morioka del Mainichi Shimbun , donde desarrolló un interés por la fotografía. Después de graduarse de la escuela secundaria, se mudó a Tokio y trabajó en el Tojo Photo Studio, donde aprendió fotografía de estudio. En 1965, Watanabe se convirtió en un fotógrafo ambulante y tomó retratos en las calles de Shinjuku. Cobraba 200 yenes por una impresión con tres disparos. En 1973, publicó Shinjuku Guntoden 66/73. En 1974, su trabajo se incluyó en la exposición Quince fotógrafos de hoy en el Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio y comenzó a recibir gran aclamación. Tras dejar la fotografía ambulante, trabajó en diversos empleos, como vendiendo batatas asadas en la calle y dirigiendo un estudio de retratos. Después, se convirtió en fotógrafo independiente y fotografió por todo el mundo, aunque continuó fotografiando Shinjuku.
jueves, 21 de agosto de 2025
un médico rural, un corto de animación de koji yamamura
Un médico rural, una adaptación de un relato de Kafka al cine de animación de Koji Yamamura de 2007, es una película perturbadora e impredecible. Yamamura dijo que eligió la historia de Kafka de una colección de historias que le presentó una compañía de producción, de las cuales solo una le atrajo. La historia es la de un médico rural que es llamado una noche nevada para atender a un joven paciente, una especie de pesadilla que Yamamura representa en un estilo esquemático dibujado a mano donde las figuras y sus alrededores están continuamente sujetos a salvajes distorsiones y abruptas alteraciones de perspectiva. Es el tipo de exageración física que se ve en los dibujos animados de la UPA de la década de 1950, pero en esas películas el efecto casi siempre se despliega para el efecto cómico. Cuando se utilizan en un contexto más realista, las distorsiones se suman a la calidad onírica de la película de Yamamura. La historia se ve aumentada por una excelente banda sonora compuesta por Hitomi Shimizu que incluye un Ondes Martenot entre los instrumentos.
jueves, 30 de enero de 2025
moriyama hace fotos con el estómago
Figura clave de la fotografía japonesa. Su fuerte personalidad y la singularidad de su obra, desarrollada a lo largo de las últimas cuatro décadas, puede verse hoy como el eslabón que conectó a los grandes fotógrafos que condujeron la renovación de la fotografía en Japón, entre los años cincuenta y sesenta, y las nuevas generaciones que surgieron a partir de los setenta. Su estilo, rabiosamente personal y sin concesiones, se despliega a lo largo de una trayectoria de enorme coherencia y continuidad desde que publicó su primer trabajo, en 1965.
Este programa estético puede servir perfectamente para describir el estilo que caracterizará a Moriyama a partir de este momento, que permanecerá asociado a su obra y que se irá radicalizando con los años. Emprende entonces la publicación de sus trabajos más conocidos, centrados ya en el registro de la ciudad moderna. Pocos autores han plasmado como él lo que implica y genera el hecho urbano: el caos, la velocidad, los límites de la ciudad y de la vida cotidiana, la marginación, la alienación, los signos gráficos omnipresentes, la violencia de la mirada, la publicidad, la deshumanización, los cuerpos expuestos, la animalidad, la sensación de laberinto. Imágenes violentas, provocadoras, obscenas en su desnudez e inmediatez, en muchas ocasiones cargadas de brutalidad, imágenes acordes con la crudeza de lo que registran.
En paralelo, Moriyama realiza otros trabajos consistentes en hacer reproducciones de fotografías tomadas por otros, de pantallas de televisión, de fragmentos de negativos, de carteles. Imágenes que se preguntan sobre la naturaleza de la fotografía, que cuestionan la verdad documental y que, según sus propias palabras, "son un discurso de adiós a una fotografía demasiado satisfecha de sí misma como para poner en cuestión su propia significación".
En este sentido, lo que la define y singulariza por encima de todo es su posicionamiento y su compromiso, tanto frente a la fotografía como frente al mundo. Para él, la fotografía es un acto casi orgánico, muy físico y visceral. Afirma que hace sus fotos "no solamente con los ojos, sino con todo mi cuerpo", y de sus vísceras, elige fotografiar "con el estómago, porque hay que ser tan resistente como aquello que ves con tus ojos".
Sus imágenes se interesan ante todo por la captación de atmósferas, lo que en su caso equivale a decir fragmentos de vida. Estas fotografías nos tocan de cerca, despliegan toda su crudeza y su brutalidad porque no se limitan a registrar objetos o personas, sino que extraen condiciones de existencia; quizá por ello describe su actividad fotográfica como el fruto de un estado febril, llevado por el azar, cargándose de la energía de la calle, confundido entre la gente y disparando prácticamente sin mirar por el visor, impregnándose de la vida que nos rodea.
Moriyama es un irreducible crítico de la sociedad contemporánea, lúcido y pesimista, que construye con sus imágenes un muro para evitar que la realidad pase a nuestro lado sin percibirla, o en el caso de percibirla, la olvidemos. —Alberto Martín en ElPaís
Aunque su obra resiste las etiquetas y las categorías, puede ser definido con claridad como un fotógrafo de la calle, un artista que ha convertido la vida en la ciudad, sus atmósferas y sus habitantes, en el núcleo de su trabajo y de su filosofía creativa. Y si hay una ciudad a la que esté íntimamente ligado es Tokio, donde ha realizado la mayor parte de sus trabajos, y en especial en uno de sus barrios, Shinjuku, la zona preferida de Moriyama.
Daido Moriyama nació en Ikeda, cerca de Osaka, en 1938. Sus primeras inclinaciones le llevaron hacia el diseño gráfico, ámbito que abandonó pronto para comenzar un acercamiento progresivo a la fotografía. Algunos encuentros fundamentales determinaron y marcaron sus inicios como fotógrafo. Primero, el descubrimiento de la obra de dos autores que influirían enormemente en él. Por un lado, William Klein, cuyo impactante y rompedor libro sobre Nueva York, publicado en 1956, le daría las claves para encontrar su estilo formal y encauzar su interés por la vida urbana, y por otro, Shomei Tomatsu, cuyo impresionante trabajo sobre Nagasaki y, en especial, su serie Ocupación, sobre los efectos de la americanización de la sociedad japonesa, le abrieron el camino para configurar una mirada crítica y construir una fotografía documental asentada en conceptos nuevos alejados del realismo y la narratividad. Moriyama confiesa que, con Tomatsu, tomó "conciencia del poder de una imagen, de su formidable impacto". Más tarde, fruto de un viaje a Nueva York a principios de los setenta, Moriyama descubre la obra de otro fotógrafo en quien reconoce su tercera gran referencia; se trata de Weegee, de quien absorbió magistralmente el uso de la luz artificial, el peso de la noche y la percepción de la violencia urbana.
El segundo encuentro fue con el fotógrafo Eiko Hosoe, para quien trabajó como asistente de 1961 a 1963, tras trasladarse a vivir a Tokio: "Creo que no exagero si digo que durante los tres años que estuve con Eiko Hosoe aprendí todo lo que había que saber de fotografía". Poco tiempo después, tras realizar una de sus series más conocidas, Japan Theatre (1968), sobre un grupo experimental de teatro de calle, en la que los actores aparecen convertidos en personajes marginales, entra en contacto con la revista Provoke, en la que encuentra un contexto perfecto para afianzar su estilo. Aquí publica dos trabajos: una serie de desnudos femeninos borrosos o desenfocados, y otra de botellas de refrescos y paquetes de detergentes. Esta publicación se convirtió en un punto de encuentro muy crítico sobre la sociedad y la cultura del momento. Proponían una estética radical, una forma extrema acorde con las transformaciones que estaba sufriendo la sociedad japonesa y opuesta a los principios del realismo documental. Creaban imágenes borrosas, desenfocadas, movidas, muy contrastadas y con mucho grano, con encuadres forzados e inclinaciones, con un significado ambiguo e incierto, prefiriendo la fragmentación y la subjetividad a la narratividad y la objetividad tradicionalmente asociadas al hecho fotográfico.
Este programa estético puede servir perfectamente para describir el estilo que caracterizará a Moriyama a partir de este momento, que permanecerá asociado a su obra y que se irá radicalizando con los años. Emprende entonces la publicación de sus trabajos más conocidos, centrados ya en el registro de la ciudad moderna. Pocos autores han plasmado como él lo que implica y genera el hecho urbano: el caos, la velocidad, los límites de la ciudad y de la vida cotidiana, la marginación, la alienación, los signos gráficos omnipresentes, la violencia de la mirada, la publicidad, la deshumanización, los cuerpos expuestos, la animalidad, la sensación de laberinto. Imágenes violentas, provocadoras, obscenas en su desnudez e inmediatez, en muchas ocasiones cargadas de brutalidad, imágenes acordes con la crudeza de lo que registran.
En paralelo, Moriyama realiza otros trabajos consistentes en hacer reproducciones de fotografías tomadas por otros, de pantallas de televisión, de fragmentos de negativos, de carteles. Imágenes que se preguntan sobre la naturaleza de la fotografía, que cuestionan la verdad documental y que, según sus propias palabras, "son un discurso de adiós a una fotografía demasiado satisfecha de sí misma como para poner en cuestión su propia significación".
En el extremo opuesto se sitúa Moriyama cuando expone su propia concepción de lo que para él significa la fotografía y el hecho de disparar: "Pienso que, ante todo, debería reflejar mis ideas y mi punto de vista sobre el mundo por encima de la fotografía en sí. En concreto, a través de mi conocimiento de lo cotidiano, creo que el ser humano y el mundo que lo rodea no son hermosos. No tengo ningún optimismo que me lleve a pensar que ahora estamos en una vida color de rosa".
En este sentido, lo que la define y singulariza por encima de todo es su posicionamiento y su compromiso, tanto frente a la fotografía como frente al mundo. Para él, la fotografía es un acto casi orgánico, muy físico y visceral. Afirma que hace sus fotos "no solamente con los ojos, sino con todo mi cuerpo", y de sus vísceras, elige fotografiar "con el estómago, porque hay que ser tan resistente como aquello que ves con tus ojos".
Sus imágenes se interesan ante todo por la captación de atmósferas, lo que en su caso equivale a decir fragmentos de vida. Estas fotografías nos tocan de cerca, despliegan toda su crudeza y su brutalidad porque no se limitan a registrar objetos o personas, sino que extraen condiciones de existencia; quizá por ello describe su actividad fotográfica como el fruto de un estado febril, llevado por el azar, cargándose de la energía de la calle, confundido entre la gente y disparando prácticamente sin mirar por el visor, impregnándose de la vida que nos rodea.
Moriyama es un irreducible crítico de la sociedad contemporánea, lúcido y pesimista, que construye con sus imágenes un muro para evitar que la realidad pase a nuestro lado sin percibirla, o en el caso de percibirla, la olvidemos. —Alberto Martín en ElPaís
jueves, 9 de noviembre de 2023
cerámica de la cultura jōmon
El arte prehistórico de Japón comienza en la Edad de Piedra con el período Jōmon (c. 14,500 aC.—100 aC.). Se cree que el pueblo Jōmon fue el primer poblador de Japón. Cazadores-recolectores nómadas que luego practicaron la agricultura organizada y construyeron ciudades, el pueblo Jōmon lleva el nombre de las “marcas de cordón” —impresiones hechas al presionar la cuerda en la arcilla antes de que se calentara a aproximadamente 600-900 grados Celsius— que se encontraron como decoraciones en la cerámica de esta época. El término Jōmon fue aplicado por primera vez a la cerámica y a la cultura por el estadounidense Edward Sylvester Morse. Muchos estudiosos dicen que la cerámica Jōmon es la más antigua jamás descubierta.
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| Vaso con forma de corona. 3000-2000 aC |
La pertenencia de Hokkaido a la cultura Jomon se evidencia en el uso de herramientas de piedra, en la presencia de cerámica con marcas de cuerda, en el empleo de puntas de flecha y de lanzas para la caza, así como en la presencia de cuchillos y hachas. El folclore ainu señala al salmón, el ciervo y algunas raíces como los medios alimenticios principales en este período Epi-Jomon.
Las comunidades Jōmon consistían en cientos o incluso miles de personas que habitaban en simples casas de madera y paja asentadas en pozos de tierra poco profundos para proporcionar calor del suelo. Elaboraron vasijas de almacenamiento de cerámica lujosamente decoradas, figuritas de arcilla llamadas dogū y joyas de cristal.
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| Jarrón Jomon del 2000 aC. |
Cronología de la cerámica Jonon:
14500-8000 aC. Cerámica Incipiente de Jomon. se hicieron grandes ollas de calefacción con bases puntiagudas para clavar en la tierra y marcas de cuerda ornamentales tempranas. Por lo general, tenían forma de bolsa y se quemaban a fuego lento.
8000-5000 aC. Cerámica Inicial de Jomon. Los niveles del mar habían aumentado en este momento, separando las islas japonesas de Kyushu y Shikoku de Honshu, la isla principal. La temperatura más cálida también aumentó los suministros de alimentos, que provenían de la pesca, la caza y la cosecha de verduras, frutas y nueces. Se hacen macetas de mayor tamaño y decoraciones más detalladas.
5000-2500 aC. Cerámica de Principios de Jomon. El cultivo de arroz comenzó en Japón, lo que resultó en un aumento en la necesidad de ollas de cerámica. Las bases circulares o puntiagudas de la cerámica Jomon inicial fueron reemplazadas por recipientes de fondo plano. La edad también se distingue por una gama más amplia de formas de cerámica.
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| Jarro Período Final Jomon |
2500-1500 aC. Cerámica de Jomon Medio. A medida que los asentamientos crecieron en tamaño, también lo hizo el mercado de contenedores de arcilla de varias formas y tamaños. También aumentó la demanda de cerámica ceremonial como máscaras, figuras femeninas y representaciones fálicas, que se consideran símbolos de fertilidad. Emergen las figuras conocidas como Dogu.
1500-1000 aC. Cerámica de Finales de Jomon. La cerámica Jomon tardía se distingue por un aumento en el número y la variedad de piezas rituales y ceremoniales hábilmente elaboradas, así como por el advenimiento de cuencos poco profundos. Las figurillas de Dogu proliferaron, con muchas con diseños característicos de cuerdas de Jomon, mientras que otras fueron esculpidas con patrones arabescos.
1000-100 aC. Cerámica de Jomon Final. Los alimentos se hicieron más escasos a medida que la temperatura continuó enfriándose y la población cayó dramáticamente. Las formas finales de Jomon se inspiraron significativamente en la cerámica Mumun y las obras de arte coreanas, un tipo de cerámica más severa y sin decorar introducida en el sur de Japón por la tribu Yayoi que emigró de Corea. El siguiente período Yayoi vio un cambio social significativo, pero una cultura Neo-Jomon persistió, particularmente en Hokkaido, donde la cerámica de estilo Jomon se creó mucho tiempo en tiempos históricos.
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| Plato pedestalizado Jomon |
Cerámica Incipiente Jomon
11000-7000 aC, Japón
Tarro con asas, 2500-1500 aC, Japón
Loza de barro. 49 × 39 × 32 cm
Instituto de Arte de Chicago
Esta vasija decorada con calados es del tipo Ubayama (Kasori E) se encontró en los montículos de conchas neolíticos de Ichikawa en Chiba; este tipo de vasija se caracteriza por la integración de ornamentación y forma, y una forma cada vez más compleja de modelar la arcilla. Aquí, “ondas” de doble línea hechas de bobinas de arcilla surgen hacia uno de los mangos perforados. Las paredes inferiores estaban impresas con una cuerda retorcida.
Museo Nacional de Tokio
Dogu significa muñeco de tierra. Éstas representan deidades femeninas, en la mayoría de los casos embarazadas, del pueblo Jomon, una de las primeras sociedades establecidas en Japón con muestras artísticas, de gran habilidad en el manejo de la arcilla. La curiosa forma de sus ojos ha dado pie a conjeturas sobre alienígenas. Además de diosas de la fertilidad, se piensa que eran receptoras de las enfermedades, de forma que se adoraban para que la enfermedad pasara a ellas, como un muñeco budú de sanación. Estas figuras tan fascinantes no tienen ningún precedente parecido que pudiera inspirarlas.
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