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jueves, 4 de junio de 2015

postales de ciudad real a principios del siglo xx


La limitación para construir más allá de la Ronda y el boom de la construcción y los beneficios que reporta a quienes mandan, acabó con el Ciudad Real que fue, según puede verse, hasta bonito. Las calles empedradas son ahora de asfalto, las alturas de los edificios espantosos de pisos acabaron con esas vistas maravillosas al cielo, y lo poco que queda de lo aquí fotografiado está apretujado por bloques horribles. El llamado progreso la convirtió en lo que es: una ciudad donde ni apetece vivir ni visitar (es la ciudad española menos visitada por el turismo).

Cuaderno grapado y perforado de 20 tarjetas postales de Ciudad Real. Editado por Casa Viuda de Genaro, perfumería, bisutería. Novedades y tarjetas postales. Especialidad en adornos para el Peinado.

lunes, 2 de junio de 2014

el curso del río del amor verdadero

Postal de principios del siglo XX, reproducida en Cartografía Radical.

sábado, 28 de diciembre de 2013

krampus, el demonio de la navidad















En el folclore de los países alpinos, Krampus es el anti Papá Noel, un demonio con pié y pezuña, mitad hombre y mitad cabrón, que gusta del aguardiente y viene a visitar a los niños especialmente traviesos en Navidad para llevárselos a su infernal guarida. Una especie de sincretismo de las fiestas paganas del Solsticio y la Navidad cristiana. No hay escapatoria.

En el grabado en blanco y negro vemos que ni San Nicolás puede mediar.

lunes, 7 de mayo de 2012

suzhou (苏州) y el templo del buda de jade


Coger el tren es una auténtica experiencia. Imito el sonido del tren al taxista, con sus blancos guantes, detrás del metacrilato, para que se haga una ligera idea del destino (se sonríe, supongo porque mi tren pita con vapor). La sala de espera de la terminal 702 es un cubo gigante lleno de cientos de asiáticos pequeños. Más de cincuenta filas de asientos. Máquinas para recargar las baterías de los móviles. Canas barbas por los suelos. Un pobre espíritu sonríe ante la poli, que le da una patada en el culo. Toda la sala se ríe. Esperamos a que toda esta gente baje a codazos y, luego, bajamos tranquilamente una escalera mecánica hasta el andén, donde un tren larguísimo de dos pisos y color azul celeste rancio espera. La gente come pipas y pequeños huevos. Dejan las cáscaras en una bandeja de aluminio, ya llena. Los cristales están tan sucios que apenas se ve nada. Las azafatas venden palillos, té y periódicos. Cuando suena Suzhou por megafonía, recogen las bandejas. De golpe, todo el mundo se levanta. Esperamos que se vayan y, después, bajamos nosotros.

Suzhou es una ciudad no demasiado grande, antigua y rebonita. Está en el delta del Yangze, a la orilla del lago Tai y en pleno Gran Canal. Todo agua, canales, arroyos. Sus jardines han sido declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Visitamos la Pagoda Norte y descansamos de tanto escalón en su jardín. Los jardines combinan arquitectura clásica, formaciones rocosas extrañas, plantas y agua de una forma equilibrada, serena. Paseamos por más jardines como el del Maestro de las Redes. Hay muchas excursiones de obreros con el mono azul, estamos en las vacaciones del uno de mayo.
En la estación pillamos un microbús de vuelta por 100Y los dos. Falta un asiento, le ponen un transportín a Beni, rápido se queda frita. En 45 minutos hemos llegado. Le digo que pare, estamos cerca del Templo del Buda de Jade.

 Impresionante, bonito.También ese Buda con su media sonrisa de placer y serenidad. Tres toneladas de jade blanco. Hay otro reclinado que representa su muerte (feliz). Allí hay un maestro calígrafo, al que le pido que me ponga China en la portada del cuaderno. Muy decepcionado, me escribe un verso en un papel de arroz.

Caminamos hasta casa. Dos bicis chocan. Una chica ha dado giro brusco para no pillar una pequeña tortuga. Mientras Beni descansa, compro los billetes para Nanjing. En el parque, los niños hacen pompas de jabón. Los mayores lanzan cometas con formas extravagantes. Subimos a la cafetería del edificio de Samsung para cenar con vistas a la ciudad iluminada en la noche.

viernes, 4 de mayo de 2012

la vieja ciudad y la ópera antigua

Salimos tardísimo. Atravesamos una colonia de casas bajas de ladrillos a dos aguas, con chimeneas a la inglesa. Callejuelas pequeñas donde sólo entran las bicicletas. Gente en pijama juega a una especie de dominó alrededor de una mesa.
La residencia de Sun Yat Sen, de los años treinta, es simple y bonita, con mucha madera y chimeneas. Librerías acristaladas albergan fotos de los cantos de los libros originales. También subimos al edificio de la sede del I Congreso Nacional del PCC. Y, al fin, la Ciudad Antigua, nuestra idea arraigada de la China milenaria. Edificios de madera con tejados de teja negra del revés con la terminación de sus aristas en una curva ascendente, donde corretean distintos animales. Mucha gente. El árbol de los deseos, en cuyas ramas enroscan una cinta roja atada a una moneda con agujero cuadrado en el centro. Canales con puentes en zigzag que llegan a un estanque, en cuyo centro hay una pagoda con perros en las aristas de los tejados. Es un salón de té, donde nos acomodamos. Hay tes de todo tipo de flores. Nos recomiendan de jazmín y crisantemo, el primero mucho más sabroso. Las teteras de cristal llevan la flor dentro con agua , que un señor va rellenando. También ponen unas tapas: huevos medianos cocidos con sal y alguna hierba, una hoja verde rellena y caramelos como aceitunas pasas con un hueso dulce.

Paseamos hasta el río, y luego por el paseo fluvial hasta El Bund. Al otro lado, Huangpu, lleno de rascacielos, entre los que sobresalen el pirulí, con luces de colores intermitentes, y otro con una pantalla gigante que se pierde entre las nubes. Abajo hay mucha gente repartida entre los pequeños restaurantes. Muchos quieren fotografiarse con nosotros, somos raros. Nos cogen del hombro y todos sonreímos.  Mientras todos hacen  fotos, un mendigo tumbado en el suelo bajo la lluvia acerca un cazoleta completamente vacía. Nos metemos en un japo y nos pedimos la superbandeja de sushis y makis con unas cervezas, que nos cuesta unos nueve euros. La infusión sabe a café, pero no hay azúcar que la arregle. Subimos Beijing y cogemos un bus por un yuang.

La ópera actual es una loa apologética de la Revolución.
Una epopeya cargante con regusto naïf.
La ópera china tiene unos personajes tipo que siempre aparecen: la guapa y el cómico. Cargados de maquillaje, ambos llevan unas enormes plumas (¿de faisán?) en la cabeza, como cuernos, que resaltan los movimientos de la danza. El cómico lleva un gorro parecido al tricornio benemérito y unas orejas de marciano, se mete el abanico en el cuello del camisón, canta y hace piruetas con el joven equilibrista. Música y danza van al ritmo de una caja de madera. La melodía la lleva un extraño instrumento parecido a un violín. El cante de ella resulta rocambolesco, pues el chino cambia el significado según el tono. Es cuando más se complica cuando más aplauden. También cuanto más difícil es el ejercicio de equilibrismo. Cuando ella canta de aquella manera y baila haciendo mover sus plumas y el final de sus mangas mientras el cómico hace coros entre terribles piruetas, el público enloquece.


miércoles, 28 de marzo de 2012

antiguas postales de egipto
































Rescatadas de http://www.vintag.es/