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martes, 17 de marzo de 2026

parque del casino de la reina, madrid

En estos días de sol apetece pasear por jardines y parques, como éste frente a la Tabacalera y junto al Instituto Cervantes. Estos terrenos formaban parte de la casa de campo que el Ayuntamiento regaló a Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII, cuya finca ocupaba todo el espacio entre la calle Embajadores, la Ronda de Toledo y Ribera de Curtidores. Es decir, que incluía lo que hoy es el Instituto Cervantes y el CEIP Santa María, y que aún mantiene la valla. Antes, el Ayuntamiento había comprado esta finca a Manuel Romero, ministro de Justicia de José Bonaparte, por lo que la llamaron la Huerta de Romero, que a su vez la había confiscado a los clérigos regulares de San Cayetano. A esta huerta el Ayuntamiento había añadido más terrenos y le había construido un palacio. Sus usuarios actuales son, principalmente, el variopinto y diverso universo de Lavapiés.
Tiene un quiosco con entrada por la Ronda que pone terraza en verano; pero lo más flipante es el enorme almez que ha crecido en la base de la escalera de entrada al palacio.

sábado, 25 de noviembre de 2023

sábado, 4 de noviembre de 2023

el almez de la escalera del casino de la reina


    En 1818, el Ayuntamiento de Madrid tuvo a bien regalar a Isabel de Braganza, esposa del absolutista Fernando VII, una pequeña y elegante casa de campo a las afueras de Madrid. A raíz de la desamortización ilustrada de Carlos IV, los terrenos pasaron a ser propiedad de los monjes de San Cayetano hasta que en 1808, fueron arrebatadas estas tierras por José Bonaparte, quién a su vez se las cedió a su Ministro de Justicia Manuel Romero. Así, en lo que entonces se denominó como Huerta de Romero, y luego Huerta del Bayo, por ser propiedad del catedrático Francisco del Bayo y situada junto a lo que hoy es la Ronda de Toledo, se construyó el Casino de la Reina Nuestra Señora. Pocos meses después, Isabel de Braganza falleció, pasando a manos de su real esposo, Fernando VII. 

    La puerta principal del cercado estaba en la hoy Ronda de Toledo. Luego fue desmontada e instalada como puerta del Retiro en la Plaza de la Independencia. Dentro del huerto había un extenso jardín con árboles diferentes, parterres de flores, bancos, grupos escultóricos y una ría navegable con un puente chinesco de piedra que lo atravesaba. El palacio neoclásico fue diseñado por el arquitecto Antonio López Aguado. En 1867 se convirtió, provisionalmente, en Museo Nacional Arqueológico, hasta que fue trasladado a su actual ubicación en 1892. Junto a éste, en 1881, se construyó un edificio neomudéjar en los terrenos de la ría y el invernadero grande, diseñado por Francisco Jareño Alarcón para Escuela de Veterinaria, que luego fuera Facultad Universitaria. En 1960 se convertiría en el Instituto de Enseñanza Secundaria Cervantes. En 1916 se construyeron el Grupo Escolar Príncipe de Asturias y la Escuela Santa María. 

    El palacio ha tenido diversos usos, desde asilo de personas mayores, hasta casa cuna de las mujeres cigarreras que realizaban su trabajo en la fábrica de tabacos ubicada en la Glorieta de Embajadores. Con el paso del tiempo tanto el palacete como el espacio exterior sufrió un proceso de abandono y deterioro hasta que en 1997 se declaró Lavapiés Área de Rehabilitación preferente, iniciándose los proyectos necesarios que culminaron en el año 2001 en el Centro Social Comunitario Casino de la Reina. 

Sus magníficos árboles desaparecieron, así como sus bancos y esculturas, quedando como último reducto el edificio del palacio y su sencilla escalinata de acceso, junto a la que creció una semilla de algún viejo almez (recordemos que en Madrid hay almeces mucho más antiguos, como el de la plaza de Murillo, junto al Jardín Botánico) que, afortunadamente, nadie tuvo la feliz idea de cortar. Hoy se alza majestuoso junto al palacio.

    Actualmente está catalogado como árbol singular de la Comunidad de Madrid nº 268, aunque sin datos sobre sus medidas, edad e historia (?). Convive en el Parque Casino de la Reina con 213 árboles más, una tercera parte son acacias del Japón, un 14% almeces, un 12% ciruelos rojos y un 8% moreras. En cuanto a arbustos, hay espinos de fuego, palmeras canarias, laurentinos y hiedra.

sábado, 6 de mayo de 2023

el jardín de elvira en salobreña

Creo que nunca olvidaré ese concierto de ranas. Aunque tal fuera protocolario, te lo agradezco, Elvira. 

jueves, 13 de abril de 2023

ésta es una plaza


Empezó hace unos 15 años como huerto en un solar en desuso, en la calle Doctor Fourquet, en Lavapiés, y ya es como una plaza de vecinos, con biblioteca, taller de bicicletas, un pequeño teatro, semillero y huerto, jardín de cactus, etc. Funciona de forma asamblearia, en comisiones. Todo está reciclado y todo es provisional. El Ayuntamiento lo ha cedido, no son ocupas. Realmente ahora se ha convertido en una especie de jardín de infancia lleno de niños. Están prohibidos los juguetes de plástico. El lugar es muy agradable, de los pocos en Madrid sin adoquinar o asfaltar.

viernes, 18 de noviembre de 2022

el huerto de las monjas





En el número 7 de la calle Sacramento de Madrid hay una verja accesible de donde parte una escalera que baja y atraviesa edificios modernos para llegar a un pequeño jardín con una fuente, que fuera, hasta 1972, parte del convento del Santísimo Sacramento, de monjas bernardas, donde cultivaban su huerto. Ahora es un jardín agradable, silencioso y escondido, que aún conserva la Fuente de la Priora, con un grupo de querubines oxidados, antes habitantes de la Finca “El Castañar” que tenían los duques de Montellano en Toledo y, al trasladarse a su palacio en el Paseo de la Castellana, se la llevaron consigo. Este convento se fundó en el año 1615 gracias al impulso y apoyo de don Cristóbal Gómez de Sandoval, duque de Uceda y válido de Felipe III. Fue construido muy cerca de su propio palacio. El convento resultó gravemente dañado durante la guerra civil española y, sus últimas ruinas, se tiraron en 1976. También se le conoce como Jardín del Palacio O'Reilly; palacio construido en el siglo XVIII en la calle Sacramento y que hoy ocupa los números 3 y 5. Fue también parte del convento hasta que la familia Lezcano lo compran como residencia. Ya en ruinas,fue adquirido por el Ayuntamiento. Actualmente alberga la Delegación de Hacienda, solo manteniendo del palacio su fachada.

Sacramento 7. Abierto de lunes a viernes de 6 a 23 horas. Cierra los fines de semana. Enfrente, muy recomendable, está la taberna Casa Pipi.

martes, 20 de abril de 2021

miércoles, 17 de marzo de 2021

sábado, 7 de noviembre de 2020

el viejo ginkgo de madrid






El más grande y viejo Ginkgo Biloba de Madrid está en la parte baja de los jardines de la Quinta de la Fuente del Berro, junto a un pequeño estanque circular, teniendo que soportar el estruendoso ruido de los vehículos que circulan por la M30. Es un espléndido árbol centenario que a final de noviembre, todos los años, sus hojas devienen de un color amarillo intenso y caen finalmente alfombrando el suelo de un amarillo un tanto palidecido.

La historia del ginkgo como especie es quizá la más antigua del mundo, habiéndose encontrado fósiles de esta especie de hasta 200 millones de años. Eso quiere decir que es una especie prehistórica, que ese encontró aún viva en ciertos bosques montañosos de Zhejiang en el este de China y en Szechuan en el extremo oeste del mismo país, arropados por otros árboles caducifolios. De allí salieron al resto del mundo para decorar exóticamente jardines palaciegos y monasterios. En Europa, la primera referencia data de 1690, tras una visita realizada a China por el botánico Kaempfer. En 1739 llegó la primera planta a Europa, a la ciudad de Utrech y en 1754 se plantó un primer ejemplar en el Jardín de Kew en Londres, donde todavía vive. En España se citó por primera vez en los jardines de Aranjuez. En Madrid es un árbol de moda que no falta en los parques de reciente creación o plazas, como la del Conde del Valle de Suchil, o calles como Príncipe de Vergara o Embajadores. También hay grandes ejemplares en el parque del Oeste, la plaza de La Lealtad o éste del parque de la Fuente del Berro.

Según algunos autores, su nombre hace referencia a un árbol que pierde sus hojas en invierno, a pie de pato o a la más aceptada albaricoque de plata, considerando que procede de la palabra china gin-kyo (gin: plateado y kyo: ciruela o albaricoque). Incluso se le menciona como árbol de los 40 escudos, haciendo referencia al precio que supuestamente se pagó por él en 1870 a un horticultor inglés para introducirlo en Francia. El nombre específico biloba se lo adjudicó Linneo, para indicar la doble lobulación de sus hojas, lo que no se da en todos los casos.

Puede alcanzar de 20 a 40 metros de altura y unos 2.000 años de edad. Tiene su tronco recto y la copa piramidal. Hay ejemplares masculinos y ejemplares femeninos. Florece a principios de la primavera y sus semillas, una especie de ciruelas de olor nauseabundo, maduran al final del verano.

Pero es la forma y el color de sus hojas lo que da al árbol su identidad y su espectacularidad. Quien las ve una vez no las olvida nunca: son como un pequeño abanico, de unos 10-12 centímetros de longitud por 4-8 de anchura y tienen el borde entero con muchas nervaduras. En otoño, antes de caer, adquieren un color amarillo explosivo, y el resto del año tienen varios tonos de verde. Este ejemplar en concreto amarillea sus hojas al final de noviembre, como ocurre con el espléndido ejemplar de la plaza de la Lealtad; pero los ejemplares más pequeños repartidos por Madrid, incluso los del mismo parque (de donde recogí las hojas de la derecha), ya tienen ese fuerte amarillo que las caracteriza.

El parque de la Quinta de la Fuente del Berro es un auténtico jardín botánico que se abrió al público en 1954 y, como otros muchos de nuestra ciudad, procede de una antigua finca privada que ha pasado por diferentes propietarios a lo largo de su historia.

Las noticias más antiguas hacen referencia a una finca cercana al arroyo Abroñigal (hoy tapado por la M-30) creada en el siglo XVII por Bernardino Fernández de Velasco (duque de Frías, conde de Haro, condestable de Castilla) denominada Quinta Miraflores, o de Frías, o del Condestable. Fue comprada en 1630 por el rey, Felipe IV, para convertirlo en un nuevo Real Sitio. Sus intenciones parece que duraron poco, porque apenas 10 años después se la cedió a unos monjes benedictinos castellanos que habían sido expulsados del Monasterio de Montserrat, aunque la corona se reservó el derecho al agua que se transportaba a lomos de burros hasta el palacio real.

La finca estaba dotada de casa, jardines, huertas, tierras de labor, viñas y frondosas arboledas con gran cantidad de árboles frutales, cipreses, álamos y moreras. En 1703 fue comprada por María Trimiño Vázquez de Coronado quien posteriormente la dejó en herencia a la Obra Pía de los Padres Mercedarios Calzados, aunque la corona seguía disfrutando del uso del agua y del mantenimiento de la fuente. El agua de la Fuente del Berro, era considerada la mejor de todo Madrid.

Su nuevo propietario, Martín Estenoz, compra la finca en 1880, excepto la casa y la fuente, y levanta una tapia estableciendo el perímetro definitivo. Algunos cambios de propietario más y a finales de siglo, sufre una transformación radical para convertirse en un parque de recreo denominado Nuevos Campos Elíseos, que sustituyeron a los situados entre las actuales calles de Goya y Jorge Juan. Estos Campos Elíseos eran el equivalente a los actuales parques de atracciones, con una torre-mirador, una montaña rusa, caballitos, un velódromo, una sala de tiro al blanco, una ría con su estanque y cascada, invernaderos y un restaurante de lujo que se instaló en el antiguo palacete ya existente. Duró poco: dos años.

Cambió varias veces más de propietario hasta que en 1948 fue adquirida por el Ayuntamiento de Madrid, aunque ya había sido declarado jardín histórico-artístico en 1941.

En el momento presente, un centro cultural ocupa la edificación (junto con un restaurante en sus bajos). La fuente permanece, sin agua, fuera del recinto. Y el parque alterna praderas con bosquetes, columpios con estatuas de personajes ilustres (Becquer o Pushkin, por ejemplo), y algunos ejemplares de árboles espectaculares (varios catalogados como árboles singulares por la Comunidad de Madrid) entre los que se encuentra nuestro ginkgo biloba.

martes, 24 de marzo de 2020

el capricho


Esta magnífica lluvia cuidará del mundo mejor que nosotros. Nosotros, que abandonamos a los ancianos a su suerte.