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sábado, 12 de diciembre de 2020

vistas al parque nacional nahuel huapi desde cerro campanario, bariloche, en la patagonia argentina

Desde la cumbre de Cerro Campanario, al que puede accederse en telesilla, a la que hemos llegado en bus desde el centro de San Carlos de Bariloche por la Avenida Bustillo, podemos ver una de las más bellas panorámicas del mundo. Se trata de una serie de lagos, montañas y bosques del Parque Nacional Nahuei Huapi, de 710.000 hectáreas, en el Distrito de los Lagos, de la Patagonia Argentina. Los Andes, al fondo, donde destaca el volcán Tronador, son su límite occidental. Su lago principal es el Nahuei Huapi, lago glaciar profundo y extenso en cuyas costas están San Carlos de Bariloche y el balneario de Villa La Angostura, donde también merece la pena visitar su bosque de arrayanes.
Allí viven diversas especies autóctonas como los cóndores andinos, los ciervos huemul y pudú, el gato huiña, las comadrejas trompuda y patagónica, el monito del monte, el zorro colorado, el tucu tucu patagónico, la nutria huillín, los guanacos en pequeños rebaños y el puma, su predador. Y también allí se ha despojado de millones de hectáreas y se han desplazado familias enteras de la población originaria mapuche hacia los márgenes más pobres de las ciudades patagónicas. Esto originó un conflicto de tierras que acabó con la intervención policial con armas de fuego y la muerte, por la espalda, de Rafael Nahuel, asesinato que aún hoy, en su tercer aniversario, no se ha elevado a juicio.

lunes, 23 de julio de 2018

el imaginero de la puna jujeña hermógenes cayo


La provincia de Jujuy, especialmente la Quebrada de Humahuaca y la Puna se caracterizan por una profunda religiosidad popular. Don Hermógenes Cayo demostró esta particularidad de hombres y mujeres jujeñas en sus obras de arte expresadas a través de su imaginería indígena. 

miércoles, 13 de junio de 2018

el diario de cándido lópez


Cuando en 1865 estalla la guerra de la Triple alianza contra el Paraguay, Cándido López se enrola en el Batallón de Guardias Nacionales con el grado de Teniente Segundo y pasa luego al Batallón del Cuerpo Primero del Ejército, con el que se embarca aguas arriba el dos de junio. Su diario personal registra los distintos campamentos en los que se instalan los Guardias Nacionales de San Nicolás, en Uruguayana, Paso de los Libres, San Bento, Ensenadita, etcétera. Participa en las batallas de Yataí-ti Tuyutí y Curupaytí. En este última, el veintidós de septiembre de 1866, al cruzar una zanja, un casco de granada le despedaza la mano derecha. Momentos después, mientras le vendaba la herida, su asistente González es alcazado por otra granada que lo mata. Es evacuado a Corrientes. Allí le efectúan una amputación hasta el antebrazo para detener la gangrena que lo amenazaba. Pasa a integrar el Cuerpo de Inválidos. En febrero de 1867 es enviado a Buenos Aires, donde un año después el Doctor Lucio del Castillo le efectúa una nueva amputación del brazo por encima del codo.

Se ve obligado a educar su mano izquierda para seguir pintando. Basándose en los dibujos y bocetos que había realizado durante la campaña de la guerra del Paraguay mientras presenciaba los hechos se dedica a pintar ese acontecimiento que tan vivamente marcó su vida. Veintinueve óleos que expone en los salones del Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires en marzo de 1885. En 1886 el general Mitre le dice que "sus cuadros son verdaderos documentos históricos" y en septiembre del año siguiente el Gobierno nacional le compra los cuadros.

Sobre la base de sus dibujos y croquis el artista realizó sus pinturas. "En algunos casos hay una exacta correspondencia entre óleo y dibujo; en otros hay variaciones en la altura de la línea del horizonte, en el terreno abarcado o en algunas de las escenas representadas. En ocasiones el boceto se limita al paisaje y los personajes recién aparecen en la pintura", nos cuentan Marta Gil Solá y Marta Dujovne. Cándido López pinta desde la memoria y la imaginación. A partir de sus bocetos recrea algo que ha penetrado muy profundamente en él y que forma parte de sus vivencias más preciadas.

En total pinta cincuenta y ocho cuadros. Su afán documental hace que las pinturas están identificadas en todos los casos, al referirse a hechos y momentos particulares de esa guerra. Son grandes cuadros panorámicos donde predomina la visión aérea. Como dice Samuel Oliver: "Tenía la maravillosa facultad de ver numerosas escenas al mismo tiempo, como si fuera un ángel custodio poseedor de una visión de gran angular, en vez de la pobre y limitada visión humana de treinta grados". Hay un cierto gigantismo en la visión de la naturaleza. Su pintura nada tiene que ver con sus más cercanos contemporáneos. En estas obras abandona el academicismo y olvida las modas de entonces. Pinta lo suyo desde y como lo siente y con los recursos que le permiten hacerlo.

Cándido López de Fermín Fèvre. Editorial El Ateneo, Buenos Aires 2000

viernes, 4 de mayo de 2018

expo abrantes: cuadernos americanos






Para todos aquellos que no han podido ver la exposición en Abrantes sobre mis cuadernos de viajes, les acercaré en el blog el material expuesto, a excepción, claro, de los cuadernos reales. Muy agradecido a todos los que la han hecho posible, especialmente a la Biblioteca Pública de Abrantes, a la Delegaçâo do Centro da Ordem dos Arquitetos Secçâo Regional do Sul, a Francisco Lopes y a Eduardo Salavisa.

sábado, 10 de septiembre de 2016

fracking en territorio mapuche

El año pasado 60 de mis cabras nacieron sin pelo. Una semana después murieron. Los animales bebieron el agua y luego parieron crías con sólo piel, no tienen pelo. Eso nunca ha pasado antes. -Susana Campo, mapuche, pastora de cabras de Campo Maripe, Argentina.

He tenido dolores de estómago. También he vomitado. Sabemos que es porque el agua está contaminada, pero tenemos que seguir bebiendo esta agua. Los pobres no se pueden permitir el lujo de comprar agua. -Josifa, su hermana.

El pueblo mapuche está molesto. Nos sentimos como que han esclavizado a nuestra tierra. Es como si alguien entrara en tu casa sin pedir permiso. Ellos han contaminado todo. -Sr. Campo, lonko de Campo Maripe.

Campo Maripe es una comunidad familiar mapuche de 125 personas que viven en las granjas que salpican las más de 11.000 hectáreas de tierra. Ellos han vivido aquí desde que sus abuelos emigraron de Chile en 1919. Actualmente sufren la extración de gas en sus tierras a través del fracking, que consiste en inyectar miles de litros de agua, productos químicos y arena profundamente en la tierra a alta presión para liberar el gas.

Grace Livingstone Neuquén, Argentina. BBC News. 5 sept 2016

viernes, 1 de enero de 2016

versión anodina de motor psico



Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Los Redondos, fue una banda argentina de rock, oriunda de la ciudad de La Plata y liderada por Carlos Alberto Indio Solari y Eduardo Skay Beilinson. Tuvieron una extensa y generosa vida musical. y ahora es considerada como una de las bandas más importantes del rock argentino y una de las más influyentes del rock en español.

La banda creó con su música una original estética del rock, alcanzando masividad sin entrar en el circuito cultural oficial; manteniéndose independiente al margen de la industria musical durante sus 25 años de actividad y transformándose en la única banda (junto con La Renga) que, por principios, jamás se apoyó en los medios para difundir su trabajo. En general los recitales eran promovidos por el boca a boca. Por este motivo siempre fue una banda que estuvo al margen de festivales, reconocimiento mediático o premios.

En Chile se ha lanzado ahora este cover oficial con esta peculiar versión de uno de sus clásicos, Motor psico, cantada por Diego Lorenzini para el sello Discos Reveldes, a través de este videoclip realizado junto a la premiada artista visual Pilar Quinteros y que se despliega como un mapping artesanal, en donde el mismísimo Lorenzini intenta copiar, no sin un dejo de torpeza, los particulares pasos de baile del Indio, Skay y compañía tocando en vivo. Todo esto como una manera de honrar, a través de una incompetente pero bienintencionada mímica transandina, uno de los episodios más épicos del grupo tocando en el Estadio Racing Club el año 1998.

martes, 7 de abril de 2015

un vasco en tierra del fuego







En el rancho de Trujillo conocemos a un hombre mayor que, según nos han dicho, es español. Soy vasco, dice. Los españoles son unos hijos de puta. El vasco y sus padres llegaron a Argentina después de que los republicanos perdiera la Guerra Civil española. Si mi padre se hubiera quedado, afirma el vasco, Franco lo habría matado.

Preguntamos al vasco si no le parece extraño que los gauchos, a pesar  de vivir tan cerca de la tierra, no tengan el más mínimo deseo de poseerla.

Si, dice riendo, es extraño. Cuando mi padre llegó a Argentina, ahorró durante años para comprar un pedazo de tierra. El día que lo compró fue el día más feliz de su vida. Es una fijación europea, sajona, esta obsesión por la propiedad. El gaucho está en movimiento continuo.

El vasco ama Tierra del Fuego y ha leído todo lo que ha podido acerca de su pasado. Está particularmente interesado por los pueblos que vivieron aquí antes de la llegada de los europeos.

Algunos indios murieron por culpa de una Winchester, pero la mayoría murieron por culpa de la Iglesia. Eran el tipo de gente que no pueden vivir en un espacio confinado; necesitan moverse continuamente y explotar lo que encuentran. Los cristianos los rodearon y los metieron en misiones. Pero no podían vivir de esa forma y enfermaron y murieron.

El vasco se disculpa por ser grosero con la Iglesia, especialmente, añade, si hay creyentes entre nosotros. Me permito hablar mal de la Iglesia, dice sonriendo, porque pasé tres años en un seminario católico; mi madre quería que fuera cura. Pero un vasco siempre habla claro, así que le dije: soy ateo, así que esta farsa no puede seguir adelante.

Dejen que les explique, añade. Yo no estoy seguro de que Dios existe, pero si existiera no es el Dios católico. Alguien a la vez todopoderoso y omnisciente que se sienta a mirar mientras sus mensajeros matan a toda una raza es un hijo de puta insensible y no vale nada.

Antes de nuestra partida, recuerda una tercera forma de morir de los indios. Justo antes del cambio de siglo, entre 1890 y 1900, José Menéndez, el primer español que poseyó tierras en la isla, invitó a toda una tribu a un asado. Envenenó la comida y la bebida y murieron todos, unos 200 en total.

A principios de 1960, quedaban unos veinte o treinta.

¿Y a finales de los setenta?

No, dice. Ya solo quedaba un puñado de indios puros,  y solo unos pocos tenían recuerdos nítidos de la vida en los bosques. Trabajaban en las estancias como gauchos.


C O L O R S 52. Octubre-Noviembre de 2002. Éste es Rolando Trujillo.
Rolando Trujillo en video

jueves, 2 de abril de 2015

ilustres españoles: josé menéndez


Le decían "el Chancho Colorado", tenía un pasado de soldado en el Ejército británico y sin importar cuánto hubiera tomado siempre le daba a lo que apuntaba con su rifle. El escocés Alexander Mc Lennan llegó a Tierra del Fuego en 1895 para administrar la estancia Primera Argentina y rápidamente encontró una respuesta para tratar a los indígenas del lugar: Mejor meterles bala. Así lo hizo. Desde el año que llegó lideró un sangriento exterminio de los selk’nam que vivían en las tierras de sus patrones. Cuando 12 años después se retiró, recibió un reloj de oro comprado en Europa de su jefe, el poderoso José Menéndez.

Nacido en Asturias en 1846, Menéndez llegó a Punta Arenas en 1875, después de haberse entrenado como comerciante en La Habana y Buenos Aires. Tenía 29 años y era ambicioso. Junto a Mauricio Braun, su yerno, llegó a ser casi el dueño de la Tierra del Fuego. Aunque las leyes de colonización permitían a los extranjeros tener máximo 30 mil hectáreas, él tuvo millones. Hábil y codicioso, su vida es relatada por el historiador español José Luis Alonso en la biografía "Menéndez. Rey de la Patagonia".

"Siguiendo el hilo biográfico de José Menéndez, trato de contar la historia de la violenta colonización de la Patagonia", dice Alonso, de paso por Chile.


Relato de un paisaje brutalmente intervenido, Alonso combina la narración de la rapidísma extinción de los pueblos kawésqar, aonikenk, yámana y selk’nam tras las llegada de extranjeros, con la formación del imperio de Menéndez: la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, que fundó junto a Mario Braun, dominaba casi toda la parte chilena del territorio. La argentina también la compartía con los Braun. Allá y acá, las ovejas desplazaron a los guanacos.

Controvertido en sus días por el trato a los jornaleros y especialmente a los indígenas -"los consideraba molestos intrusos", dice Alonso-, Menéndez se enfrentó a los misioneros salesianos. Su director religioso Giussepe Fagnano lo acusó en la prensa de impulsar la desaparición paulatina de los indios a través a la costumbre de los estancieros de pagar una libra esterlina por cada oreja indígena entregada.

Aunque Menéndez es considerado parte de un grupo de empresarios que levantó Magallanes, Alonso desmitifica esa idea. "Historiadores chilenos y argentinos han demostrado que no solamente no contribuyeron al progreso regional, sino que supusieron un freno. Entorpecieron el desarrollo al acumular toda la tierra y orientarlas exclusivamente a la producción lanera para el mercado británico", dice.

Fiel a la monarquía española hasta el final de sus días, Menéndez murió en 1917 en Buenos Aires, en medio de una agria disputa con sus hijos por su herencia: "Ese fue su mayor golpe, haber creado un imperio inmenso del que al final se vio desposeído por sus propios hijos", dice Alonso.


Roberto Coreaga. La Tercera. Cultura. 10/08/2014








Autor: José Luis Alonso Marchante
Año Edición: 2014
Editorial: Catalonia
ISBN: 978-956-324-307-9
Páginas: 352
Dimensión: 15 x 23
Peso: 525.00

miércoles, 1 de abril de 2015

los selk'nam de alberto maría de agostini


Selk'nam en 1910
Selk'nam de la región entre Río Grande y el lLago Yehuin en la Isla Grande
de Tierra del Fuego , entre 1910 y 1920
Selk'nam en la zona del Lago K'ámi de la Isla Grande
de la Tierra del Fuego, en 1915
Selk'nam frente a la Misión Salesiana Nuestra Señora de la Candelaria, en la
costa atlántica de la Isla Grande de Tierra del Fuego, en 1923
 Grupo Selk'nam con Pacheck en primer plano, entre Río Grande y Lago
Yehuin, en la Isla Grande de Tierra del Fuego, en 1915
Pacheck sentado (segundo de izquierda a derecha) en 1915
Selk'nam en la zona del Lago K'ámi, en la Isla Grande de Tierra del Fuego,
en 1915


Alberto María de Agostini nació en Pollone, Italia , en noviembre de 1883. Su cercanía a los Alpes influyó en su amor a la montaña y su espíritu aventurero. Con 26 años se hizo sacerdote de la Orden Salesiana y partió como misionero a la Tierra del Fuego. Allí se desarrolló como antropólogo, fotógrafo, geólogo, etnólogo y alpinista. En 1910 inició su labor misionera, aprovechando su tiempo libre para la exploración de las tierras magallánicas. Exploró la Tierra del Fuego y la Patagonia siempre cargado con sus cámaras fotográficas y con ayuda de guías locales en la escalada de montañas. A los sesenta años conseguirá su mayor logro alpinístico, la escalada del monte San Lorenzo (3706m) con el que terminaría su carrera alpinística.

Su legado consta de numerosas fotografias y 22 libros sobre la Patagonia y sus montañas, destacando: Guía Turística de Magallanes y Canales Fueguinos y Guía Turística de los Lagos Argentinos y Tierra del Fuego, escritos entre 1924 y 1960, Ande Patagoniche - viaggi di esplorazione nella Cordigliera Patagonica australe, de 1949, Trent'anni nella Terra del Fuoco, publicado en 1955, y Sfingi di ghiaccio (Esfinges de hielo), de 1958. Además de los libros existe una increíble cantidad de artículos y ensayos aparecidos en diarios y revistas en Italia, la Argentina y Chile. Y las películas Tierras Magallánicas (1933) y Patagonia (1915-1928).

En sus primeros años de estancia en la Tierra del Fuego documentó la vida de los selk'nam a los que se dedicó a evangelizar, pero también a defender contra la persecución despiada y sin tregua de los estancieros (emigrantes colonos que se adueñaron de la tierra y se asentaron como ovejeros). Lo cierto es que muy pocos selk'nam sobrevivieron en la misión salesiana de Isla Dawson, donde llevaron 3000 selk'nam para que dejaran sus territorios libres.

Sus mapas, fotos y filmaciones pueden verse en el Museo Salesiano Maggiorino Borgatello de Punta Arenas, junto a objetos de los indios fueguinos y las colecciones de flora y fauna del coadjutor Ángel Renové.

martes, 31 de marzo de 2015

los últimos onas



Los onas, vida y muerte en Tierra del Fuego, documental de 1977, dirigido por Ana Montes, en que hablan los últimos onas supervivientes de la vida y el final de su pueblo.

Más sobre los selk'nam u onas

viernes, 27 de febrero de 2015

chapas de cervezas de argentina



De mi reciente paso por Argentina, traje estas chapas de cerveza.

martes, 24 de febrero de 2015

salir de el calafate



Despierto en la noche. Bombillas amarillentas.  Montan en el autobús, que resopla. Alguien hace siluetas chinas con las nubes y las estira horizontalmente. La luz las va enrojeciendo y descubriendo un paisaje completamente diferente: desérico, si árboles. Campos amarillentos abiertos sin apenas lomas ni árboles. Arbustos secos. Grupos de guanacos, algún ñandú. El lago Cardiel. Las montañas aparecen y crecen. Para la llegada al lago Viedma ya son grandes y hermosas, y al girar  para el Chaltén se ve el glaciar Viedma blanco cayendo al lago lechoso. Allí, al fondo, está la imponente mole del Fitz Roy. Del bus salen agerridos mochileros que inmediatamente cogen el camino hacia el totem. Nosotros estamos cansados y faltos de días, perdonamos el paseo y seguimos en el bus hasta El Calafate. Aquí se quedan Franziska y su cuaderno diario y Koki, el japo despeinado. Despedidas.

Calafate vive un mes de fiestas y está a tope de turismo nacional y chileno. Para colmo hoy canta y gratis en su plaza el famoso bachatero Romeo Santos, y está todo a tope de jóvenes, los hoteles y hosterías llenos, los cajeros sin un peso, las calles repletas, las plazas de buses ocupadas. Esto es aún peor que Bariloche. Solo coseguimos una habitación por 1.300 pesos argentinos y una promesa de un autobús adicional para el miércoles.

Dos señoras chilenas buscan con quien compartir taxi al glaciar Perito Moreno. Nos apuntamos  y nos olvidamos de historias. El glaciar, con una pared de ochenta metros de altura, es de una belleza pasmosa, salvaje, tiene un color fortísimo azul y a la vez transparente y algunas suciedades de barro que le restan una miaja de elegancia. Lo que más me llama la atención es lo cerca que está el muro de tierra, dividiendo en dos el lago donde vierte, y por tanto lo cerca que puede verse. De vez en cuando, se oye un estruendo provocado por trozos de hielo que se derrumban contra el agua y empiezan a flotar, alejándose. Busco todas las perspectivas, dibujo sin éxito, descanso agotado y lo dejo por fin para tomarme un café. Hacemos unas migas más o menos correctas con las señoras y logran meternos en su bus de vuelta a Puerto Natales por un ridículo precio. Esto ocurre a las dos de la mañana, luego de habernos comido una parrillada con vino y haber oído al bachatero. Todo el mundo enloquece, pero nosotros solo somos capaces de sentir frío y sueño.



a argentina por chile chico



En la mañana el galló cantó dos veces. Un predicador platica con la doña, hablan de Dios y de perdonar las ofensas. Los guasos ponen las monturas y los herrajes a los caballos, luego se ponen los sombreros de ala ancha, el poncho, las botas de caña alta y las espuelas. Son caballos de pura sangre chilena, descendientes de los españoles (aunque más bajitos). Arriba de Puerto Montt los caballos son para la pura competición, aquí los usamos para el campo y la competición.

Paseo siguiendo el río Tranquilo unos cuantos kilómetros. Me acerco al salto. Allí está acampada Martina. Junto a un Renault 12 ranchera, calienta en el fuego el agüita para el mate, que me ofrece, y su carpa. La cara arrugada y quemada, imposible saber su edad.

Visitamos la media luna para la competición regional de rodeo. Los guasos entran por grupos a caballo y corren a atajar la vaca y pararla contra la pared. Según lo hacen, se llevan puntos positivos, cero o puntos negativos. Cuando se hace en la cadera son cuatro puntos, la máxima puntuación. Las vacas entran por un callejón hasta el apiñadero donde les abren las puertas, una a cada lado, y los dos guasos las arrinconan contra la pared. La quincha es un acolchado en un saliente de la valla, y también están la grada y la caseta del jurado.

Al lado está el cementerio, que es una maqueta abandonada de un pueblito de madera, donde una diminuta iglesia y las casitas que la rodean son los panteones. Resquebrajados, mohosos, descascarillados, podridos.

Por fin llega el microbús para Chile Chico. Hay poco local y entramos muchos turistas. El corte deja en tierra a las dos chicas de Bilbao y su compañero, que entran en otro bus. Aquí está de nuevo Masato y los pijillos de Australia y Nueva Zelanda. Y los japos Lena, Koki y Ryo tocando la guitarra sentado en la acera. Y la austriaca Franziska, que lleva un año viajando. Lena y Ryo van hacia el Norte.

Aunque las piernas no caben entre los asientos, el viaje es flipante, rodeando por el sur el Lago General Carrera. El conductor se enrolla y nos hace una paradita en un lugar donde vemos todo el Campo de Hielo Norte blanco y azul con sus picos y glaciares al otro lado del lago. Casi todos oyen música en sus móviles. Franziska lee. Koki se quedó frito hecho un guiñapo y ahora luce sus pelos electrificados.

En Chile Chico, no hay vehículos para seguir. Un buen hombre nos quiere llevar a todos y las mochilas, y a su hijo, por 5000 pesos chilenos; pero su coche es muy pequeño y no cabemos. Los japos se van a dedo, dice Masato. Nos deja en la línea que separa los dos países. Es buena hora, paseamos otros tres kilómetros hasta la aduana argentina, y después, otro kilómetro hasta Los Antiguos. Allí vemos a los japos, que llegaron a dedo, y nos saludamos otra vez.

Una vez arreglados los asuntos, un bus para Chaltén que sale a la una de la madrugada, vamos a un restaurante bueno para celebrarlo. Los japos se ponen hasta arriba de carne con una tremenda parrillada doble, ante el asombro de Franzisca, que es vegetariana y se está comiendo una guarnición de calabaza. Beni y yo compartimos entraña y un risoto de cordero. Todo está muy rico. Pedimos cabernet savignon y echamos una risas. Lo inmortalizo en un dibujo, rápido para no perder bocado.

El bus  a Calafate va casi vacío. cada pasajero ocupa dos asientos semicama. Después de las últimas luces de este pequeño pueblo, nos internamos en el oscuro sueño.

lunes, 16 de febrero de 2015

domingo en el parque



La austriaca Waltaraud resultó ser una solterona maniática y nos toca de compañera de habitación. Para mal, porque resulta no aguanta mis ronquidos, ni la luz parpadeante de los móviles, ni esos rayos sobre mi cabeza, no no, esa luz no puedo dorrmir, esos rruidos. Nosotros pensamos que si tiene el sueño tan ligero debería ir a un hotel y no venir a un hostel, a una habitación compartida. Que en estos sitios hay que tener manga ancha. En fin, una aunténtica tortura.

El día, por el contrario, resulta muy agradable. Cogemos un micro colectivo al Parque Nacional Los Alerces. Pasamos por el Lago Terraplén y el LagoFutalaufquen y nos quedamos en la pasarela al Lago Verde. Solo llevamos un asiento, pero nos hacen un huequito y nos dan conversa agradable Natalia y su hijo Jeremías Máximo, y Javier y su hija Lucía, que creemos su novia. De allí hacemos un circuito caminando entre las orillas del Lago Verde y el Lago Menéndez y un tupido bosque de arrayanes, maquis, cohiues, ñires, lengas, tineos, michays y cipreses. Pero la estrella de los árboles de esta zona es el alerce, un árbol milenario que llega a los cuarenta o cincuenta metros, que aquí tiene algún ejemplar de 2.600 años, en el alerzal de la otra punta del Lago Menéndez, en Puerto Sagrario, al que se accede en barco. Nosotros no llegamos tan lejos, pero sí vemos algún ejemplar de trescientos años.

Vemos pajaritos como el chucal, con el buche naranja y la cola muy vertical y el dormilón ceja blanca. Pero ninguno de esos animales que dicen que viven por aquí como el monito de monte, el puma, los ciervitos Huemul y pudú, el gato huiña, la paloma araucana y el pájaro carpintero gigante, con esa cresta del pájaro loco. También hay una pesada población de abejas que según parece introdujeron para acabar con el tábano, y que pican a los visitantes como yo.

Después descansamos en las playas del Lago Verde y vemos como se tuestan al sol y se bañan los más atrevidos. Y luego cogemos el mismo micro para Esquel, donde, afortunadamente, nos cambiaron de habitación. Cambiamos dinero, cenamos la carne y la fruta que nos sobró, con una cerveza artesanal local, y nos vamos a la cama cansados. Una tremenda paz me inunda cuando oigo roncar al compañero de habitación. Uuuf! al fin podré dormir tranquilo!

domingo, 15 de febrero de 2015

hacia esquel



Brian, un canadiense de Vancouver amigo del vino y los cigarrillos, es el gerente de esta pequeña hostería de la calle Morales donde nos han tratado tan ricamente. Siempre he vivido en ciudades lluviosas, nos dice sonriendo y marncando en su cara un centenar de arrugas, me gustaría ir a otros sitios.

Salimos de Bariloche hacia Esquel por la Ruta 40 para coger la Carretera Austral de Chile. Nos llevamos unas milanesas y hacemos un viaje alucinante de cinco horas. Bordeamos los lagos Gutiérrez y Mascardi, que quedan a la derecha, y Güillelmo que queda a la izquierda. Luego subimos por las montañas arboladas de cipreses y abetos hasta el altiplano marrón y amarillo sin árboles, con un fondo de picos grises, canela, rojizos y blancos. Bajada con praderas y hermosos valles con pueblos de piedra, madera y pizarra entre álamos negros y un fondo de picachos. Paisajes de esos cuadros que hay en las casas y no sabemos qué sitios son. Yo hago lo que puedo y, flipando, me voy cambiando de asientos de un lado a otro del bus medio vacío, para dibujar deprisa lo que veo.

Finalmente llegamos a uno de esos pueblos, que llaman Esquel. En el punto de información se molestan en buscarnos alojamiento y solo lo conseguimos en un buen Hostel. Una habitación compartida de cuatro con baño, cocina, terraza, WiFi... por un buen precio.

Compramos carne (baratísima en Argentina), fruta, algún yogur, empanadas y una Quilmes de litro. Nos deniegan la tarjeta y, lo que es peor: nos cruza una concentración ruidosa de moteros. De vuelta, Pierre, un francés de Clisson, nos cuenta que deberíamos ir al Lago Verde, pues está bien para un solo día. Lo dibujo comiéndose unos sandwiches caducados y también a una austriaca llamada Waltraud, que se enrolla con nosotros y nos cuenta su viaje, que escribe en un diario.

sábado, 14 de febrero de 2015

el bosque color canela

                           

Nos levantamos temprano para ir a la terminal y coger el bus a Villa La Angostura. Otra vez orillamos el lago Nahuel Huapí por el sur y luego por el este. Espectacular. Bariloche allá al fondo, al otro lado del agua, y con los Andes detrás. En un tramo nos separamos del agua y nos adentramos en el bosque. Los abetos pinsapo alargan sus ramas al sol para enseñar sus florescencias amarillas, como pomposos anillos. Luego, una especie de altiplano sin árboles, solo unas plantas semiesféricas con pequeñas flores amarillas que colorean la pradera hasta la orilla del lago, y después peñones de dura roca pelada y las primeras cabañas de Villa La Angostura. Andamos tres kilómetros hasta el Parque de los Arrayanes. El bosque, dentro del parque, está después de 13 kilómetros de duro camino, de dificultad media-alta. No nos dará tiempo a volver a tiempo al bus hacia Bariloche.

Decidimos coger una barca preciosa de madera, que en poco más de media hora llegará al bosque. Junto al muelle, en la playa, jovencillas con biquini se tuestan y toman el sol. Dibujo el paisaje desde proa y a Alberto, simpatiquísimo piloto de la embarcación, quemado por el sol, que se pone la gorra para ser inmortalizado y que me cuenta que la embarcación es de 1931, propiedad de su anciana tía, primera mujer por estas tierras en titularse para pilotar un barco mercante. Ya viejita, pasó el relevo a su sobrino, que, junto a su hijo Francisco, lleva este negocio turístico y mantienen en perfecto estado la nave. Hecha con maderas de la región e instrumentos de bronce, es una auténtica reliquia, una verdadera maravilla. Su nombre es Huelmul II, que es el nombre de un ciervito de la zona. Hacemos el viaje en la bañera de popa, pero también nos deja salir a proa a disfrutar el paisaje.

El arrayán, además de un personaje de telenovela, es un árbol pequeño de hoja parecida a la del mirto, del que es familia, con un tronco retorcido que pierde la corteza y deja ver su color canela, que con el sol se torna naranja. La caída de la corteza le produce una especie de manchas blanquecinas que le dan al árbol una extraña belleza. No es dominante y suele verse en los bosques de Chile entre otras especies. Quizás solo en esta parte del mundo es posible ver una concentración tal de arrayanes y de tal porte. Vemos ejemplares gruesos, divididos en muchos troncos y de gran tamaño y, en las zonas más densas del parque, ejemplares delgados y altísimos. Para protejerlos de los visitantes, han hecho una pasarela de madera por la que se transita. El aspecto general del bosque es tan mágico que no sería extraño encontrar algún duende (¿viste alguno? me pregunta Alberto). Pero solo vemos un pajarillo rallado que se mete en los huecos de los árboles y otro chiquito y regordete como un pollito que llaman maqui.

Volvemos por una zona de agua turquesa, producida por el sílice en la erupción volcánica del 2000. El capitán me trata cariñosamente, le gustó el dibujo porque lo dibujé menos gordo. Mientras llegamos al muelle, dibujo a unos compañeros de viaje: Carolina, Agustín y Mariana.

Agradecemos a la chica que alquila las bicis toda la información que nos ofreció, quiere ir a Barcelona y madrid este invierno, y le deseamos que se cumpla y un buen negocio. Rehacemos el camino andando. Mientras pasamos junto a una especie de retamas oímos un extraño crepitar que parece venir de las vainas secas que, con este calor, se abren para lanzar sus semis, haciéndolas crujir. Volvemos a Bariloche rodeando nuevamente el lago.

El sol aprieta tanto que quema aun con la fuerte protección que nos echamos y molesta a la vista aun con gafas de sol. Parece que es en esta parte del planeta donde más afecta el agujero de ozono. Alberto nos contaba que esto cambió mucho desde que era chiquito, él nunca salió de estas montañas, un marinero sin mar, y las nevadas de ahora son ridículas respecto al pasado.

Nos desquitamos de la mala cena de ayer (Beni invita por su santo) y oímos música por la calle, en la esquina de Pink Floyd y la concurridísima de dixie. Nos bebemos una cerveza oyendo a unos magníficos Gwendal a los que piden otra y otra. En la plaza hay un corro tremendo alrededor de un mago chistoso, pero nosotros ya andamos por la piltra.