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domingo, 24 de mayo de 2015

sábado, 4 de abril de 2015

natillas maruja



























I N G R E D I E N T E S
- Una cucharada de Maizena (harina fina de maíz).
- Dos cucharadas de azúcar.
-Un litro de leche.
-Tres huevos.
-Canela en polvo.
-La cáscara de un limón.
-Una bolsa de bizcochos soletas.

P R E P A R A C I Ó N
Se disuelve la harina en una taza de leche. Bien disuelta para que no haga grumos.
Se baten las yemas y claras de los huevos con las dos cucharadas de azúcar.
Se le añade la leche a todo y se pone al fuego.
Se mueve sin parar con una cuchara de palo. Se echa la cáscara de un limón de una pieza.
Sin parar de mover siempre en el mismo sentido, vemos cómo se va evaporando el agua y se va concentrando la leche con los huevos.
Cuando están cuajadas a nuestro gusto, se apartan del fuego ¡sin parar de mover! (esto es muy importante).
Seguimos moviendo un buen rato. Retiramos la cáscara de limón.
Preparamos una fuente con las soletas en el fondo. Echamos las natillas encima. Las soletas flotarán ya cubiertas.
Espolvoreamos la canela por encima y dejamos enfriar.
Las metemos en el frigo para comerlas fresquitas.

sábado, 5 de julio de 2014

tinita quiere meterse a monja







































"No gastéis más en mi carrera" dijo con esa sonrisa que siempre llevaba.
Era simpática y extrovertida. Se relacionaba con todo el mundo y tenía habilidad para las colas de racionamiento.
A los 19 años se hizo esta foto de recuerdo pues se metía a monja. Para Maruchi, con 13 años, fue un duro golpe, le afectó mucho. 
Ya andaba en eso y no le hacía caso. Lloró mucho en su ausencia. 
Entonces fue cuando se cayó. Fue lo que mejor le vino.
-Ruperta


El débil corazón deTinita, la hermana Pilar, se paró definitivamente. Ayer fue enterrada en el cementerio de San Sebastián de Carabanchel, compartiendo tumba con otras diez hermanas. El cura leía de un libro con las hojas plastificadas. La congregación cantó hasta el cierre de la losa. Amenazaban a la muerte con una esperanza de resurrección que parecía sincera. Todas acabarían allí, más temprano que tarde.

lunes, 2 de junio de 2014

¿por qué nos sentíamos así?


Parecía que nos habíamos vuelto buenos y de alguna forma haber sido nombrados. Que se hubiera fijado en nosotros mientras limpiábamos el baño y nos hubiera pedido un paso al frente para besar al enemigo.

Pero las lágrimas son de chocolate.
Sus presos no han sido invitados y su hermana ya no salvará al mundo.

¿A qué entonces esta dulzura entre la niebla, entre el humo de los bares, entre el chillido de los niños?
¿A qué este placentero roce de la vida avanzando como un cuchillo?

viernes, 23 de mayo de 2014

ahora que aún perdura el recuerdo



El ordenador central estaba prácticamente desconectado. No había ni un bit ocupado. Sin embargo, entre aquel entramado de venas quedaba algo. El led de sonido se disparó como una corriente de agotados leucocitos apenas capaces de subir el primer escalón.

Allí estaba ella, a punto de cumplir los noventa, con la flor de la canela de Chabuca moviéndole sus labios secos. Si no era una grano de felicidad para ella, podría parecerlo en aquella atmósfera de formol.

Allí estaban las dos viejas amigas, encontrándose. Quizá despidiéndose.

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Déjame que te cuente limeña,
déjame que te diga la gloria
del ensueño que evoca la memoria
del viejo puente, del río y la alameda.

Déjame que te cuente limeña,
ahora que aún perdura el recuerdo,
ahora que aún se mece en un sueño
el viejo puente del río y la alameda.

Jazmines en el pelo
y rosas en la cara,
airosa caminaba
la flor de la canela.
Derramaba lisura
y a su paso dejaba
aromas de mixtura
que en su pecho llevaba.

Del puente a la alameda
menudo pie la lleva
por la vereda que se estremece
al ritmo de sus caderas,
recogía la risa
de la brisa del río,
y al viento la lanzaba
del puente a la alameda.

Déjame que te cuente limeña,
déjame que te diga, morena mi pensamiento,
a ver si así despiertas del sueño,
del sueño que engalana, morena, tu sentimiento.

Aspiraré la mixtura que da la flor de canela
adornada con jazmines, matizando tu hermosura.
Alfombra de nuevo el puente y engalana la alameda
que el río acompasará tu paso por la vereda.

Y recuerda que…


La flor de la canela (1950). Chabuca Granda

YouTube

viernes, 16 de mayo de 2014

en nuestra casa














Recorriendo con la mirada, desde el sillón, los surcos de su cara, pensaba lo indignantemente injusto que era este final para ella. Toda una vida dedicada a un dios que, cuando llega la hora de dar el callo, desaparece. Aquí todos escurrimos el bulto.

Me pareció que me hacía un gesto con el dedo índice y me acerqué.
-¿Quieres algo mamá?, le pregunté.
Me respondió con un hilo de voz tan flojo que fui incapaz de oírla. Entonces acerqué mi oreja a sus labios hasta tocarlos y entendí:
-Llévame a casa.

Lo había oído tantas veces que casi entro en la rutina de razonar, de enseñarle las fotos enmarcadas, los libros, los regalos en el tiempo. La pura verdad es que nada de eso era suyo. Desde que entró en esta casa todo había sido un laberinto oscuro ¿A qué fingir si de sobra todos sabíamos dónde quería ir?

Estaba decidido. La cogí en brazos y la levanté. Ya solo era un saco de huesos, apenas si pesaba (¡hasta sentí la arpillera!). La bajé en el ruidoso ascensor. Cuando el aire de la calle me dio en la cara, creí estar en una película. Llegamos hasta el coche y la puse con cuidado en el asiento delantero. Cuando hizo clic el cinturón, cogí el volante y respiré fuerte haciendo una pausa. Ella sonrió. Aquella mirada no aparecía desde hacía un siglo por lo menos, creía que se había perdido para siempre.

La puerta estaba entornada. El patio lleno de luz y pilistras. La tele, aunque apagada, reflejaba las siluetas de las hojas. Un canturreo de la Pura entre crujidos de madera venía del sótano. "¡Señores!" oímos gritar a Don Juan, con algún problema en el cuarto oscuro. La escalera estaba recién encerada. Subí despacio para no caer. Su hermana casi nos tira cuando nos cruzó como una exhalación por el pasillo lleno de luz, que ahora iluminaba las partículas en vuelo que ella había removido.

Cuando la puse en el suelo ya no era más que una niña morena de pelo recio con ganas de jugar. Buceamos entre las láminas del cuarto. Tinita registraba en los cajones de la cómoda hasta encontrar su larga trenza. Se la colocó como una extensión mirándose en un espejo imaginario. Luego, desapareció por la puerta.

Maruchi la siguió hasta el cuarto de Paco. Había cierta locura en esos ojos enrojecidos por la fiebre. Con una manta sobre los hombros proyectaba una película desde el balcón. Las imágenes se movían en la fachada del vecino y un grupo de niños alborotaban sentados en la acera. Ellas se acercaron tanto que cubrieron de vaho el cristal y hacían dibujos toscos con las puntas de sus naricillas.

Corría tras ellas por los pasillos. Éramos felices después de tanto sufrimiento. Abríamos y cerrábamos puertas. Maruchi se había recuperado del todo y nos sacaba ventaja. Nos guiábamos por su voz. De golpe, en aquel despacho siniestro, la encontramos boquiabierta mirando la pared.

Eso lo explicaba todo.

Aquel viejo doctor le había arrancado el corazón.

Y ahora lo levantaba como un trofeo.

jueves, 19 de diciembre de 2013

delante de la tele de mi madre



Ella ni la mira, mira al fondo, a un lugar profundo donde busca y no encuentra.

lo siento por no saber
cómo responder.
sé lo que pienso, pero
las palabras en la cabeza son como
voces bajo el agua.
inciertas e inseguras,
que se distorsionan, y me
dirigen a un inexplorado
mar


kiley

martes, 24 de septiembre de 2013

por momentos

era tan triste ese mundo que se descabalgaba de la canción ya en el segundo verso y yo no podía aguantar alguna lágrima. Menos mal que estaba ese momento dulce cuando, recién acostada y con el abanico aún en la mano, hablaba despacio y, cansada del paseo, exhalaba las palabras mágicas me alegro, ojalá lo viera, que todavía se agarraban con afecto, y alguna pequeña sonrisa mientras acaricio su cara antes del oscuro sueño.

lunes, 5 de agosto de 2013

hacía viajes en el tiempo

mientras plegaba meticulosamente las servilletas, las de tela y las de papel. A veces parecía una sonrisa. Viajábamos de casa en casa porque habíamos olvidado al chiquitín o el abuelo no sabría hacerse la cena. Reíamos cantando al tío al tío al tío, al tío del papel acercando una vela al enorme culo inquieto. O aparecía esa voz engolada de su padre cuando en la tele fingían zarzuelas y se emocionaba en el sillón con el tú saludas tocando el ala de tu sombrero mejor. Y vámonos a casa que perderemos siempre a un niño. O una niña sentada en la escalera, muerta de miedo. Una niña en un sótano lleno de cebollas que huelen a podrido. Una niña sacando cervezas para que ellos vean el fútbol. Una niña durmiendo. Sola.
 

martes, 4 de junio de 2013

murió solo


como ella se temía, demasiado temprano, en la uvi. Lloramos mientras subió a la capilla para hablar con su dios. La mortaja estaba hecha de sábanas y ella se acercó y se disculpó temiendo la última mala cara: amortajé a tu padre y a tu madre, pero a ti no he podido. Nosotros seguimos llorando por ella, que seguía hablando a su lado. Dejas a una mujer anciana y sola, le dice sabiendo que quizás había preferido la muerte a una vida indigna, arrastrada.

El certificado dijo que había sido el día anterior para llevárnoslo a casa a la hora de comer. El coche fúnebre va tan rápido que es difícil seguirlo. A la puerta esperan todos sus empleados. La Miguela, la Ino y Mari Carmen lo han llenado todo de sillas plegables y se han llevado los muebles y trastos.

Meten el ataúd en la habitación grande, la tía Elvira cuenta historias de su hermano, que Javi quiere oír. Los demás nos repartimos entre la gente, cansados de estar en fila. Me siento con el tío Paco y los primos. La gente se va yendo. A las tres y media me acuesto en mi casa, en una cama llena de fantasmas.

lunes, 10 de octubre de 2011

la abuela maruja


Esta foto es de mi madre recién hecha abuela, en 1975. Ella tiene 43 años, ha parido 12 hijos y ha sufrido algún aborto. La última hija, Guadalupe, hace poco que la tuvo. Y ahí está, alegre y brillante, fresca como una rosa, preparada para los nietos (éste es Pedro Pablo). Vivió la Guerra de niña, hizo colas para el racionamiento, se casó muy joven, ha tenido 12 hijos y tiene 29 nietos y un biznieto. Una generación alucinante.
Los padres se convierten en hijos, y los hijos en padres. La eternidad es un sueño de la especie. Y ahora Maru es la que más nos recuerda cómo era mi madre.

Esta foto corresponde a una serie que hice en el bautizo de Pedro Pablo. El fondo es el armario ropero de la entrada de Embajadores 116, 7º izda. En 1975 vivían allí Pilar y Pedro, mientras Javi y Juan estaban en el Calasanz y yo interno en el Ramiro de Maeztu haciendo COU. La celebración fue en casa, por la tarde, y los padrinos nos invitaron a comer en el Manila de la calle Embajadores (ya no existe). La cámara que entonces tenía era esta Voigtländer Vitoret, la más básica de esta marca alemana, absolutamente mecánica. Mi primera cámara de 35 mm.


miércoles, 5 de octubre de 2011

oscuro




estoy cansada
nunca saldré del laberinto
de este sueño

mi pobre madre muerta
ya no podrá
ayudarme

ni recuerdo
aquellas lágrimas que
en el dolor
daban dicha



Mi madre tenía, de joven, un sueño recurrente: bajaba a un sótano que resultaba ser un laberinto donde se perdía. Cuando más desesperada estaba, llegaba su madre que le ofrecía su mano y, juntas, salían. Cuando tenía, más o menos, veinte años, su madre murió y ella no volvió a soñar con aquel laberinto. Hoy tiene esa terrible enfermedad donde todos los recuerdos se olvidan.