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miércoles, 12 de febrero de 2020

apuntes de máscaras de madera


Las máscaras han permitido al hombre, durante la historia, ocultar su cara y, así, ser alguien completamente distinto. Durante diversas ceremonias los personajes enmascarados desempeñaban papeles distintos como dioses, espíritus, héroes legendarios, antepasados muertos o animales. Talladas con imaginación y fantasía, eran parte indispensable de espectáculos  teatrales, oficios religiosos, enseñanza o juegos. Estas han sido talladas en madera por anónimos artesanos populares de diferentes culturas en todo el mundo, en concreto de México, Congo, Costa de Marfil, Gabón, Guatemala, Mali, Burkina Faso, Isla King y Papúa Nueva Guinea. He simplificado su elementos y colores (rojo, amarillo y negro) para decorar objetos de cerámica.

jueves, 2 de marzo de 2017

dime que no es verdad


El jol estaba lleno de fumadores que bromeaban haciendo pausas para chupar sus cigarrillos y luego soltaban las palabras en el chorro de humo. Podían verse letras de imprenta volteándose y haciendo espirales en las fumarolas. Chocaban unas con otras formando palabras raras de sabe dios qué diccionarios. Matute se había hecho el amo con su larga nariz que nacía entre los carrillos que su risa había subido hasta los pómulos. El pelo gris. De golpe había envejecido, de la noche a la mañana.

La orquesta lo hacía bien, eran buenos para lo que por aquí se despacha. La animadora llevaba un minisor de raso encima de dos largas piernas. Ellos hacían bromas. Atrás, en la pantalla, la silueta negra de una chica bond se contorneaba al ritmo de aquella bachata. Apenas si bailaba gente. Pude ver a dos concejalas de sonrisa forzada intentando animar el cotarro. Algún disfraz, ninguna máscara. Era un fracaso. El pueblo estaba muerto.

Saqué de la cartuchera el cuaderno y la pluma atraído por la silueta de Nieves, que circunvalé dibujando a sus acompañantes con disimulo. Luego empecé con esa extraña bufanda peluda que coronaba su excelsa silueta negra. Quizá había alargado demasiado la nariz y desee dejarlo pronto.

Matu se acercó con el tique y le pregunté por su pelo. Me dijo que simplemente no se había tintado porque se iba a hacer un implante. ¿Con esa mata de pelo? le pregunté mientras la pluma le hacía las ondas. La coronilla, me dijo. A mí me gusta más el color que nos da la edad, le dije cogiendo un mechón de mi brillante peluca blanca. Contento del dibujo, dejó un tique para mí en la barra.

El primero me sabe a gloria, dije a Dan el alicantero, con dos teles paralelas apoyadas sobre su nariz, sacando la frase del archivo. Estaba tan cerca que podía ver sus poros exhalando alcohol, las grietas de sus labios, cada tronco del bosque de su barba. Usé el cubata para extender la tinta y dibujar la geografía menos pronunciada. Sacó una foto con el móvil y luego trajo a su novia para que la dibujara. Insistiendo más de la cuenta.

Tendrías que dedicarte a esto, me dijo, como si no le estuviera dedicando. Cobraríamos cada retrato a cincuenta pavos, la mitad para cada uno (parece que ya tenía representante, y asignada su comisión). El próximo cubata lo pago yo, dijo olvidando que, según nuestro reciente contrato, me tenía que abonar setenta y cinco pavos por su retrato, el de su novia y el de su cuñada.

Sol dijo que era mi amiga, y estaba bien dicho entre tanto desconocido. No sabía que yo hacía eso, que lo había guardado como un tesoro. Me gustó que me hablara con dulzura. Aquello sí que me supo a gloria entre tanto machote alcoholizado. Enseguida trajo a su hijo para que también lo inmortalizara, así, guapetón de labios gruesos, antes de que el tiempo lo eclipsara.

Clodo se empeñó en hacerme famoso, introducirme en la redes, incluso hablar de mí por el micro de la animadora. Su retrato lo lanzaría en feisbuc y tendría nosecuantos seguidores, tantos, que me estaba empezando a cansar. Él era un músico de fama al parecer. Me enseñó un video en su celular. Una masa de fervorosos jovenzuelos lo vitoreaban. Es curioso, normalmente quieren editarme un libro, aquí quieren hacerme un retratista de masas. Después me preguntó que quién era yo, que de dónde había salido, como si no llevara la cara al descubierto.

Creo que yo era el único que curraba esa noche. Llegaron los de la escalera, la de los tiques y su hermana, el muñeco y Efeerre, los camareros, Laura y Mariado, Roberto... Había cierta excitación en la cercanía, como en los trazos de las siluetas de las chicas que bailaban. El roce de su pelo al dibujar las ondas, el calor de sus mejillas al pasar la pluma, ese paseo por sus curvas. Una especie de voyeurismo místico. Una religión.

De golpe me sentí cansado, como el que vuelve de un largo viaje. Metí los archeles en su cartuchera y me fui silenciosamente, como un forastero.

sábado, 28 de junio de 2014

carnaval del 54




Del archivo fotográfico que me pasó la tía Eloísa, este reportaje de los primos vestidos para carnaval. En la primera están todos: La prima Isa es la mayor, entre las primas Elo, a la derecha, y Juli, a la izquierda. Debajo, el primo Antonio, la Pili y la prima Angelines.
Están hechas en el patio interior de Nieves 12. De los arcos de ladrillo, solo se conservan los de la pared sur, aunque pintados y con cristales, pues ahí hicieron una especie de salón pop con chimenea volada. El suelo, muy destrozado cuando yo lo conocí, se cambió. El vecino tenía una ventana a este patio que daba a una zahurda y cuando llegaban los olores siempre alguien hacía el comentario se están moviendo los guarros. La palmera aún existe, en una maceta mucho mayor hecha de forja y azulejos, si es la misma que la tía Elvira tenía en su patio. La escalera de la segunda foto es del patio principal. Como ahora, a partir de un descansillo se dividía en dos. Los escalones eran de conglomerado y la barandilla de madera.

domingo, 9 de marzo de 2014

hilario baila

No sé si va a clases, pero Hilario siempre ha rumbeado, dicen.

miércoles, 13 de febrero de 2013

entierro de la sardina en bolaños


carnaval en bolaños






Hemos podido ver a unas chicas vestidas de sus madres con la bata, conejitas con alas, al hijo de Kiko y sus amigos vestidos de su padre Paco, con el bigote, el puro y el ¡aire! y otros como el abuelo con la becicleta. Nosotros seguimos a Chencho, nuestro gurú.

martes, 12 de febrero de 2013