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domingo, 5 de agosto de 2018
domingo, 30 de abril de 2017
chocolate jesús
No voy a la iglesia el domingo
ni me pongo de rodillas para orar ni memorizo los libros de la Biblia
Tengo mi propia manera especial
...
Caigo de rodillas cada domingo
en la dulcería de Zerelda Lee
Bueno, tiene que ser un chocolate Jesús
me hace sentir bien por dentro
tiene que ser un chocolate Jesús
me tiene satisfecho
...
Tom Waits en Mule Variations de 1999, Premio Grammy al Mejor Álbum de Folk Contemporáneo
sábado, 24 de agosto de 2013
cabo peñas y vuelta a madrid
viernes, 23 de agosto de 2013
andrín y riocaliente con che paco
Vamos a ver a Che Paco e Isabel, y a sus chavalicos Diego e Isabelita, que se están bañando en la playa de Andrín. Nos presenta a su madre, de grandes y cuadradas gafonas, que ha venido a estar con sus nietos. Diego es propenso a la fiebre alta y hace poco tuvo convulsiones, nos cuenta Isabel.
Vamos a Riocaliente, que es el pueblo del padre de Ché Paco, bastante chulo, con más hórreos que casas. Comemos en un pequeño restaurante llamado El Rincón, fabes y erizos. Invita Che Paco y le digo que acaba de destruir su imagen de rata y gorrón.
Paseamos por el pueblo y por las montañas de alrededor. Che Paco nos va presentando a la gente. Todo recupera una sensación cálida, esa de agarrar el tiempo y mirar más despacio, pensando que podríamos haber sido felices de cualquier forma, con otra gente, otra vida.
Por la noche se revelan los erizos produciéndome retortijones. Descompuesto, bebo agua con limón y, más tarde, sueño con recorridos alternativos sobre mi barriga-montaña para no hacerme daño.
jueves, 22 de agosto de 2013
el entrego y oviedo
Bastante alucinante el Museo de la Mineria y la Industria de El Entrego, al lado de Langreo. Especialmente la mina y la enfermería, con esas preciosas maquetas del cuerpo humano. Comemos en Oviedo, cerca de su catedral gótica (s. XIV al XVI), en el restaurante El Naranco. Unas fabes con almejas riquísimas. Vemos el Templo de San Tirso, el Palacio Velarde, el Teatro Campoamor, el Ayuntamiento, el Barrio del Fontán y, a las afueras, San Julián de los Prados, Santa María de Bendones, Santa María del Naranco (donativo de 250 pelas) y San Miguel de Lillo. Precioso prerrománico. Los dos últimos edificios están juntos en un sitio tranquilo donde disfrutar.
miércoles, 21 de agosto de 2013
tazones y villaviciosa
Junto a Villaviciosa, visitamos Tazones, tranquilo y apacible. Con casas de piedra y madera con sabor popular. Muy limpio. Alguna casa totalmente cubierta de conchas merece estar sobre el televisor de Polifemo. El puerto y la playa están en la misma ensenada. La playa es pequeñita y hay que esperar la marea baja para descubrir la arena. Mientras dibujo, unos moteros hablan de Nueva York a la manera asturiana. Beni y Mariví toman el sol en la paerilla del paseín. En la esquina del puerto hay una escalera donde inicia un camino de pedrones que lleva a un yacimiento jurásico, unas lastras de impresión con huellas de dinosaurios no demasiado evidentes. Hay huellas tridáctiles y palmípedas como de medio metro. Me baño.
Colas en la carretera a Villaviciosa, donde vemos la fábrica de la sidra champán El Gaitero, fundada por el indiano Bedulio Fernández Pando, gran benefactor de Villaviciosa y muerto en 1927 e inmortalizado en una estatua de Benlliure frente al teatro y las escuelas Primo de Rivera. El edificio de la fábrica es bonito, muy bien integrado en el verde del paisaje. Los bares en Villaviciosa son antiguos, con ese aire de provincias como el Bar Moderno, donde el Athletic de Bilbao juega contra el Real Betis Balompié y Julen Guerrero acaba de fallar un gol cantado.
Merece la pena la iglesia románica (s.XIII) de Santa María de Oliva, con capiteles preciosos en los arcos de la puerta principal (signos extraños, vegetales y motivos zoomórficos). Rodeando la iglesia aparecen los más extraños animales que pueda uno imaginar.
Pixín: Rape
Bugre: Bogavante
Andariques: Nécoras
Chopa: Sargo
martes, 20 de agosto de 2013
cudillero, avilés y una charla en el hotel
Amanece lloviendo, lo vemos desde la cama. Los rusos siguen de guerra. Los colores se hacen más densos. La buganvilla está repleta de flores moradas. Se oyen los platos y el agua de algún fregadero. Desayunamos.
Vamos a Cudillero, más allá de Avilés. Un pueblo bonito en una ensenada semicircular con mucha pendiente, de tal forma que sus casinas están sentadas en gradas para ver el espectáculo en el puerto. Un anfiteatro verde. Muchos turistas, muchos tenderetes. Damos una vuelta por el casco viejo de Avilés. Comemos en La Fragata. Es bonito, pero no nos sentimos cómodos. No hay guisos, que es lo que apetece. Todo salado.
Nos bañamos en la playa de Salinas, una playa de más de dos kilómetros, que me recorro paseando hasta el Museo de las Anclas. También en la Playa de Rodiles, donde por megafonía pregonan a una niña de seis años perdida con peces rosas en el bañador, Juan Enrique se somalla y algunas asturianas se broncean las tetas.
En el hotel bebemos, fumamos y hablamos por los codos. Nos cuentan que la gaita asturiana no suena como la gallega y que en los pueblos todos usan les madreñes, que son unos zuecos de madera que se ponen con las zapatillas dentro para salir fuera y no embarrarse y mantener calentines los pies. Tienen tres tacos de madera que se cubren de goma para no escurrirse. Nos recomiendan el Museo de la Minería y la Ruta del Oso. Después la señora se mira el reloj y dice que ya son horitas de acostarse.
lunes, 19 de agosto de 2013
paseando por la costa
Desayuno en el hotel esperando que se levanten. Vamos al Cabo de Peñas, donde ellas desayunan mientras paseo hasta la cruz. Hay un bote donde la gente mete papeles doblados con leyendas. Vive alguien en la casa adosada al faro. Una señora de amarillo cuelga la ropa en la parte trasera. La costa brilla como un espejo. La plataforma del cabo es plana y cubierta de flores de unas plantas duras con pinchos, como para aguantar los fuertes vientos. Los acantilados producen vértigo de lo altos que son. La niebla apenas si deja ver las playas de Verdicio. Vuelvo pisando este suelo apelmazado al restaurante del cabo.
Vamos a la Playa de Tenrrero, de arena fina y con una gran duna en el centro. Siguiendo un sendero al Oeste, subimos a un prao donde está la caseta de socorristas y una bandera roja. La gente se baña desnuda. Siguiendo el sendero, llegamos a San Martín de Podes, un pueblo con unas cuantas casas dispersas. Bajamos hasta el río y seguimos su curso por un camino entre huertos y el rumor del agua. Barcas boca abajo cubiertas de hierba. La segunda casa a la derecha, nos dicen. En la plaza entramos al edificio con una torre de tres pisos. Esto es Molín del Puerto. Dentro hay un bar decorado con rocas de mar y tablas pintadas. Detrás de la barra enfrían las botellas de vino y sidra en un canal desviado del río. Una terraza y el embarcadero de Lampero con barcas volando. Cuevas con puertas y ventanas para los aperos de la pesca. Parece que hubiéramos atravesado esa cascada que nos separa del mundo. Una familia se baña con zapatillas, tomando el sol en las rocas. En la terraza nos comemos una llapas en salsa, un sargo y una lubina, y de postre unas tartas de queso que aquí llaman flan de cabrales. Todo de maravilla.
En la siesta nos dicen que Candás es guapo, y aquí estamos. Un hotel espantoso casi se carga el dicho. Se vende como la mejor vista del Cantábrico, hay que joderse. Visitamos las terrazas de los bares con sardinas, navajas, croquetas de marisco, mejillones... En la parte baja del rompeolas se sienta la tercera edad, por arriba pasea la gente entre las largas cañas de los pescadores que ahora sacan un pez de más de un kilo de hermosos colores. Huele a mar, a algas. Los pescadores cuentan a los chavalillos cómo pescaron un pulpo de más de dos kilos en aquellas piedras del fondo. La gente va arreglada con sus polos, como recién salidos de misa. Nos sentamos en una terraza resguardada del viento. Comemos pipas Facundo, de Palencia. En el envase han relegado vilmente aquello que dijo el toro al morir.
A las diez nos volvemos al hotel, con una parada en la cafetería del camping de Bayugues. Me gustan sus lámparas oxidadas, pero nada su olor a aceite rancio ni las voces de los clientes.
domingo, 18 de agosto de 2013
viaje a asturias
1999 Martes 17
Salimos temprano de Madrid. Llegamos a comer a León, fabes con pixín y setas. Barrio Húmedo, Plaza Mayor, Placita de San Martín. Bar La Competencia y, enfrente, unos claretes con tapa por setenta pesetas. El llamado La Gitana también tiene buenas tapas y es barato.
Llegamos malamente al hotel (hay que irse por la carretera de Avilés y en el km 17 coger a Candás. De allí a Luanco y luego a Bayugues. El hotel está frente a la playa de Bayugues) que es tranquilo y limpio, buen rollo.
Cenamos frescos y tranquilos en Luanco, en el bar El Muelle. Unas sidrinas con mejillones y sardinas cortas. Los mejillones traen una salsa riquísima. Repetimos.
El hotel es un remanso de paz. Enfrente tenemos playa y embarcadero. Desde la terracita de la entrada vemos el mar, el verde de la tierra recortándose en el azul y el faro de Peñas alumbrando intermitentemente.
1999 Miércoles 18
Salimos temprano de Madrid. Llegamos a comer a León, fabes con pixín y setas. Barrio Húmedo, Plaza Mayor, Placita de San Martín. Bar La Competencia y, enfrente, unos claretes con tapa por setenta pesetas. El llamado La Gitana también tiene buenas tapas y es barato.
Llegamos malamente al hotel (hay que irse por la carretera de Avilés y en el km 17 coger a Candás. De allí a Luanco y luego a Bayugues. El hotel está frente a la playa de Bayugues) que es tranquilo y limpio, buen rollo.
Cenamos frescos y tranquilos en Luanco, en el bar El Muelle. Unas sidrinas con mejillones y sardinas cortas. Los mejillones traen una salsa riquísima. Repetimos.
El hotel es un remanso de paz. Enfrente tenemos playa y embarcadero. Desde la terracita de la entrada vemos el mar, el verde de la tierra recortándose en el azul y el faro de Peñas alumbrando intermitentemente.
1999 Miércoles 18
Amanece nublo y lloviendillo. Un fuerte viento se empeña en arruinarnos el desayuno. Los ricinos encendidos de rojo se agitan con sus bolas de pinchos. El ambiente oscuro augura un día de tabernas.
Visitamos Gijón. La Plaza del Marqués, la Colegiata de San Juan, La Plaza Mayor, las termas romanas, el Palacio de Valdés en la Plaza de Jovellanos. Nos indican comidas caseras en La Zamorana, El Puerto, Casa Víctor, Casa Zabal y Casa El Cartero.
En la playa de Bayugues cogen bígaros y percebes. La marea está baja y deja a la vista todas las rocas encharcadas. Fantasmas marinos. Por la tarde, paseamos por los acantilados hasta Punta Sabugo.
Cenamos en La Fustariega, en la carretera de Verdicio. Tienen carne a la parrilla. En la tele habla Félix Rodríguez de la Fuente. Las costillas entran de maravilla, no así es Pesquera del 96, que se ha puesto malo.
Las sábanas parecen de la dote de la señora. Son de algodón con un bordado de flores y las iniciales MJ. La terraza de la entrada es el sitio perfecto para los refrequistos de limón.
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