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martes, 20 de agosto de 2019
la magdalena
Ésta es una versión a carboncillo de la Magdalena de Julio Romero de Torres, óleo sobre lienzo pintado en 1920 que se mantiene en el Museo Julio Romero de Torres, de Córdoba. Fue dibujada por mi abuelo Juan, que debió ser un gran admirador suyo.
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viernes, 5 de agosto de 2016
material quirúrgico del abuelo juan
Esto es parte del material quirúrgico del abuelo Juan. Muchas piezas pequeñas e incompletas ya las tiré y me quedé con éstas como recuerdo. Ahí siguen en unas vitrinas de la casa del pueblo, donde ejerció.
sábado, 25 de octubre de 2014
el viejo martín y marcos el carpintero
El viejo Martín, camarero de los clásicos que ahora regenta el bar De Negrete y que ponía de merendar todas las tardes a mi abuelo en el Nova, y su hermano Marcos, el carpintero al que mi abuelo curó un dedo que se cortó con la sierra, y ahora jubilado. Camarero y cliente diario a los que suelo encontrar en las cañas.
lunes, 31 de marzo de 2014
desconfía del progreso
En la antesala de la muerte, Sampedro pidió un Campari que al parecer le sirvieron muy frío. Complacido, se limitó a dar las gracias antes de desembocar en el mar definitivamente. A muchos les estremeció que la vela se apagase con tanta armonía física y mental. Quizá no sabían que cuarenta años atrás, perdido y trastornado por “el asco, el desprecio y la resignación” que le invadía se topó con una proclama “arrolladora” de mayo del 68, estampada en un muro del Odeón de París durante las revueltas estudiantiles. La recordó antes de morir porque cambió el curso de su vida. La anotó en mayúsculas: “¡QUE PAREN EL MUNDO, QUE ME APEO!” “Me convertí en el acto a ese programa. No podía yo parar el mundo, pero sí apearme con mi resistencia pasiva de la sociedad asfixiante. Así es que dejé, abandoné la columna humana en su marcha histórica hacia el desarrollo inaceptable y me quedé sentado en la cuneta, viéndoles pasar con sus chirimbolos y sus ilusorias banderitas”. En la cuneta, con su traje de misántropo, José Luis Sampedro comenzó el camino hacia sí mismo y, secretamente, hacia todos nosotros.
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martes, 9 de abril de 2013
sin guía
A mí me gustaba verlo y oirlo en la tele, porque era como hablar con un viajero que acaba de recorrer el país que tú vas a visitar (como vivimos en un permanente engaño, necesitamos de esta gente que ha comprendido los mecanismos del mundo, de esta vida).
Cuando muere un viejo, muere un guía. Con la muerte de José Luis hemos perdido aquel que nos cruzaría el desierto y, tras la cadena de montañas, nos llevaría a aquella ciudad donde pasarían aquellas cosas en las que habíamos soñado.
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