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martes, 19 de noviembre de 2019

cosecha diaria (72)



Ya llegan las heladas. Limpio los bancales de los tomates. Guardo los verdes en conserva de vinagre y aguasal. Nos cenamos los más tiernos fritos a la americana (rebozados con harina de trigo y cayena, huevo y leche, y harina de maiz y pan rallado). Metemos las aceitunas en sosa y, al día siguiente, nos comemos una deliciosa tortilla de acelgas de campo.

Las aceitunas debería haberlas cogido en octubre.

miércoles, 24 de julio de 2019

jueves, 13 de diciembre de 2018

últimos cherry

Esto es lo que ha quedado a mediados de diciembre del experimento con los cherry de colores.

jueves, 29 de noviembre de 2018

domingo, 25 de noviembre de 2018

cosecha diaria (64)


Acelgas de campo y, sorprendentemente en estas fechas, tomates cherry y azules.

lunes, 29 de octubre de 2018

cosecha diaria (63)





Cosecha de hierbas (acelgas de campo, hierbabuena, menta, hinojo, tomillo, apio y albahaca) y tomates para la comida de hoy: risotto de hierbas y ensalada.

domingo, 14 de octubre de 2018

cosecha diaria (62)



Tomates cherry y tomates azules verdes para conserva en sal.

miércoles, 3 de enero de 2018

el hondo es una laguna volcánica

                                                     que algún día recorreremos en barca.

viernes, 24 de noviembre de 2017

los últimos tomates

Limpio los bancales de las plantas ya heladas. En los sitios más escondidos aparecen tomates sanos y maduros que han sobrevivido abrigados. Será la última ensalada del año. A partir de ahora toman el relevo las lechugas, de las que ya como los primeros brotes.

sábado, 11 de noviembre de 2017

últimos pimientos

Los siguientes se helarán.

lunes, 16 de octubre de 2017

domingo, 1 de octubre de 2017

viernes, 22 de septiembre de 2017

cosecha diaria (59)



Azufaifas, tomates, calabacines, pimientos y guindillas blancas y rojas.

viernes, 1 de septiembre de 2017

progresos en la huerta


En dos años y medio.

jueves, 31 de agosto de 2017

azufaifo



El zizuphus jujuba (azufaifo, azofeifa, azofaifo, jujube o chichindra) es una especie vegetal caduca originaria del sur y este de Asia de entre dos y medio a diez metros de altura, dependiendo directamente de la humedad, de tronco derecho con bultos y corteza muy arrugada. Sus hojas escasamente pecioladas, alternadas, coriáceas, de 2 a 7 cm de longitud, de forma oblonga a oval-lanceolada con el margen finamente dentado y el ápice agudo o redondeado. La hoja tiene tres nervios principales longitudinales y presenta dos estípulas espinosas en su base. Son color es verde claro brillante. Su ramificación es muy densa, y está dotada de fuertes espinas, como resultado de su adaptación natural para protegerse de los herbívoros. Presenta ramillas de color verdoso, zigzagueantes y colgantes. Florece entre abril y agosto. Las flores son pequeñas, de tres a cuatro mm. de diámetro, poco llamativas, pentámeras, verdosas y situadas en grupos de dos o tres a lo largo de las ramas. Su fruto, la azufaifa, azofeifa,​ jínjol o guínjol, o jíjol es una drupa comestible globosa con aspecto de aceituna de dos a tres centímetros de longitud, con una sola semilla y de piel verdosa que deviene marrón rojiza cuando está madura, con textura y sabor a manzana, con la piel más dura. Se recolectan a finales de verano o principios de otoño. Es un árbol de fácil cultivo, pues no requiere de apenas atenciones. Necesita una exposición de pleno sol. Aguanta el frío, pero no fríos severos. No necesita podas, solo aclareo, y soporta todo tipo de tierra. Soporta aguas y tierras alcalinas. Se multiplica por esquejes y semillas.


Ha llegado al borde de la extinción debido a la calidad de su madera (se talaron prácticamente todos los azufaifos para construir la Armada Invencible española) y por su lento crecimiento. Se encuentran algunos en Murcia y Almería (España). Es un árbol desgraciadamente olvidado pero tuvo un prestigio popular en Cataluña y en todo el Mediterráneo, como demuestra la dicha tradicional catalana: “Ser més eixerit que un gínjol”, o las fiestas italianas de los azufaifos de Aqua Petrarca, o la calificación persa como árbol del amor.

Se conoce como la fruta de la inmortalidad pues tiene grandes poderes medicinales. Contiene magnesio, potasio, cobre, calcio, niacina y más vitamina C que cualquier cítrico. Esto fortalece el sistema inmune y previene enfermedades propias de los climas fríos (un té con el fruto seco). Tiene la capacidad de disminuir la presión arterial, y es bueno para la anemia y problemas hepáticos. Sus flavonoides tienen un gran poder antioxidante. Sus semillas calman los nervios, la medicina tradicional china lo ha usado para lograr un buen ritmo de sueño. Cuenta con dieciocho aminoácidos, buenos para formar proteínas, una de las cuales ayuda a la cicatrización de las heridas. Las hojas se usan como desodorante y repelente de insectos. La infusión de hojas es buena para la diarrea. Con la corteza se hace un colirio para desinflamar los ojos.

En Barcelona ciudad, existe un azufaifo monumental, foto de la izquierda de Rafael Zaragoza, de un valor incalculable por su belleza, dimensión y edad. Se trata del azufaifo más grande de Catalunya y posiblemente de Europa. Un árbol que en el pasado y ahora en el presente, está protagonizando una lucha ciudadana para su conservación. Sería del todo intolerable, inadmisible y vergonzoso que esta obra de arte, irrepetible como es este árbol monumental, no sea merecedora de ninguna protección.





Las fotos superiores son del azufaifo de mi huerta en época de floración y ahora, a finales de agosto. 
En primavera se siembran los huesos escarificados.

miércoles, 30 de agosto de 2017

jueves, 10 de agosto de 2017

cosecha diaria (58)



De los tomates más ricos que encontré en el mercado, seleccioné uno de ellos y lo hice rodajas. Las de la parte central del tomate, las puse sobre un lecho de sustrato en una caja de porexpan de esas que tienen en las pescaderías, debidamente agujereado su fondo, y luego cubrí con una capa más de sustrato, que mantuve húmedo regándolo con frecuencia. De las semillas que allí había, salieron pequeñas plantitas, que más tarde puse en macetas pequeñas y después en la tierra enriquecida con sustrato, humus y algo de estiércol de oveja en el invernadero, pues ya serían tardíos. Largo tiempo crecieron sin dar ningún fruto, lo que me hizo pensar que eran estériles. Pero aguanté y seguí regando. Y aparecieron unos tomatitos verdes diminutos. Ahora el invernadero parece una selva con matas que superan los dos metros de altura, sobrepasando y tapando la estructura que los sujeta, y empiezan a colorearse los tomates, aunque con características diferentes del padre: surcos menos profundos, más grandes y piel más fina. Quizás se deba a que el origen de este tomate viene de una selección artificial del tomate tradicional de la Vega de Almería. O simplemente que la variedad sea muchamiel, y no raf como anunciaba el frutero, que es menos rugoso, necesita de altas temperaturas y fuerte luz, la planta no para de crecer hasta la llegada del frío y no necesita la salinidad del agua que pide el raf.

sábado, 5 de agosto de 2017

sábado, 29 de julio de 2017