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viernes, 8 de noviembre de 2024

miércoles, 16 de octubre de 2024

viernes, 10 de mayo de 2024

un proyecto frustrado

La foto de Laetitia Casta en la miniserie La bicicleta azul es de Marianne Rosenstiehl.

sábado, 17 de julio de 2021

una casa para juana


Cuando Juana se compró un terreno en El Salobral, hace ya muchos años, me dijo que pensara en una casa de verano para ella y su familia. Era una casa de ladrillo visto sin llaga con una torre circular y piscina con forma de riñón. En la parte trasera tenía una entrada para el coche, que se guardaba en un semisótano bajo la plataforma de la piscina. Los peldaños de subida a la plataforma, para entrar a la casa, coincidían con la banda de cristales, el de la planta baja era la puerta, que iluminaban el interior de la torre. Nunca se hizo.

martes, 11 de febrero de 2020

kingston hacia la autogestión

FarmHub








Muchos de nosotros nos encontramos con el mismo problema: la imposibilidad de acceder a un seguro de salud. Hace tiempo que el sistema de sanidad de EEUU es un desastre: lo era entonces y todavía lo es, porque aunque hay un sistema de sanidad público, los gastos extra y los copagos son astronómicos. Por suerte, entre nuestros amigos había médicos y dentistas que consideraban que nuestro trabajo era igual de valioso que el suyo. Entonces, se nos ocurrió algo. Basándonos en el viejo sistema de trueques, diseñamos una forma de intercambiar el arte de la medicina por la medicina del arte.
En octubre de 2010, lanzamos nuestro primer festival de arte callejero que duró todo un fin de semana, con música en vivo y eventos vinculados con la salud. Lo llamamos O+, como el grupo y el tipo sanguíneo. El público general podía participar mediante una donación. Los profesionales de la salud podían ofrecer su trabajo en una clínica que montamos en la calle. Durante los siguientes años, miles de artistas como Lucius, Spiritualized y artistas locales que han tocado con los B-52’s y David Bowie, han recibido atención médica y dental valorada en cientos, a veces miles de dólares. Algunos artistas incluso afirman que la atención que recibieron allí les salvó la vida.   
Iniciativas agrícolas como Farm Hub trabajan para lograr sistemas de alimentación fuertes e igualitarios. Una red de carriles bici conecta los pueblos con las granjas locales (para cuando ya no haya gasolina para los coches). Y organizaciones como RiseUp Kingston, Kingston Citizens, Nobody Leaves Mid-Hudson, y la Kingston Tenants Union facilitan la participación ciudadana, luchan contra los desahucios y promueven políticas públicas para combatir la cada vez más acuciante escasez de viviendas. Visto desde mi casa en el sur del país, da la sensación de que, poco a poco, Kingston está montando la infraestructura de una comunidad autosuficiente, una comunidad que pretende sobrevivir a un posible colapso económico sobre el que bromeamos mientras bebemos cerveza en Rough Draft.
Jessica DuPont, vendedora de libros

Aquí hay gente que está intentando encontrar una vivienda que no le cueste el 50% de sus ingresos o quedarse en viviendas en las que han vivido durante décadas y que la gentrificación no los obligue a marcharse del barrio. La crisis climática, la potencial agitación civil…¿Cómo nos organizamos a nivel local para abastecernos cuando todas estas cosas que parecen estar yéndose al diablo se vayan efectivamente al diablo? Cuando todo se vaya al carajo, no va a venir nadie a rescatarnos. Tenemos que encontrar una solución nosotros mismos, porque esta es nuestra ciudad. Aquí es donde vivimos. Esto es todo lo que tenemos.
Jimmy Buff, ejecutivo de Radio Kingston WKNY, no comercial

martes, 16 de octubre de 2018

cuadernos para la reconquista peatonal

 

Es un pequeño cuaderno de 15 páginas, forrado con un mapa antiguo. Ella lo llama simplemente croquera. Pero en realidad se parece más al diario de vida de una caminante. Ese cuaderno-diario es una idea que salió de la mente de dos arquitectas, Nicole Pumarino (31) y Karen Seaman (35), que el año pasado se conocieron trabajando juntas para la Municipalidad de Providencia. Y se dieron cuenta de que ambas eran buenas caminantes. Se iban a pie al trabajo y compartían lo que se encontraban en el camino: una nueva tienda, el estado de las baldosas de la vereda, un peatón arrastrando un carrito de compras, el tiempo de espera en un semáforo. En noviembre decidieron participar en un taller de diseño urbano en Valparaíso. Su proyecto fue un cuaderno para que un caminante registrara una ruta cotidiana, forzándose a mirar aquellas cosas en las que nunca había reparado: las construcciones, los aromas, la gente que se cruza, los colores predominantes. El objetivo era visibilizar todo lo que pasa cuando uno camina. Lo llamaron La Reconquista Peatonal.

“Armamos una red cercana, con amigos. Usamos nuestras redes sociales. Todo muy artesanal. Y la gente empezó a participar”, dice Nicole. Los cuadernos se repartían uno a uno. La gente se inscribía en el correo del proyecto (lareconquistapeatonal@gmail.com) y se coordinaba la entrega. Cada persona mantenía el cuaderno por tres semanas y luego lo devolvía, de manera también presencial. Se empezaron entonces a acumular las historias. En cuadernos escritos y dibujados con ganas por caminantes alertas.

Álvaro (35) escribe en su cuaderno: “Como suponía que me iban a preguntar cosas de mi camino, en cuanto recibí este cuadernillo me puse a observar más qué era lo que pasaba en mi ruta. Me di cuenta que pocas veces levanto la cabeza y que habían muchas cosas que no me había detenido a mirar”.

Domingo (36) caminó junto a su hijo Manuel, de 3. Y consigna: “Aprovecho la instancia para enseñarle cosas a mis hijo: leer números y letras, enseñarle cómo se llaman las cosas, cómo funciona la ciudad, las estaciones del año”.


Ya han reunido más de 100 cuadernos de caminantes. En mayo decidieron exponerlos por una tarde en una sala del campus Lo Contador de la Universidad Católica. “Fue un montón de gente. Miraban, sacaban fotos, reconocían sus cuadernos. Los caminantes nos decían que ahora miran de manera distinta el camino que han hecho todo el tiempo. Caminan de manera más consciente”, cuenta Karen Seaman. Una mujer, por ejemplo, les reconoció que recién al llenar el cuaderno se dio cuenta que el Paseo Ahumada tiene árboles.



La escala humana que da la caminata, explican las arquitectas, permite fijarse en situaciones y detalles que no serían posibles con otro medio de transporte. Importa el olor, la velocidad del viento, lo que acoge, lo que amenaza. “Se nota en las observaciones que se hacen: ‘va mucha gente con bolsas’, ‘la vereda es ancha, pero vamos apretados’, ‘hay que ir atento a los arreglos’, ‘dos baldosas están sueltas’, ‘venden aros al estilo indio’… son cosas que si uno pasa rápido no las ve”, dice Nicole. Muchas veces el nivel detalle sorprende. Como el cuaderno de Bernardita (23), donde ella al finalizar su recorrido, frente al GAM, a las 7.31 a.m., consigna que en el cielo aún quedan cuatro estrellas.

La Reconquista Peatonal tiene el desafío de ampliar su cobertura. Y eso se hará de la mano de una nueva versión de los cuadernos, que se llama Metro a Metro. Se trata de convocar a personas que caminen de una estación a otra, consecutivas, y registren ese trayecto con lo que llama la atención de un peatón. La idea es que, de esta manera, sumando caminatas, a abril del próximo año estén mapeadas por superficie las seis líneas del tren subterráneo. Reconstruidas con experiencias de caminantes.

“Ahora probaremos de manera digital”, explica Nicole. No habrá cuadernos esta vez. Las personas deben ingresar en esta página, completar sus datos, descargar e imprimir el cuaderno Metro a Metro -que es sólo una hoja- y tomarse una semana para contar su experiencia. Finalmente, deben escanear el documento y enviarlo al correo lareconquistapeatonal@gmail.com.

domingo, 13 de marzo de 2011

mercromina para pedro




Cuando el editor de la revista Osinvito de Sevilla me propone hacer un número dedicado a las cartas de Colón, yo le presento la idea de una revista completamente hecha a mano con el trazo de una pluma gruesa, como de ave. Con un dibujo rápido, sin detalles.
Pero quien conoce a Pedro Tabernero sabe que lo que quiere es color y alegría de vivir, eso se vende. Ya podía guardarme mi portada de un Colón de mercromina, viejo y cansado de vivir.
Al final, hubo que hacer un montón de dibujos a tinta y acuarela (Pedro pide más y más) con los que se quedó para su proyecto de jubilación.
Ahora, el único original que queda de toda esa historia, me sirve de ejemplo para ilustrar las posibilidades de la herramienta de la que hablo más abajo (el sentido de internet es contracultural) para dibujar directamente a chorro.
Pedro es un Jesulín. Me llama para tomar una caña. La red de la memoria del discernimiento se pone a funcionar en mi coco. Le propongo que cada uno pague lo suyo. Como los catalanes dice. Me imagino en su cabeza una serie de engranajes como la de un cajero automático medieval. Detrás de su suave voz oigo los quejidos. Proyectos, amistad, arte, mientras se fuma un puro. Me enseña unos dibujos preciosos de Alfredo que no sabemos si se publicarán. Colores fuertes en trazos temblones, apasionados. Esto si que sí.