Se denomina natufiense a una cultura del Epipaleolítico Final y Mesolítico, posterior a la cultura kebariense, que se extiende por toda la zona del Próximo Oriente, desde el Éufrates hasta Egipto y los desiertos situados al sur entre el 12.000 y el 9.500 aC aproximadamente. Su nombre fue definido por Dorothy Garrod en 1932, a partir del yacimiento de Uadi-en-Natuf, situado en Cisjordania.
Hace entre 14,000 y 12,000 años, las comunidades natufienses del Levante vivían en pequeñas aldeas, formadas por grupos reducidos de cabañas de planta circular, de unos 10 m de diámetro, con paredes de caña y barro. Algunas cabañas tenían un depósito o silo para los alimentos, aunque también podían usarse para enterrar personas. Además se sabe que había cabañas semiexcavadas en el suelo y cuya entrada consistía en una especie de rampa. Estas viviendas también eran de planta circular y su diámetro oscilaba entre cinco y seis metros. En el centro de estas cabañas solía haber un mástil de madera que servía para soportar la techumbre, que normalmente estaba hecha de adobe y ramas. En el interior de la zona central de dichas cabañas se encontraba el hogar. Construyeron, pues, estructuras sustanciales, establecieron asentamientos y desarrollaron tradiciones de construcción distintivas. Su arquitectura ofrece un vistazo a una gran transición en la historia de la humanidad, que comenzó antes de que la agricultura se convirtiera en dominante.
En Eynan (Ain Mallaha), en el actual Israel, los arqueólogos reexaminaron los restos de una estructura natufiense temprana de piedra conocida como Shelter 51. En ella encontraron una inesperada relación entre dos características arquitectónicas: un muro de piedra curvo y una serie de siete póstoles llenos de piedra. El análisis espacial reveló que los póstoles siguieron un arco notablemente consistente, compartiendo un centro aproximado con el muro 51. Esta alineación precisa sugiere que los constructores pueden haber organizado deliberadamente la estructura alrededor de un plan geométrico.
Los enterramientos eran individuales o colectivas, tanto dentro como fuera de las viviendas, a veces en cuevas. En los enterramientos individuales los cuerpos se depositaban en posición fetal. Estaban en una postura tan flexionada que el cráneo daba en las rodillas. Por otro lado, en los enterramientos colectivos los cadáveres no se colocaban en una posición tan flexionada. Se han
encontrado calaveras separadas. A veces, los cráneos estaban decorados con cuentas de conchas. Algunos ajuares funerarios se componían de collares (hechos de conchas, huesos de gacela y piedra), tocados, moluscos procedentes del mar Rojo, obsidiana de Anatolia, cuencos de piedra y multitud de conchas. Estas últimas aparecían tanto en la cabeza como en el cuerpo. Estaban adornando las ropas de los difuntos y sus cabellos. En 2008, fue descubierta la tumba de una chamana o bruja curandera. El enterramiento contenía las conchas completas de 50 tortugas, que se piensa fueron llevadas allí y comidas durante un banquete funerario.
En cuanto pasó al sedentarismo (aunque continuó practicando la caza y la recolección) la sociedad natifuense desarrolló jerarquías, lo cual puede demostrarse por las diferencias entre diversos entierros: algunos de los muertos eran enterrados con collares y múltiples adornos; otros sin adorno alguno. Es posible que efectuasen ejecuciones rituales o como castigo, ya que se han encontrado esqueletos decapitados, lo cual se demuestra por la rotura de las vértebras cervicales. Podría ser, por lo tanto, que tuviesen una cierta estructura primitiva de poder.
Una posibilidad es que hayan utilizado un método simple de medición, como un cable anclado en un punto central, para establecer el diseño curvo. Sin embargo, no se ha identificado ninguna herramienta de medición, por lo que el método exacto sigue siendo desconocido. El descubrimiento desafía la suposición de que la planificación geométrica en la arquitectura surgió sólo con otras sociedades agrarias posteriores. Estos eran cazadores-recolectores, sin embargo sus decisiones de construcción pueden haber implicado una planificación espacial deliberada.
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| Reconstrucción facial a partir de un cráneo |
En cuanto pasó al sedentarismo (aunque continuó practicando la caza y la recolección) la sociedad natifuense desarrolló jerarquías, lo cual puede demostrarse por las diferencias entre diversos entierros: algunos de los muertos eran enterrados con collares y múltiples adornos; otros sin adorno alguno. Es posible que efectuasen ejecuciones rituales o como castigo, ya que se han encontrado esqueletos decapitados, lo cual se demuestra por la rotura de las vértebras cervicales. Podría ser, por lo tanto, que tuviesen una cierta estructura primitiva de poder.
Sus herramientas se componen de conjuntos laminares y geométricos, de microlitos variados, de puntas de flecha, de agujas, arpones (muchos de ellos decorados), anzuelos, útiles de madera, morteros de piedra (algunos con decoración) y molinos activos y pasivos. Además de esto, poseían una rica industria ósea.
Los mayores aportes que los natufienses hacían a su dieta eran cereales silvestres, frutos secos y las gacelas que cazaban. Los demás alimentos suponían un aporte mínimo. Eran, por tanto, grupos de cazadores-recolectores especializados en la caza de la gacela (de cualquier edad y sexo) y la recolección de cereales silvestres. Recientemente se descubrió que comían serpientes y lagartos de forma habitual.
Se han encontrado algunas de las más antiguas evidencias arqueológicas de la domesticación del perro. En Ain Mallaha (Israel), con una datación de alrededor del 12000 a. C., se han encontrado restos, en un enterramiento, de un humano anciano junto a un cachorro de cuatro a cinco meses de edad. En otro sitio natufiense, en la cueva de Hayonim, varios hombres fueron encontrados enterrados con dos cánidos.
Las recreaciones en IA de las comunidades natufienses están fabricadas por la cuenta @neolithicnuggets





























































