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miércoles, 17 de julio de 2013

perdidos en durango









Salimos temprano de Madrid para llegar a Bilbao a buena hora. Con la tarjeta que me pasó Moisés la visita al Guggenhein es gratis. El edificio es una escultura gigante de Frank Gehry, pensada para otra raza de hombres de dimensiones jurásicas. Me siento una hormiga viendo espacios vacíos. La SuperNada, un hermoso espacio para matar moscas. En San Sebastián comemos a base de tapas: pasteles de pescado, tortillas y, por encima de todas, morros con hongos.

Durango es grande y no encontramos el Gran Hotel. Un hombre que nos ve perdidos nos lleva hasta él. Es un palacete con el jardín rehabilitado. Allí nos tomamos unos cafés y nos acostamos cansados. Al cerrar los ojos pienso en el eclipse de luna de Japón y Australia y todo funde a negro.

460 kms. 23.005 ptas. dos personas.

martes, 19 de junio de 2012

camino del norte: donostia-zarautz

Duermo tan mal que agradezco la luz de la mañana. Me lavo en el pasillo para no hacer ruido y preparo mi mochila. Escribo en la cocina, sobre una mesa de madera maciza, que comparto con una chica que desayuna, rodeados de frigos, placas eléctricas y microondas.
A las siete y media abren el comedor. Desayuno generoso. En la tele corren los toros de Pamplona. Me siento en la ventana que da al jardín.
Salimos por una calle del barrio de Igueldo, donde el peregrino José María Soroa pone agua a los viajeros, y un sello. Luego bosques de castaños, robles y abedules. Bonitas sendas sin perder de vista el mar. La más chula tiene el empedrado original. Descansamos en unos bancos junto a un manantial. Un profesor camina con su señora, de un pueblo cercano a Almansa. Amancio se enrolla.
Ermita de San Martín. Llegada a Orio. Puerto bullicioso y la iglesia fortaleza de San Nicolás. Es famoso este pueblo por su regata de remo. En los siglos XIV y XV, era imprescindible la trainera para la captura de ballenas. En 1901 fue arponeada la última. Ahora sólo es un deporte.
Viñas de txacolí y el camping, donde comemos. Ducha y siesta del copón en las literas de una cámara abandonada para peregrinos.
Vamos a Zarautz en un autobús pasado de rosca que conduce un italiano de Treviso, también pasado de rosca. Esto es una locura, dice, los llevo a los sanfermines, a la tomatina y buscando la ola. Música punkli a tope y un montón de rubias culonas sobre los asientos forrados con bolsas de basura anti potas. Me pagan una mierda, sólo merece la pena si me divierto. Así que él también bebe. Conduciendo un bus lleno de pintadas y guiris, sin papeles y todos mamados. Alentador.
Zarautz es un pueblo chulo y tranquilo. De la Plaza de la Música vamos a la Plaza del Ayuntamiento, pasando por el Cine Modelo, que dibujo. Allí nos espera Carlos, que se ha comprado unas sábanas baratas para poder dormir esta noche. Buen ambiente en la Plaza de la Música. Muchos críos y padres en bicicleta.
Carlos cumple años, nos invita. Vamos a Santa María la Real (de estructura románica y donde  leemos: se prohíbe jugar a la pelota y cualquier otro juego en este pórtico y alrededor de este templo bajo la multa de cinco pesetas), y al Palacio renacentista de Narros, con su jardín inglés.
Paseo marítimo. Playa inmensa que acaba en una duna convertida en campo de golf. Escogemos un chiringuito alegre y repleto. Preguntamos para desayunar mañana. A partir de las nueve.
Vemos el restaurante de Arguiñano. Una horterada de castillo de reciente construcción. En la terraza, y fresquitos, nos tomamos unas cervezas con bacalao y croquetas. Invita Carlos.
Volvemos andando al camping. La cuesta se me hace pesada. Nuestra habitación está encima de un taller. Está llena de literas, una cocinilla de gas y una mesa con bancos. Todo desangelado. Ellos se hacen unos agrícolas, pero yo estoy muerto de sueño.


Orio a 15 kms. de Donostia y Zarautz a 21.

lunes, 18 de junio de 2012

camino del norte: bolaños-donostia




Invito a unos cafés con tallos de despedida, en el Chavalín. En casa de Carlos pesamos las mochilas. La mía: ocho kilos con una botella de agua congelada; la de Carlos: siete sin agua. Compro rotuladores y crema para los pies. Siento paz con el sonido de los chiflitos y el coro de palomas en el porche.
Mamen nos lleva al tren, a Ciudad Real. A las once y media sale el Ave. Me meto la navaja en el bolsillo para poderla pasar. Comemos en la estación de Chamartín, sobre las vías. Ellos van de ensaladas, yo me apreto un cocido completito. Dibujo a Amancio mientras habla con su hijo.
Los gastos funcionan con fondo común. Hay un cartel en el retrete que dice: chico de treinta se la chupa a chicos de hasta treinta y cinco. A Carlos le hacen una encuesta.
Nos ponen un documental y luego todo el mundo se queda frito. Las chicas morenas y guapas abren la boca de forma obscena. Álamos negros en la meseta, en medio de barbechos de cereal amarillo. Luego, pinos y pinos jóvenes.
El café es horroroso pasado Valladolid. Bonita estación en Miranda de Ebro. Hormigón y edificios feos de arquitectos locos en las afueras de Gasteiz. Por fin, Donostia.
El albergue municipal está muy bien, en plan hostel canadiense. Cocina, lavandería, internet y una recepcionista majísima que trata de colocar a tres mejicanas que se han quedado colgadas. Habitación de seis. Un chaval de Lyon que quiere ir a los sanfermines.
Cenamos en un bar con un camarero descarado empeñado en vendernos el foie a la plancha. No encontramos taxi y volvemos andando. El puerto, la Concha, Miramar, Ondarrieta y el albergue en la base del monte Igueldo.

miércoles, 29 de junio de 2011

mejor sin el kursaal


Cuando trabajaba en agencias de publicidad iba a San Sebastián de valvulina. Entonces me hospedaba en el hotel María Cristina. Desde el balcón de la habitación tenía estas maravillosas vistas ahora imposibles.
Ya sé que a todo se acostumbra uno y que los donostiarras están muy satisfechos, en general, con el muro de cristal que les hizo Moneo. Yo, como voy poco y odio los edificios que llaman emblemáticos, no me acostumbro a esa desmesurada lámpara.
Me comentan que el antiguo Kursaal (en la foto) fue desmontado numerando sus piedras para volverlo a montar en otro sitio, pero que nadie sabe donde está. Mejor en otro sitio.
Reconozco que hay edificios hermosos, pero es más hermoso que no haya edificios.