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lunes, 7 de mayo de 2018
expo abrantes: europa y norte de áfrica
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lunes, 21 de octubre de 2013
vuelta divertida a madrid
Me meten en una ambulancia con Beni y entramos directamente a la pista. Esperamos en un hangar. Los helicópteros de la Guardia Civil sueltan los flotadores y nos dan tremendo susto. Una furgoneta me trae el desayuno y a Avelina, la médico del seguro. Me despido de Roberto y Andrés, los chicos de la ambulancia.
Gran espectáculo del godito y esposa subiendo en ascensor al avión, la camilla del godito. Sin papeleos ni arcos ni trámites. Me hacen un apartado y me ponen la mascarilla. Gracias al oxígeno adicional veo multitud de animales en las nubes. Soy feliz y la médico me mira con cierta ternura.
Me vacían en el hospital de Madrid. Radiografía y la habitación pactada. Cuarto de hora de espera. Me escapo al bar y me como un bocadillo de boquerones en vinagre. En la habitación hay un vecino del barrio que me conoce y ha echado tres euros a la tele. Vemos como el Real Madrid pierde contra el Turín. Pero bueno, el viaje y el cuaderno acaban aquí.
domingo, 20 de octubre de 2013
las aventuras de visso
Me despierta una voz pidiendo ayuda. Santa Cruz sale de la oscuridad mostrando colores tímidos, casi sin tono. Mi auxiliar favorita anda por los pasillos. Sergio se ha ido. La enfermera se siente bien cuando ve su letra en mi cuaderno, en la pegatinas de Termalgin. En la sala de espera veo a Beni salir del ascensor. Me dice que hay un túnel para llegar a su hotel que le da miedo y pasa corriendo, hoy me iré antes de que anochezca.
El médico me pregunta si hay un plan.
- Mañana me recoge una ambulancia con un médico de ocho a ocho y media.
- Te prepararé ahora toda la información y llamaré al jefe de servicio en Madrid para ver si quiere las radiografías por internet o las llevas en papel.
A medida que se acerca este viaje me pongo más nervioso.
Por la tarde llega Cecilio Visso, de abuelo inglés, al que no conoció, que le aportó el nombre, Cecil, y el apellido. En mi familia hay un montón de Cecilios, a mí no me gusta, llámame Visso. Le gustaba subir al Teide y sentir el calor del cráter en las suelas. Murió con 46 años. Bebía mucho whisky, Caballo Blanco. Aquí conoció a mi abuela, medio maguita medio analfabeta. Compró el castillo de Realejos y allí vivieron. Con una finca grande que heredaron sus cinco hijos. Mi padre decía que era buen tío, con bigote y tal, hay fotos en casa. Viajaba dos veces al año a Sudáfrica.
Mi mujer y mis suegros eran puros canariones, pero mi mujer será ya lagunera y santurrona. Nunca he ido a ver a la Incorrupta. Dicen que está intacta. Van más de diez mil personas en los días que se muestra.
Mi mujer y mis suegros eran puros canariones, pero mi mujer será ya lagunera y santurrona. Nunca he ido a ver a la Incorrupta. Dicen que está intacta. Van más de diez mil personas en los días que se muestra.
Recuerda de la Guerra cinco o seis barcos que hacían de cárceles flotantes desde los que tiraron a más de cien y una avioneta que cogió en la playa de Gando que lo llevaría a África. Casi nos matan. Don José Ortega era un cura chivato que mandó a matar a mucha gente, dio los nombres que quiso, era mi profesor de religión. Sé que era marica porque iba detrás de mi primo.
Melchor contaba de la Fife que un vigilante se acercó a dos presos.
- ¿Y que haces tú aquí si tú nunca te has metido en política?
- Le presté dos mil pesetas a alguien que no quería pagármelas.
Me ponía detrás de las persianas a oir los gritos de la gente que torturaban en el Ayuntamiento, que estaba al lado de casa.
Pedro Torres, de Cáceres, cogió un barco desde Andalucía a Cuba, e hizo una parada en Las Palmas. Le gustó y se quedó. Era un asesor administrativo muy ilustrado, no como ahora. Tuvo muchos años una gestoría. En la Guerra Civil se acercaban las viudas a hacer los papeleos para reclamar a sus maridos. No les cobraba nada, pero les decía que si les preguntaban que dijesen que les había cobrado, para no tener problemas.
Así estamos hasta las tantas, pues sufre insomnio y no para. Además, está sordo y habla muy fuerte y vienen a llamarnos la atención. Cantinflas es el tío con el que más me he reído. En Romeo y Julieta, cuando se va a suicidar, me caía de la butaca muyayo...
sábado, 19 de octubre de 2013
esperando el final
Cielo encapotado. De golpe pinceladas rojas por las rendijas. Tengo sueño pero odio la cama. Ya queda menos. Por primera vez veo una línea en el horizonte que separa los dos azules. La mujer de la limpieza viene con las pilas puestas. La chica del termómetro se interesa por mi cuaderno. Distintas técnicas, dice, y cuando vuelve 36,7, muy bien, muy bien. Se oye la misa por los pasillos, pero solo me siento capaz de adorar a la Siervita.
Me ducho y me pongo los pantalones cortos que me trajo la superenfermera. Cuando me los ve me dice que son demasiado sexys. Es una tía cachonda, siempre sonriendo. Sueña con una casa terrera con plantas y animales.
Acabo con el libro y veo en la tele los programas favoritos de los chicharreros: Tenderete y La cueva de Julián, con música del folclore canario. El día me pesa. por la noche salgo un rato a la terraza. No hay nubes y pueden verse las luces de La Palma.
viernes, 18 de octubre de 2013
almorzando con dios
Algunas noches sueño que recorro una gran casa vacía con paredes de hormigón y grandes espacios. Alguna vez la construí en Bolaños, junto a mi casa actual. Por alguna razón la abandoné. Hoy sueño que paso a verla y veo que tienen montada una oficina los de Axa seguros sin ningún contrata, por las bravas. Llamo a la policía y lo peor es que hacen el paripé y dejan que salga la gente con carritos llenos de documentos. Me siento en una terraza con Javi, los de la competencia, otra aseguradora, nos invitan. Estoy tan indignado que pido los deneís a la policía, que resultan falsos. Son empleados de Axa disfrazados. Al verle la cara a Javi me pregunto si no estaré alimentando una fuerte manía persecutoria.
Mi labor caritativa de falso psicólogo que oye a los demás nace desde la más pura laicidad. Entre el agradecimiento de Sergio y sus padres hay un resquicio de escándalo. Mis teorías se basan en que el destino del hombre es su felicidad, y deberíamos actuar de manera que nos la reporte, huyendo de todo aquello que la aleja. No entra pues aquí un dios cruel, tirano y sin sentido del humor que admite la guerra, la violencia, el hambre, los desastres naturales. Hasta a los que dicen que está en otras cosas más importantes les cuesta creer que no pueda atender al lanzamiento de una bomba atómica por estar de cháchara, siendo todopoderoso. Le explicaba a Sergio el caso de unas tribus orientales africanas que lo habían resuelto de una forma convincente: Dios tiene un hermano un poco tonto, que trata de hacer las cosas tan bien como su hermano, pero a veces se equivoca.
En estas cosas estábamos cuando alguien mentó a la Siervita de la Laguna, pero el chicharrero solo recordaba al pastor santo Juan con unas cabras en las calderas del Teide.
- Creo que es una monja.
- Bueno, hay una monja muerta que se mantiene incorrupta a la que la gente le pide la cura de familiares enfermos y cosas por el estilo. Hacen promesas y suben de rodillas al Teide a cambio de la deseada curación.
- Es difícil saber, hasta por un buen médico, donde ha intervenido la Siervita y donde la Medicina para saber quién es la milagrosa y cuánto de las dos. Mi opinión es que el alma de la Siervita debería firmar de alguna manera. Por ejemplo, en mi caso unas extrañas arrugas, o buyas, de la pleura podrían formar caracteres en la radiografía que al leerla a contra luz, y con el cuentahilos, formasen la palabra Siervita. En el caso de tu primo, las bacterias podrían roer su hueso de tal manera que dejaran su nombre grabado, o un sencillo ejercicio acrobático de éstas formando las iniciales.
Queda claro a Sergio que se puede flipar sin entrar en el mundo de las drogas ¿o son también falsos los paracetamoles?
jueves, 17 de octubre de 2013
encadenado
Una señora del seguro me presiona desde temprano para cerrar la camilla del avión del martes. Le digo que sin plaza en mi hospital de Madrid no cierro nada. Me da un plazo de quince minutos y luego me cuelga violentamente. Me llama nuevamente para decirme que ha ampliado el plazo a treinta minutos. Buscamos un médico que nos haga caso. Me cruzo a Sergio en silla de ruedas.
Me prometen una plaza en la Jiménez Díaz y lo cerramos todo para el martes. Está decidido, veo una luz al final del túnel: esa mujer maleducada del seguro con una linterna. Esta señora hace de policía malo. Por las tardes me llama un señor muy amable disculpándose. Es el poli bueno, que acabrá conmigo.
Oigo que la premiada Finca Uga de Lanzarote lanza el queso de chocolate. Intento salir al jardín con Beni pero me exigen ir acompañado de personal sanitario. Beni se acerca al quiosco y me compra un libro. Me siento preso, encarcelado por los médicos, custodiado por enfermeras.
¡Agua un poquito de agua!, grita una señora mayor. Se lo digo a la enfermera. Está en dieta absoluta, me dice, absoluta.
malas noticias
Artritis reumatoide, me dijo mi hermana entonces, una enfermedad que no le dejaba subir los brazos y que le haría comer muchas pastillas el resto de su vida. Yo traté de sentirme ágil entonces en la ducha. Entonces vino el pantalón perfecto que encajaba perfectamente con la camisa y parecía que de golpe todo iba por el buen camino. A pesar del tubo que atravesaba mis costillas y la artritis reumatoide de mi hermana Pilar.
el godito del teide
El Fenómeno de Taganana vivía en una cueva grande y tenía un solo ojo en la frente. Y todo Tenerife fue a verlo. A la cueva le llevaban comida y vino.
He aquí ahora el nuevo fenómeno de la isla: El Godito del Teide. Vienen las familias a la habitación a que enseñe mi válvula. A cambio les hago un retrato.
Sergio y yo nos reímos con estas historias.
Ellos nos cuentan que somos godos especiales, que ni hablamos como ellos ni somos tan gilipollas. E imitan esa forma de hablar seca y violenta que tenemos. Ellos son canariones, gomeros, chicharreros, conejeros o yerreños, y nosotros godos.
La madre de Sergio invita a Beni a dar una vuelta por el centro. Su tía colocada dice que no le gusta llevar a ningún desconocido. Finalmente se van. Entra en escena Jose el gomero conductor de guaguas. Suele decir que unas cosa bien y otras cosa mal, y yo me río porque Sergio tiene razón cuando dice que nunca se moja. Al reirme de un gomero, me siento chicharrero. Buscar un enemigo común, me parece entrar en la senda del nacionalismo.
Ellos nos cuentan que somos godos especiales, que ni hablamos como ellos ni somos tan gilipollas. E imitan esa forma de hablar seca y violenta que tenemos. Ellos son canariones, gomeros, chicharreros, conejeros o yerreños, y nosotros godos.
La madre de Sergio invita a Beni a dar una vuelta por el centro. Su tía colocada dice que no le gusta llevar a ningún desconocido. Finalmente se van. Entra en escena Jose el gomero conductor de guaguas. Suele decir que unas cosa bien y otras cosa mal, y yo me río porque Sergio tiene razón cuando dice que nunca se moja. Al reirme de un gomero, me siento chicharrero. Buscar un enemigo común, me parece entrar en la senda del nacionalismo.
miércoles, 16 de octubre de 2013
todos quieren hablar
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| Sergio. Mi único modelo posible. |
Sueño que estoy en la casa que Críspulo ha alquilado en Madrid con unas compañeras. He llegado tarde. Ellas piensan que el piso es demasiado pequeño. Para chico el mío de La Encomienda. Críspulo, con una bolsa colgando, está ahí en medio, sin querer quitar la razón a nadie.
Otro nuevo sol que logra atravesar el muro de nubes. Atraviesa la terraza y proyecta una pantalla en mi pared. Todo se pone amarillo como el orín en la botella de Sergio.
La enfermera busca mi historia, me hincha esa tela en el brazo y me pregunta la edad. Cincuenta años.
- A esta edad hay que controlarse la presión. La vida no perdona. Las mujeres vivimos muchos cambios. Todos influyen en nuestra forma de ver el mundo, ya no pensamos sufrir por los demás.
- Somos nosotros los que no perdonamos.
- Es verdad. Yo no perdono cuando vienen los médicos jóvenes, solo los trato educadamente. Estoy en una edad difícil.
La mujer que friega entra en la conversación. Dice que es demasiado buena, que se preocupa por todos. Su marido le dice que parece la madre Teresa de Calcuta; pero yo creo que no se parece tanto si se arrepiente de ser así, si es difícil y triste y friega a diario con sus lágrimas.
Algo me está ablandando las neuronas. Cuando Sergio llama a su padre pienso que no recuerdo haber hablado por teléfono nunca con el mío.
un poco de cariño
Sueño con los caudillos menceys levantados en la selva. Quizás llueve y duermo en un jergón. Me despierta una enfermera. Aquí tienes tu medicina y tu agüita, dice.
¡Pilar, Pilar, Pilar, Pilar! grita el abuelo al que han aislado en la habitación 27 para que no vuelva loco a su compañero. Sergio tiene la misma sonrisa de niño feliz de Kiko Isa. Se ha dormido con los auriculares puestos. Se queja de que no duerme, pero siempre está dormido. Debe haberse traído su arsenal contra la depresión.
No aguanto más la cama y paseo por los pasillos. Desde la ventana de los ascensores veo el hotel de Beni. Me la imagino durmiendo. Aún no ha empezado a amanecer. El cielo está negro y la ciudad llena de bombillas encendidas.
La propuesta de marcharme sin operación me ha machacado ¿Qué confianza me da la médico si me dice que mejor me opere otra persona en Madrid? Sé que en medio está el seguro. Es triste. El flemón me ha bajado con los antibióticos; pero la muela me está consumiendo.
El hermano de Epifamio cuenta que dejó de fumar alentándose. Tío, llevas dos días sin probarlo, parece mentira, vamos a ver si aguantas otro más. El hospital está en silencio, solo se oyen las rodadas de los coches. Los auxiliares duermen en los sofás, dando un aspecto lamentable de falta de profesionalidad, de escaqueo cuartelario. Beni me pregunta ¿por qué cogiste la peor cama de la habitación si estabas solo?. En la otra había un auxiliar durmiendo, le digo. Todo el tiempo que esperé era para que librara la segunda cama.
¡Qué tiempo este tan maravilloso de dejar el hosco mundo para entrar directamente en los afectos, en desarrollar todo el cariño que tenemos para ser felices! Ha llegado el momento de la Hermosura, el momento de parar en las caricias que el pudor nos impidió.
La médico me propone irme con las máximas garantías. Una válvula en el tubo, un colega que se responsabilice. Allí me esperará una ambulancia que me llevará al hospital de Madrid. Pienso que estos son los acuerdos con el maldito seguro. Trata de convencerme diariamente por teléfono y como no lo consigue lo ha hecho con la médico. Acepto si me dan las garantías de que allí tengo cama y cita para operarme. Pienso que al llegar, el seguro se lavará las manos, el viaje ha terminado.
En el dibujo la familia de Sergio (para aclararme un poco): Juan Manuel lleva los tanques del aeropuerto, parece que le han dado un hachazo en la barbilla. Gloria es hermana de Yiya y de Rosa, la madre de Sergio. María José está embarazada, estudió Bellas Artes, especialista en restauración, hace cuadernos de viaje, tiene los ojos preciosos. A Carmen le gustan los nombres sonoros como Raúl y Néstor, se quedó viuda ya separada y se casó con un suizo egoísta pues le hizo perder la pensión de viudedad, es de la Iglesia Avantista.

lunes, 14 de octubre de 2013
el seguro presiona
El viernes le quitamos el tornillito y le ponemos un injertito, le cuentan al médico que viene de nuevas. Le levanta la venda y miran la herida que tiene muy buena cara.
La médico me cuenta que el seguro ha hablado con ella y piensa que quizás sea mejor mandarme a Madrid con garantías de seguridad. Yo pienso en el tiempo de convalecencia sin poder volver en avión que tendrían que pagar y que quizás sería más barato (para el seguro) convencer a la médico cirujano. Me suelta que de todas maneras no te podría meter mañana en el quirófano porque tengo otra intervención y no puede hacer dos a la vez. Ridícula excusa. Esta incertidumbre, estos cambios de la médico, no me hacen nada bien, no me ayudan a auto convencerme de que todo va por el buen camino.
Hoy hablan del bichito que quería hacerse con el hueso de Ricardo. Los de Palma nunca miran el reloj. No tienen prisas. Vienen Lolo y Yaya. Lolo es piloto de Iberia, hermano de Epifanio. Se queja de que cuando vuelan los de su pueblo, todos quieren entrar en la cabina.
cuarto día en el hospital
Cuarta noche en el hospital, cuarta noche de mal dormir. Me obsesiono con la respiración y estoy deseando que se haga de día. Me pinzan el tubo de salida de aire. Mañana me hacen otra radiografía.
El sol ya ha atravesado las nubes del horizonte. Paseo por el hospital, al final del pasillo hay un espacio frío con vistas al puerto que dibujo. Pienso en mi madre, que está muy preocupada. Llama Juan, le digo que no venga. También Toni. Lo mejor de la comida son las papas sabrosas. Beni me trae un dulce con cabello de ángel.
Nueva Delhi es un bar de La Laguna donde los fines de semana siempre hay pelea. La enfermera nos hace describir nuestras sensaciones, frío, un poco molesto le digo. Siguiendo el juego, Sergio me da su primera impresión (alguien serio) y segunda (al oírte hablar tranquilidad, serenidad, paciencia).
Su hermano Raúl ha sido boxeador. Un desengaño amoroso lo llevó al alcohol, a los porros y más lejos. Es uña y carne con Sergio, que lo controla. Son los únicos hermanos solteros, juntos van de parranda. Su madre María Rosa tiene 56 años, se le ve joven.
Me cuentan que una característica guanche es tener caries, que los herreños son los que mejor hablan el castellano, que esa guitarra pequeña se llama tiple, que la polca usa letras graciosas y verdes, que el gofio es una harina especial muy rica que se mezcla con leche, que Belicar fue un caudillo guanche, que huevón quiere decir que se deja dominar por la mujer y que el Gobierno de Canarias usa una campaña que Berlanga había usado en su peli Plácido: pon un turista en tu vida.
domingo, 13 de octubre de 2013
paciente
Por la noche no puedo soportar el dolor del tubo entre las costillas. Se lo digo a la enfermera, pero pasa de mí. Salgo a la oficina para ver si no son suficientes los calmantes que me suministran. Me dice que no tengo programada medicación extra. Le digo que puede ser un problema de colocación del tubo.
Viene una auxiliar y me quita los apósitos de la herida. ¡Qué descanso! le digo.
- Es que estaba muy apretada.
Paciente es la palabra que nos define. No quiero esforzarme. No tengo el coño para ruidos.
La familia de Sergio se alterna en la habitación. Hoy vienen sus tíos. El hijo de uno de ellos tiene una extraña bacteria que le tiene hinchado el tobillo. Juan Valentín resulta un tío gracioso. Me gustan sus anécdotas de joven, mucho mejores que sus chistes. De joven vendía un abono mezcla de caca de vaca y carbón de Alemania.
Pepi me llama para que insista en que me operen. Quien no lo hace vuelve a tener el neumotórax, le repite aún más fuerte.
Cuando Beni se va al hotel me parece una dura prueba. No puedo olvidar lo mal que lo pasó sola cuando me metieron el tubo. La cara que puso cuando me vio con un respirador y el aparato en el costado.
El departamento médico del seguro me llama tres veces. Juega al agotamiento, usa la tortura.
Viene una auxiliar y me quita los apósitos de la herida. ¡Qué descanso! le digo.
- Es que estaba muy apretada.
Paciente es la palabra que nos define. No quiero esforzarme. No tengo el coño para ruidos.
La familia de Sergio se alterna en la habitación. Hoy vienen sus tíos. El hijo de uno de ellos tiene una extraña bacteria que le tiene hinchado el tobillo. Juan Valentín resulta un tío gracioso. Me gustan sus anécdotas de joven, mucho mejores que sus chistes. De joven vendía un abono mezcla de caca de vaca y carbón de Alemania.
Pepi me llama para que insista en que me operen. Quien no lo hace vuelve a tener el neumotórax, le repite aún más fuerte.
Cuando Beni se va al hotel me parece una dura prueba. No puedo olvidar lo mal que lo pasó sola cuando me metieron el tubo. La cara que puso cuando me vio con un respirador y el aparato en el costado.
El departamento médico del seguro me llama tres veces. Juega al agotamiento, usa la tortura.
comida romántica hervida
Amanece en Santa Cruz. Hay una luz amarilla tras las nubes que se funden con el océano, mientras se apagan las luces de la ciudad y los edificios cogen poco a poco sus colores desde el gris, algún barco entre la niebla. Estoy cansado de estar en la misma posición, me duele el culo cuando la ciudad ya ha cogido su aspecto, y ya he olvidado mis sueños eróticos. No hay sexo para el paciente.
Me ponen bolsas con esparadrapos para ducharme. Bajo el agua, cargado de trastos, me siento dulcemente cansado, derrotado y sin fuerzas, a punto de disolverme y perderme por la cañería.Llaman los amigos preocupados. Mi madre. Mi hermana Isabel quiere venir, la disuado. También llaman Upe, Javi y Pablo. Tengo que repetir la historia.
Como hoy no está Sergio, la enfermera le deja su comida a Beni. Brindamos mientras nuestro avión despega para Madrid. Me dicen que me harán una radiografía para ver ese pulmón.
Mi vecino llega bien. Pone en la tele un programa llamado Tenderete sobre la música canaria. Hoy lo hacen desde Puerto Rico. Cuando coge el teléfono siempre dice ¿Qué pasó?, a las terrazas las llama canteras y vacas tabuladas a las que están en el establo. Vienen algunos canarios a verlo, el Cuco trae un sombrero chulo. Es tan auténtico que lo dibujo.
sábado, 12 de octubre de 2013
una habitación con familia
Me ducho por la mañana con el maletín y el perchero de los sueros. Las enfermeras me tapan las heridas con plásticos y se ofrecen a ducharme, pero a mí me da vergüenza y lo hago solo. Bueno, me acompaña una miniatura del negrito Pedro Juan con dos cuernos rojos que me dice al oído deja ducharte suavemente, gosarás.
Después del desayuno pasa el médico que me dice que hay que esperar a que el pulmón se expanda y que luego, para viajar con seguridad, tendrá que operarme, quitarme los restos rotos y rasparme la pleura. Que va para largo.
Hago llamadas a Visa, la agencia de viajes y amigos enterados para ver si tengo algún seguro privado. Resulta que el viaje tiene seguro. Aunque la seguridad social se hace cargo, prefiero que se haga cargo el privado. Estos le pagan 30 euros diarios al acompañante para hospedarse. La enfermera nos enseña un apartamento de este precio. Sus clientes son mujeres de accidentados en el Teide, hay muchos, se deberían tomar medidas, dice. Parece el típico caso de daños colaterales del Turismo, en todos los negocios mueren inocentes.
La habitación está ocupada por Sergio, conductor de guaguas, fumador empedernido y propenso a la depresión de 29 años, y su familia. Tiene secuelas de una operación de rodilla que lo están amargando. Mañana lo vuelven a operar. Su padre, Juan Valentín, está prejubilado con sesenta años y habla como un viejo. Siempre habla del pasado como si el presente no existiera, a pesar de que se mantiene bastante bien.
un pinchazo con otro se arregla
Duermo como el culo con este dolor que me vino en el Teide. Cambiar de posición es un suplicio, una tortura. Me duele mucho la espalda, como si tuviera agujetas en la caja.
Después de comer en la playa y fumarme un cigarro, doy mi brazo a retorcer y vamos a urgencias. La tensión y el electro descartan cualquier dolencia de corazón. El médico piensa que es muscular y me echa el discurso de lo peligroso que es fumar a los cincuenta. Se pone el fonendo y soy incapaz de respirar por la boca sin toser. Me mandan a una clínica donde hacerme una radiografía. La radiografía enseña un pulmón normal y otro pequeño, determina claramente un neumotórax espontáneo del pulmón izquierdo. O sea: un pinchazo en el globo del pulmón, el aire que respiro comprime al pulmón, que no puede expandirse. Se debe a la subida al Teide en teleférico, al cambio de presión tan rápido.
Rápidamente cirujano, quirófano, me afeitan el costado, anestesia local, me meten violentamente un tubo entre la segunda y la tercera costilla para que el aire salga y el pulmón se expanda. Noto correr la sangre. Un macarrón que acaba en una máquina que no permite la entrada de aire, solo salida.
Me arreglan para que me vea Beni, que rompe a llorar. Dice que se quedará conmigo. En una ambulancia nos llevan al hospital. El médico de la ambulancia es de Toledo y me habla de las buenas tapas de Miguelturra, el cirujano y la enfermera de Huelva. A la una y media de la madrugada se libera una cama y me suben.
viernes, 11 de octubre de 2013
el teide, las américas, los gigantes y mi pecho
Mañana nublada. Hacemos bocadillos de jamón para la excursión al Teide. En la estación compramos un bono de treinta euros. En el 348 atravesamos un bosque de pinos y las nubes, que luego quedan abajo como un mar de algodón. 1300, 1770, 1830 metros, el Parque Natural del Teide. Se acaban los pinos y el paisaje se hace agreste. Los adolescentes alemanes no paran de hablar . Hay una cola formidable en el teleférico. Nos cobran cincuenta euros. Sube deprisa y cómodo. Seguimos un sendero entre rocas que parecen de hierro oxidado, mocos de herrero. No nos dejan seguir más allá del mirador pues se necesita un permiso. Me siento a dibujar la punta del cono protegidos del aire. Hay gente que sube por el sendero desde abajo, llega resoplando, cansada. Siento una fuerte presión en el pecho, como si estuviera tumbado y me hubieran puesto una piedra grande encima. Pienso en un pequeño infarto, pero no quiero asustar a Beni. Bajamos en el teleférico a ocho metros por segundo. Ayudo a una chica en silla de ruedas. En la cafetería con unos descafeinados dibujo la inmensa caldera.
Cogemos un bus a la Playa de las Américas. Paisajes alucinantes del Parque, rocas caprichosas, colores extraños que se mezclan, formas de plastilina, cactus y páramos desiertos, grandes barrancos y cañones. Mi pecho está encorsetado. Una iglesia antigua rodeada de casas blancas: Vilaflor. Luego dando vueltas hacia Aroma, La Camella, Los cristianos y Las Américas. En Las Américas cogemos un bus a Los Gigantes. Como sale a las y media, vemos la playa con sombrillas de palma y madera, protegida por un malecón de piedra volcánica negra, con poca gente, que forma siluetas en el agua brillante.
Cuando llegamos a Los Gigantes está anocheciendo. Hago un dibujo en la penumbra del hotel y los acantilados. Después nos tomamos un café en la plaza. Han construído casas hasta los arrecifes. Parece imposible encontrar un pueblo normal con sus tascas y gente bebiendo. Los paisanos son alemanes, me llaman artista. La Iglesia parece un adosado más.
La carretera de vuelta es demasiado estrecha y el conductor suele usar el carril contrario en las curvas. Pasamos El Retamar, Santiago y Erjós, que está de fiesta . Hay una gran pantalla en la plaza y pasan una película. La escena me gusta. Solo los pueblos del interior parecen verdaderos pueblos y no un decorado. En El Tanque monta una chica que cuenta que todos los dias y durante tres horas oigo a una viejita y me pagan por eso.
lunes, 7 de octubre de 2013
la laguna
Voy al jardín que rodea las playas negras. Puede verse el Teide como un cono puntiagudo encima de las montañas. Me acerco a las plantaciones de plátanos. Polillas blancas, me pica verlas. En la playa un chico coge las tumbonas del montón y las lanza colocándolas en ese único movimiento ¡qué vicio! Abuelos pescan en los arrecifes, una torre de vigilancia solitaria.
Visitamos San Cristóbal de la Laguna, patrimonio de la Humanidad. Iglesias, la Plaza del Adelantado, la casa de Salazar, el obispado de piedra, casas señoriales antiguas, Santo Domingo y su claustro con nísperos y una fuente en el centro. Aquí vemos una expo de Joan Brossa de objetos que llaman poemas visuales. Objetos surrealistas, críticos, con mensaje: un tintero vertido sobre una hoja con letras, un sombrero de copa que funciona con cuerda, una cucaracha sobre un billete de metro, una chaqueta con dos estribos que le salen de las mangas, un bocadillo de la letra A... me gusta.
Volvemos en guagua al Puerto de la Cruz. Gitanas isleñas parlotean en el bus con ese tono dulce canario. Oh ¡tanta belleza y tanta dulzura juntas!
domingo, 6 de octubre de 2013
el superdrago y las piscinas de garachico
Me levanto muy temprano y, mientras Beni duerme, desayuno en la estación de guaguas, en su bar sucio lleno de trastos. Veo llegar las guaguas y la gente transitando. Paseo por el edificio a la cubana, del mismo color que las guaguas, subo por su escalera circular llena de meadas. La terraza es una plaza en ruinas con plantas carnosas casi secas. Un conductor trata de meter a nueve turistas en una furgoneta Berlingo. No caben ni de coña. Señores, hay que acoplarse, les dice. Subo la pequeña colina de casitas pequeñas, edificaciones redondas cuyo techo acaba en una chimenea y viviendas antiguas. Un viejo camión Fiat de Transportes Castilla.El bus recorre carreteras pequeñas y tortuosas, para en todos los pueblos. Nos gusta San Juan de la Rambla, con una plaza preciosa que nos prometemos ver a la vuelta. Nos mareamos con tanta curva. La tinta marrón se me vierte en el bolso.
En Icod de los Vinos, subimos a la Iglesia de San Andrés, en una atalaya desde la que vemos nuestro querido y anciano drago en un barranco bien conservado sin construciones excepto una casa antigua y su huerto. Rodeado de palmeras canarias, pequeños dragos y alguna buganvilla que aporta su fuerte color magenta. Dejo de dibujar cuando la gente sale de misa. El bar está bajo el quiosco de música.
Cojemos otra guagua a Garachico, muy cerca. Allí vemos el antiguo puerto que la lava cubrió, dejando cantidad de arrecifes de color ferruginoso, un extraño paisaje donde la gente toma el sol y se baña. Nos bebemos una cerveza y almorzamos en una terraza que permite la visión de este espectáculo, ideal para dibujarlo. Después vamos a la Plaza de la Libertad, donde están el Convento de Santa Ana, el Palacio de los Condes de la Gomera y el Convento de San Francisco pegado al Ayuntamiento. Otro bar bajo el quiosco de la mmúsica, viejos jugando al mus, limoneros gigantes. Subimos hasta lo más alto del pueblo desde donde vemos la torre y una isla oxidada de lava (Roque de garachico). Volvemos a las piscinas naturales, donde mejor se está.
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