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miércoles, 14 de octubre de 2020

vicente nieto en el moral








Vicente Nieto Canedo es un fotógrafo aficionado nacido en Ponferrada, León, en 1913 y, desde la adolescencia en la que se fue a vivir con su hermana, vecino de Madrid, donde trabajó como aprendiz de tipógrafo en los talleres de El Socialista. Con 20 años compra su primera cámara, una Kodak Baby Brownie de baquelita. Su obra, apenas conocida, deja unos 5.000 negativos realizados entre 1933 y 1967, en que deja la fotografía por motivos laborales.
En la Guerra Civil se alista como voluntario en las filas republicanas, luchando en la Columna Mangada, como guardia personal de su coronel, y luego en la 32 Brigada Mixta, en las oficinas, ambas en la sierra de Madrid. Allí hace fotos alegres, optimistas, que evidencian el entusiasmo de los republicanos, así como su falta de medios. En la posguerra realizará fotos sencillas e intuitivas con resultados sofisticados.
En la dura posguerra alternó encarcelamientos con el trabajo de tipógrafo y mecanógrafo. Al recuperar su libertad trabajó en la platería de Espuñes. En 1947 se casa en la iglesia de San Antonio de la Florida con su compañera de por vida María Huerga Vega, nacida en 1921 en Palamós y sastra de oficio. En el Primer Concurso de Fotógrafos Noveles de la Real Sociedad Fotográfica, en 1954, gana tres accésit, uno de los cuales tiene como premio la cuota anual de la Sociedad gratis. Allí intercambia conocimientos y se apunta a las excursiones fotográficas dominicales a localidades no muy lejanas de Madrid como Almagro o Moral de Calatrava, en nuestra provincia. El periodo de 1955 hasta el 67 será el más productivo, evolucionado y destacado de su obra. Sus limitados ingresos le obligan a aceptar un trabajo de representante de material fotográfico cuya dedicación lo retira de su afición y lo desliga de la Sociedad. Finalmente, la necesidad de un almacén para ese material le hace desmontar su laboratorio. Una vez jubilado frecuentaría los salones de la Real Sociedad Fotográfica, de la que nunca se dio de baja.
En el 2002 es descubierto por el crítico de arte Francisco Vicent Galdón, quien organiza sus primeras exposiciones en ese mismo año, 2005 y 2006. La última se realizó en su Ponferrada natal en 2011. Del catálogo que se publicó en esta última han salido estas fotos, seleccionadas solo las que disparó en el Moral, y sus datos biográficos.

Excepto las fotos 10 y 18, que son de 1944, todas las demás son de 1956.

miércoles, 8 de octubre de 2014

egipto en los años cincuenta y sesenta

1955. Puerto de Alejandría

1959. Alejandría era una ciudad cosmopolita donde se hablaban
seis idiomas y convivían árabes, judios y europeos

1959. Playa de Sidi Bishr

1960. Anuncio de jabón

1952. Estrella egipcia Magda en un anuncio de CocaCola

1964. Playa

1956. Paseo marítimo de Alejandría

1956. Voluntaria para defender el Canal de Suez

1950

1959. Playa de Sidi Bishr, Alejandría

1956. Agami Beach

1960. Plaza Tahrir de El Cairo

1960. Campus de la Universidad de El Cairo

1950. Vespa en El Cairo

1966. Aswan

Años 60. Mitin político en Assiut

martes, 22 de abril de 2014

gil de biedma en manila







En 1956, el poeta catalán Gil de Biedma acaba de llegar a Filipinas como abogado de la Compañía de Tabacos de Filipinas, negocio de su familia. Tiene 26 años y mucho mundo, pero aún le queda asomarse de verdad a todos los abismos de su identidad.

Como abogado de la compañía Tabacalera, Gil de Biedma realiza un informe sobre la administración general en las islas y su legislación. Un documento frío y burocrático donde nada podría intuirse del profundo mundo interior de este abogado de buena familia. Ese informe-radiografía de la Compañía de Tabacos de Filipinas lo incluirá el propio Gil de Biedma en el diario que escribió durante su estancia de seis meses en Manila.

El inventario es un paréntesis que suena a juego, al Biedma de luz y día, al hombre respetable que se esconde tras esa niebla de humo de tabacos exóticos que le oculta en la noche. En el diario surge otro personaje, una especie de Ulises que navega por mares inciertos. "Las islas de Circe" lo titula y es cierto que tiene mucho de odisea mitológica. El poeta se rinde a los cantos de sirena y las seducciones de la carne. Se sumerge con placer sórdido en los bajos ambientes de Manila donde encuentra a amantes de una noche. Gil de Biedma confiesa y desvela su homoerotismo y los encuentros con jóvenes que viven en covachas. Olor a sábanas usadas, barro, pieles sucias, sudor y semen. Y, aunque el poeta regresa a su confortable habitación siente la mala conciencia del burgués.

El poeta cae rendido en el exotismo del paisaje humano. «Mi gusto por los malayos me embriaga», escribe. Bebe vino de nipa con jóvenes hermosos vestidos con blusones de jusi y sinamay. Y queda hipnotizado por las fiestas o describe una pelea de gallos en Mindoro. En el diario aparecen también alcahuetes y prostitutos entre los tagalos, negros y efebos de Cebú. «Entretengo la tarde leyendo y escribiendo. Alivia escapar por unas horas del vertiginoso tobogán erótico en el que estoy subido y no sé adónde me llevará a caer, pero sospecho que no en blando», anota.


La tercera parte vuelve a subrayar el carácter mitológico de este viaje: De regreso en Ítaca. En estas páginas relata su regreso a España y su convalecencia de una tuberculosis en la casa familiar de la Nava de la Asunción (Segovia). Atrás quedan los días de Pagsanján. Es entonces cuando piensa y reflexiona mientras cae la tarde fría en el caserón que huele a muebles antiguos y a memorias familiares. Y Gil de Biedma se da cuenta de que la juventud ya es pasado y que un reloj empieza a contar las horas con urgencia: «Que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde...».

El diario "Retrato del artista en 1956" es un libro póstumo, ya que se publicó en 1991. Sus páginas tienen momentos deslumbrantes en los que asoma un joven poeta que ha decidido mojarse en el charco de la vida.



Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde ­
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos ­
envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

No volveré a ser joven. Jaime Gil de Biedma.