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sábado, 20 de abril de 2019

figuras ibéricas en el mahe


Como en todas las sociedades agrarias antiguas, la naturaleza es un tema recurrente en sus imágenes. Fuera del ámbito doméstico, hay una fuerza salvaje que amenaza. El control de esta naturaleza salvaje es la misión del hombre. Y su representación significa una idealización de ambas partes: el monstruo y el héroe. El héroe vencerá a la fiera y ello le dará derecho a disfrutar de los frutos de la tierra. Todo ello se aviene bien con la ideología aristocrática de la cultura ibérica. Las aves son los animales más representados en la cerámica ibera. Detrás van los caballos. El ave, con pico córneo, extiende sus alas emplumadas, a veces atacadas por un oso. Es un icono, no la representación de un animal concreto. Son figuras simbólicas, como las divinidades aladas. Las esculturas son propias de los monumentos funerarios: los toros, arriba dibujados, el oso, la esfinge.

Dada la importancia de los yacimientos iberos como L'Alcudia, existe un proyecto para convertir el Palacio de Altamira, que actualmente alberga objetos de la Edad Media y Moderna, en un Museo Ibero, que incluiría, aunque fuera provisionalmente, la Dama de Elche.

Ibers y romans en terres valencianes

sábado, 8 de diciembre de 2018

griegos

En el museo de historia y folclore de Corinto.

viernes, 23 de noviembre de 2018

miércoles, 21 de noviembre de 2018

atenas otra vez


Desayunamos temprano para llegar pronto a Atenas. Saliendo de Corinto, paramos en el canal, una vieja trinchera de finales del siglo XIX para cumplir un sueño de Nerón. La herida ha quedado tan pequeña que apenas si tiene uso, solo algunos yates y otros barcos pequeños. Hay un puente peatonal para cruzarlo, además de la carretera.

No para de llover durante el viaje por autopista. El agua que levantan los camiones no dejan ver la carretera. Entramos hasta Sintagma y bajamos al Arco de Adriano. A las diez y media dejamos el coche. Resulta agradable volver a la ciudad donde empezamos, ya como expertos viajeros que conocen sus calles. Es como encontrar a un viejo amigo. Las callejuelas de Plaka, la Torre de los Vientos, la biblioteca de Adriano, la microcatedral, la peatonal Oiolou hoy triste con el frío, las terrazas vacías, el viejo café de los rosquillos cerrado. El dueño del Hotel Tempi nos propone una mejora en el Hotel Cecil, un hotel elegante venido a menos, pero sin rendirse, con cierto esplendor. El comedor, precioso, en la esquina de la primera planta. Escayolas, maderas, una escalera en espiral que sube rodeando un viejo y coqueto ascensor cilíndrico. Nos  gusta.

Por Adriano, vamos a la Acrópolis para ver su museo. Es un buen museo. Explica muy bien la posición de cada pieza en el yacimiento con una especie de recreación de los templos a su tamaño. Solo la planta alta reproduce el Partenón. Como un puzle han recompuesto las piezas encontradas. No dejan fotografiar. Dibujo cosas curiosas, esculturas coloreadas, caras dramáticas. Descansamos en la cafetería, desde donde hay una estupenda vista de la Acrópolis.

Comemos bien, de guiso, que ya había ganas; Beni, un arroz con pollo y yo un potaje de habichuelas. Después cojo la lista de cosas pendientes. Un local de cervezas artesanas y la librería cafetería restaurante Poems&Crimes, que están por aquí, cerca. Panos, de For Beers, no se enrolla. Le digo que colecciono chapas y me busca una buena cerveza con tapa ilustrada, lo dibujo sonriente y le pongo su nombre. Ni por esas. Le pregunto por las tapas de las que ya ha vendido, pero no se deja doblegar. No hay nada para mí, excepto la de la Fresh Chios Beer que me estoy bebiendo. Fracaso total.

Poems&Crimes es un local de la editorial Gravriélides donde se venden libros y ponen cafés, vinos, cervezas y comidas. El ambiente es más literario que de casa de comidas. Encima de cada mesa hay un libro diferente. Pero no hay demasiados libros expuestos. Hay algún barbudo con pinta de tertuliano y un señor muy simpático con la cabeza pequeña y una prominente nariz, que resulta ser el dueño. Un grupo de señoras toman vinos y un grupo de jóvenes charlan con un café. La camarera viste de ursulina y el camarero, como todos los jóvenes de Grecia y del resto del mundo, lleva una barba recortada. 

Curioso el dueño, avista mi cuaderno y se ríe de su enorme nariz dibujada. Una vez terminado mi curro, se lo enseño, para conocer sus nombres. Él es Sami, y los demás: Apóstolos, Lila, Nikos y Koimas. Sami me cae bien, le dejo hacer una foto para las redes. A cambio me regala un libro bilingüe, español y griego, de una escritora argentina llamada Marta Silva Dios Sanz y editado por él.

Asunto concluido. Mañana volvemos a Madrid.

martes, 20 de noviembre de 2018

miércoles, 14 de noviembre de 2018

olimpia y la arcadia


Salimos de Patras por la costa hacia Olimpia, otro famoso santuario dedicado a Zeus y donde se celebraban los Juegos Olímpicos. Llegamos dos horas después. Allí recorremos el yacimiento lleno de viejas piedras labradas entre olivos grandes, robles ancianos y cipreses altísimos. Quizá lo más llamativo es la Palestra, porque se ha puesto en pie la doble fila de columnas que rodeaba su gran patio. Después de ver Delfos, impresiona menos el gran templo de Zeus, del que solo hay en pie una columna dórica, el templo de Hera, el Philipeion, también repetido, o el estadio, sin gradas. No hay teatro y tampoco está en una pendiente. Lo que sí es poderoso es su museo, donde se han recompuesto ambos frontones del templo de Zeus, de un tamaño exagerado. En unos de ellos la batalla de los lapitas contra los centauros y en el otro una carrera de carros, una pasada. Hay una muy buena colección de exvotos y de cascos, sobre todo corintios. También hay un museo de las olimpiadas en el antiguo edificio de principios de siglo, allí puede uno hacerse la idea de los juegos y ver discos y pesos reales.

Por la tarde vamos a las montañas felices de la Arcadia, donde todos los árboles son de colores y los pueblos cuelgan de las montañas. Paramos en algunos de casas y calles de piedra como Dimitsana y Lagkadia. Luego bajamos a la garganta de Lousios y vemos el monasterio Moní Aimyalón colgado de sus paredes. Subimos y bajamos por un camino indecente, entre bosques y la cima del mundo por curvas y más curvas. Empieza a anochecer y Beni empieza a dudar, a sentir que ya hemos pasado por algunos sitios. Aquí estaban los cazadores, dice. Yo le digo que no puede ser, que no nos hemos salido de la ruta del navegador hacia Megalópoli, que es una neura suya por temor a la noche. Si eso es cierto, después de este bosque veríamos las cumbres,l e digo bromeando. Pero ahí están las cumbres, y la columna de humo, y este puente, y esa roca. Una hora y media después de recorrer los peores caminos y de girar la peores curvas, estamos en el punto de partida: Dimitsana. Cuando el empleado de la gasolinera me lo confirma, ya de noche, me quedo de cuadros. Solo deseamos salir de este bucle infernal. Decidimos quedarnos. Buscamos alojamiento, cancelamos el hotel de Mistra y cenamos con alcohol para olvidar las penas. Pero donde mejor se olvidan es en esa cama grande, fabricando zetas.

Una nube negra levita sobre nuestras cabezas. Nos sentimos inseguros y frágiles.