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domingo, 12 de mayo de 2019

el hojalatero italiano que fotografió huesca











Roberto Albasini Loucas (Vanzone, 1895 - Madrid, 1979) fue uno de los primeros fotógrafos aficionados que vivió en Huesca. Pasó su infancia a caballo entre España e Italia, país en el que se inició en la fotografía. Ya instalado en Huesca, se ganó la vida regentando el negocio familiar en Huesca, una hojalatería conocida como Los Italianos, en cuya trastienda tenía su laboratorio. Allí se reunía con otros fotógrafos como Nicolás y Elías Viñuales, Fidel Oltra, Ricardo Compairé y su gran amigo Ildefonso San Agustín. Fue también un gran aficionado a la montaña y colaboró activamente en la Sociedad Turismo del Alto Aragón. En 1950 abandonó definitivamente Huesca para ir a trabajar a Valladolid; en 1970 se instaló en Zaragoza y murió en Madrid en 1979.

Hace dos años, apareció en un desván su impresionante archivo de más de 4.000 imágenes en placas de vidrio, negativos y positivos originales. Las instantáneas están datadas entre 1905 y 1936, momento en que se traslada a Italia, y más del 75% de las fotografías están realizadas en Huesca, junto a otras en Italia y en menor grado lugares de España y un 20% en Italia. Ahora, una vez seleccionadas y restauradas por la Fototeca Provincial, se exponen 220 de ellas en la Diputación Provincial de Huesca bajo el título de Roberto Albasini: En los aledaños de la fotografía moderna. María Ángeles Lasala, nieta de Albasini, ha cedido el fondo a la Fototeca.

Albasini conoció sin duda los movimientos modernos, buscando las posibilidades artísticas de la fotografía con gran destreza en el manejo de la luz, los encuadres y el positivado. Ramón Lasaosa, comisario de la muestra, nos cuenta que captó por primera vez muchas de las prácticas y modelos sociales de la modernidad que asociamos con la sociedad oscense de hoy, como los primeros coches o los deportes importados de Europa, que causaban furor entre la burguesía (el Sport Club, el primer equipo de fútbol de Huesca, el grupo de mujeres que juega al croquet en el cerro de San Jorge o el primer avión de Gregorio Campaña). Formó parte de la intelectualidad oscense, de quien se han encontrado retratos, como la de Ramón Ancín y su esposa Conchita Monrás, de quienes fue amigo.

Las fotografías, parte del material y otros elementos complementarios podrán verse en la sala de exposiciones de la Diputación Provincial de Huesca. Sobre la expo y actividades paralelas puede solicitarse información en el correo didacticadiputaciondehuesca@gmail.com y en el número de teléfono 667823185.

FOTOSs: Excursión en coche, Ramón Acín  (1915). Coso Bajo (1910-1920). Gitanos (1920-1925). Autorretrato en su negocio (1034). Equipo del Sport Club de Huesca, campo de fútbol de la Estación (1911). Retrato. Jugando al croquet en el cerro de San Jorge. Los porches de Galicia.

ElDiarioAragón
MásDeArte.com
EuropaPress

viernes, 29 de marzo de 2019

el llanto de la excavadora, de pasolini


Solo amar, solo conocer 
cuenta; no haber amado 
ni haber conocido. Angustia

 vivir un amor ya 
consumado. El alma deja de crecer. 
Y en el calor encantado 

de la noche que plena 
en las curvas del río y las amodorradas 
visiones de la ciudad salpicada de luces 

resuena aún de mil vidas, 
desamor, misterio y miseria 
de los sentidos, se me vuelven enemigas 

las formas del mundo que hasta ayer 
eran mi razón de existir. 
Aburrido, cansado, me recojo a través de negras 

plazuelas de mercados, tristes 
calles en torno al puerto fluvial, 
entre las chabolas y los almacenes mezclados 

con los últimos prados donde mortal 
es el silencio: pero más allá, en el Viale Marconi, 
en la estación del Trastevere, parece 

dulce todavía la tarde. Vuelven en sus motos 
ligeras a sus afueras, a sus barrios, 
con mono o con pantalón de trabajo, 

pero bien dispuestos por un festivo ardor 
los jóvenes con sus compañeros 
en el asiento de atrás, sucios, rientes. 

Los últimos en llegar charlan de pie en voz 
alta en la noche, aquí y allá, en las mesas 
de los locales aún iluminados y semivacíos.

Estupenda y miserable ciudad 
que me has enseñado cuanto alegres y feroces 
los hombres aprenden siendo niños, 

las pequeñas cosas en que la grandeza 
de la vida en paz se descubre, cómo 
caminar adustos y dispuestos entre la multitud 

callejera, cómo dirigirse a otro hombre 
sin temblar, cómo no avergonzarse 
de mirar el dinero contado 

con dedos torpes por el revisor 
que suda frente a las fachadas que pasan 
con un color eterno de verano; 

a defenderme, a ofender, a tener 
el mundo ante los ojos y no 
solo en el corazón, a entender 

que pocos conocen las pasiones 
que yo he vivido: 
que no son mis hermanos, y eso que son 

hermanos por tener también 
pasiones de hombres 
que alegres, inconscientes y enteros 

viven experiencias 
para mí desconocidas. Estupenda y miserable 
ciudad que me has hecho 

experimentar esa vida 
desconocida hasta hacerme descubrir 
aquello que era el mundo para cada uno. 

Una luna moribunda en el silencio, 
que ella misma alimenta, palidece entre violentos 
ardores; que miserablemente en la tierra 

cambia de vida, entre hermosas avenidas, viejas 
callejuelas que aun sin dar luz deslumbran 
y, en todo el mundo, se reflejan

allá arriba, una cualquiercosa de cálidos nubarrones. 
Es la noche más hermosa del verano. 
Trastevere, que huele a paja 

de los viejos establos, a vacías 
tabernas, no duerme aún. 
Los rincones oscuros, las paredes plácidas 

resuenan con rumores hechizados. 
Hombres y muchachos regresan a casa 
—bajo festones de luces abandonadas— 

hacia sus callejones ciegos que obstruyen oscuridad e inmundicia 
con ese paso blando 
que invadía mi alma 

cuando amaba verdaderamente, cuando 
verdaderamente quería entender. 
Y, como entonces, desaparecen cantando.


II 

Pobre como un gato del Coliseo 
vivía en un arrabal todo cal 
y polvareda, lejos de la ciudad 

y del campo, apretujado día tras día 
en un autobús agonizante: 
y cada ida, cada vuelta 

era un calvario de sudor y ansias. 
Largas caminatas en la calurosa calima,
largos crepúsculos frente a los papeles 

revueltos sobre la mesa, entre calles de barro, 
tapias, chabolas encaladas 
sin ventanas, con cortinas a modo de puertas... 

Pasaban el vendedor de aceitunas, el trapero, 
de paso desde otra barriada 
con la mercancía tan llena de polvo que parecía 

robada, y un rostro cruel 
de jóvenes envejecidos entre los vicios 
de quien tiene una madre dura y hambrienta.

Renovado por el mundo nuevo, 
libre —una llamarada, un hálito 
que no sé nombrar— a la realidad 

que humilde y sucia, confusa e inmensa, 
bullía en la meridional periferia 
le daba un aire de serena piedad. 

Un alma en mí que no era solo mía, 
un alma pequeña en aquel mundo ilimitado 
crecía, nutrida por la alegría 

de quien amaba aun sin ser correspondido. 
Y todo se iluminaba por este amor 
tal vez apenas de muchacho heroicamente 

madurado así y todo por la experiencia 
que nacía a los pies de la historia. 
Me encontraba en el centro del mundo, 

en aquel mundo de suburbios tristes, beduinos, 
de amarillentas praderas acariciadas 
por un viento sin paz siempre, 

ya viniese del cálido mar de Fiumicino 
o del campo, donde la ciudad 
se perdía entre los tugurios; en aquel mundo 

que tan solo podía dominar, 
cuadrado espectro amarillento 
en la amarillenta calima, 

perforado por mil filas iguales 
de ventanas con barrotes, el Penal 
entre viejos campos y amodorrados caseríos. 

Los papelajos y el polvo que ciego 
el vientecillo arrastraba de acá para allá, 
las pobres voces sin eco 

de mujerzuelas venidas de los montes 
Sabinos, del Adriático, y aquí 
acampadas, ya con manadas

de muchachos duros y corruptibles 
estridentes con camisetas harapientas, 
con grises, desgastados pantalones cortos, 

los soles africanos, las lluvias alborotadas 
que convertían en torrentes de fango 
las calles, los autobuses en las últimas paradas 

hundidos en su rincón 
junto a una última franja de hierba blanca 
y algún ácido, ardiente vertedero... 

Era el centro del mundo, como era 
en el centro de la historia mi amor 
por ello: y en esta 

madurez que por estar naciendo 
era todavía amor, todo estaba 
a punto de volverse claro ¡era 

ya claro! —Aquel arrabal desnudo al viento, 
no romano, no meridional, 
no obrero, era la vida 

en su luz más actual: 
vida, y luz de la vida, repleta 
del caos no proletario todavía, 

como la quiere el áspero diario 
de la célula local, la última 
ola de la revista: hueso 

de la existencia cotidiana, 
pura, por ser demasiado 
cercana; absoluta, por ser 

demasiado miserablemente humana.

III 

Y ahora vuelvo a casa, rico de aquellos años 
tan nuevos que nunca habría pensado 
que llegaría a verlos envejecer dentro en un alma 

ahora tan lejana de ellos como de cualquier pasado. 
Subo las avenidas del Gianicolo, me detengo 
en una encrucijada modernista, en una calle arbolada, 

en una astilla de muro —ya estoy en el confín 
de la ciudad sobre la ondulada llanura 
que se abre ante el mar. Y renace 

en mi alma —inerte y oscura 
como la noche abandonada a su perfume
— una simiente ya demasiado madura 

como para ser capaz de dar fruto, en el cúmulo 
de una vida que se ha vuelto cansada y brutal... 
Aquí está Villa Pamphili, y en la luz 

que tranquila reverbera 
en los muros nuevos, la calle donde vivo. 
Junto a mi casa, sobre la hierba 

reducida a una baba oscura, 
una huella en las zanjas recién 
excavadas, en la toba —abatida toda rabia 

de destrucción— trepa contra ralos edificios 
y pedazos de cielo, inanimada, 
una excavadora... 

¿Qué pena me invade ante estas herramientas rendidas, dispersas 
aquí y allá en el fango, 
ante ese paño rojo 

que pende de un caballete, en el rincón 
donde la noche parece más triste? 
¿Por qué, ante esta apagada pintura de sangre 

mi conciencia resiste tan ciegamente, 
se esconde, casi por un obsesivo 
remordimiento que en el fondo por completo la aflige?

¿Por qué dentro de mí existe el mismo sentimiento de días para 
siempre incumplidos 
que hay en el muerto firmamento 

en que palidece esta excavadora? 

Me desvisto en una de las mil habitaciones 
en que la gente duerme en Via Fonteiana. 
Puedes excavar en todo, tiempo: esperanzas, 

pasiones. Pero no en estas formas 
puras de la vida. Se reduce 
a eso el hombre, cuando se colman 

la experiencia y la fe 
en el mundo... ¡Ah, días de Rebibbia, 
que creía perdidos en una luz 

de necesidad, y que ahora son tan libres! 

Junto al corazón, entonces, por los difíciles 
azares que habían extraviado 
mi camino hacia un destino humano, 

alcanzando ardorosamente la claridad 
negada, e ingenuamente 
el negado equilibrio —a la claridad 

y el equilibrio añadía también, 
por aquel entonces, la mente—. Y el ciego 
remordimiento, señal de toda mi 

lucha con el mundo, lo rechazaban 
adultas aunque inexpertas ideologías... 
El mundo se volvía sujeto 

no ya de misterio, sino de historia. 
Se multiplicaba por mil la alegría 
de conocerlo —como 

todo hombre, humildemente, lo conoce—. 
Marx o Gobetti, Gramsci o Croce 
estuvieron vivos en vivas experiencias.

Cambió la materia de una década de oscura 
vocación cuando di todo lo que tenía para aclarar 
lo que parecía la figura ideal 

de una generación ideal; 
en cada página, en cada línea 
que escribía, en el exilio de Rebibbia 

estaban aquel fervor, aquella presunción, 
aquella gratitud. Nuevo 
en mi nueva condición 

de viejo trabajo y vieja miseria, 
los pocos amigos que venían 
a verme, en las mañanas o en las tardes 

olvidadas cerca del Penal, 
me vieron inmerso en una luz viva: 
dócil, violento revolucionario 

de corazón y de lengua. Un hombre florecía.


IV 

Me aprieta contra su vello viejo 
que huele a bosque y me posa 
el hocico con sus colmillos de semental 

o errante oso con aliento a rosas 
en la boca: y en torno a mí la habitación 
es un calvero, la capa corroída 

de los últimos sudores juveniles danza 
como un velo de polen... Y de hecho 
camino por una carretera que avanza 

entre los primeros prados primaverales, 
marchitos bajo una luz paradisíaca... 
Transportado en la ola de mis pasos, 

esta que dejo a mis espaldas, leve y miserable, 
no es la periferia de Roma: «¡Viva 
México!» está escrito con cal o rayado

en las ruinas de los templos sobre los muros 
bajos en las encrucijadas, decrépitos, ligeros como huesos, 
en los confines de un ardiente cielo sin un escalofrío. 

He aquí, en lo alto de una colina 
entre las ondulaciones, que se alternan con las nubes, 
de una vieja cordillera de los Apeninos, 

la ciudad medio vacía, aunque es la hora 
de la mañana en que las mujeres van 
a hacer la compra —o de la tarde que dora 

a los niños que corren con sus madres 
fuera del patio de la escuela—. 
Un gran silencio ha invadido las calles: 

desaparecen los adoquines un poco sueltos, 
viejos como el tiempo, grises como el tiempo, 
y dos largos listones de piedra 

corren a lo largo de las calles, lustrosos y apagados. 
Alguien, en ese silencio, se mueve: 
alguna vieja, algún muchacho 

perdido en sus juegos, donde 
los portales de un dulce siglo XVI 
se abren serenos, o una fuente 

con bestezuelas taraceadas en los bordes 
que vigila la pobre hierba 
en algún cruce o rincón olvidado. 

Se abre sobre la cima de la colina la yerma 
plaza del municipio, y entre casa 
y casa, más allá de un muro y el verde 

de un gran castaño, se ve 
el espacio del valle: pero no el valle. 
Un espacio que tiembla, azul celeste 

o apenas céreo... Pero la calle continúa 
más allá de aquella familiar plazuela 
suspendida en el cielo de los Apeninos:

se interna entre casas más apiñadas, baja 
un poco a media ladera: y más abajo 
—cuando las barrocas chabolas ralean— 

entonces aparece el valle —y el desierto—. 
Unos pocos pasos más allá 
hacia la curva, donde la calle 

va ya entre desnudos pradillos empinados 
y rizados. A la izquierda, contra la pendiente, 
como si se hubiera desplomado la iglesia, 

se alza abarrotada de frescos, azules, 
rojos, un ábside, surcado por volutas 
a lo largo de las borradas cicatrices 

del derrumbe —al que solo 
la inmensa concha ha sobrevivido, 
abierta de par en par hacia el cielo—. 

Es allí, allende el valle, allende el desierto, 
donde comienza a soplar un aire ligero, desesperado, 
que incendia la piel de dulzura... 

Es como esos aromas que desde los campos 
de hierba mojada o de las orillas de un río 
soplan hacia la ciudad en los primeros 

días del buen tiempo: y tú 
no los reconoces, pero enloquecido, 
casi con remordimiento, intentas entender 

si son de un fuego encendido sobre la escarcha, 
o bien de uvas o nísperos perdidos 
en algún granero templado 

por el sol de la mañana magnífica. 
Yo grito de alegría, tan herido 
en el fondo de los pulmones por ese aire 

que como una tibieza o una luz respiro mientras 
contemplo el valle.



Basta un poco de paz para descubrir 
dentro del corazón la angustia, 
límpida como el fondo marino 

en un día soleado. Reconoces, 
sin probarlo, el mal 
ahí en tu lecho, pecho, muslos 

y pies abandonados, como 
un crucificado —o como Noé 
borracho, que sueña, ingenuamente ignorante 

de la alegría de sus hijos, los 
fuertes, los puros, que de él se burlan...—. 
El día está ya sobre ti, 

en la habitación, como un león durmiente. 

¿Por qué carreteras el corazón 
se descubre pleno, perfecto incluso en esta 
mezcla de beatitud y dolor? 

Un poco de paz. Y en ti despierta de nuevo 
está la guerra, está Dios. Apenas se han relajado las pasiones, 
apenas se ha cerrado la fresca 

herida y tú ya estás gastando 
el alma, que parecía derrochada, 
en acciones de sueño que no rentan 

nada... Y encendido 
por la esperanza —que, viejo león 
hediondo de vodka, desde su ofendida 

Rusia jura Jrushchov al mundo— 
te das cuenta de que sueñas. 
Parece arder en el feliz agosto 

en paz toda pasión tuya, todo 
interior tormento tuyo, 
toda ingenua vergüenza tuya

de no estar —en el sentimiento— 
en ese punto en el que el mundo se renueva. 
En lugar de ello, ese nuevo soplo de viento 

te empuja de nuevo hacia atrás, hacia donde 
todo viento decae: y allí, tumor 
que se recrea, reencuentras 

el viejo crisol de amor, 
el sentido, el terror, la alegría. 
E incluso en ese sopor 

la luz se encuentra... en esa inconsciencia 
de infante, de animal o ingenuo libertino 
está la pureza... cuanto más heroicos 

los furores en esa fuga, más divino 
es el sentimiento de ese bajo acto humano 
que se consuma durante el sueño matutino. 


VI 

En la abandonada llama 
del sol matutino —que arde de nuevo 
acariciando las obras, caldeando 

los marcos de las ventanas— desesperadas 
vibraciones arañan el silencio 
con su lejano sabor a leche vieja, 

a plazuelas vacías, a inocencia. 
Al menos desde las siete esa vibración 
crece con el sol. Pobre presencia 

de una docena de viejos obreros 
con harapos y camisetas abrasadas 
por el sudor cuyas voces raras, 

cuyas luchas contra los diseminados 
bloques de fango, las coladas de tierra, 
parecen deshacerse en ese estremecimiento.

Pero entre las tenaces explosiones de la 
excavadora, que ciega desmembra, ciega 
disgrega, ciega ase, 

como sin objeto, 
un grito improviso, humano 
nace y a intervalos se repite 

tan loco de dolor que humano 
de pronto deja de parecerlo y se reconvierte 
en muerto chirrido. Después despacio 

renace en la luz violenta 
entre los edificios cegados, nuevo, igual, 
grito que solo el moribundo 

en el instante último puede proferir 
bajo este sol que cruel brilla todavía 
endulzado ya por un poco de brisa marina... 

Quien grita es, desgarrada 
por meses y años de matutinos 
sudores —acompañada 

por la muda multitud de sus canteros—, 
la vieja excavadora: pero, a la vez, el fresco
 hoyo asolado, o, en el breve confín 

del horizonte del siglo XX, 
todo el barrio... es la ciudad, 
arrojada a un resplandor festivo, 

—es el mundo—. Llora cuanto tiene 
fin y recomienza. Cuanto era 
área herbosa, espacio abierto, y se ha convertido 

en patio, blanco como cera, 
encerrado en un decoro que es rencor; 
cuanto era casi una vieja feria 

de frescos enlucidos retorcidos al sol 
y se ha convertido en un nuevo aislado enjambre, 
en un orden que es dolor apagado.

Llora cuanto cambia, por más 
que sea para mejorar. La luz 
del futuro no deja ni por un instante 

de herirnos: es aquí donde nos quema 
en cada uno de nuestros actos cotidianos, 
con angustia incluso en la confianza 

que nos da la vida, en el impulso gobettiano 
hacia estos obreros que en silencio izan, 
en el barrio del otro frente humano, 

su andrajo rojo de esperanza. 


lunes, 26 de noviembre de 2018

las polaroids de tarkovsky: nostalgia del presente

































La cultura de masas moderna, dirigida al consumidor, la civilización de las prótesis, está paralizando las almas de las personas, estableciendo barreras entre el hombre y las cuestiones cruciales de su existencia, su conciencia de sí mismo como un ser espiritual.


Nunca intente transmitir su idea a la audiencia, es una tarea ingrata y sin sentido. Muéstrales la vida, y encontrarán en sí mismos los medios para evaluarla y apreciarla. Podemos expresar nuestros sentimientos con respecto al mundo que nos rodea, ya sea por medios poéticos o descriptivos, prefiero expresarme metafóricamente. Déjame enfatizar: metafóricamente, no simbólicamente. Un símbolo contiene en sí mismo un significado definido, cierta fórmula intelectual, mientras que la metáfora es una imagen. Una imagen que posee las mismas características distintivas que el mundo que representa. Una imagen, a diferencia de un símbolo, tiene un significado indefinido. No se puede hablar del mundo infinito aplicando herramientas definidas y finitas. Podemos analizar la fórmula que constituye un símbolo, mientras que la metáfora es un ser dentro de sí mismo, es un monomio. Se deshace en cualquier intento de tocarlo.

En mi opinión, los eventos de nuestra vida cotidiana son mucho más misteriosos que los que podemos presenciar en la pantalla. Si intentáramos recordar todos los eventos, paso a paso, que tuvieron lugar durante un solo día de nuestra vida y luego los mostramos en la pantalla, el resultado sería cien veces más misterioso que mi película.


- Endrei Tarkovsky



Estas 60 fotografías fueron realizadas por Tarkovsky en Rusia e Italia entre 1979 y 1984 y se han compilado en el libro Instant Light: Tarkovsky Polaroids . Como puedes ver, Tarkovsky era tan adepto a las Polaroids como al cine. Su ojo cuidadoso está en evidencia en estos paisajes rusos e italianos con sus sombras profundas y luz solar brillante, así como en los momentos íntimos que Tarkovsky capturó con su esposa, su hijo y su perro. En el prólogo Tonino Guerra explica: En mi boda en Moscú en 1977, Tarkovsky tenía una cámara Polaroid en la mano y se movió felizmente con este instrumento que descubrió recientemente. Tarkovsky a menudo reflexionaba sobre la forma en que pasa el tiempo y eso es precisamente lo que quería: detenerlo, incluso con estas rápidas vacunas Polaroid. La melancolía de ver las cosas por última vez es la esencia altamente misteriosa y poética que nos dejan estas imágenes. Es como si Andrei quisiera transmitir su propio disfrute rápidamente a los demás. Y se sienten como una despedida cariñosa.

Gerry sobre Stalker y Tarkovsky
noBrashFestivity

miércoles, 15 de agosto de 2018

jueves, 17 de agosto de 2017

las catacumbas de los capuchinos de palermo


En las afueras de Palermo, en Via Cappuccini, las catacumbas están situadas bajo un monasterio de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que fue originalmente un cementerio en el siglo XVI, y en el que los monjes excavaron criptas subterráneas. En sus orígenes las catacumbas estaban destinadas solamente para los frailes, pero ya en el siguiente siglo, y dado el éxito del costoso proceso de momificación que los monjes habían adquirido en sus viajes misioneros a América del Sur y África del Norte, las familias palermitanas pudientes solicitaron que sus familiares fallecidos fueran depositados en las mismas. Algunas personas describían en su última voluntad el atuendo con el que deseaban ser recordados, otras demandaban que sus ropas fuesen cambiadas regularmente.

Básicamente los pasos que llevan a la conservación de los cadáveres pasaban por mantener el cadáver en una cueva de piedra de tufo, extremadamente porosa, de ambiente muy seco para que el cuerpo “sudase” la humedad durante ochos meses, exponerlo posteriormente al sol para que se secase más y darles después una limpieza de vinagre. El primer cuerpo tratado de esta manera que todavía existe hoy fue el del hermano Silvestro da Gubbio que murió en 1599.

Las más de 2.000 momias de la catacumbas de los capuchinos en Palermo, están ordenadas por salas según su estatus en el mundo: hombre o mujer, sacerdote o profesional, niño o adulto. Existe incluso una cámara para las vírgenes. El panorama resulta notablemente grotesco y no solo por los gestos desencajados de las calaveras, también por las briznas de paja que escapan de los rellenos y las ropas apolilladas de otros tiempos.

En ellas está basada la famosa estampa en la que el genial dibujante y grabador holandés Maurits Corneliis Escher, tras un viaje por el sur de Italia, representa un grupo de sacerdotes momificados, dispuestos en hornacinas y con la sentencia “Ite, missa est“ (Idos, la misa ha terminado) bajo sus pies. En esta imagen, además de un extraordinario y tradicional memento mori (recuerda que morirás), algunos han querido ver un indicio cristalino de la filiación gnóstica y anticristiana del artista, patente en otros aspectos de su obra. Efectivamente, la leyenda sobre el final de la misa parece insinuar el fin de la religión católica.

El gobierno italiano prohibió la momificación en el lugar en 1881, aunque se realizó una excepción en 1920 para la niña de dos años Rosalía Lombardo cuyo cuerpo notablemente bien conservado adopta el sobrenombre de la bella durmiente. Fallecida en 1920, fue momificada a petición de su padre. El encargado de dicha tarea fue el químico Alfredo Salafia, que procedió a embalsamar el cadáver de la niña conforme a su innovadora y duradera técnica. Un reciente estudio con rayos X demostró que el cuerpo, incluidos los órganos, se encuentran en muy buen estado de conservación y con un grado de deterioro muy leve.

Recientemente un equipo de investigadores del Instituto de Momias y Hombre de Hielo de Bolzano (Italia) encabezados por el bioantropólogo Dario Piombino-Mascali ha tenido acceso a las notas personales de Alfredo Salafia, e incluso han podido hablar con descendientes directos del mismo para descubrir la técnica empleada por el embalsamador, que nunca desveló en vida. Ésta consistía en una mezcla de formol diluido en agua que actuaba como desinfectante y eliminaba a las bacterias, saturada en sales de zinc. También incluía alcohol, que junto el clima particularmente seco de las catacumbas podría haber secado el cuerpo de Rosalía y permitir de este modo su momificación; ácido salicílico, que evitaba la proliferación de hongos, y glicerina, que prevenía el excesivo secamiento de los tejidos corporales.

Merece la pena visitar el cementerio contiguo, con hermosos panteoness racionalistas.

viernes, 16 de diciembre de 2016

microcoches europeos. la colección de bruce weiner (3)


Mochet tipo K de 1948. El primer Mochet sin pedales también sería el primero en tener carrocería metálica, aunque con puertas de madera). Conserva las características mecánicas del modelo H anterior, pero ahora con un motor 125cc Zurcher con una caja de cambios separada de tres velocidades. Solo tenían un faro, pero algunos coches fueron entregados con un par de faros montados en los guardabarros delanteros, como este modelo. Se fabricaron aproximadamente 650 unidades, del 47 al 49. Fabricante: Etablissements Charles Mochet, Puteaux, Francia.








Mochet CM de 1949. Nueva variante del microcoche de la empresa Etablissements Charles Mochet, de Puteaux, Francia, con motor monocilíndrico de 2 tiempos Zurcher de 99cc para una potencia de 2 Cv. Tres velocidades y faros de 6 voltios.










Mochet CM-125 Luxe de 1950. El Mochet francés era un coche verdaderamente atemporal, de diseño simple, que se vendió bien, en parte porque no se requiere una licencia, y en parte porque los nuevos coches franceses de posguerra de Citroën y Renault tardaron mucho en salir. Tuvo frenos de banda, hasta el final, y un pequeño motor Zurcher para 3,5 CV. Tuvo un estricto periodo de rodaje en que había que hacer paradas de cinco minutos cada cierto tiempo.



Mochet CM-125 Grand Luxe de 1953. En1952 Charles Mochet lanza la Camionette y un atractivo roadster llamado el CM-125 Gran Lujo, que se ajustaba más al moderno estilo. La gran lujo fue ligeramente más largo que el Luxe, que permitió un elegante y deportivo estilo de la carrocería. El chasis era el mismo para los tres modelos, por lo que el nuevo cuerpo sin puerta, construida por el carrocero antes de la guerra Antem, originalmente se sentó en las mismas ruedas de alambre de araña como el Luxe, dando al coche un aspecto distintivo. Estas ruedas pronto serían reemplazados por el perforado de tipo disco sólido. Contó con faros integrados en los guardabarros y una parrilla con lamas de aluminio pulido.


Mochet CM-125Y Berlina de 1956. Se presentó el fin de año de 1954, con nueva carrocería con puertas con los marcos de las ventanas laterales y tracción trasera. Continuó su rejilla/tira de aluminio del Grand Luxe. La Y viene de Ydral, su nuevo motor monocilíndrico de 2 tiempos, 125cc para 5 Cv de potencia. Su primer motor de arranque Gyrostarter dio problemas, y se cambió por el Renault Juvaquatre. En 1958 cambió la legislación francesa, por lo que el tamaño del motor permitida para conducir sans permis se cambió a 50 cc, y la base de clientes para las Mochets 125cc de larga duración disminuyó drásticamente. Georges Mochet decidió abandonar la producción. 
Fabricante: Etablissements Charles Mochet, Puteaux, Francia.




Champion CH-2 de 1949BMW en Múnich había cerrado en la guerra y el ex ingeniero Hermann Holbein decidió poner su experiencia a trabajar diseñando y construyendo un coche pequeño para las masas. Su primer proyecto, el champion CH-1,  de paneles fáciles de fabricar, motor Triumph 5HP de moto y ruedas también de moto. Asociado a otras empresas, pudo seguir adelante con una versión actualizada : El Champion CH-2. Sólo 11 ejemplos del CH-2 fueron construidos antes de que el próximo modelo fuera fabricado. 











Fiat 500 Topolino C de 1949. La versión para Europa del Topolino está dispuesta desde el 49. Carrocería sedán con dos puertas y techo solar de tela. Motor de 569cc para una potencia de 16 Cv. Tracción trasera, cambio manual de 4 velocidades. Velocidad máxima de 95 km/h.





Gutbrod Superior 600 de 1951. Fue fabricado desde 1950 hasta 1954. Tenía un techo descapotable rollback, un techo de tela que se desplegaba hacia atrás y listo! un convertible. El motor era un gemelo 593cc montado en el frente consiguiendo 20 Cv de potencia. Eran conocidos como de fácil conducción, y ruidosos. Hubo un modelo 700 posterior a éste, con 6 Cv de fuerza extra y 70 centímetros cúbicos más. De ambos modelos, se hicieron 7.726. 








Inter 175A Berline de 1955. En los cincuenta, los constructores de aviones SNCAN travajan sobre el diseño de un auto-scooter usando los primcipios del diseño aeromaútico. De un solo asiento, en 1954 pasó a biplaza tandemLas ruedas delanteras se montaron sobre mástiles plegables hacia delante por debajo del coche para permitir estacionarlo en espacios estrechos. Luego eliminado en los coches posteriores. Motor de dos tiempos Hydral, un cilindro, 175cc y 8Cv. El último coche se produjo en el 56, y los últimos emsamblados en el 58.





Reyonnah de 1951El prototipo del Sr. Hannoyer (Reyonnah hacia atrás) en el Salón de París de 1950 se desarrolló convirtiéndose en un descapotable, el parabrisas se hace fijo, los guardabarros traseros más planos, y las ruedas cambian de patrón. Versiones de techo: tapas de lona, techos duros con techo solar, y burbujas transparentes. El volante y los controles de dirección están metidos en un espacio demasiado estrecho y la suspensión delantera daba muchos problemas. Motor monocilíndrico de cuatro tiempos, 175cc, 8,5Cv y cuatro velocidades.






Prototipo Daus 214 de 1954. Fabricado por Daus Werke en Hamburgo, Alemania. Una sola unidad con motor OIT de un cilindro, 2 tiempos, 197cc y 9,5 Cv. Otto Daus provenía de una familia de la aviación, al igual que muchos constructores de microcoches de la época. Después de haber diseñado, construido y volado sus propios aviones para 1914, trabajó durante mucho tiempo, 1929-1947, como el jefe de diseño de la empresa Vidal und Sohn, los responsables de los camiones de tres ruedas conocidos como Tempo.





Lloyd LS 300 Kombi de 1952El LP 300 fue conocido cariñosamente como el "Leukoplastbomber"(bombardero tirita), vino con un cuerpo de madera contrachapada recubierta de cuero de imitación. Las ruedas eran grandes, el propio coche era lo suficientemente rápido, y tenía suficiente espacio para cuatro personas. Por lo tanto, era mucho mejor que algunos coches como el Isetta o Heinkel cabina. A partir de 1951 hacia delante, el LP 300 también estaba disponible como un convertible, cupé, y monovolumen.



Lloyd LP 400 de 1954Lloyd tenía la mayor variedad de modelos de la posguerra. El LP 300 era un coche rápido y tenía suficiente espacio para cuatro personas. En 1955 la carrocería se hace metálica y el motor de 4 tiempos alcanza los 600cc. La empresa matriz Borgward quiebra en 1961.










Lloyd LP-600 Alexander de 1958. En 1958 el motor Lloyd había alcanzado la madurez de 600cc para 19 Cv. En 60 segundos se alcanzaban los 100 km/h. El 600 Alexander tenía un nivel de acabado más alto que el estándar 600 y un cuadro de engranajes con una transmisión completamente sincronizada. El Alexander TS llegaría a 25 los CV de potencia.
Piaggio Vespa 400 de 1957.  Vespa había empezado a construir un pequeño convertible ya en 1952. El prototipo fue lanzado en 1956. Vespa, preocupada por el Fiat 500, estrena el modelo 400 ten el Salón de París en 1957. Tuvo mucho éxito durante su primer año, e incluso exportó vehículos a Alemania. Otros fabricantes de automóviles estaban ofreciendo minis más exitosos y más fuertes, y por esta razón la producción de la Vespa 400 se suspendió en 1961, aunque sus scooters y vehículos de tres ruedas se siguen construyendo hasta la actualidad.



Goggomobil Dart de 1958. Bill Buckle tuvo la idea de un pequeño coche deportivo abierto basado en el chasis Goggo Coupe, y se la pasó a ingeniero local Stan Brown, un diseñador de coches de carreras. El resultado fue un biplaza aerodinámico y muy elegante La pequeña capota no deja más que una abertura muy pequeña para entrar por una pequeña puerta se ofrece en modelos posteriores. Un techo duro bisagra trasera y el motor de 400 cc también estaban disponibles. El parabrisas era una ventana trasera de un Renault Dauphine.Unos 700 coches fueron construidos de fibra de vidrio. Motor Glas de dos tiempos, dos cilindros, 293cc y 15 Cv.







Goggomobil T-250 Sedan/ Techo solar, de 1958. El joven sobrino del presidente de la compañía, Hans Glas, cuyo apodo era Goggi, fue el culpable de su nombre. El pequeño coche fue un éxito. El Goggomobil se convirtió en el más grande microcoche venta en Alemania, con unos 260.000 ejemplos para encontrar compradores. Era conocido por su sonido silbante y por su fiabilidad. Este coche está equipado con el pequeño techo solar de serie, así como una serie de accesorios de época, como la extraña parrilla delantera. El interior ha sido restaurado con paño negro de 1950. El color de fábrica se llama Turkisgrun. Fabricante: Hans Glas GmbH, Alemania Dingolfing.






Autobianchi Bianchina Cabriolet Especial de 1961Bianchi, de 1899, se fusionó en 1955 con Pirelli y Fiat para convertirse en Autobianchi y producir autos pequeños basados en el Fiat 500. El Bianchina Transformabile hizo su debut en1957. En 1958 se le puso un motor más fuerte. En el mismo año Bianchi vendió sus acciones a sus socios, Fiat y Pirelli. En 1960, se fabricaron más de 30.000 micrococoches. El modelo más bonito de la serie, el cabrio Bianchina, de lujo, con un montón de adornos de cromo e interior atractivo, tiene el motor Fiat 500 Sport y es más raro y, tal vez, incluso más atractivo que el coupé.


NSU/FIAT Autobianchi Panorama Tipo D de 1965. En 1905, NSU, fabricante de máquinas de tejer y luego bicicletas, Fabrica los primeros coches. Fiat adquirió los derechos de la NSU. Autobianchi era una colaboración entre las tres empresas italianas de Bianchi, Fiat y Pirelli. Esta fórmula resultó popular cuando se hicieron cinco estilos de carrocería basada en el Fiat 500 chasis. Este coche se comercializó en Alemania como Panorama estándar y como Panorama mit Sonnendach (con techo corredizo).

Goggomobil Coupé de 1964Con la vista puesta en el mercado americano, se hizo esta esta versión del Gogomobil. A partir de marzo de 1957, el cambio eléctrico se introdujo en este modelo. Sólo está disponible como un coupé de techo duro en el acabado de 2 tonos, un solo color se le ofreció hacia el final. El motor de 300 cc terminó septiembre de 1965, el 400 en se
Glas ISARD de 1960Hans Glas y sus ingenieros pensaron que había un mercado para un coche algo más grande que un Microcar, pero no tan grande (o caro) como un Volkswagen. El coche fue presentado en 1957 como el gran Goggomobil , con un motor de 600 o 700cc y un montón de espacio para una familia de cuatro personas y su equipaje. El Glas ISARD se le conoció en el Reino Unido como el REAL. Se cambió el nombre para algunos mercados extranjeros cuando se rumoreó que Isar significa tonta en algún lenguaje. También la abreviatura Goggo en argot francés es algo indeseable, por lo que finalmente el coche fue conocido como el GLAS Isard.




Veloto Super Deluxe de 1980. Jean Bellier introdujo en 1979 el Veloto C-10S, o Super Deluxe con un nuevo cuerpo de fibra de vidrio totalmente cerrado, suspensión completamente independiente y motor monocilíndrico Motobecane de 49cc paea 3 Cv de potencia. El último producto de Bel-Motors fue la C-12 Minoto de 1980, que en 1982 fue absorbida por Arola, que continuó la producción. La empresa familiar se reorganizó como Automóviles Bellier. Jean-Jaques Bellier continúa en la actualidad la construcción de los coches pequeños.