"Nos parece importante que haya un colectivo público que recuerde lo que aquí sucedió", ha señalado Gómez Nadal, uno de los artífices, quien ha lamentado que "no hay una sola referencia a que este fue el primer campo de concentración del franquismo".
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miércoles, 18 de septiembre de 2019
recrear es recordar
"Nos parece importante que haya un colectivo público que recuerde lo que aquí sucedió", ha señalado Gómez Nadal, uno de los artífices, quien ha lamentado que "no hay una sola referencia a que este fue el primer campo de concentración del franquismo".
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jueves, 26 de noviembre de 2015
joris hoefnagel
Representa el triunfo del Renacimiento sobre el Medievo. Nacido en Amberes en 1542 y muerto en Viena en 1600, este artista flamenco, curioso y abierto, habla y escribe varias lenguas, entre ellas latín, toca varios instrumentos musicales, escribe y gusta de leer poesía, dibuja y pinta mapas, pinturas al óleo e ilustraciones para libros.
Hijo de una rica familia de cortadores de diamantes, viajó por Francia, Gran Bretaña y Francia, dibujando sus cartografías, que editase posteriormente en un atlas de seis volúmenes. En 1591 pintó, con ayuda de su hijo Jacob, los tesoros zoológicos del emperador Rodolfo II. Para Georg Braun (1541-1622), canónigo de la catedral de Colonia, dibujó 363 planos del libro Las Ciudades del Mundo (1572). De 1563 a 1567 viajó por España dibujando vistas.En la Biblioteca Nacional de España pueden verse algunos de sus dibujos; pero lo más impresionante está en sus libros iluminados de caligrafía en el J. Paul Getty Museum, todo un clásico del diseño gráfico, a los que puedes acceder pinchando aquí.
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domingo, 1 de febrero de 2015
hugo y mariano
En la nueva casa de Corine, en Santander, después de un San Martín en El Cazurro el 29 de noviembre.
lunes, 16 de julio de 2012
camino de santiago: santander

No quiero extenderme. Alguien parece que vio un esbozo de sonrisa en la ursulina recepcionista y logramos, en esa pequeña grieta, colocar los macutos. Y entonces apareció Santander. Sólo diré lo que me ha gustado de aquí: Los troncos gordos de los tarayes. Que Menéndez Pelayo duerma eternamente con dos gruesos libros de almohada y los capiteles de jorobados y bichos raros con cabezas humanas, también en la catedral. La Valdepeñera en San Luis y su simpática camarera que me trae una bandeja de tapas a escoger. Su suelo de mosaico rojo. La comida de menú de La Montaña. El local del café bar El Sol y también las casas de la calle del Sol (y aquellos azulejos con la efigie de Cleopatra). Los peces de piedra del mercado municipal de Puerto Chico. Las puertas correderas de madera de cocheras antiguas y talleres. Las casas de madera de la calle Barcelona. Los churros de Los Picos de Europa y esas maderas cruzadas en su fachada. El bar Canela y la dulzura de Corinne, que además me regala un refresco. Los bulevares a la portuguesa. Los letreros de metacrilato de los años setenta. Los coros de hombres cantando si tu me dices ven. Esas maderas desgastadas que enseñan su ropa interior. Las palmeras en solares deshabitados. El cine Los Ángeles. Y aquella niña que jugaba saltando baldosas mientras los marineritos presumían de consolas, de todoterrenos, de barco, de moreno y de ropa cursi y ñoña.
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domingo, 15 de julio de 2012
camino de santiago: de güemes a santander
Hoy, premio al mejor desayuno. La señora se ha pasado. Nos ponemos gordos y el camino se hace más pesado. Menos mal que hoy no hay dificultad y son menos kilómetros. Cambiamos el recorrido para no ir toda la mañana por carretera. En Galizano (4,5 kms., más pintadas de caja mestafa) giramos hacia la playa de Langre y cogemos un sendero de hierba sobre los acantilados. Brisa fresca, camino mullido e impresionantes vistas. Acierto pleno. Una extraña y agradable sensación atravesando el campo de helechos y el paso por la bonita cala de la playa de Los Tranquilos. Acabamos en la playa de Somo, que recorro descalzo. Toni tiene dos ampollas en los pies, y anda como el Chiquito. En el embarcadero de El Puntal almorzamos unos pinchos de jamón con pimientos y chorizo que nos pone Marta, en el quiosco La Mar Salada.
Cogemos la barcaza a Santander (2,5 euros). Nos sentamos delante, pero el agua nos moja y nos metemos. Alguien señala la enorme casa de Ballesteros y, enfrente, la de su suegro. Paramos en Pedreña y después en Santander. Ellos se quedan a comer, yo no tengo hambre con tanto desayuno, los pinchos y un helado que me he zampado. Me voy a Estudios Zarauz, de cutres apartamentos y recepcionista ursulina.
Mientras los chicos duermen, doy un paseo por Santander, de la que tengo una idea prejuiciosa de pijota, de mucho paseo para ver y ser visto. En el Café La Viña muchos abuelos de punta en blanco. Dibujo el edificio de los bomberos, mientras un señor con casco y sin ganas de volver a casa me cuenta historias de la villa. Me meto por San Luis, donde quedan algunos fósiles como el Bar Valdepeñera, que abre en diez minutos. Un señor completamente rojo y a punto de volcar, espera impaciente. La rancia biblioteca Menéndez Pelayo, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo con las paredes abarrotadas de fotos y cuadros. El habanero Adrian Melis trata de hacer productivo el sistema improductivo rescatando los sueños de los que se duermen trabajando: Tenía un hija con mi jefa, ella me dice que tengo que mantenerla o nos echarán a los dos. Siempre me quedo dormido en el tractor. Las computadoras caminaban. Compré un vestido nuevo que me envolvían en una caja de cartón.
Quedo en El Sardinero. Familias apañadas con los niños vestidos de marineros. Zapatillas náuticas. Disfraces de bodas. Esto no parece muy recomendable y vamos al tramo del Ayuntamiento. Por allí cenamos a base de raciones. Las setas, lo mejor. Un mojito mientras se hace resumen. Ellos vuelven mañana. Volvemos paseando mientras se recogen los bares. Con los pies llenos de ampollas, Toni sigue haciendo bromas acercándose despacio y felizmente al final.
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