Mostrando entradas con la etiqueta Solanilla del Tamaral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Solanilla del Tamaral. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de marzo de 2018

un cementerio para un bebé muerto


Parece que por estas sierras ya estuvieron sacando plomo los romanos. A final del siglo XIX se conocían siete concesiones mineras en la Hoz del Chorrillo. Pero la mayor actividad minera conocida por estos lares se dio en la primera mitad de la década de 1920, cuando la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya llegó a tener un auténtico coto minero de once mil hectáreas de extensión repartidas entre los términos municipales de Mestanza, Solana del Pino y San Lorenzo. Sus esfuerzos se centraron principalmente en los filones del margen izquierdo de la Hoz del Chorrillo, donde se reconocieron más de veintiseis, aunque solo se llegaron a explotar cinco o seis. En 1924 se habían excavado más de dos kilómetros de galerías y cruceros de reconocimiento. Entre 1922 y 1923 se construyó el poblado minero Pueblo Nuevo o Nava de Río Frío, un poblado famante al que se llegaba a por su nueva carretera que venía de Mestanza. Llegó a tener más de setecientos habitantes, repartidos en190 viviendas para los mineros y 24 para los técnicos, con un montón de comodidades para su tiempo como escuelas, dispensario médico, iglesia, oficinas, cooperativa, cuartel la guardia civil y fabrica de harina y pan. Además de servicio de agua potable, energía eléctrica y teléfono. Y claro, como no, también tenía cementerio. Un cementerio con dos calles en cruz jalonadas con cipreses y en cuyo punto de intersección se levantaba una cruz de hierro.

Del pueblo hoy solo quedan paredones de tapial derruidos y la fachada de la iglesia sin campana. El cementerio mantiene las tapias circundantes, aunque dentro es una maraña de coscojas, lentiscos, jaras y matas de romero sobre la que se elevan los estilizados y elegantes cipreses. El camino es ahora un arroyuelo de agua limpia que muere en el Jándula. Por un trozo de pared hundida se puede entrar.

Como quiera que la mina se cerró ocho años después de ser construido el pueblo y que quienes lo habitaban eran familias jóvenes, imaginamos que no hay muertos enterrados. Ni lápidas, ni cruces, ni ramos de flores secas debió haber nunca, ni un solo llanto. Sin embargo, próximo a las barriadas de los obreros existían charcas formadas por hundimientos del terreno sobre las galerías de la mina con pequeños pozos que desviaban los obreros para regar sus huertos. En apenas unos años la mitad de los habitantes de Nava de Río Frío estaban afectados de paludismo, llegando a ser el mayor foco de la provincia.

Sabemos que se instaló en 1927 un dispensario central antipalúdico cargado de quinina a solicitud de la empresa minera Sociedad de Peñarroya, a partir del cual médicos de la empresa mantuvieron sendos dispensarios en los centros de San Quintín y Asdrúbal hasta 1932, y la Comisión Central trasladó el dispensario a Puertollano, a partir de marzo de 1931, en concomitancia con las obras del ferrocarril Puertollano-Córdoba y como uno de los servicios mixtos de higiene minera (anquilostomiasis y paludismo), por el cierre de la mina de La Nava.

Así que, cerca de la cruz central, escondida por la vegetación, puede verse una pequeña lápida sin cruz, rota y comida por el líquen, donde dice que Marianito Rubio Pareja subió al cielo el dos de abril de 1928 a la edad de siete meses. Y que sus pobres padres, olvidados de todos, muertos y ya enterrados sepa Dios dónde, no lo olvidan.

El ferrocarril y la minería extendieron el paludismo con su gran movimiento migratorio de personas. La minería especialmente por el movimiento de braceros temporales que venían de otras regiones en invierno para mover los terrenos y que volvían a su tierra a las labores agrícolas en verano. Luego, se desarrollaba en unas malas condiciones higiénicas, con lavaderos sucios, agua estancada y abundante vegetación. La salud del infeliz obrero, víctima constante de rebeldísima infección malárica escribe Juan Tomás García en su libro sobre la minería sevillana del carbón.
Comercialización de la quinina en 1928

La Sociedad Minera utilizaba dos pantanos, dos embalses y dos arroyos para el desagüe de las minas. Para combatir el paludismo se utilizó petróleo, “verde parís” y gambusias. Para favorecer el crecimiento de los peces y su acceso a los nidos de larvas se realizó un aclarado de la vegetación vertical y se suprimió la horizontal. El tratamiento terapéutico se realizó con dosis de 1 gr de quinina durante seis días y diez días con plasmoquina. Por encargo de la Dirección General de Sanidad, se llevó a cabo en 1927 una campaña antipalúdica, con la colaboración de los doctores Fábrega y Cienfuegos y la coordinación de Emilio Luengo. Estos últimos facultativos detectaron que de los 703 habitantes censados, 369 estaban afectados de paludismo. 

A partir de 1928 la Sociedad de Peñarroya estableció de forma permanente un Laboratorio de Profilaxis e Higiene Industrial, con el fin de realizar un seguimiento del paludismo de 1928 a 1932. Bajo la dirección facultativa de M. Maldonado las analíticas realizadas fueron:   
Año     Nº de análisis totales  Análisis positivos   Gastos quinina 
1928               1092                          35%                   10.071 gr 
1929               4567                          46%                   86.902 gr 
1930               6170                          49%                   91.415 gr 
1931               4460                          43%                   41.433 gr  
1932               1895                          29%                   10.318 gr 

Se capturó A. maculipennis en un 58% de los casos y por centenares en las cuadras. Se detectaron fiebres tercianas y perniciosas. Maldonado suministró a los enfermos 1 gramo de quinina durante seis días y durante los siguientes diez días plasmoquina con buenos resultados. En 1932 se suministraron además 40.000 tabletas de plasmoquina. Además se utilizaron 851 Kg de “verde parís” en la campaña antipalúdica. A pesar de los ejemplos descritos, el paludismo no era una enfermedad endémica de las cuencas mineras, sino más bien que las minas estaban enclavadas en lugares palúdicos. Además, la remoción continua de tierras y el lavado de los minerales formaban depósitos de agua permanentes que podían convertirse en focos de paludismo. La falta de medicación preventiva por un lado y por otro la falta de vigilancia en la administración de la quinina para los obreros, acabó provocando un aumento en la incidencia de la enfermedad. 

La erradicación del paludismo en España. Aspectos biológicos de la lucha antipalúdica. Memoria de Tesis Doctoral de Balbina Fernández Astasio. Universidad Complutense de Madrid, 2002.

Félix encontró dos lápidas

sábado, 17 de marzo de 2018

una ruta por la nava de río frío



El trazado del río Jándula hasta llegar al Guadalquivir es impresionante. Nace de la confluencia del Montoro, que atraviesa la Sierra de la Umbría del Valle de Alcudia por la hoz del Montoro, y el Fresneda, que viene de los valles de la Sierra de Calatrava y atraviesa la Sierra de Puertollano por su parte más dura. En este punto los locales le llaman Río Frío, y es aquí donde atraviesa la Sierra de la Umbría por la Hoz del Chorrillo. Circula por la Nava de Río Frío, entre esta Sierra y la siguiente, Sierra Madrona, y atraviesa esta última por la impresionante Hoz del Jándula. Después atravesará toda Sierra Morena hasta llegar al Guadalquivir.


Recorro esta nava, el espacio más o menos llano rodeado de montañas, desde el mirador de Río Frío hasta la Hoz del Jándula pasando por la mina de Peñarroya, el cementerio de Pueblo Nuevo, ese poblado minero y el río Robledillo. Y luego vuelvo a subir hasta la mina de Los Pontones en la Hoz del Chorrillo, siguiendo el Jándula en sentido contrario. En esta hoz, visito las cuevas con pintura esquemática al estilo de Peña Escrita y veo las galerías y edificaciones que quedan de la mina. Como digo, aquí le llaman Río Frío al Jándula, que es un nombre más propio de Andalucía.

El trayecto me lleva cuatro horas y media, pero con paradas por la lluvia y comida. Además de todos los inconvenientes de tanta agua corriendo por todas partes. Calculo que a buen ritmo puede hacerse en tres horas y media. He visto ciervos, patos, buitres negros, garzas y mogollón de colmenas. Los árboles más comunes son las encinas, enebros, serbales y alisos, acebuches y fresnos en la rivera de los ríos. Y los arbustos de monte bajo: jara, lentisco, cornicabra, brezo y cantueso. También mucho romero, en flor, y mejorana. Junto a las rocas de la Hoz de Río Frío, esparragueras, ombligos de Venus e hinojo echando su hermoso y rico plumón.

sábado, 14 de abril de 2012

el chorrillo

Hace un viento que te tira. Llevo al perro a que se divierta con las ovejas, y así hacen todos gimnasia. Llueve a mares. Pongo dibujos de mi visita a la Mina de los Pontones, de mi paso por la Hoz del Chorrillo. El primero es del punto donde los ríos Fresneda y Montoro se juntan para formar el Riofrío (en un pequeño trayecto, para luego llamarse Jándula, que luego atraviesa la sierra por una hoz muy estrecha). El segundo dibujo es de Riofrío recorriendo la base de El Chorrillo, la montaña serrada de la izquierda. Y el tercero, es el final de la hoz, con El Chorrillo en el centro. El agua circula por un estrecho paso entre paredes de piedra y se abre nuevamente. Estamos muy cerca de Solanilla del Tamaral y El Hoyo de Mestanza, en los límites del Valle de Alcudia.

 

martes, 10 de abril de 2012

solanilla del tamaral


Día ventoso. Gasto la mañana de paseo con Tranqui y una visita a Puertollano. Una invitación de Isabel a unas fabes impresionantes me inutiliza para el dibujo, para todo. Voy con Beni y un móvil con GPS para encontrar los restos que quedan de la Mina Diógenes, pero nos corta el camino una maldita reja con candado. Imposible. Estoy muy harto de tanta valla, tanta cadena y tanto candado. Vamos a ver si han brotado los castaños de la entrada de Solanilla. Impresionantes vistas, a la izquierda la sierra de Solana y a la derecha el Hoyo, Riofrío y el tajo de la hoz del Jándula.
Los enormes castaños de la entrada están aún en el esqueleto, junto a la poceta donde siempre baja agua de un manantial. Detrás la sierra con sus lonchas gigantes de piedra y, a la derecha, una subida preciosa entre madroños. Un paisano cargado de leña me habla de los solares, casas y terrenos que se venden, de toda esa gente que se fue del pueblo. Las nubes se tiñen de naranja y amarillo. Ya es tarde.
Camino de Mestanza las nubes siluetean animales agresivos y deshilachados sobre las encinas de un verde tan oscuro que yo dibujaría con tinta china negra, son como chinchetas clavadas en el borde de la sierra.
En Los Arcos, me apreto un café y un refresquito de limón. Se presenta María Jesús, que juega a las cartas  con el resto de la familia mientras escribo golpeando teclas como árboles verdes, como piedras llenas de musgo, como nubes grises, como los hielos sonoros de mi gin lemon.