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jueves, 22 de marzo de 2018
miércoles, 21 de marzo de 2018
un cementerio para un bebé muerto
Del pueblo hoy solo quedan paredones de tapial derruidos y la fachada de la iglesia sin campana. El cementerio mantiene las tapias circundantes, aunque dentro es una maraña de coscojas, lentiscos, jaras y matas de romero sobre la que se elevan los estilizados y elegantes cipreses. El camino es ahora un arroyuelo de agua limpia que muere en el Jándula. Por un trozo de pared hundida se puede entrar.
Como quiera que la mina se cerró ocho años después de ser construido el pueblo y que quienes lo habitaban eran familias jóvenes, imaginamos que no hay muertos enterrados. Ni lápidas, ni cruces, ni ramos de flores secas debió haber nunca, ni un solo llanto. Sin embargo, próximo a las barriadas de los obreros existían charcas formadas por hundimientos del terreno sobre las galerías de la mina con pequeños pozos que desviaban los obreros para regar sus huertos. En apenas unos años la mitad de los habitantes de Nava de Río Frío estaban afectados de paludismo, llegando a ser el mayor foco de la provincia.
Sabemos que se instaló en 1927 un dispensario central antipalúdico cargado de quinina a solicitud de la empresa
minera Sociedad de Peñarroya, a partir del cual médicos de la empresa
mantuvieron sendos dispensarios en los centros de San Quintín y
Asdrúbal hasta 1932, y la Comisión Central trasladó el dispensario a
Puertollano, a partir de marzo de 1931, en concomitancia con las
obras del ferrocarril Puertollano-Córdoba y como uno de los servicios
mixtos de higiene minera (anquilostomiasis y paludismo), por el cierre de la mina de La Nava.
Así que, cerca de la cruz central, escondida por la vegetación, puede verse una pequeña lápida sin cruz, rota y comida por el líquen, donde dice que Marianito Rubio Pareja subió al cielo el dos de abril de 1928 a la edad de siete meses. Y que sus pobres padres, olvidados de todos, muertos y ya enterrados sepa Dios dónde, no lo olvidan.
El ferrocarril y la minería extendieron el paludismo con su gran movimiento migratorio de personas. La minería especialmente por el movimiento de braceros temporales que venían de otras regiones en invierno para mover los terrenos y que volvían a su tierra a las labores agrícolas en verano. Luego, se desarrollaba en unas malas condiciones higiénicas, con lavaderos sucios, agua estancada y abundante vegetación. La salud del infeliz obrero, víctima constante de rebeldísima infección malárica escribe Juan Tomás García en su libro sobre la minería sevillana del carbón.
La Sociedad Minera utilizaba dos pantanos, dos embalses y dos arroyos para el desagüe de las minas. Para combatir el paludismo se utilizó petróleo, “verde parís” y gambusias. Para favorecer el crecimiento de los peces y su acceso a los nidos de larvas se realizó un aclarado de la vegetación vertical y se suprimió la horizontal. El tratamiento terapéutico se realizó con dosis de 1 gr de quinina durante seis días y diez días con plasmoquina. Por encargo de la Dirección General de Sanidad, se llevó a cabo en 1927 una campaña antipalúdica, con la colaboración de los doctores Fábrega y Cienfuegos y la coordinación de Emilio Luengo. Estos últimos facultativos detectaron que de los 703 habitantes censados, 369 estaban afectados de paludismo.
A partir de 1928 la Sociedad de Peñarroya estableció de forma permanente un Laboratorio de Profilaxis e Higiene Industrial, con el fin de realizar un seguimiento del paludismo de 1928 a 1932. Bajo la dirección facultativa de M. Maldonado las analíticas realizadas fueron:
Año Nº de análisis totales Análisis positivos Gastos quinina
1928 1092 35% 10.071 gr
1929 4567 46% 86.902 gr
1930 6170 49% 91.415 gr
1931 4460 43% 41.433 gr
1932 1895 29% 10.318 gr
Se capturó A. maculipennis en un 58% de los casos y por centenares en las cuadras. Se detectaron fiebres tercianas y perniciosas. Maldonado suministró a los enfermos 1 gramo de quinina durante seis días y durante los siguientes diez días plasmoquina con buenos resultados. En 1932 se suministraron además 40.000 tabletas de plasmoquina. Además se utilizaron 851 Kg de “verde parís” en la campaña antipalúdica. A pesar de los ejemplos descritos, el paludismo no era una enfermedad endémica de las cuencas mineras, sino más bien que las minas estaban enclavadas en lugares palúdicos. Además, la remoción continua de tierras y el lavado de los minerales formaban depósitos de agua permanentes que podían convertirse en focos de paludismo. La falta de medicación preventiva por un lado y por otro la falta de vigilancia en la administración de la quinina para los obreros, acabó provocando un aumento en la incidencia de la enfermedad.
La erradicación del paludismo en España. Aspectos biológicos de la lucha antipalúdica. Memoria de Tesis Doctoral de Balbina Fernández Astasio. Universidad Complutense de Madrid, 2002.
Félix encontró dos lápidas
Como quiera que la mina se cerró ocho años después de ser construido el pueblo y que quienes lo habitaban eran familias jóvenes, imaginamos que no hay muertos enterrados. Ni lápidas, ni cruces, ni ramos de flores secas debió haber nunca, ni un solo llanto. Sin embargo, próximo a las barriadas de los obreros existían charcas formadas por hundimientos del terreno sobre las galerías de la mina con pequeños pozos que desviaban los obreros para regar sus huertos. En apenas unos años la mitad de los habitantes de Nava de Río Frío estaban afectados de paludismo, llegando a ser el mayor foco de la provincia.
Sabemos que se instaló en 1927 un dispensario central antipalúdico cargado de quinina a solicitud de la empresa
minera Sociedad de Peñarroya, a partir del cual médicos de la empresa
mantuvieron sendos dispensarios en los centros de San Quintín y
Asdrúbal hasta 1932, y la Comisión Central trasladó el dispensario a
Puertollano, a partir de marzo de 1931, en concomitancia con las
obras del ferrocarril Puertollano-Córdoba y como uno de los servicios
mixtos de higiene minera (anquilostomiasis y paludismo), por el cierre de la mina de La Nava.Así que, cerca de la cruz central, escondida por la vegetación, puede verse una pequeña lápida sin cruz, rota y comida por el líquen, donde dice que Marianito Rubio Pareja subió al cielo el dos de abril de 1928 a la edad de siete meses. Y que sus pobres padres, olvidados de todos, muertos y ya enterrados sepa Dios dónde, no lo olvidan.
El ferrocarril y la minería extendieron el paludismo con su gran movimiento migratorio de personas. La minería especialmente por el movimiento de braceros temporales que venían de otras regiones en invierno para mover los terrenos y que volvían a su tierra a las labores agrícolas en verano. Luego, se desarrollaba en unas malas condiciones higiénicas, con lavaderos sucios, agua estancada y abundante vegetación. La salud del infeliz obrero, víctima constante de rebeldísima infección malárica escribe Juan Tomás García en su libro sobre la minería sevillana del carbón.
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| Comercialización de la quinina en 1928 |
La Sociedad Minera utilizaba dos pantanos, dos embalses y dos arroyos para el desagüe de las minas. Para combatir el paludismo se utilizó petróleo, “verde parís” y gambusias. Para favorecer el crecimiento de los peces y su acceso a los nidos de larvas se realizó un aclarado de la vegetación vertical y se suprimió la horizontal. El tratamiento terapéutico se realizó con dosis de 1 gr de quinina durante seis días y diez días con plasmoquina. Por encargo de la Dirección General de Sanidad, se llevó a cabo en 1927 una campaña antipalúdica, con la colaboración de los doctores Fábrega y Cienfuegos y la coordinación de Emilio Luengo. Estos últimos facultativos detectaron que de los 703 habitantes censados, 369 estaban afectados de paludismo.
A partir de 1928 la Sociedad de Peñarroya estableció de forma permanente un Laboratorio de Profilaxis e Higiene Industrial, con el fin de realizar un seguimiento del paludismo de 1928 a 1932. Bajo la dirección facultativa de M. Maldonado las analíticas realizadas fueron:
Año Nº de análisis totales Análisis positivos Gastos quinina
1928 1092 35% 10.071 gr
1929 4567 46% 86.902 gr
1930 6170 49% 91.415 gr
1931 4460 43% 41.433 gr
1932 1895 29% 10.318 gr
Se capturó A. maculipennis en un 58% de los casos y por centenares en las cuadras. Se detectaron fiebres tercianas y perniciosas. Maldonado suministró a los enfermos 1 gramo de quinina durante seis días y durante los siguientes diez días plasmoquina con buenos resultados. En 1932 se suministraron además 40.000 tabletas de plasmoquina. Además se utilizaron 851 Kg de “verde parís” en la campaña antipalúdica. A pesar de los ejemplos descritos, el paludismo no era una enfermedad endémica de las cuencas mineras, sino más bien que las minas estaban enclavadas en lugares palúdicos. Además, la remoción continua de tierras y el lavado de los minerales formaban depósitos de agua permanentes que podían convertirse en focos de paludismo. La falta de medicación preventiva por un lado y por otro la falta de vigilancia en la administración de la quinina para los obreros, acabó provocando un aumento en la incidencia de la enfermedad.
La erradicación del paludismo en España. Aspectos biológicos de la lucha antipalúdica. Memoria de Tesis Doctoral de Balbina Fernández Astasio. Universidad Complutense de Madrid, 2002.
Félix encontró dos lápidas
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sábado, 17 de marzo de 2018
una ruta por la nava de río frío
Recorro esta nava, el espacio más o menos llano rodeado de montañas, desde el mirador de Río Frío hasta la Hoz del Jándula pasando por la mina de Peñarroya, el cementerio de Pueblo Nuevo, ese poblado minero y el río Robledillo. Y luego vuelvo a subir hasta la mina de Los Pontones en la Hoz del Chorrillo, siguiendo el Jándula en sentido contrario. En esta hoz, visito las cuevas con pintura esquemática al estilo de Peña Escrita y veo las galerías y edificaciones que quedan de la mina. Como digo, aquí le llaman Río Frío al Jándula, que es un nombre más propio de Andalucía.
El trayecto me lleva cuatro horas y media, pero con paradas por la lluvia y comida. Además de todos los inconvenientes de tanta agua corriendo por todas partes. Calculo que a buen ritmo puede hacerse en tres horas y media. He visto ciervos, patos, buitres negros, garzas y mogollón de colmenas. Los árboles más comunes son las encinas, enebros, serbales y alisos, acebuches y fresnos en la rivera de los ríos. Y los arbustos de monte bajo: jara, lentisco, cornicabra, brezo y cantueso. También mucho romero, en flor, y mejorana. Junto a las rocas de la Hoz de Río Frío, esparragueras, ombligos de Venus e hinojo echando su hermoso y rico plumón.
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sábado, 14 de abril de 2012
el chorrillo
Hace un viento que te tira. Llevo al perro a que se divierta con las ovejas, y así hacen todos gimnasia. Llueve a mares. Pongo dibujos de mi visita a la Mina de los Pontones, de mi paso por la Hoz del Chorrillo. El primero es del punto donde los ríos Fresneda y Montoro se juntan para formar el Riofrío (en un pequeño trayecto, para luego llamarse Jándula, que luego atraviesa la sierra por una hoz muy estrecha). El segundo dibujo es de Riofrío recorriendo la base de El Chorrillo, la montaña serrada de la izquierda. Y el tercero, es el final de la hoz, con El Chorrillo en el centro. El agua circula por un estrecho paso entre paredes de piedra y se abre nuevamente. Estamos muy cerca de Solanilla del Tamaral y El Hoyo de Mestanza, en los límites del Valle de Alcudia.
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martes, 10 de abril de 2012
solanilla del tamaral
Día ventoso. Gasto la mañana de paseo con Tranqui y una visita a Puertollano. Una invitación de Isabel a unas fabes impresionantes me inutiliza para el dibujo, para todo. Voy con Beni y un móvil con GPS para encontrar los restos que quedan de la Mina Diógenes, pero nos corta el camino una maldita reja con candado. Imposible. Estoy muy harto de tanta valla, tanta cadena y tanto candado. Vamos a ver si han brotado los castaños de la entrada de Solanilla. Impresionantes vistas, a la izquierda la sierra de Solana y a la derecha el Hoyo, Riofrío y el tajo de la hoz del Jándula.
Los enormes castaños de la entrada están aún en el esqueleto, junto a la poceta donde siempre baja agua de un manantial. Detrás la sierra con sus lonchas gigantes de piedra y, a la derecha, una subida preciosa entre madroños. Un paisano cargado de leña me habla de los solares, casas y terrenos que se venden, de toda esa gente que se fue del pueblo. Las nubes se tiñen de naranja y amarillo. Ya es tarde.
Camino de Mestanza las nubes siluetean animales agresivos y deshilachados sobre las encinas de un verde tan oscuro que yo dibujaría con tinta china negra, son como chinchetas clavadas en el borde de la sierra.
En Los Arcos, me apreto un café y un refresquito de limón. Se presenta María Jesús, que juega a las cartas con el resto de la familia mientras escribo golpeando teclas como árboles verdes, como piedras llenas de musgo, como nubes grises, como los hielos sonoros de mi gin lemon.
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