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lunes, 13 de mayo de 2019

el cuaderno de abrantes publicado


La Cámara Municipal de Abrantes, Portugal, con la colaboración de la Ordem dos Arquitectos Secçao Regional do Sul, ha editado un librito con los dibujos que hice en esta ciudad en abril del año pasado y que fui publicando diariamente en este blog.  El texto es de Bruno Vieira Amaral  y el diseño de Edgar Rei y la Cámara. No pude asistir a su presentación en la Biblioteca Municipal António Botto, por lo que estoy deseando tenerlo en mis manos y hojearlo.

sábado, 12 de mayo de 2018

bucho e tripas en pego

Un día a la semana, los habitantes de Pego se reúnen en los salones preparados en tres o cuatro de sus bares a cenar. Es una fiesta popular que no admite excusas: la Fiesta de Bucho e Tripas, una fiesta basada en la vieja tradición de la matanza del cerdo. Familias enteras y partidas de amigos buscan un hueco en sus mesas para comer estas partes del cerdo, con su sangre, cocidas en grandes calderos a la lumbre, y también chorizos, morcillas y demás productos de la matanza regados con vino. La reunión es una desmesura, una juerga tumultuosa y ruidosa donde todo el mundo comulga alegremente en la zampa.

viernes, 4 de mayo de 2018

expo abrantes: cuadernos americanos






Para todos aquellos que no han podido ver la exposición en Abrantes sobre mis cuadernos de viajes, les acercaré en el blog el material expuesto, a excepción, claro, de los cuadernos reales. Muy agradecido a todos los que la han hecho posible, especialmente a la Biblioteca Pública de Abrantes, a la Delegaçâo do Centro da Ordem dos Arquitetos Secçâo Regional do Sul, a Francisco Lopes y a Eduardo Salavisa.

lunes, 16 de abril de 2018

dibujando por las calles


Amanece otro día radiante de esos que dejan las sombras duras, como a mí me gustan, porque todo cuanto dibujo parece apoyarse en la página. Visitamos el antiguo cementerio, con una avenida central preciosa hacia donde miran los ángeles, querubines, cruces, vírgenes, antorchas y calaveras. Una señora riega su pequeña parcela como si fuera un jardín. Me siento en sardineles, vallas y el propio suelo para dibujar por las calles. Echo de menos la silla plegable de Alfredo.

Llaman becos a los pequeños recodos. Son descansos en las calles estrechas en que estas se ensanchan como el inicio de otra calle. Suerte la de aquellos que viven en uno de ellos, que los usan como patio o jardín. La Calle Grande une las dos grandes iglesias: San Vicente y San Juan. Es una calle estrecha y serpenteante con dos becos. Tiene tanto tráfico que uno tiene que apretarse contra la pared y es casi imposible dibujar. En la rua S. Pedro, del castillo a San Juan, me gustan las primeras casas, el efecto de la enredadera cayendo en cascada desde el tejado. Esa torre como pagoda china que asoma tras el busto del actor Taborda. A veces, tras los cristales de las ventanas, hay un gato rubio y rechoncho que, acostumbrado al cristal, ni se inmuta.

En la cena nos despedimos de Luis y Fernando, que nos han servido la mesa durante diez días y han procurado que las comidas fueran distintas. A pesar de su corto menú, nos han puesto algunos platos de la carta como menú para variar. Y hoy nos ponen un porco a la brasa muy rico con esa masa de verduras con pan que hacen por aquí. Obrigados.

Ya en casa, reviso el cuaderno, coloreo, escribo las últimas notas. En la calle, unos chavales siguen la juerga. En nuestro descuidado jardín se extienden las luces de la ciudad siguiendo el trazado curvo de sus calles. ¿Cómo iluminar una ciudad tan extendida para tan pocos habitantes, cómo llevarles el agua corriente, el alcantarillado? ¿Cómo aguantar tanto servicio público? Creo que todos los huevos van a la misma cesta. Se calientan e incuban en la central térmica.

domingo, 15 de abril de 2018

primavera en abrantes










Cuando desayunamos hoy en el patio bajo este ansiado sol con toda la vega verde de fondo, con sus pequeñas casas y las colinas al final del todo, nos damos cuenta de lo frustrante que ha sido nuestra estancia en esta ciudad. Con este sol todo es distinto. La casa está seca y luminosa, la gente, que creíamos desaparecida, bichea por las calles, la ciudad tiene un aspecto saludable. Apenas si he podido dibujar fuera y lo he hecho a partir de fotos oscuras y húmedas. Odio dibujar de fotos, lo hago mal y a desgana, solo por cumplir. Lo he hecho con acuarela que requiere una buena mesa. Pero no es lo mío. Lo mío es dibujar deprisa la vida de la ciudad. El resultado es que la lluvia constante ha conseguido una Beni asqueda de tanta agua y un menda agobiado.

Aprovecho el día para hacer lo que no he hecho. Terrazas y bares están llenos de gente. Saludo al alumno aventajado Helenio, que me invita a un estudio de animación en que él dibujará. Por la tarde voy a un taller de Nelson Paciencia sobre los cuadernos de viaje con dibujos y textos al cincuenta por ciento. Nelson es un tío simpático, me cae bien. Además, sabe comunicar. Me cuenta que quisiera escribir un buen libro, no un libro cualquiera, un libro brillante que destacase entre la mediocridad que se vende en las librerías. En el taller está aquel chaval que hacía ilustraciones científicas. Se habla de las cualidades que ha de tener un texto, pero no oigo nada sobre ese punto de humor.

Cuando llego al local llamado Chiado, que acoge la Associaçao de Desenvolvimiento Cultural Palha de Abrantes, encuentro una batería dispuesta a ser tocada y un bar con las paredes llenas dibujos preciosos, brutos, y letras de colores. En la primera planta Helenio mueve polvo de grafito con un pincel sobre un cristal haciendo que una cara se transforme. Metamorfosis. Increíble cómo se maneja. Encima hay una cámara de fotos que controla Ícaro, un profesor artista multidisciplinar que lleva siete años viniendo de Oporto a hacer talleres con los chavales. También está Daniela, con una chaqueta peluda color fresa ácida. Me enseñan un texto poético sobre un gran árbol que servirá de base para la animación. Yo pienso en el fresno de Pego y Helenio ¿en un baobab?.

Todo lo que hemos podido hacer aparece sobre nosotros. Cuando lo dábamos todo por perdido, en el penúltimo día. Nos despedimos de la taberna de Antonio Paulus, hoy llena de gente joven, con una rápida panorámica. Que todo siga, que todo se acabe. La cuesta se pone difícil en el último tramo. Allí arriba mi 4L ha encontrado una pareja. Dentro del otro 4L hay dos tortolitos besándose. Dibujaría ambos coches desde atrás a contra luz de la farola del cuartel de bomberos y, como si fuera un ejercicio para Nelson, lo titularía: Parejas.

sábado, 14 de abril de 2018

las dos orillas del tajo



Hago a los alumnos de la Escuela Secundaria de Artes una apología del boceto mostrando los trazos de grafito, las manchas corregidas y los chorreones del Guernika de Picasso. Les digo que es el último de una serie de esboços y que lo esencial está en la idea, que es lo que importa. Que una técnica depurada puede ser chata, enchata, tediosa. El cuadro muestra un bombardeo a civiles, pero también la actitud del autor ante la obra: su velocidad, su obsesión convulsiva y, sobre todo, su libertad. Picasso nâo tem medo. Les doy un cuaderno para que se dibujen unos a otros rápido, en unos minutos. Que usen distintos materiales y que insistan las veces que haga falta sobre el mismo tema hasta que se sientan satisfechos. Trazos gruesos, deprisa, sin usar lapicero, les digo, mientras las más guapas trastean con los teléfonos móviles. Les hago retratos de esos de un minuto y ellas se colocan haciendo poses y fijando descaradamente sus ojos de puma. El más aventajado es Helenio, al que dibujo con sus rastas. Hace sus dibujos sin levantar un rotulador fino del papel dando vueltas como un reflejo en el agua.





Por la tarde, extrañamente sin lluvia, paseamos por las dos orillas del Tajo con Francisco a la busca de restos de la antigua vida alrededor del río: pedreras de caliza, hornos de cal, palomares, viejas barcas, pescaderías (unos muros de contención para conseguir un remanso donde pescar), puertos de pescadores, muelles, molinos, caminos de sirga y el canal de Alfanzira, un proyecto de Felipe II para hacer navegable el Tajo hasta Toledo y cuyas obras se iniciaron en Abrantes dejando restos de una canalización pararlela al río. Solo queda el corcho. Ya no hay paja, ni cal y el río está contaminado. Nadie quiere pescado en los restaurantes a pesar de que venga del mercado de Lisboa.

En la orilla norte el cais de Acostagem extrañamente interpretado por un arquitecto, Río de Mohinhos con referencias al transporte fluvial, los hornos de cal llegando a Barcas de Pego (desde donde pasaban en barca a Pego, en la orilla sur), viejas barcas aún con remos, redes rotas, viejas casas de pescadores, un martín pescador herido que no puede volar, la oliveira milenaria de Moriscas y todos sus compañeros, Pego y su orilla con caballos, las ovejas de Francisco, los viejos alcornocoques, espinos y lodâos, los restos del puerto de pescadores y el enorme y centenario fresno abierto como la cola de un pavo real, orgulloso, gigante.

El sol cae y llena el río de colores violetas. Hoy la cena será en Pego, a base de petiscos. Francisco nos tiene preparado algo especial: la fiesta semanal de bucho e tripas, una fiesta en que participa todo el pueblo alrededor de la comida de la matanza, rememorando el día en que se mata el cerdo. El plato principal son tripas cocidas con la sangre, aunque también se comen chorizos, morcillas, salchichas, chorizos de pringue y carne de cerdo, todo a la brasa, y mucho vino tinto. Hay familias enteras ocupando los tablones que hacen de mesas y el nivel de decibelios supera al de los bares españoles. El ambiente es de máxima alegría. Dibujo en el mantel a los chavales de al lado e iniciamos una relación cordial con su familia. Cuando salimos solo hay pequeñas luces. Todos los hermosos paisajes en los que hemos estado han desaparecido en la noche.

viernes, 13 de abril de 2018

el olivo de cascalhos


Gran revuelo se produjo en las redes cuando los vecinos de Mouriscas, del municipio de Abrantes, oyeron que el concejal del Partido Laborista Británico en el municipio londinense de Lambeth Guillermo Rosa, con antecedentes familiares en Tomar, quería celebrar el Tratado de Windsor plantando en aquellas tierras un olivo que tuviera como mínimo la edad del tratado, 650 años, y que podría ser la famosa Oliveira de Cascalhos, también llamada do Mouchão, toda una Institución, un icono bajo el que pasaba un camino muy cerca de la población y que ha dado sombra a todas las generaciones de vecinos.

La Oliveira de Cascalhos ha sido datada con la prueba del metano por los Investigadores del Departamento Forestal de la Universidad de Tras-os-Montes, con un índice de error del 2%, en el año 1338 antes de Cristo, cuando en la península vivían en poblados sobre cerros y montañas y aún no conocían el hierro. Contemporánea de Ramsés II, Moisés en Egipto y el niño Tutankamon. Si Los primeros fenicios trajeron estos árboles, hubiera sido uno muy crecido pues es en el siglo X cuando empiezan a colonizar la península y crear los primeros asentamientos. Y a tener colonias comerciales con estructura en los siglos VIII, VII y VI ac. Recordemos que estos pieles rojas fueron invadidos y grandes ciudades como Sidón, Biblos o Tiro arrasadas, y hasta el año 1191 no fueron reconstruidas (como el caso de Tiro), ya en una nueva época de recuperación.

Pero mucho antes, los descendientes de los agricultores de Anatolia avanzaban con sus cultivos por las orillas del Mediterráneo hasta llegar a la península, entonces habitada solo por cazadores recolectores cavernícolas, con los que hibridaron, trayendo una nueva y revolucionaria forma de vida que daría lugar a una nueva era: el Neolítico. Lo que sí podemos asegurar es que el hueso original de aceituna pasó por el aparato digestivo de un ave, puesto que la oliva es un acebuche (olea sylvestris europaea), un olivo silvestre, injertado con un olivo cultivado, con ramas de uno y otro. Un pájaro lo trajo y aquí encontró su sitio idóneo, pues es terreno calcáreo (todavía quedan un gran número de restos de canteras y hornos de cal) muy propicio para el olivo.

Este templo natural tiene un tronco de más de tres metros de alto, con un perímetro a la altura del pecho de 6,52 metros y en la base de 11,12. En 2016 fue declarado como Árbol de Interés Público. Puedo asegurar que estar bajo sus ramas y abrazarlo produce una gran emoción y uno puede imaginar miles de historias y personajes que aquí sucedieron y vivieron. Naturalmente es el más antiguo de Portugal, y supongo que de muchos más lugares. Se encuentra en una zona de viejos olivos contemporáneos a Cristo y alcornoques y fresnos centenarios. Estoy muy agradecido a Francisco López, bibliotecario de Abrantes y vecino de Pego, que nos trajo aquí y nos acercó a ellos. Muito obrigado.

jueves, 12 de abril de 2018

el museo regional de santa maría del castillo



Santa María del Castillo es una pequeña iglesia gótica dentro del castillo de Abrantes que fue declarada Monumento Nacional en 1921 y dedicada a albergar diversas piezas de algunas iglesias de la región. Conserva unos hermosos juegos de azulejos de estilo árabe y los túmulos de distintas generaciones de la familia Almeida, condes de Abrantes. Su configuración actual data del siglo XV, reconstruida por Diogo de Almeida para convertirla en panteón familiar. El túmulo más llamativo es el de Joâo de Almeida y señora, de estilo manuelino con un extraño escudo tridimensional del que sale un dragón de siete cabezas y unos leones de pelo rizado en la base.

Todas las esculturas expuestas tienen algún punto interesante. Son especialmente bellas las estatuas de exterior esculpidas en parte por el hombre y buena parte por la erosión, el aspecto cadavérico de San Bartolomé, arropado con solo lo que parece una pellica de león, las distintas vírgenes amamantando (todas ellas sin ninguna muestra de cariño, distantes), la lozanía de Salta Catarina y el detalle del retablo de los Pasos de Cristo.

miércoles, 11 de abril de 2018

o jardim do castelo

De los lugares visitados en mi estancia en Abrantes, mi favorito hasta ahora es el jardín del castillo. Un jardín creado en los años ochenta del siglo XIX (llenando de tierra fértil el foso del castillo) con todos los elementos que cualquier parque decimonónico de provincias ha de tener: grandes árboles, parterres floreados, enredaderas agarradas a muros ruinosos de piedra, su templete de música, sus miradores, su pequeño puente y su lago de cisnes. Pero lo que más me gusta es su punto de equilibrio entre el jardín pulido y el abandono. Es un jardín cuidado pero no demasiado intervenido. También me gusta su aspecto decadente de perdida gloria, que lo hace aún más apetecible. También que se extienda escalonadamente por la ladera en terrazas, con la muralla del castillo a un lado y al otro estupendos miradores a la vega y el río. Y que tenga una ceiba hermosa y lustrosa, y escaleras mohosas y no excesivas flores, que me abruman. Solo he echado en falta una pequeña fuente, una estatua mohosa, una pareja para el cisne demasiado irritable y una banda de música. Entonces quizás volvería la fiesta, aquel bullicio de mi infancia.

martes, 10 de abril de 2018

niebla, lluvia, agua




Las vistas a la vega desde casa son impresionantes. En primer plano hay higueras, un naranjo y olivas, y detrás un bosque tupido de verdes brillantes hasta los últimos edificios de Abrantes. Pero el tajo levanta por la mañana una nube lechosa que hace que todo vaya desapareciendo hacia el fondo. Entonces parece que el verde fuera infinito y misterioso. Cualquier solar, por pequeño que sea, es un jardín descuidado y frondoso. Incluso las paredes reverdean.

Ya es complicado encontrar gente en esta colina deshabitada. Pero este tiempo no ayuda nada. No para de llover. Pasamos gran tiempo en casa y nos refugiamos en bares y restaurantes en los que tomar algo y dibujar: el restaurante acristalado del Parque de San Lorenzo con sus estupendas vistas, la casa de comidas Grelha Nova donde comen potaje de garbanzos, el restaurante donde comemos, hoy lleno de gente, y el último café en La Llave de Oro, donde todo el mundo sigue el fútbol y dibujo a Telma. Saca su móvil y hace una foto al retrato para mandársela a su hijo. Mientras, un oportuno galao propicia un acuerdo marco entre mi cuerpo y mi mente.

lunes, 9 de abril de 2018

encuentro de cuadernistas

Cuando llegamos a la Biblioteca Municipal, la exposición que han dedicado a mis cuadernos de viaje se ha llenado de viejos conocidos de otros encuentros o de la red que miran distraídos mis viejos cuadernos. Allí están Eduardo y Rita, Ana Frazâo y Carlos, Helena, Rosario, Pedro Cabral y otros que me presentan. Luego se añadirá el simpático Nelson. Nos tomamos un galâo en la Plaza de Raimundo Soares, que alberga la Casa da Câmara y los Paços do Concelho, en la terraza de un pequeño café para dibujar el palacio donde el rey de Portugal mantuvo a Juana la loca como amante, y luego un vino tinto con petisco en A Tasca en Largo de D. Ramiro Guedes, donde dibujo también unos paisanos que enseguida se levantan mosqueados.

Comemos todos juntos e invitados en Sabores da Cascata, una deliciosa crema de calabacín con judías verdes troceadas y en su punto y cerdo braseado con un sofrito cremoso de verduras increíble y ensalada. Después les hablo sobre mis cuadernos como fruto de la espera, de rellenar disfrutando ese tiempo que nos roban en los bancos, médicos, administradores y demás instituciones dedicadas al secuestro diario de las personas. De cómo convertirlo en algo agradable e instructivo. Presentan el libro de los residentes del año pasado, Raquel Ochoa y Pedro Cabral, y nos vamos a tomar un café. Y nos despedimos bajo el agua. A algunos cuadernistas los volveremos a ver en Lisboa. Eso esperamos.

Por la tarde descansamos, cenamos y nos tomamos un café en la cafetaria Chave d'ouro, una de las clásicas de Abrantes. Fundada el siete de junio de 1934 y reformada en el 86 por sus gerentes Telma y Filipe, mantiene todo su sabor. Maderas rojizas, espejos y un mobiliario precioso. A Filipe puede vérsele en el dibujo con gafas. A Telma le hubiera gustado salir. Otro día, le digo.


domingo, 8 de abril de 2018

al otro lado del tajo




En la orilla sur del río Tajo está Rossio, digamos que la parte de Abrantes que realmente vive mirándolo. La situación geográfica estratégica de Abrantes, en el centro geográfico de Portugal, cruce de caminos y nudo de comunicaciones, y el hecho de que el río fuera navegable hasta Lisboa, hicieron que Abrantes fuera un puerto fluvial importante de transporte de mercancías de las tres regiones que aquí convergen. Hemos visto viejas fotos de barcazas cargadas de paja, cal o corcho, los productos más importantes de la zona. Hoy no queda ni una sola barca. Los únicos restos del puerto son los pilares que sujetaban los maderos del muelle que bajaba hasta el agua en que una serie de barcas creaban un puente que unía las dos orillas. En su lugar se ha construido una zona de ocio, Aquapolis, con un espacio demasiado importante para esas máquinas infectas que llamamos automóviles.

La llegada del ferrocarril sustituyó esta forma de transporte, acabando con muchos oficios que habían surgido del transporte fluvial como madereros o calafates y propiciando grandes industrias como la metalúrgica, aceite de oliva o derivados de los cereales. Los antiguos silos y naves industriales siguen en pie aunque de una manera fantasmal, dando al barrio el aspecto de decorado para aquellas películas obreristas sobre la revolución industrial. Solo vemos una empresa cuyas naves siguen limpias, pintadas y con obreros revoloteando: es la antigua almazara y fábrica de jabón de Vitor Guedes que ahora vende el aceite de oliva, vinagres, aceitunas y pasta de aceitunas Gallo. La marca está en español porque Vitor era de origen gallego.

Comemos otra vez en Sabores da Cascata, un sitio estupendo, con mirador, servicio excelente y un rico menú de ocho euros: una sopa de verduras (en realidad es una crema), un segundo de pescado o carne con diversas açordas y ensalada, un postre casero o fruta, vino y café. Aquí tenemos la comida y la cena pagada.

Como todas las tardes, no para de llover. Nos encerramos en casa, doy color y hago algunos dibujos. Cenamos fruta. La tele habla de Puigdemont y de Lula. Otra máquina infecta de nuestro tiempo.

sábado, 7 de abril de 2018

abrantes con francisco


Francisco nos guía por la villa por los lugares que considera interesantes mientras nos cuenta la historia y las leyendas que corresponden. Vemos caserones interesantes, las iglesias, el castillo y sus vistas al río. Unas historias las enlaza a otras sin descanso. Ya en la comida nos habla de su hijo, que es jugador profesional de póker. Nos ponen una sopa de verduras y unas pequeñas sardinas al horno y escabechadas con una especie de masa de migas de pan húmedas con verduras, huevo y cilantro que llaman açorta y que es un plato típico alentejano para aprovechar el pan duro.

Por la tarde cae una manta de agua y nos refugiamos en la residencia para aprovechar el tiempo dibujando a partir de algunas fotos que he hecho. No para de llover. Bajo avergonzado y mojado a comprar tabaco. Definitivamente ha desaparecido el SG y me cambio al Ventil, otro tabaco portugués por el estilo (es una variedad de esa marca). El tabaco portugués es más caro que el americano. Esperemos mañana un mejor día.

viernes, 6 de abril de 2018

castelo de vide, una playa en el tajo y llegada a abrantes





Nos despedimos de Ana y su hermosa estación y luego paseamos por Castelo de Vide, famosa por su aguas minerales, hasta que la lluvia nos corta el rollo. Sus tortuosas calles medievales, sus fuentes, la ciudad intramuros, el castillo, puertas góticas de granito y macetas por las calles. La Judería y la Sinagoga, que ahora es un museo sobre los judíos en la ciudad, los hermosos logotipos de las joyas. Empapados volvemos al coche. Los paisanos siguen de charla desde que dejamos el coche.

Agua y más agua cae del cielo. Esta cortina da un aspecto romántico al castillo medieval de Belver, encaramado a un monte y que mira hacia el Tajo dejando en la falda, medio escondido, el pueblo. Bajamos una tortuosa carretera hasta llegar a la corriente. Aquí hay una playa fluvial que llaman Alamal. Sale el sol y todo recupera sus alegres colores: el verde brillante de las hojas que están saliendo, los patos, algún barco, la arena y unos cisnes de plástico que sirven para pasear a pedales por el río. Comemos un riquísimos bifes de porco a la brasa con patatas. Las vías del tren pasan por la otra orilla. Descansamos.

Por la tarde, llegamos a Abrantes. Nos muestran la residencia donde nos hospedaremos, una casa pegada a lo que fuera el cuartel de bomberos (lo que fuera la casa del jefe del cuerpo) que ahora se utiliza como galería. Nos damos una vuelta. Casas desvencijadas y desconchadas se alternan con otras arregladas. Caserones de terratenientes y vieja nobleza con nuevos edificios públicos. Muchas plazas y pocos cafés clásicos. Azulejos en la paredes, calles adoquinadas. Nos entretenemos en la tasca de Antonio Paulus, un clásico para beber botellines Sagres con algo de picar, lo que ellos llaman petiscos. Alguien tomado quiere que disenhe seus nenos, pero no hoy, le digo.

Compramos tabaco en O Pelicano. Nos cenamos el menú y luego surge un problema con la tarjeta. La familia de al lado nos ayuda. De esta forma nos enteramos que a ellos les cobran el menú a 6 euros y a nosotros a más de 9 y que no tienen problemas morales estafando a los turistas.

miércoles, 28 de marzo de 2018

un paseo por el río tajo



El próximo proyecto de viaje es seguir el río Tajo desde Talavera de la Reina hasta Lisboa, pasando por sus parques naturales: Monfragüe, Parque Natural Tajo Internacional, Sierra de San Mamés y la Reserva Natural de la Biosfera entre Entroncamiento y Santarém. Aprovechando mi visita a Abrantes.