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domingo, 12 de mayo de 2019

el hojalatero italiano que fotografió huesca











Roberto Albasini Loucas (Vanzone, 1895 - Madrid, 1979) fue uno de los primeros fotógrafos aficionados que vivió en Huesca. Pasó su infancia a caballo entre España e Italia, país en el que se inició en la fotografía. Ya instalado en Huesca, se ganó la vida regentando el negocio familiar en Huesca, una hojalatería conocida como Los Italianos, en cuya trastienda tenía su laboratorio. Allí se reunía con otros fotógrafos como Nicolás y Elías Viñuales, Fidel Oltra, Ricardo Compairé y su gran amigo Ildefonso San Agustín. Fue también un gran aficionado a la montaña y colaboró activamente en la Sociedad Turismo del Alto Aragón. En 1950 abandonó definitivamente Huesca para ir a trabajar a Valladolid; en 1970 se instaló en Zaragoza y murió en Madrid en 1979.

Hace dos años, apareció en un desván su impresionante archivo de más de 4.000 imágenes en placas de vidrio, negativos y positivos originales. Las instantáneas están datadas entre 1905 y 1936, momento en que se traslada a Italia, y más del 75% de las fotografías están realizadas en Huesca, junto a otras en Italia y en menor grado lugares de España y un 20% en Italia. Ahora, una vez seleccionadas y restauradas por la Fototeca Provincial, se exponen 220 de ellas en la Diputación Provincial de Huesca bajo el título de Roberto Albasini: En los aledaños de la fotografía moderna. María Ángeles Lasala, nieta de Albasini, ha cedido el fondo a la Fototeca.

Albasini conoció sin duda los movimientos modernos, buscando las posibilidades artísticas de la fotografía con gran destreza en el manejo de la luz, los encuadres y el positivado. Ramón Lasaosa, comisario de la muestra, nos cuenta que captó por primera vez muchas de las prácticas y modelos sociales de la modernidad que asociamos con la sociedad oscense de hoy, como los primeros coches o los deportes importados de Europa, que causaban furor entre la burguesía (el Sport Club, el primer equipo de fútbol de Huesca, el grupo de mujeres que juega al croquet en el cerro de San Jorge o el primer avión de Gregorio Campaña). Formó parte de la intelectualidad oscense, de quien se han encontrado retratos, como la de Ramón Ancín y su esposa Conchita Monrás, de quienes fue amigo.

Las fotografías, parte del material y otros elementos complementarios podrán verse en la sala de exposiciones de la Diputación Provincial de Huesca. Sobre la expo y actividades paralelas puede solicitarse información en el correo didacticadiputaciondehuesca@gmail.com y en el número de teléfono 667823185.

FOTOSs: Excursión en coche, Ramón Acín  (1915). Coso Bajo (1910-1920). Gitanos (1920-1925). Autorretrato en su negocio (1034). Equipo del Sport Club de Huesca, campo de fútbol de la Estación (1911). Retrato. Jugando al croquet en el cerro de San Jorge. Los porches de Galicia.

ElDiarioAragón
MásDeArte.com
EuropaPress

jueves, 21 de abril de 2016

solo enma

Ese campanario parece estar en mi ventana dando las dos de la mañana. Se oyen voces por las calles. Esas jovenzuelas descaradas quieren que abandone al fantasma de Enma Bovary y el tuyo. Esa francesita que te coge las manos y te besa en Huesca.

Me gusta la habitación porque no tiene rectas. No hay ángulos ni aristas, y la pared se ondula como el mar. La puerta de otro siglo, el armario de los cuarenta, la mesita de los sesenta y esa banqueta moderna de formica imitando madera. Las paredes recién encaladas dan una limpia impresión.

Recorro los parques leyendo a Enma despreciando lo que me rodea. Me acuesto con ella en esta pensión de mala muerte. Esa pálida y suave piel, esos ojos castaños que parecen negros por sus largas pestañas.

Otra vez aquella cama metálica, con extraños monstruos en las arrugas de la colcha. Trato de acariciar con mis yemas la tela blanca de la almohada hasta dormir.

Gastos: comidas 1.200, viaje 500, libro de Huesca 700, TOTAL 2.400 pesetas
             TOTAL ACUMULADO 11.900 pesetas

Viaje a las montañas. 20 de julio de 1986

martes, 19 de julio de 2011

camino aragonés: de jaca a la pardina del solano



Después de un café con leche y unas tostadas con aceite y tomate, salimos hacia Pamplona por la Avenida de Nuestra Señora de la Victoria, que acaba en una ermita totalmente decepcionante para ser una virgen que ayudó  a ganar una batalla a los cristianos contra los musulmanes, como hiciera Santiago en Clavijo. Me paseo entonces por el cementerio contiguo. Soportales bonitos rodeando un paseo de viejos cipreses y tumbas. Un jardín.
Seguimos al borde del río Aragón, arropados por álamos gigantes. Jugamos con la carretera hasta que giramos a la izquierda a un robledal. Un fuerte viento del Noroeste nos pone la cabeza loca y tenemos que pasar de llevar sombrero, que sujetamos con imperdibles a la mochila. Apenas si nos cruzamos a peregrinos. Arriba del todo está el Mirador del Canal de Berdún, desde donde se ve el Valle del Aragón con su cebada amarilla recién cortada. Aún huele.
Bajamos, descansamos y jalamos un bocata de bacon, al Hotel Aragón, que regenta una pareja de moteros que han dejado su Goldwind de exposición porque cuando tenemos tiempo no tenemos dinero, y cuando tenemos dinero no nos queda tiempo para cogerla.
Subimos por una cabañera de suelo cómodo. El sol no molesta con este viento. Llegamos a Santa Cilia de Jaca, que es como llaman aquí a Santa Cecilia. Un pueblo bonito de piedra, tejados de pizarra y esas chimeneas tan rebonitas que hay por aquí. El Camping Pirineos y después un bosque de coníferas y robles a la ribera del río. En un abierto, mogollón de piedras de río dispuestas unas encima de otras, como un recuerdo de todos los peregrinos que han pasado por aquí. La verdad es que impresiona, pero no emociona. paso de ñoñeces católicas. Cuesta durita hasta el Puente de la Reina y luego el espolique con la subida interminable  a Arrés, ya a veinticinco kilómetros de Jaca.
Impresionante encontrarse de pronto este pequeño pueblo de piedra con su castillo. Damos un paseo y nos metemos a una fonda a comer. La mesonera, muy simpática, nos pone unas lentejas y un bistec de ternera que, aunque blanquita, está jugosa, sabrosa y en su punto. Antonio se queja de que dejen pasar a los gatos en la cocina. Nosotros no estamos para nada, quizás para una buena cama y un ventilador.
Sólo nos queda bajar Arrés y pasar los campos de cereal hasta la Pardina del Solano, una casa rural montada en una finca de cereal, con caballos, bodega y un hermoso patio rústico. Sara nos espera con los agrícolas, brandy con sprite, y referesquitos de limón. Después de la comida nos hemos quedado agarrotados y no viene mal un tres en uno. Hacemos la colada en la lavadora, nos duchamos y nos tiramos en el patio con los bocalibres, esperando que nada pase y haciendo tiempo para que la señora nos ponga una buena cena. Comparada con la de ayer, esta etapa es casi un paseo.