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viernes, 10 de mayo de 2024

un proyecto frustrado

La foto de Laetitia Casta en la miniserie La bicicleta azul es de Marianne Rosenstiehl.

sábado, 26 de febrero de 2022

el otro lado del parque





Se despierta un día ventoso y nublado. Las olas rugen. Desayunamos a lo grande y cogemos la carretera hacia el cabo de Gata y su faro. Paramos en la salinas para ver los flamencos metidos en una casilla de madera de estrechas ventanas construidas para observarlos. Ellos ni se dan cuenta. Mantienen la cabeza dentro del agua, y solo algunos la sacan cuando una bandada de numerosas gaviotas dan un poco por culo. Al otro lado de la carretera hay una larguísima playa de pequeñas chinas cuyo final no llega a verse. Paramos para ver la torre picuda y el antiguo cine del pueblo de los salineros, para tocar sus podridas tablas con tonos verdosos, azules y naranjas.

Llegamos hasta el faro. Allí abajo el impresionante arrecife de las Sirenas, que emergen como estatuas de hierro oxidado, y más abajo aún, por el camino hacia Mónsul, cala Arena, una cala nueva para nosotros desde la que se ve el Cerro de la Vela Blanca. La playa es pequeña, de unos 55 metros de longitud, de arena muy fina y dorada. Si caminas por el agua hacia adentro tardarás mucho en que te cubra. Pero lo más flipante es todo lo que lo rodea, formaciones volcánicas columnares hexagonales, de las que el viento y el agua ha ido desprendiendo adoquines que luego se han redondeado, y permanecen ahí, amontonados, como esperando una obra. El suelo que se pisa en la senda es una roca que parece enlosada con hexágonos. Este fenómeno proviene de la elevación de una lava densa que se ha enfriado. Cojo unas cuantas piedras curiosas formadas hace millones de años.

Bajamos la serpenteante carretera hasta la Almadraba, un barrio-pueblo surgido alrededor de la almadraba de las salinas. Allí, en la terraza de su bar Las orillas del mar Almadraba, logramos lo que estábamos buscando: una cerveza en un lugar tranquilo, sin viento, mirando al mar y acariciados por el sol.

Aparte del atractivo de lo nuevo, diferente y bello que pueda aparecer en un viaje, son muy importantes los momentos en que, por una concatenación de variables, nos sentimos especialmente a gusto. Tengo amigos que viajan buscando la rutina de esos momentos. Saludar al mismo camarero, beber una cerveza bajo los soportales observando la vida de una plaza, mientras se oye una marimba. En fin, alargar la felicidad. Nuestros grandes momentos en el Parque se dieron en la visita a la oliva milenaria de Agua Amarga y en el bar de la Almadraba. Esos fueron los momentos a alargar infinitamente.

Visitamos el extraño puerto de Cabo de Gata pueblo, que es la propia playa llena de barcas, como si alguien hubiera abierto el tapón, poleas de madera para sacarlas del agua y chabolas de distintos materiales y de cuyas paredes cuelgan mogollón de cachivaches para la pesca. Cosas para flotar y cosas para hundirse. En un chiringuito intentamos repetir la experiencia, pero el viento nos la arruina. El viento es nuestro enemigo.

Tomamos el café en San José. En El Duende nos sentamos junto a los ciclistas que encontramos en el Playazo. Nos saludamos. Romain, Gaetan e Ilya, su perrita, recorren España con unas bicis que tiran de unos remolques ligeros. Romain tiene un perfil para dibujar: una prominente nariz aguileña y la cabeza afeitada, con una reserva en la parte de la nuca, con una pequeña coleta. Es muy simpático y su bici es como un camión-bicicleta de cuatro ruedas donde él va sentado en un sillón. Gaetan es más agitanado, con ojos pequeños y los brazos completamente tatuados, se pasa el tiempo llamando a su perrita. Su bici lleva un carrito de bebé detrás, donde lleva a Ilya. Naturalmente, los dibujo. Y también a Asia y Gustavo, que se sorprenden con el parecido y la rapidez con que los inmortalicé. Me gusta San José porque siempre se encuentra a gente curiosa, dice Gustavo.

Descansamos en casa, tirados en el sofá oyendo el rugido de las olas. Yo trato de poner orden en mi cuaderno rellenando huecos con palabras pequeñas de tinta negra. Beni se cubre con una manta ligera y empieza a cerrar los ojos. Todavía huele a las naranjas que trajimos de Bolaños.

Para la cena quisiéramos repetir la experiencia en la vinoteca Abacería, para convertirla en nuestro bar favorito para las noches; pero está a tope y una cola de turistas de finde espera en la acera de enfrente.

Cenamos un pizza en Il Brigantino, un lugar tan grande que recuerda a un salón de bodas. La pizza de la casa no está mal para ser una pizza. Me entretengo dibujando mesas y sillas mientras unos niños cantan el cumpleaños feliz. La señora corretea de una mesa a otra y no puedo pillar su silueta con su enorme culo. Mejor, porque luego curiosea en las páginas y tengo que ceder. También lo hago con los vecinos de mesa, que el otro día también salieron en el dibu de la Abacería, según me cuenta ella con el acento ese de Doña Croqueta.

domingo, 19 de septiembre de 2021

madrid en bici

Creo que el espíritu de nuestro tiempo ha cambiado mucho comparado con el de antes de la pandemia. Todos nos hemos dado cuenta de cómo cambió nuestra ciudad sin coches en la calle, durante el confinamiento. El aire estaba más limpio, aparecieron nuevos olores que antes no percibíamos... incluso nos parecía que las calles eran más anchas, con un montón de espacio para hacer cosas. Notamos que cuando salíamos en bicicleta, sin coches, avanzar por la ciudad era placentero, seguro y rápido.
Necesitamos que las calles de la ciudad mejoren sus condiciones para caminar y para ir en bici, que tengan más árboles, más espacio público para otra cosa que no sea almacenar coches. No hay que convencer a la gente para que baje su bici de su casa: para que haya más ciclistas, hay que hacer las calles más atractivas. El potencial es gigante, pero hay que actuar. Fernando García, alcalde de la bicicleta en Madrid

jueves, 3 de junio de 2021

mani en bici el domigo 13


Los 90 colectivos y asociaciones agrupados en la plataforma Respira Madrid han organizado una marcha a lomos de bicicletas para reclamar el mantenimiento de la anterior ordenanza y las limitaciones al tráfico contaminante que incluía Madrid Central, además de la ampliación de su impacto sobre el aire de la ciudad. La bicicletada cuenta con la colaboración de Pedalibre y partirá desde la Plaza de Cibeles a las 11.00 horas del domingo 13 de junio. El recorrido será el siguiente:

Plaza de Cibeles - Paseo del Prado – Ronda de Atocha – Ronda de Valencia – Ronda de Toledo – Gran Vía de San Francisco – Bailén – Mayor – Sol – Carrera de San Jerónimo – Cedaceros – Alcalá – Virgen de los Peligros – Gran Vía (parada) – Princesa – Alberto Aguilera – Carranza – Sagasta – Génova (parada) – Colón – Recoletos – Plaza de Cibeles.

Para los convocantes, la bicicleta es un "símbolo de una nueva movilidad más saludable, respetuosa y accesible" y la normativa presentada por el equipo de Almeida "limita extraordinariamente la funcionalidad de la bicicleta en la ciudad de Madrid".

Durante la bicicletada los organizadores han previsto dos paradas: una en la misma Gran Vía, a la altura de la calle Salud y cercana a la estación medidora de la Pl. del Carmen y otra en la calle Génova, entre la sede del Partido Popular y el Tribunal Supremo. "En ambos lugares recordaremos la importancia de contener y reducir los actuales niveles de contaminación y de implicar al conjunto de las instituciones para este fin", explican.

Además, se guardarán las correspondientes precauciones Covid-19 y se constituirá una cabecera infantil "para que sean los más peques quienes marquen un ritmo pausado de pedaleo".

Respira Madrid (antes La Plataforma en Defensa de Madrid Central) está formada por más de 90 organizaciones de diversos ámbitos, y cuenta con organizaciones ecologistas como Ecologistas en Acción y Greenpeace; educativas como la FAPA Francisco Giner de los Ríos, vecinales como la FRAVM, asociaciones ciclistas como Pedalibre, y colectivos de la primavera verde como Fridays For Future y Madres por el Clima.

lunes, 13 de agosto de 2018

matrícula de bicicleta










Hasta finales de los años setenta, las bicicletas se matriculaban en España. Era una chapa de carácter local con un número de identificación que se renovaba anualmente pagando una tasa municipal. La norma no era general, y su fin, en realidad, era cobrar un impuesto. Hay que tener en cuenta que en las pequeñas poblaciones era el vehículo más utilizado.

He aquí una de Bolaños. El escudo local estaba abrazado por el aguilucho franquista.

lunes, 4 de julio de 2016

viernes, 3 de abril de 2015

la bicicleta de tolstoi




Mientras algunos dicen que nunca se es demasiado viejo para aprender algo nuevo, otros piensan que no se puede enseñar a un viejo perro nuevos trucos. Pero tenemos algunos estudios de casos de celebridades. Un blog de New York Times publicó sobre cuatro iconos culturales y un héroe de guerra que aprendieron nuevas habilidades ya mayorcitos. Miles Davis empezó a boxear cuando la mayoría de los boxeadores están colgando sus guantes. Ayn Rand, de unos 60 años, empezó a coleccionar sellos. Marie Curie aprendió a nadar a los 50 años. Y el gran novelista León Tolstoi dio su primer paseo en bicicleta con 67 años. The Times lo relata así:
"Solo un mes después de la muerte de su hijo Vanichka, de siete años, él todavía estaba de duelo, la Sociedad de Moscú de Amantes de los Velocípedos le proporcionó una bicicleta gratis e instrucción por los senderos del jardín de su finca. Se convirtió en un devoto, dando paseos después de sus tareas de la mañana. "El conde León Tolstoi. . . Ahora monta la bicicleta", declaró la revista Scientific American en 1896," ante el asombro de los campesinos de sus tierras".

lunes, 18 de agosto de 2014

denny, la bicicleta urbana del 2015

Uno de los grandes aciertos del diseño es que el manillar se convierte en
el típico candado en U, por lo que no hay un peso adicional y es doblemente
disuasivo al desaparecer el manillar.
Uso del candado de bloqueo como manillar y candado a la vez.

Uso del candado de bloqueo haciendo desaparecer el manillar.

En el cuadro de las luces tiene una batería escondida y en el eje trasero una
rueda de Copenhague, un pequeño motor que ayuda a subir las cuestas
conservando la energía de los momentos de no pedaleo.

El portaequipajes no gira con el manillar, por lo que es difícil perder el equilibrio
por el desplazamiento del centro de gravedad. Se ha procurado que pueda llevar cosas
delicadas como un ordenador portátil.

El rack de almacenamiento se mantiene más cerca del suelo para bajar el centro
de gravedad de la bicicleta. El bastidor también está integrado en el marco lo que
significa que no se balancee con la rueda delantera que hace menos probable
derrames. El paso en altura es igualmente baja, por lo que es más fácil conducir con falda
y bajar de la bici manteniendo el decoro.

Como guardabarros, Denny utiliza un cepillo de goma de arco para chasquear
el agua a medida que la rueda gira, una opción elegante y de eficiente ingeniería.

Denny tiene un motor que se activa automáticamente en las colinas o en otros
momentos en los que el piloto necesita un poco de impulso.




El diseño ganador del concurso de diseño de bicicletas urbanas en Oregon Manifest, ha sido Denny, elaborado en colaboración por la firma de diseño Teague y el fabricante de bicicletas Taylor Sizemore, una asociación que se tradujo en una serie de ideas discretas, pero increíblemente inteligentes ante los problemas comunes de robo, maniobras en lluvia y tráfico, y transporte de carga. La bici estará producida y disponible en primavera de 2015.
En la foto de la izquierda está sus diseñadores: John Mabry, Clemente Gallois, Oliver Mueller, Mike Charles, Kay Kim y Taylor Sizemore.
WIRED