Mostrando entradas con la etiqueta Tabernas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tabernas. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de marzo de 2019

bares y cafeterías de ciudad real (25)



















La cafetería churrería El Tazón, en la Avda Lagunas de Ruidera, se reúnen abuelas y curritos en el desayuno. La Cantina Mexicana, en la calle Rosalía de Castro, no tiene nada de mexicana, solo mala cerveza y malas tapas. La cafetería Lope de Vega, en Severo Ochoa, es un bar de barrio sin barril y de tapas mediocres, a 1,30 la caña. La Cafetería 2000, en la calle Toledo, tiene ese ambiente de la salida del curro, clientes fijos, malas tapas (unas rodajas de embutidos) y cerveza San Miguel por 1,30. El Casa Manolo es un curioso bar de barrio, en la calle José de Ribera, con clientes fijos, cerveza estrella de Galicia, tapas calientes y precios muy muy populares. Al lado, la taberna D'Susy, pone tapas mediocres a la plancha y cañas a 1,30, un tanto cutre. La cafetería churrería La Hormiga, en Camino del Campillo, es la primera de la cadena; buen café y buenos churros, ambiente alegre y desenfadado en un local chulo. El Pollo Loco es un bar recientemente inaugurado, en Corazón de María, con manteles de hule y la alegría de los sudamericanos; me ponen un plato de migas con chorizo de tapa, también asan pollos para llevar. Otro bar de hules en las mesas es La Tropicana, que es la nueva cara de el de los molletes de Antequera, de la calle Lanza, con tapas de cocina, cerveza Alhambra, reguetón y merengue a tope y platos típicos de Cali, Colombia, que es de donde son sus actuales dueños.

martes, 5 de marzo de 2019

bares y cafeterías de ciudad real (24)



















En la Universidad hay otro local de El Portalón de la Casona, en una de sus peores versiones, con generosas tapas de muy mala calidad y un café imposible de beber; la consigna es no volver. La Pajarería es un bar de diseño abierto en el antiguo local de una popular tienda de animales, en el pasaje de San Isidoro; tiene muchas referencias de vino, me invitan. La Cafetería de Derecho y Ciencias Sociales, junto al Rectorado, famosa por su menú de 6,90 euros, es fea, industrial, pero tiene cerveza Mahou con tapas a precios muy populares. La Taberna Kendra, en la Plaza de España, tiene una barra agradable, cerveza Estrella de Galicia (con tapa 1,30 euros) y camarera simpática. El bar La Tasquita, antes Mulhacén, en la calle Jara, cañas de Estrella de Galicia con tapas regu de cocina por 1,30 y gente mayor. La cafetería Hotel Navarro, en la Avenida de Pio XII, se ha convertido en un bar de barrio con cañas de Mahou con tapa fría por 1,30 y todo tipo de público. La taberna Casa Benjamín, en el pasaje de San Isidro, es uno de los bares más pequeños de la capi, con poca variedad de vinos y sin grifo de cerveza; yo me tomé un vino manchego con un plato de torreznos calientes con un tomate picado, con aceite y sal, riquísimo, por 2 euros. El bar Don Jamón,en el Paseo Pablo Picasso, es el perfecto para no ir: caro y malo; oyendo la tele a todo trapo te ponen una caña con embutido malo, jamón vulgar y los rebordes endurecidos del queso por 2 euros; una pena. The Cavern es un bar que sustituye al antiguo Txoko, en la calle Lanza; las tapas creativas devinieron vulgares, y con pocas y malas referencias de vino; las camareras son dominicanas, por lo que ganamos en simpatía.

martes, 29 de enero de 2019

bares y cafeterías de ciudad real (22)

La Tapería Manchega, en la Pedrera baja, solo abre por las mañanas. Sus simpáticos dueños,
Omar y Paola, ponen desayunos y botellines de Mahou con tapas discretas de cocina por 1,40. Muy buen ambiente de barrio
.

De Maria's, bar aséptico en la Avenida de los Reyes Católicos.
Todo el mundo parece fuera de sitio.



Frente al Hospital General, el bar Antonios tiene mucha concurrencia de familias de enfermos
y algunas mujeres de luto. Tiene gran semejanza, pues, a un bar de estación.


Entrar en Los Polillas, en la calle Toledo, es como colarte en el salón de una casa privada
con olor a aceite rancio. Un local privado donde la familia te desprecia como si no exixtieras 

y se dedican solo al nieto. Está sucio y no tiene tapas. Mejor no ir.

El bar Las Tres Hermanas, en la Pedrera alta, es una bar ameno de barrio con tapas de cocina.
Hay gente que se pasa el día allí.
El Entretapas, en la avenida Reyes Católicos, está en un centro de ocio infantil y está todo lleno de críos chillones, bebés y parejas hablando de fútbol. Tiene mucho público y está calentito.
La Taberna Blanca, en la Pedrera Baja, tiene buen ambiente de barrio, todos los clientes se conocen, y una camarera agradable, Rosi, que te pone una caña con tapa de cocina por 1,50 euros.

En la taberna tienda Centro Degustación Jamón & Jamón, en la calle Ramón y Cajal,
tienen una buena colección de vinos, que te ponen con una tapa de jamón ibérico
o queso manchego. Lo malo es el ambiente pijotero cazador que uno tiene que aguantar.

El Seni, en la calle Toledo, junto a la antigua puerta de la muralla, es un bar alegre de barrio, de curritos, jubilados y camareros simpáticos (la pareja de dueños) que te ponen una jarra de cerveza San Miguel con una tapa caliente por 1,60 euros.

martes, 22 de enero de 2019

la taberna blanca

Tiene algo de clandestino un bar donde no se ve la calle y nada se ve de dentro desde la calle. Tiene algo de arriesgado entrar en un sitio tan pequeño y tan blanco, y donde todos ya se conocen. Sin embargo, me he sentido bien, como de visita a una familia hospitalaria y amiga. Rosi me puso una fresca cerveza con un plato de guiso de asadura y cebolla, y todos dejaron que los dibujara como si nada. Pepe, Cristina, Ángela y Ana subidos a esas sillas artesanas. Me dejaron entrar un rato en su vida y yo, agradecido, lo viví como quien asiste a una buena obra de teatro.

lunes, 9 de abril de 2018

encuentro de cuadernistas

Cuando llegamos a la Biblioteca Municipal, la exposición que han dedicado a mis cuadernos de viaje se ha llenado de viejos conocidos de otros encuentros o de la red que miran distraídos mis viejos cuadernos. Allí están Eduardo y Rita, Ana Frazâo y Carlos, Helena, Rosario, Pedro Cabral y otros que me presentan. Luego se añadirá el simpático Nelson. Nos tomamos un galâo en la Plaza de Raimundo Soares, que alberga la Casa da Câmara y los Paços do Concelho, en la terraza de un pequeño café para dibujar el palacio donde el rey de Portugal mantuvo a Juana la loca como amante, y luego un vino tinto con petisco en A Tasca en Largo de D. Ramiro Guedes, donde dibujo también unos paisanos que enseguida se levantan mosqueados.

Comemos todos juntos e invitados en Sabores da Cascata, una deliciosa crema de calabacín con judías verdes troceadas y en su punto y cerdo braseado con un sofrito cremoso de verduras increíble y ensalada. Después les hablo sobre mis cuadernos como fruto de la espera, de rellenar disfrutando ese tiempo que nos roban en los bancos, médicos, administradores y demás instituciones dedicadas al secuestro diario de las personas. De cómo convertirlo en algo agradable e instructivo. Presentan el libro de los residentes del año pasado, Raquel Ochoa y Pedro Cabral, y nos vamos a tomar un café. Y nos despedimos bajo el agua. A algunos cuadernistas los volveremos a ver en Lisboa. Eso esperamos.

Por la tarde descansamos, cenamos y nos tomamos un café en la cafetaria Chave d'ouro, una de las clásicas de Abrantes. Fundada el siete de junio de 1934 y reformada en el 86 por sus gerentes Telma y Filipe, mantiene todo su sabor. Maderas rojizas, espejos y un mobiliario precioso. A Filipe puede vérsele en el dibujo con gafas. A Telma le hubiera gustado salir. Otro día, le digo.


jueves, 23 de noviembre de 2017

los faroles de tomás



Nunca antes me había atrevido con este bar a pesar de ser un clásico entre los clásicos. Y ello se debe a que es tan pequeño, el más pequeño de Ciudad Real, que solo tiene una pequeña barra, tan pequeña que la campana del café la cubre totalmente, y ninguna mesa. Hay que atreverse a mirar al jefe cara a cara y que aguante. Hubo suerte.

Viven de su terraza cerrada en plena Plaza del Pilar, el centro de la ciudad. Ha sido famoso por sus bocadillos y por ser el lugar de encuentro de la gente de los pueblos. Aunque ha cambiado de dueños y ha sido remozado, mantiene elementos del pasado que recuerdan el antiguo Los Faroles. Tiene cocina donde se fabrican ricas tapas calientes y el retrete más pequeño del mundo.

Me invitan, por el tiempo dedicado dicen.

lunes, 2 de octubre de 2017

casa ciriaco

Antigua taberna fundada en 1897, en el 84 de la Calle Mayor. También con restaurante, famoso por su cocido, su gallina en pepitoria, callos y otros platos de la gastronomía madrileña. También truchas y perdices escabechadas, perdiz con judiones de la granja y carne a la riojana. Desde cinco pisos más arriba, el anarquista Mateo Morral lanzó una bomba en un ramo de flores al paso del cortejo nupcial de Alfonso XIII el día 31 de mayo de 1906. Un cable del tranvía salvó a la comitiva real. Una foto enmarcada lo recuerda, justo encima de la mesa desde donde la dibujo. El sello de los platos contiene un yelmo abierto bebiendo en porrón, es obra de Mingote, un asiduo. Otro cliente famoso fue Zuloaga. Julio Camba tenía aquí su tertulia. El local se mantiene de maravilla.

jueves, 23 de marzo de 2017

bares y cafeterías de ciudad real (16)









La taberna Vinàlia, en la calle Lanza, merece una especial atención. Hasta ahora no había aparecido porque está escondida tras una tienda gourmet. Tiene una carta de vinos impresionante, cervezas artesanas, tapas de cocina, a las que les falta un poco más de elaboración, y una camarera simpática. El sitio es agradable aunque, al ser interior, es mejor visitarlo por la noche. Los jueves ya anuncian conciertos de jazz. El café bar 6 Hermanos, en la Avenida del Rey Santo, es un clásico; los jubilados se juegan las cañas a los dados. En el vacío bar Castellanos, en el Paseo Carlos Eraña, me envenenan con el café. En el bar del Hostal Frasca, en la Plaza de Agustín Salido, tienen botellines de Mahou y tapas mediocres, y una decoración espantosa con todas las superficies cubiertas de fotos de vinilo con el Rocío y caballos galopando; solo se salva la terraza, que ya empieza a recrear. The Cupcakery Café, es una franquicia estadounidense en la calle Ciruela; este chaval del dibujo y su madre la llevan, el café no está mal, pero los dulces tienen un aspecto de muy poco saludables. El Charly-Bar es un bar colombiano, en la calle Conde de la Cañada, con fritanga de su tierra: plátano maduro, mandioca, empanadas de ternera, chorizo latino... entre un euro y 1,50; lo peor es que el olor que te llevas te delata. La chocolatería churrería bar Ángel, en la calle Abén Canes, es un bar de barrio de clientes fijos con porras y tallos todo el día. La Cervecería Dallas, en la esquina de Luz con Hervás y Buendía, tiene una buena colección de tapas frías y calientes y una buena parroquia cervecera, y es barato. La Taberna Mediterránea Cano's, en pleno centro, Hernán Pérez del Pulgar, tiene tapas elaboradas por dos euros la caña en un ambiente de pijoteo manchego en un decorado de campiña francesa con tomillo y olivas, y conversaciones de negocios y setas; muy turbio para ir solo.

jueves, 16 de febrero de 2017

dibujar en los bares



Me gusta dibujar en los bares. La gente va por gusto y está alegre y relajada. Nadie te obliga a nada en un bar. Por un módico precio puedes comer algo con una cerveza o un vino y escuchar las conversaciones, tomar el pulso al pueblo, al barrio, o la ciudad donde estés.

El mejor sitio del bar para dibujar es debajo de la tele, porque todo el mundo mira hacia ti y, sin embargo, eres invisible. Y el tiempo, que no pase de los cuarenta minutos. No puede uno eternizarse. También depende del nivel de acabado. Los de arriba son solo notas para andar por casa.

Si tiene mucha rotación, mejor. La gente entra y sale deprisa. Así, el dibujo se convierte en un relato. Cada personaje tiene su tiempo, pero no es el mismo de los demás. Es como el barrido de un escáner. A cada uno le llega su momento. Y si alguien se ha cambiado de sitio, es posible que salga dos veces.

Recuerdo que dibujé dos veces a un chaval inquieto en un bar de Ciudad Real. Cuando miró detenidamente el dibujo, me preguntó: ¿Cómo sabías que tengo un hermano gemelo? Eso es porque la gente piensa que un dibujo es como una foto, sin embargo se parece más a una secuencia, a un corto. O a una foto de esas en la oscuridad, en las que está tanto tiempo abierto el diafragma que los personajes parecen fantasmas desplazándose.

En los bares de pueblo, de barrios periféricos o de ciudades pequeñas, los parroquianos se sorprenden de mi don y se sienten agradecidos de formar parte del dibujo. Entonces me invitan a algo, y yo me siento como aquellos juglares, músicos y cómicos que pasaban la gorrilla. El pueblo no es tan exigente como la nobleza, que precisa de muchos más recursos.

Cuando voy a Madrid, suelo ir la la Filmo y hacer alguna parada en el cercano bar El Museo del Jamón de Antón Martín. La cerveza está muy rica y es muy barata. Las tapas no merecen la pena
(fiambre troceado), pero sí sus bocatas de jamón ibérico de cuatro euros. A pesar de todos los trastos que hay por las paredes y techo, sobre todo jamones, resulta atractivo para dibujar por su clientela tan variopinta: travelos, mendigos, clientes castizos pesados, guiris al olor del jamón, Jose apoyado en la misma columna, turistas bebedores de cerveza, putas, abuelas y algún paleto como yo. A los camareros les divierten los dibujos y no suele haber mosqueos, aunque, a decir verdad, si no vas con demasiada frecuencia, los camareros ya son otros. No duran nada.

Arriba he puesto los último dibujos que hice allí, y de otros bares cercanos. Los dos primeros son del Museo del Jamón, la cafetería del Doré, La Carpa, en Tirso, El Granier de Antón Martín, Vinícola Mentridana, La Taberna de Atocha y el mexicano Mi Ciudad, en Hileras. En la mesa de izquierda del Granier, el japo corresponde a un tiempo y la abuela de al lado a otro. En el último dibujo, los personajes sentados, Rafa y Martín, aparecieron después de dibujar la barra. Los senté como buenamente pude.