Mostrando entradas con la etiqueta Nápoles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nápoles. Mostrar todas las entradas
miércoles, 3 de octubre de 2018
suelos de herculano
La erupción del Vesubio en el año 79dc acabó con las ciudades de Pompeya y Herculano. El diez por ciento de la población pompeyana murió por sus gases venenosos y cenizas. Herculano, sin embargo, fue enterrada por los flujos de lodo, por lo que muchas viviendas han aparecido en un impresionante estado de conservación. Poul Webb viajó a esta ciudad y quedó maravillado por el lujo de su arquitectura. De aquel viaje se trajo esta colección de pisos de casas romanas. Gracias Poul.
miércoles, 16 de agosto de 2017
napoli sotterranea
El subsuelo de Nápoles nació con la ciudad, hace ya 5000 años. Los griegos retiraron gran cantidad de toba para muros y templos, y excavaron una serie de hipogeos funerarios. Los romanos construyeron, en la época de Augusto, un magnífico acueducto y las galerías cueva Cocceio y cueva Sejano.
A principios de 1600 la ciudad era tan extensa que el antiguo acueducto y un sinnúmero de aljibes no fueron capaces de calmar la sed. Así fue que en 1629 un noble napolitano rico, el Carmignano, construyó un nuevo acueducto. En el año 1900 se dejó de excavar para el suministro de agua, abandonando así una red de túneles y tanques de más de 2 millones de metros cuadrados que recorrían el subsuelo de la ciudad. El estallido de la Segunda Guerra Mundial y sus bombardeos, dieron nuevamente protagonismo al subsuelo, cuyas galerías se utilizaron como refugios antiaéreos y hospital militar. Luego se convirtió en un almacén para vehículos incautados. Los visitantes pueden verlos en el recorrido.
Actualmente, algunas de estas cavidades ya no son accesibles, pues se obstruyeron con escombros y otros residuos ilegales a través de los pozos que conectaban calles y edificios con el subsuelo, anulando de este modo su valor histórico y cultural.
Las rutas subterráneas son tres: una a pie a través de tanques y túneles, el recorrido de aventura, con una vela en balsa por el acuífero de aguas subterráneas, y la ruta de espeleología, equipado con el casco y el arnés para explorar los antiguos túneles acueducto subterráneo para llegar a los tanques, todavía parcialmente llena de agua y decorada con símbolos misteriosos.
Napoli Sotterránea
Dagospia
Abandonedography
Viaje a Nápoles 2016

Las rutas subterráneas son tres: una a pie a través de tanques y túneles, el recorrido de aventura, con una vela en balsa por el acuífero de aguas subterráneas, y la ruta de espeleología, equipado con el casco y el arnés para explorar los antiguos túneles acueducto subterráneo para llegar a los tanques, todavía parcialmente llena de agua y decorada con símbolos misteriosos.
Napoli Sotterránea
Dagospia
Abandonedography
Viaje a Nápoles 2016

miércoles, 13 de julio de 2016
vuelta a nápoles
Franco aparca si entrar del todo el coche. Es la fórmula Bari para aparcar en un sitio prohibido. Quiere decir: Estoy saliendo ¡un átimo! Alguien agita la mano para espantarse una mosca; quiere decir: ¡sígueme! Invita otra vez Franco, que se está portando de maravilla. Y Rafael, que se ha pedido dos días de vacaciones para estar con nosotros. Les damos recuerdos para Linda y Enzo y Enza que viajan a Milán. Cogemos un pullman en la calle que nos lleva a la estación de tren de la Piazza Garibaldi.
Llegamos a casa en Nápoles. Pagamos por adelantado nuestra habitación. Ronda de Iglesias. En la de Jesús Nuevo, una sala llena de exvotos y cepillo para el popularísimo médico de los veinte Giuseppe Moscati. Luego, quedamos con Simonetta en el Gambrinus. Hay una mani, se lían a tortas y los del Gabrinus, acojonados, guardan los trastos y cierran la verja sin traernos el café. Simonetta nos cuenta que estas protestas no están organizadas por partidos de izquierda o sindicatos, que son una forma de presión de un grupo de extraña procedencia.
Paseamos con ella por Lungomare. Pasó el fin de semana en Génova y Nápoles ya le parece mejor. Esto no esta sucio, es otra cosa, dice señalando los hoteles de la orilla y el parque de Villa Comunale. Nosotros ya nos estamos despidiendo. Castel dell'ovo, la plaza Pebiscito, el último helado en la Galería, vía Toledo hasta Dante, las librerías de viejo, el último café en nuestra plaza y la pensión Imperia.
jueves, 30 de junio de 2016
museos, enza y enzo
Un día estupendo después de la tormenta. Desde la caffetteria vemos a los enfermos del Policlínico que se escapan para dar un paseo en pijama, alguno para hacer papeleos, con el pie vendado, o una bolsa con el orín.
Visitamos algunas iglesias y museos. En Capodimonte encontramos unos dibujos preparatorios de Miguel Angel, tizzianos (magnífico su Dante), dos cuadros extraños del Greco, dos de Brueghel el Viejo y otros dos de Goya. También la Cartuja de San Martín con su inmenso claustro, cuyas celdas conforman el Museo de la Ciudad y que en su capilla tiene una Pietá de José Ribera.
Quedamos con Enzo bajo la estatua de Dante. Llega del trabajo con su máquina. Cargamos las mochilas y nos lleva muy muy lejos, al chalet donde viven. Nos ponen una cena de pasta rica, jamón con mozzarella y un melón picante que llaman cantalupe. Dibujo a Enzo mientras le comento que todos los días hay fiesta y cohetes. En el cumpleaños de cualquiera hay fuego de artificio, me dice. Entonces Quety saca sus regalos, que son unos posavasos con el Jardín de las Delicias de El Bosco, que Enzo y Enza no conocen.
Enzo es un tío simpático, algo tímido, con un sentido del humor que suele florecer, una sonrisa siempre en sus finos labios. Disfrutamos la noche en el jardín con la poderosa presencia de las estrellas. Hablamos de todo un poco, como extraños que somos, mientras Enza le enseña la casa a las chicas en una especie de excursión. Me cuenta que saldremos tarde para Bari. Encontraremos tres tipos de paisajes: el primero abrupto, las montañas de Nápoles, luego colinas y, más tarde, los olivos de Bari.
miércoles, 29 de junio de 2016
pompeya
Paseo macabro por Santa María de las Ánimas del Purgatorio, calaveras sobre huesos cruzados, el cráneo de Lucian y una Santa Ana vieja llena de arrugas. Tiendas donde se venden las famosas figuras del belén napolitano.
El regional para Sorrento nos deja en Pompeya, la ciudad romana detenida en el tiempo. Sólo faltan los vecinos. Calzadas, aceras, fuentes, esos pasos de peatones elevados, los carteles pintados en las fachadas, las tiendas, las huellas de los carros sobre el empedrado, los estucos pulidos, las plantas que vuelven a crecer en los patios, los grandes edificios públicos, voces lejanas en el tiempo, risas de niños jugando. Y luego el rastro de los muertos pillados in fraganti.
A la vuelta, quedo con Enzo en la Plaza de Dante. El tráfico es insoportable, llegamos muy tarde. Enzo y Enza esperando. Nos llevan a una pizzería donde se hacen la mejores pizzas de Nápoles, en Tribunali. La margarita y la frita al horno, realmente ricas. Merece la pena el cuarto de hora de espera. Una grappa por Italia y un brandy por España. Acabo tan cansado que no dibujo nada.
martes, 28 de junio de 2016
ercolano
Acostumbrados a viajar por Asia, aquí los gastos se nos van de las manos; es imposible reducirlos. Comemos mal, y la pensión se lleva el presupuesto. ¡Bendita Europa! Ningún servicio por una pasta. El Estado saca impuestos para arreglar una iglesia que luego hay que pagar para verla ¿Donde está el interés general? Cubierto para mover el café: 1,5 euros.
Hoy hace fresquito. Hemos esperado a Quety para visitar los grandes museos. Catacumbas, el Castillo Nuevo, donde vemos la capilla de las almas del Purgatorio, la sala de los Barones y algunas láminas de la Plaza Mayor de Madrid, el Museo Arqueológico con los mosaicos y los frescos pompeyanos y, finalmente, Ercolano, un centro de placer para la aristocracia romana del siglo IV a.C. sepultada por el Vesubio y que el ingeniero español Joaquín de Alcubierre, más interesado en los efectos de la pólvora que en la arqueología, descubrió en 1739 abriendo un pozo sobre el teatro. Resultó ser una ciudad de unos 5000 habitantes, muchos de los cuales sobrevivieron en una huída en masa, con las casas poco derruídas, las termas, los templos, las tiendas y el puerto. Disfrutamos como enanos, pero sin tiempo para dibujar. Los dibujos de la guía son de Simonetta. Limpios, correctos.
En La Guitarra digo que nos mandó Simonetta y me enseñan el cuaderno de un japo, molón. Tomamos café en la Caffetteria dell Arte Antica, mientras hablamos de Bolaños con Quety.
lunes, 27 de junio de 2016
ese viejo eucalipto y quety con su pequeña maleta
Vemos la gente pasar sentados en la terraza de la caffetteria: chicas guapas y morenas ajustadas, médicos del policlínico con la bata, tíos elegantes sobre sus vespas, muchas muchas vespas chapuceadas con cello negro. Bebo agua, Enrico dijo que por ahora es buena.
Vemos iglesias y palazzos hasta el Castillo del Huevo. Comemos en la terraza de una pequeña trattoría barata debajo del puente, entre barcos y bajo las nubes amenazantes. Las tapas de la cerveza son a base de frutos secos. La niña abraza un gatito negro con algunas canas. Un fuerte bochorno nos aplana. Beni se duerme. En un barco, alguien hace sonar una tabla como un primitivo xilófono. Todo sería perfecto si la niña no hubiera encendido el aspirador.
Mientras Beni se toma un café, me voy a Via Comunale a ver el eucalipto abuelo. El tronco, repleto de colores, rebosa de su cauce y revienta la barandilla. Lo dibujo y espero el 140 para ver la tumba de Virgilio. No viene y me empiezan los remordimientos por dejar a Beni sola. Cuando vuelvo, está leyendo en el malecón. Desde Antonio & Antonio dibujo el castelo achaparrado. Se pone a llover. Vemos la expo de ilustradores. Demasiado publicitarios y efectistas y muy poco contenido. Estoy cansado de estas cosas, prefiero ver llover. Encerrados en el huevo de Virgilio. Los perros sueltos bajo el bochorno y el agua cayendo a mares.
La gente es simpática y te explican todo al dedillo. Si miras el gráfico del bus, te explican que has de hacer para llegar a tu destino. Una señora nos hace seguirla para llegar a Piazza Plebiscito. Hace mucho calor en el metro y el bus, sin aire acondicionado.
Quety aparece en Piazza Garibaldi con su pequeña maleta. Cenamos pizza y pasta en una trattoría y después paseamos por la ciudad, nueva para ella.
domingo, 26 de junio de 2016
capri c'est fini
A las nueve aún no ha llegado la prima colazione, il primo pasto della giornata. Llamo al jefe que se hace el despistado, y nos trae los capuccini. Via Nilo. Una librería de ilustradores. Bajamos a los muelles y esperamos el barco de Capri, un catamarán gigante que deja un ancha estela de espuma.
Llegamos a Capri, una isla bonita con grandes cortados de piedra cubiertos de una capa verde, como una peluca rizada y enmarañada. Visitamos las playas de abajo, casi todas incómodas, de cantos, excepto alguna repleta de italianos morenos que comen albóndigas con tomate. Luego subimos hacia el castelo en el funicular, tras una cola. Todo está lleno de tiendas caras y unos extraños taxis con un toldo por capota. En vista del nivelillo, compramos la comida en un súper y nos vamos a la Marina Píccola, al sur de la isla, muy urbanizada, a zampar bresaola, mortadela, queso y unas birras, con vistas a los peñones gigantes, donde un castillo se camufla de verde. Pinos, palmeras, ailantos y adelfas. Buganvillas repletas de flores. Nos bañamos en una playa pública. Una dominicana nacida en Nueva York dice amar las islas a pesar de no saber nadar.
Vamos en minibus a la ciudad, como de otra época. La ladera de la Marina Grande está preciosa. Bajamos en bus a un barco más antiguo y pequeño, pero mucho más acogedor. Los italianos se parecen a nosotros. Quizás con facciones más brutas.
Simonetta nos invita a cenar por teléfono. Quedamos con ella en el puente del Teatro San Carlo. Nos lleva a casa, donde Enrico prepara la cena. Han estirado su cena y los niños se quedan con hambre. Son guapos, Tomasso y Marcelo. Simo me prohibe afotarlos (?). El pequeño se enrolla con Beni y le enseña la casa. Se respira un aire burgués, catalán, con esa respetuosa distancia. Enrico trabaja en la Universidad y se presentó a las elecciones por un partido independiente de izquierda. Simo nos guía por el laberinto de escaleras de su casa hasta esa terraza con hermosas vistas al puente en lo que fuera una zanja enorme para separar el barrio rico de los barrios españoles, según Tomasso. Simo no da crédito a la versión. Mientras hablamos, Marcelo trae sus vehículos hechos con el Lego. Nos recomiendan dos trattorías y el museo frente a Subterránea, con un cruce de calzadas griegas. También nos explican cómo llegar al más antiguo eucalipto de Europa y a la tumba de Virgilio, un poco más adelante, Parco Virgilio y la ciudad industrial abandonada.
En la parte superior de la casa, guardan un pequeño apartamento de un amigo, donde archiva sus cuadernos de viaje, su tesoro, aunque no vive aquí.
Volvemos a casa. El bar está cerrado y no podré tomar mi vaso de leche fría.
sábado, 25 de junio de 2016
segundo día en nápoles
A las nueve nos traen el desayuno a la habitación. Luego, una señorita supermaquillada y arreglada como para ir de paseo nos pide permiso para limpiar. Le pido cinque minutti.
Hay una parte de Nápoles que formó parte del acueducto de Augusto y que en la II Guerra Mundial fue refugio antiaéreo: Napoli sotterranea. Un conjunto de salas y galerías que funcionó durante siglos hasta que, en 1835, fue cerrada. En 1942 se reabrió como refugio, se construyó la escalera de entrada, de 50 metros, y albergó un hospital para 2.000 personas. Aunque cara, nos sumamos a la visita. La plantas que viven de la humedad y luz artificial, la cisterna para el vino de los monjes, el Possado que limpiaba las cisternas de los palacios entrando por los pozos con su propia escala y hacía de celestino, objetos y juguetes dejados en la guerra. Llegamos a una casita de la que forman parte los camerinos del teatro greco-romano, un teatro con una capacidad de 12.000 espectadores y abandonado en el Medievo por su carácter pagano. Los españoles urbanizan la ciudad pasando de él y los terremotos acaban de deruírlo. Ahora solo queda esta parte subterránea cuyos techos abovedados se aprovechaban en las casas; casitas pequeñas y pobres con un sótano de lujo.
Tomamos un café fredo cremoso, con el hielo batido. Los policías ven el partido de fútbol en las terrazas, que resulta interesante pues ya van once goles (6-5). Paseamos por la Piazza Bellini, San Juan y Santa María, el paseo marítimo y el Castel dell'Ovo, en el islote de Megaride. El escudo del príncipe Baptista Pig Napellus con tres tazas de café, iglesias y capillas, un cuadro de Ribera, los grandes clavos en la puerta del Duomo, Piazza Cardinale, el Museo Cívico en Castel Nuovo, la plaza circular de Nicola Amore con los atlantes sujetando los balcones de las fachadas. El barrio Porto.
Descansamos en una terraza con una pizza de espárragos batidos. Demasiado salado el jamón. Un niño juega con los Power Rangers. El rojo tiene moto. El precio se sube al doble con el cubierto y el servicio (¿para una pizza?).
Lungo Mare, el malecón, el tontódromo, y, finalmente, el Castillo del Huevo lleno de restaurantes de pescado y bares de copas romántico-turísticos. Hay una muestra de ilustradores. Llamamos a Simonetta y quedamos para mañana. Volvemos por Via Toledo. El funicular, el Palazzo d'Intendenzza, Piazza Carita con palmitos sin sombra, Dante, Via Portalba con libros de viejo, botellón bajo los pies de Bellini. Ya en nuestra terraza, el camarero me pide el cuaderno para enseñárselo al jefe. Me trae el vaso de leche fría, que bebo mientras dibujo nuestro cuartel general. Aquí descansamos, ponemos en orden nuestras ideas y hacemos planes para el día siguiente. El camarero tiene cara de bobo, solo está pendiente del patrón. Me fumo el último cigarro. El humo revolotea ese montón de imágenes.
viernes, 24 de junio de 2016
sansevero y su príncipe
Una parada imprescindible es la visita a la Capilla de Sansevero, pequeña iglesia del palacio de Raimondo di Sangro, séptimo Príncipe de Sansevero, digno exponente del siglo de las luces y perteneciente al círculo ilustrado de la corte de Carlos III, de una sola nave con ocho capillas laterales y bóveda de cañón donde los personajes levitan hacia el profundo cielo, donde se ilumina el Paraíso.
Este militar, políglota, hombre de ciencias y de letras, inventor, anatomista, letrado y académico, escépticamente religioso, afecto al ocultismo y la alquimia y Gran Maestre de la Masonería napolitana, proyectó esta capilla como mausoleo familiar con inquietantes claves, como un homenaje de la vida sobre la muerte, y en cuyos sótanos se guardan algunos de sus experimentos como sus máquinas anatómicas, que consisten en un vaciado anatómico de tres cuerpos humanos, de varón, de mujer y de recién nacido, donde sólo pervive el esqueleto, algunas vísceras y la maraña ramificada que forma el sistema vascular. Este espacio es una cripta familiar y propia que el Príncipe no vio terminada. En ella está la obra máxima de Francesco Celebrano: un alto relieve que representa el enterramiento de Cristo.
En la planta principal destacan sus esculturas veladas: el Cristo Velado de Giuseppe Sammartino, un trabajo tan perfecto que la leyenda atribuye al uso de alguna alquimia marmórea; una mujer sensual envuelta en un velo a la que se tituló Modestia, no sabemos a santo de qué, de Antonio Corradini y dedicada a la madre del Príncipe; y La Libertad del Cautivo, en que un personaje dedicado al padre del Príncipe se libera de una red, que representa el apego a la vida, esculpida por Frances Queirolo. Encima de la puerta principal hay otra escultura curiosa en que un oficial de Felipe II, Cecco di Sangro, un antepasado, salta de un ataúd, donde fingió estar muerto durante dos días para poder conquistar la fortaleza de Amiens.
jueves, 23 de junio de 2016
viaje a italia 2007: llegada a nápoles
Cogemos un cercanías en Atocha a Nuevos Ministerios, y de allí al aeropuerto en metro. Desayunamos en el aeropuerto en medio de una excursión de abuelas rezaditas y madrugadas. El capitán dice que en Nápoles hace buen tiempo. Llegamos a un aeropuerto pequeño. Bajamos por escaleras a las pistas. En buses hasta Garibaldi. Todo sucio, basura por las calles, trileros haciendo el agosto, casas desvencijadas y desconchadas. Las ventanas abiertas muestran su vida interior. Mucha ropa tendida en la calle. Gente de piel morena y pelo negro. Motos chapuceadas con precintos.
Porta Capuana, Castel Capuano. Muchas motos y tiendas abiertas. Vida callejera. La pensión es una buhardilla limpia. Un gafotas con cara de cura nos enseña una habitación grande por 50 euros. Nos lavamos y nos tomamos una cerveza en la plaza de abajo, Vía Sole con Vía Tribunali. Yo una Peroni piccola y Beni una coca. La policía lleva botas y pantalones de montar, y gafas de sol. Los pantalones azules llevan una banda roja.
Vemos la impresionante Capilla de Sansevero y damos una vuelta. Comemos en la terraza turística de Munaciello. Alguien toca el acordeón para comer y un abuelo quiere cobrar por unos segundos de canto. La gente le dice que se llevó todo el del acordeón. Comemos mal por 28 euros.
Subimos una escaleras enormes hasta el castel de Sant' Elmo. Volvemos por atrás por Gradini del Petraio, que han ido habitando familias ricas. Desde un balcón vemos Nápoles y el Vesubio a lo lejos. Se oyen las radios bajando las escaleras, que algunas motos se atreven a bajar. Salimos por la Vía Santa Catalina de Siena. Las aceras están llenas de coches aparcados, y hay que caminar por la calzada plagada de motos circulando. La Galería Umberto I nos recuerda la de Milán. La Plaza del Pebiscito, que de plaza popular pasó a ser de la realeza, y los franceses la hicieron laica, eliminando todos los edificios religiosos. Ahora domina la iglesia de San Francisco de Paula, en el centro de una columnata semicircular; también hay una estatua de Carlos III. Nos sentamos a la sombra junto a Dante y vemos a la gente pasar.
En Santo Domingo Mayor están los arcones aragoneses, con 42 féretros, entre los que se encuentra Alfonso de Aragón, que murió en 1458 en el Castillo del Huevo, en la bahía. Todos los hombres muertos de las losas van vestidos de guerreros y tienen dos perros a los pies. Flipo con un fresco de Pietro Caballini donde alguien se pone a volar. También con la gente que vive en la parte superior de la iglesia de Sant'Angelo al Nilo, en la Piazzeta del Nilo, donde el río lo representa un viejo barbudo, y usa sus terrazas.
Cenamos en una trattoria barata en la calle Tribunali: Trattoria Antica da Carmine. Es bonita y agradable. Tiene aire acondicionado y comida napolitana. Por la noche no hay quien duerma con los silvidos, cohetes y las voces de los jovenzuelos dueños del mundo y niñas tetonas morenitas de playa.
miércoles, 10 de agosto de 2011
eduardo habla de josé maría
QUINTA-FEIRA, NOVEMBRO 22, 2007
José María Sanchéz
As páginas do seu Diário Gráfico parecem que foram concebidas previamente por um Designer Gráfico. E foram-no mesmo pois é essa a sua profissão. Entre desenhos, textos e colagens o caderno fica um autêntico diário.
José María Sanchéz. Nápoles. 2007
Suscribirse a:
Entradas (Atom)































