jueves, 29 de septiembre de 2022

camino lebaniego: a san vicente de la barquera


    Después de rellenar el cuaderno con mapas, llega la hora de la verdad. Mientras ellos salen de Bolaños, yo preparo la mochila con un poco de ropa, una bolsa de aseo, un pequeño botiquín que incluye una manta de emergencia, el palo, un bote de agua de un litro en una bolsa térmica, klinex, cargadores y una batería externa, y un estuche con rotuladores, una cajita de acuarelas, un botecito de agua, un pincel con agua, lápiz con sacapuntas y una goma. También una bolsa para la ropa sucia y un monedero. Total: siete kilos, que llevaré a cuestas todo el camino. En los bolsillos del pantalón reparto el móvil, el cuaderno, tamaño A6 cerrado, un pilot 05 junto a una navaja y, atrás, la cartera.

    La cita es en casa de Ana. Antes me paso por el marcado y compro pan, unas lonchas de queso y pavo, un tomate y un melocotón, y me lo almuerzo todo mientras llegan en la furgo de Javi. Una señora se acerca y me desea que aproveche. Pienso que estas muestras de buena educación son ya del pasado.

    Comemos en Reinosa, en una casa de comidas frente al antiguo lavadero y la estatua a Juan Guerrero Urreisti, creador del himno de Cantabria. Muy rico el cocido montañés de habichuelas con chorizo y morcilla, la lubina y la leche frita. Con el vino y el café nos llevan solo 14 euros. Cambio de conductor y una retahila de camiones gigantes cargados con diversas partes de un molino de viento fabricado en Daimiel.

    A las cinco de la tarde llegamos a la pensión Loli, frente al Centro de Salud de San Vicente de la Barquera, flipados por la bahía y el largo puente de piedra sobre la ría de San Andrés. Cuidado con el escalón marcado, es más alto que los otros, nos dice nuestra guía, que también es camarera en el bar de la compañía. Nuestra habitación tiene solo dos camas para tres y especulamos sobre cómo podría dormir la tercera persona, hasta que detrás de una puerta descubrimos una habitación secreta con cama de matrimonio, tele, baño propio y una tercera puerta a una terraza incrustada en la montaña, donde cultivan tomates en un pequeño parterre. Guau! Ana se ilumina de felicidad.

    Paseamos por el puerto deportivo y el pesquero, cruzando un segundo puente. La marea bajó tanto que las barcas reposan sobre el suelo. Tras ese segundo puente, al oeste, brilla la ría donde desemboca el río Gandarilla y destacan las siluetas negras del castillo y la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles en la ribera izquierda. Subimos para verlo por lo que parece la calle fundacional, en lo alto de una alineación de peñas. Allí está el Ayuntamiento y demás edificios públicos, el castillo de rey, la Casa del Preboste, el recaudador de impuestos en la Edad Media, en la puerta de Santander, y, al fondo, lo poco que queda del antiguo hospital y la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, de todos los estilos y épocas, quedando muy parcheada en la actualidad, pero resultona con esos delgados nervios góticos que bajan de sus altas cúpulas agarrándose a las columnas y esos graciosos santos policromados en sus retablos dorados. Jugamos a adivinarlos: San Roque con su perro, San Francisco, Santiago, un San Juan Bautista quemado por el sol y una virgen amamantando a un niño Jesús demasiado crecido y que aquí llaman Virgen de la buena leche. En una capilla lateral un Cristo yacente sufre ensangrentado con los pies agujereados por los clavos y elevados unos centímetros sobre el suelo. Barbado y sucio, su cara expresa un gran dolor.
 
    Tiene la iglesia una puerta lateral y otra al Oeste que da a una pequeña plaza en terraza sobre las peñas, con una preciosa vista. Javi comenta que todas las iglesias preconciliares, de Trento, tienen el ábside al Este y la fachada al Oeste. Como la brújula marca el Oeste, le cuadra. Es en esta iglesia donde empieza el Camino Lebaniego en su vertiente religiosa.

    Cenamos de tapas en la calle principal, que es la carretera nacional 634, con muy buen ambiente. Los soportales están llenos de terrazas. En El Mozucu y La Folia caen cervezas y sidras con rabas, mejillones, sardinas, navajas y zamburiñas, que es lo que por aquí se despacha. Nos escancian la sidra, que se compra por botellas y tiene un precio bajísimo. Subimos a la piltra con alegría, pero sin perder la guardia ante ese escalón.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

pájaros y pajarracos

Imágenes en óxidos transferidas sobre engobes 
aplicados a plancha de PRAI. Esmaltado con O-6054.
Bizcochado, se rompe al presionar. Es un proyecto fallido.

martes, 27 de septiembre de 2022

lunes, 26 de septiembre de 2022

domingo, 25 de septiembre de 2022

sábado, 24 de septiembre de 2022

viernes, 23 de septiembre de 2022

jueves, 22 de septiembre de 2022

miércoles, 21 de septiembre de 2022

martes, 20 de septiembre de 2022

higos chumbos

Es ahora cuando madura el higo chumbo o tuna, higo de pala o higo pico, el delicioso fruto de la chumbera, que perdió su uso por sus molestas espinas. En inglés se le llama prickly pear, pera espinosa, resaltando este defecto para el consumo.

El higo chumbo es el fruto de la chumbera (Opuntia ficus-indica), también conocida como palera, higuera de pala, higuera de indias, figuera de moro, tuna o nopal. Se trata de una planta arbustiva suculenta de la familia de las Cactaceae o cactus, ramificada y con porte y tamaño muy variable, que es capaz de alcanzar grandes dimensiones, superando incluso los cuatro metros de altura.

Las flores son hermafroditas, suelen ser de color amarillo pajizo, anaranjado o rosado, siendo de esta tonalidad generalmente aquellas que no son fecundadas. La polinización puede ser autógama o halógama mediante la acción de insectos, con una floración que en ocasiones puede ser doble, a inicios del verano.

El higo chumbo listo para comer puede ser de color amarillento, rojizo o rosado. Su piel o pericarpio es gruesa, y está cubierta de numerosas y pequeñas espinas. Las hay más grandes y visibles, como agujas, pero las más molestas son diminutas y finas, los llamados gloquidios, que dificultan su recolección y manipulación.

La chumbera es originaria de América, situándose concretamente su procedencia más probable en las zonas más áridas del actual México. Es una planta que necesita climas templados o cálidos con abundante luz solar directa, prefiriendo las zonas más áridas o casi desérticas, siendo muy resistente a la sequía, aunque sus frutos son más provechosos si recibe agua en las primeras semanas de verano. No resiste las heladas.

Se adapta muy bien a todo tipo de suelos, siendo más agradecida en terrenos ligeros, pedregosos y arenosos, no respondiendo bien a los muy húmedos o arcillosos. Por todo esto, es una planta que ha tenido un desarrollo tradicional en España en regiones del sur y sureste, cercanas a la costa, también en Extremadura, Baleares y Canarias, a donde se llevó desde la Península. Los musulmanes residentes aún en territorio español se llevarían consigo su cultivo al norte de África, donde sobresale la producción marroquí. A menudo ha sido usada en las casas para proteger los patios de las viviendas actuando de barrera natural frente a posibles robos.

    Su fruta es muy rica en agua, fibra y vitaminas, con bajo contenido calórico, aportando entre 40 y 50 kcal por cada 100 g de porción comestible. Es por tanto un alimento muy hidratante, saciante pero ligero, muy adecuado para mantener la hidratación del organismo y regular la temperatura corporal precisamente en verano. Su consumo es muy beneficioso, apenas contiene cantidades anecdóticas de grasas, con presencia de ácidos grasos omega 6 y omega 3, y muy escasas proteínas vegetales. Hay que destacar su aporte de antioxidantes, siendo una buena fuente de vitamina C y folatos, además de minerales como calcio vegetal o magnesio.

Deben recolectarsea primera hora de la mañana y guantes fuertes. Si se cosechan con parte de la pala se conservan durante más tiempo. Los más maduros se conservan mejor en el frigo.

El higo palero en su punto ofrece una pulpa totalmente comestible, muy dulce y aromática, con recuerdos tropicales muy refrescantes. Las pequeñas semillas son aptas para su consumo, aunque se vuelven más grandes, duras e incómodas a medida que el higo se pasa de maduración y se vuelve más dulce y blando.

Para degustarlo basta con comerlo al natural una vez pelado, como si fuera un melocotón. Por su gran dulzor y contenido en agua es perfecto para hacer batidos, zumos, helados, sorbetes o mermeladas, chutneys y compotas. Combina muy bien con otras frutas de temporada en una macedonia o postre con yogur, y es un excelente maridaje de ensaladas con hojas verdes y quesos, también para acompañar carnes ligeras o pescados blancos a la parrilla.