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miércoles, 22 de julio de 2026

alcangraje














Alcangraje 
Con harina y potaje
Pique
Repicoteo
A la culá y estoy libre
A la recién culá

A la una la luna
A las dos el sol
A las tres, el borriquito de San Andrés
A las cuatro, blinco y salto
A las cinco, cinco blincos
A las seis, el almirez
A las siete, pongo mi bonete sin derribete
A las ocho, recojo mi bizcocho sin derribocho
A las nueve, la pava
...

Alcangraje es un juego en que un niño hace de burro agachándose y los demás saltan sobre él hasta que cometen un error, y pasan a ser borriquillos. Lo normal es saltar apoyando las manos en la espalda del burro y con las piernas abiertas Entre ellos está pídola o piola, en que el salto se va dificultando alejándose el burro de la raya desde la que los niños saltan. También están el escondite inglés y por parejas. El Alcangraje en algunos sitios lo llaman a la una la mula. Otra variedad es el burro, en que el agachado mete la cabeza entre las rodillas y se apoya en la pared, el siguiente salta encima y luego forman una fila de burros encadenados.

En Alcangraje se salta como una secuencia cantada. Cada verso de la canción significa una forma de saltar distinta, cada una con su propia dificultad. Tenía muchos versos, aunque yo solo recuerdo el prólogo y los nueve siguientes. Cada pueblo o comarca tenía su propia canción. El número de versos no siempre es el mismo, pero siempre tienen que rimar. En un estudio sobre Euskadi, se han recogido estos cantares, con gran parecido al nuestro:

En Amézaga de Zuya:

A la una salta la mula 
A las dos tira la coz 
A las tres los tres brinquitos de San Andrés
A las cuatro la cruz de mayo (se salta con las piernas cruzadas)
A las cinco el mayor blinco 
A las seis una vieja moviendo el almirez 
A las siete dejo mi capuchete (se deja una prenda sobre el burro)
A las ocho lo recojo 
A las nueve el que toca pierde (se salta sin apoyar las manos)
A las diez garrotazo. 

En Obanos: 

A la una saltaba la mula 
A las dos tiró la coz (patada al burro con el pie que pasa por el culo del burro)
A las tres los tres blinquitos de San Andrés
A las cuatro la cruz de mayo 
A las cinco el mayor blinco 
A las seis la culetada (al saltar se da con el culo al burro)
A las siete empina la bota y bebe (gesto de beber mientras se salta) 
A las ocho pan y bizcocho 
A las nueve dejo el gorro (el primero deja una prensa y los demás saltan sin que caiga) 
A las diez lo recojo (el primero lo recoge y los demás repiten el gesto).

En Garde:

A la una saltaba la mula
A las dos tiró la coz
A las tres Juan, Perico y Andrés
A las cuatro brinco y salto
A las cinco el gran brinco
A las seis pincha la vieja con un alfiler
A las siete chis pum cohete
A las ocho pan y bizcocho
A las nueve coge la bola y bebe.


En Sangüesa: 

A la una andaba la mula 
A las dos tiró la coz 
A las tres el burrico de San Andrés 
A las Cuatro brinco y salto 
A las cinco el mayor brinco 
A la sexta mámate ésta (se le da un golpe al burro) 
A las siete cachete 
A las ocho con pan y bizcocho 
A las nueve empina la bota y bebe.

En Pamplona:

A la una andaba la mula 
A las dos, tiró la coz
A las tres, los tres saltitos del rey (tres saltos y luego se brinca el burro) 
A las cuatro, brinco y salto (el burro se aleja de la raya y se da un salto y el siguiente sobre el burro) 
A las cinco, el mejor brinco (pasar a la mayor altura posible)) 
A las seis, cascaba la vieja los ajos en el almirez (una vuelta alrededor del burro antes de saltar) 
A las siete, pasé por aquí y tiré mi bonete (el primero dejaba la boina en el burro y los demás encima) 
A las ocho, pan y corcho (un. salto corriente) 
A las nueve, empina la bota y bebe 
A las diez, peinar (pasando una mano por el pelo del burro) 
A las once, los azotes 
A las doce, capurruchete, martín y culada (se caía sobre el burro) 
A las trece, cabritos cornudos y echar a correr (todos echan a correr y el burro tras ellos. A quien coja será el próximo burro).

En Lanestosa:

A la una, anda la mula 
A las dos, da la coz 
A las tres, Pepa, Juan y Andrés 
A las cuatro, brinco y salto 
A las cinco, el mejor brinco 
A las seis, allá las tenéis (un pañuelo sobre la cabeza del burro se tiraba al suelo pasado el burro) 
A las siete, paso y cojo mi carapuchete
A las ocho, pan y bizcocho 
A las nueve, empina la bota y bebe 
A las diez, otra vez 
A las once, llama el conde 
A las doce, le responde 
A las trece, las nueve montañas 
A las catorce, cortar cañas a La Habana.

Hay otra versión en que el cuatro es uñas de gato, en que se clavan las uñas al burro al saltarlo.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

juguetes, juegos y arqueología

El juguete es consustancial a nuestra especie, siempre ha existido porque en todos los grupos humanos ha habido niños que los han utilizado, fabricado y aprendido con ellos. No son objetos para ser conservados, se usan hasta que se rompen y su utilización caduca con la edad; por lo que se hicieron con materiales perecederos que no han dejado huella en el registro arqueológico. También porque como juguetes se emplearon seres vivos, plantas o animales, cuyos restos no pueden ser relacionados con esta actividad. Incluso los objetos desechados por los adultos han pasado al mundo de los juegos infantiles. Muchas piezas extraídas de excavaciones, prospecciones o hallazgos pueden tener este significado. Podrían tener otros usos, pero su contexto arqueológico, ajuares funerarios infantiles, lugares de habitación o características del propio objeto, han proporcionado certezas sobre su uso.

Muñecas de terracota. Uno de los primeros ejemplos es una muñeca ibérica, de unos 8 cm, los brazos articulados y restos de pintura en su superficie, encontrada en el Tossal de Sant Miquel de Lliria (Valencia). En otros contextos celtíberos estas figuras cerámicas femeninas se han considerado como exvotos, cuando en ciertos casos pudieran ser juguetes. En la época romana, las muñecas más conocidas son de marfil y hueso en tumbas infantiles, pero también son frecuentes las de barro articuladas. Esta tradición de muñecas de arcilla persiste en la Edad Media y en algunos lugares como Murcia ha perdurado hasta mediados del siglo XX. La mayoría de las muñecas de barro hasta principios del XIX eran figuras vestidas con las extremidades pegadas al cuerpo para evitar roturas. A mediados del XIX se inicia la costumbre de fabricar muñecas desnudas para vestir y con los brazos abiertos en cruz.

Ajuares domésticos en miniatura. Son piezas de vajilla cerámica muy pequeñas, frecuentes en yacimientos arqueológicos de todas las épocas. No hay dudas de su existencia desde la época romana, donde sus muñecas disponían de sus complementos adecuados: muebles pequeños, adornos, vajillas. En Italia se han documentado hallazgos de elementos de cocina y vajillas en miniatura en plomo. En el Museo Arqueológico Nacional, encontramos miniaturas hogareñas en bronce halladas en Palencia, atribuidos a un enterramiento infantil fechado entre los siglos I aC y II dC. Se conocen también los vasos diminutos de cerámica hallados en Astorga o las piezas diminutas de los alfares de Triana del siglo XII a XIV. 
Los últimos hallazgos han permitido relacionar ciertos cuencos diminutos con la infancia en periodos anteriores. En diferentes yacimientos del Bronce Pleno se han encontrado vasitos cerámicos de mala factura en contextos de habitación en relación con los niños. En la Motilla del Azuer, en una sepultura de un niño de 8 o 9 años de edad, se ha encontrado un ajuar con varias piezas cerámicas diminutas, con paredes irregulares y cocidas a muy baja temperatura. Son reproducciones  a pequeña escala para el proceso de socialización y aprendizaje en las comunidades de la Edad de Bronce. Fueron usadas por los niños y a veces también fabricadas por ellos, como aprendices tempranos de actividades artesanales.
En la Edad de Hierro también se encuentra esta asociación de miniaturas y niños. En la necrópolis de Las Ruedas (Padilla de Duero, Valladolid), la presencia de vasijas a mano de tamaños reducidos no es exclusiva de los enterramientos infantiles. En contextos domésticos han aparecido junto a pequeñas figuras zoomorfas y morillos.
En la mayoría de las culturas, los niños suelen comenzar su integración en el mundo adulto imitando a sus padres, empezando a adquirir las habilidades y técnicas necesarias para ganarse la vida o manejar un hogar.

Figuras zoomorfas de terracota. Las figuras cerámicas de animales existen en los yacimientos arqueológicos desde épocas tempranas, clasificándose como amuletos, exvotos, elementos decorativos y finalmente como juguetes. Lo que incita a clasificarlas como juguetes son su acabado tosco, sin vidriados o solo parciales y sus cabezas inacabadas. La representación de animales en barro es frecuente en los yacimientos de la Edad del Hierro. El Museo Numantino guarda una figurilla con forma de toro del sigo I aC. En El Castelillo (Alloza,Teruel), siglo III o II aC, se encontró un caballito moldeado toscamente junto a un recipiente interpretado como biberón. Estas figuras encontradas en contextos domésticos y otras recogidas en tumbas infantiles se explican mejor como juguetes que como objetos para el culto, como Galán cuenta en su estudio sobre las figuras de Las Arribillas.
Pese a la prohibición coránica de la representación figurada de la naturaleza, la arqueología islámica medieval demuestra la costumbre medieval de fabricar animalitos y venderlos en las fiestas, aunque su origen fuera cristiano y por tanto reprobable. En la zona murciana, el animal más frecuente, como en la Edad del Hierro, es el caballo.

Juegos de azar y mesa: Tabas. Este antiguo juego, en que se tira al aire una taba de ternero para ver e qué posición cae, se ha jugado hasta épocas muy recientes ,hasta ser sustituidas por cajas de cerillas. Son elementos frecuentes en yacimientos de poblados y metrópolis de la Edad del Hierro. No están asociadas a tumbas de niños o jóvenes, pero también aparecen en ellas. El arte romano ha representado este juego y aparece también en sus escritos. Sabemos que había varias formas de jugar, algunas de las cuales se han mantenido hasta fechas recientes: una consistía en tirar cinco huesos de uno en uno y recogerlos en el dorso de la mano, ganado quien más recogiera, como aparece en una pintura mural de Herculano; otra consistía en tirar cuatro tabas al aire y se contabilizaban los puntos que resultaban de sumar las caras en que quedaban boca arriba (cuatro, pues no se cuentan las de los extremos) y que eran: unio, que valía uno y hacía perder, su opuesta senio, que valía seis y permitía ganar, ternio, la convexa, y quatrio o quaterno, la cara cóncava; una tercera modalidad, consistía en arrojarlas dentro de un círculo o un agujero hechos en la tierra, tantas como entraran se ganaban al contrario, importando también la posición en que caían; en otra se tiraba al suelo y el contrincante trataba de tocarla con la suya, quedándose con ella si lo conseguía.
Es posible que este juego fuera el origen del de los dados, pues en Alcudia de Elche se encontrarom varias tabas con diferentes perforaciones en cada cara.

Dados. Los dados son un símbolo del azar y forman parte de numerosos juegos de mesa y azar. Las piezas más antiguas conocidas se fechan en el III milenio aC en el valle del Indo y Mesopotamia, con las características formales y la disposición de los actuales. En los dados griegos, romanos y etruscos los numerales aparecen de forma que las caras opuestas suman 7; norma también escrita por Alfonso X en los Libros de acedrex, dados y tablas, para equilibrar el peso con un número equitativo de perforaciones. A la península llegan con la romanización. Podían lanzarse con la mano, o con cubilete para evitar trampas. Se podían ganar o perder grandes sumas de dinero. Pese a las prohibiciones del juego, no es raro encontrarlos en contextos islámicos de la península. Los cristianos también condenaron su uso, aunque eran tan corrientes que Alfonso X los incluyó en sus Libros. También eran frecuentes los dados trucados, no equilibradas sus perforaciones, como uno de cerámica recuperado en el yacimiento de Alarcos (Ciudad Real) fechado en el siglo XII. Tormo Ortiz dice que apareció la costumbre de situar el uno opuesto al dos, el tres al cuatro y el cinco al seis.
El juego de los dados no es un juego de niños, pero ellos aprenderán a jugar con los mayores.

Juegos de mesa. Los soldados romanos debieron introducir los juegos de tablero en los ambientes indígenas de la península y van apareciendo en el territorio con el avance de la romanización. Los juegos de mesa y azar fueron muy populares en el mundo romano usándose tableros, fijos o portátiles en distintos soportes. Fijos se conocen los grabados en el corredor de entrada del anfiteatro de Itálica, o los del teatro de Mérida, así como en numerosos edificios públicos de Roma. De los portátiles, los de pizarra hallados en los castros asturianos, los ladrillos de Munigua con el juego del alquerque en una cara y el de las tres en raya en la otra, o el de Hita, con cavidades circulares para colocar las fichas.
Algunos juegos romanos son precedentes de otros actuales como las damas o el backgammon. En la época islámica fueron muy populares, a pesar de su desaprobación por el juego.

Alquerque o molino. Existen las variedades de nueve y de doce fichas. En el primero se colocan las fichas en las intersecciones de la líneas del tablero. Puestas todas, los jugadores mueven una ficha a un lugar vacío adyacente hasta conseguir tres en raya o molino, que le permite comerse una ficha del enemigo; cuando un jugador queda solo con dos fichas o sin poder mover, ha perdido la partida.
Los primeros conocidos (templo de Kurna, Egipto, 1400 aC; Troya y Mulva) eran como los actuales. También se han encontrado en la ciudad hispano musulmana de Vascos. El Libro de Alfonso X describe
las variedades de nueve, doce fichas y tres, con dado y sin dado.

Tres en raya. La versión más conocida es la simple, que supone colocar tres fichas en línea. La doble se jugaba con nueve fichas y el tablero estaba compuesto por cuatro simples adosados, siguiendo las mismas reglas pero formando cinco en raya. También lo jugaban los niños romanos.

Fichas y tejos. Entre la Edad del Bronce y la Edad Media, la mayoría de las fichas se fabricaron aprovechando los fragmentos de cerámica recortados para darles una forma discoidal que, en ocasiones, se perfeccionó limando los cantos. Otra están realizadas en piedra, al no implicar ninguna dificultad técnica. Es un hecho admitido que son fichas de juego las piezas pequeñas limadas entre la época romana y principios de la moderna, pues están documentados los juegos que precisan de ellas; aunque se conocen muchos ejemplos en el ámbito mediterráneo de juegos sobre tableros, como los de Micenas y Lesbos. Existen piezas discoidales de la Edad del Bronce, pero no se conocen tableros ni juegos que las sustenten, pero sí que están ligadas al mundo infantil las encontradas en el enterramiento de un niño de la Motilla del Azuer (Daimiel) junto a miniaturas cerámicas.
En los contextos romanos se fabricaban en cerámica, vidrio y hueso. El conjunto más completo se encuentra en el Museo Arqueológico de Sevilla, de una tumba de Alcalá de Guadaira (Sevilla): 18 fichas de hueso bien trabajadas y decoradas con series distintas de círculos concéntricos, que permiten separarlas en dos grupos de nueve y que podrían ser fichas para el juego del molino. Los juegos romanos con fichas eran muy diversos; uno de los más conocidos era el ludus latrunculorum, un juego de estartegia, entre las damas y el ajedrez, con 32 fichas de dos tamaños y dos colores. Otro muy popular era el duodecim scripta, con 15 fichas cada contrincante. En la Edad Media se mantuvieron y nacieron otros como el alquerque de doce.
En general, las piezas de mayores dimensiones se han considerado como piezas de telar vertical o tapaderas, en algunos casos sin evidencias de recipientes que cerrar. Bien podrían ser tejos, cuyo nombre viene de haberse realizado a partir de un fragmento de teja, y que pudieron haber servido, al menos ocasionalmente, como piezas de otros juegos, no ya de tablero, sino de lanzamiento o habilidad.
No se debe descartar la posibilidad de su uso en juegos de puntería como la tanguilla o las chapas, juegos tradicionales que se han mantenido hasta fechas recientes en el ámbito rural.

Campanillas y cascabeles. Aparecen campanillas de bronce ya en los enterramientos ibéricos de niños. En la época romana ya eran parte de algunos juguetes como los aros, que los harían sonar con su movimiento.

Silbatos. Se conocen ya en la época romana (villa de El Val). En el mundo andalusí era un objeto muy común, diferenciándose el silbato, de sonidos estridentes, y el ruiseñor, con gorgeos conseguidos insuflando aire en un depósito lleno de agua. En muchos casos, el silbato medieval complementa una figura animal: caballos y bichas o serpientes. Sus usos no están claros, especialmente los de sonidos estridentes, para espantar malos agüeros o simplemente armar jarana. El atractivo para los pequeños es simplemente hacer ruido.

Bolas o canicas. Algunas bolas de cerámica o piedra provienen de yacimientos de la Edad del Hierro. Algunas pueden ser proyectiles de honda, para calentar líquidos en vasijas de madera o elementos de intercambio comercial, antecedentes de las monedas. Las más antiguas aparecen en el Final Neolítico y son muy abundantes en yacimientos medievales y de la Edad Moderna. Son casi inexistentes en el ámbito ibérico, pero muy habituales en la cultura celtibérica. En la necrópolis de Numancia se asocian más a adornos que a armas, y no se descarta el uso para juegos. La bola romana de El Tesoro de los Bochones se relaciona con las canicas (ocellatis) con las que jugaban niños y niñas romanos y que está bien documentado. Piedras de caliza, mármol o barro de diferentes colores que también se usaban como fichas en tableros de mesa con oquedades para poder ser encajadas. Se puede pensar que en la Edad del Hierro se usaran también de un modo lúdico en juegos de lanzamiento, pero no de tablero, que surgen con la romanización.
En el yacimiento de La Guirnalda hay una pieza de forma bicónica, fabricada con las manos con las mismas características que las bolas. Su forma recuerda a una pirindola, una versión más pequeña del trompo, al que ya jugaban los niños romanos. Parece que tenía un carácter adivinatorio. Se jugaba con ella haciéndola girar en la mano, aguantando las cosquillas, o bien en un círculo de donde sacar chapas o piedrecitas.

viernes, 22 de mayo de 2020

el don del juego

Los adultos estamos tan ocupados, tan preocupados con nuestras agendas y tareas que no podemos disfrutar de la belleza frente a nuestros ojos. Los niños no necesitan que alguien les diga que disfruten de la vida. Son naturalmente curiosos. Encuentran lo que les gusta y lo hacen. Pero a medida que envejecemos, la mayoría de nosotros comienza a sentir la presión de ser "productivos". Nos sentimos culpables cuando nos tomamos el tiempo para disfrutar algo o paramos a jugar. La mayoría de los adultos ni siquiera saben lo que significa jugar. -Ken Shigematsu

viernes, 22 de noviembre de 2019

cadáveres exquisitos






Los dibujos conocidos como cadáveres exquisitos (Cadavre Exquis) fueron el resultado de un juego de colaboración entre los artistas del movimiento surrealista, descubierto por miembros ellos alrededor de 1925. Basado en un juego de salón tradicional, inicialmente implicaba pasar un trozo de papel entre un grupo de personas que agregarían una palabra en secreto, normalmente un sustantivo, un adjetivo, un verbo, un adverbio y un objeto, antes de doblar la hoja y pasarla al siguiente jugador. Una de las primeras frases que produjo fue Le cadavre exquis boira le vin nouveau (El cadáver exquisito beberá el vino joven). Las oraciones producidas de esta manera colectiva y experimental fueron, como señaló el líder del movimiento surrealista André Breton, diseñadas para proporcionar la confrontación más paradójica posible entre los elementos del habla y fueron apreciadas por los surrealistas por su interrupción de la lógica cotidiana. Tales combinaciones inesperadas de ideas e imágenes parecían a los surrealistas crear mundos imaginarios fantásticos. Rápidamente, el juego se extendió a imágenes visuales, donde cada uno de los participantes crearía un cuerpo o personaje que consistía, al menos teóricamente, en cabeza, pecho y brazos, torso, piernas y pies.

1: Desnudo (1927) Yves Tanguy, Joan Miró, Max Morise, Man Ray. Museo de Arte Moderno, Nueva York 
2: (1927) Yves Tanguy, Man Ray, Max Morise
3: (1927) Yves Tanguy, Max Morise, Joan Miró, Man Ray
4: (1929) Greta Knutson, Tristan Tzara, Valentine Hugo
5: (1934) André Breton, Gala Dalí, Salvador Dalí, Valentine Hugo
6: (1934) Yves Tanguy, Victor Brauner, Jacques Hérold
7:  Esteban Francés, Remedios Varo, Oscar Domínguez, Marcel Jean. Museo de Arte Moderno, Nueva York
8: (1938) André Breton, Jacqueline Lamba, Yves Tanguy 
9: (1938) André Breton, Jacqueline Lamba, Yves Tanguy
10: 1938 André Breton, Yves Tanguy, Jannette Tanguy, Jaqueline Lamba
11: 1940 André Breton, Jacques Herold, Wifredo Lam
12: André Breton, Jacqueline Lamba, Yves Tanguy
13: André Breton, Valentine Hugo, Paul y Nusch Éluard

miércoles, 15 de mayo de 2019

lotería mexicana de roger omar para "el mono"





La lotería mexicana es un juego de azar que data de los tiempos de la revolución, con 54 cartas y un número indefinido de tarjetas llamadas tablas, en que hay 16 de esas cartas escogidas aleatoriamente. Es como la lotería con que jugábamos de niños, pero entonces con números, y que ahora llaman bingo, que es el grito de los gringos cuando completan la tabla. En México se grita ¡buenas! en el norte y ¡lotería! en el sur. El gritón saca y grita ¡corre y se va! justo antes de gritar las cartas. Las tablas se marcan con frijoles, piedras, monedas... para poderse reutilizar. Como juego familiar tradicional, la abuela hace de gritón y el premio es un dulce. Cada carta tiene su significado y su frase.

Roger Omar puso en marcha, en 2017, esta versión del clásico juego de lotería mexicana con artistas de reconocido
prestigio para Lotería El Mono, aún por terminar.
Lotería El Mono
Lotería Mexicana