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martes, 15 de mayo de 2018

siurells








El Siurell, elemento básico de la cultura mallorquina, es una figurilla encalada de barro puesta encima de una peana, con un silbato y pintada con pinceladas verdes y rojas. Se empieza por modelar las diferentes partes de la pieza que se añaden una a otra con un barro más claro que se dice llamuga. Después se confecciona el silbato, la pieza fundamental del Siurell puesto que le da el nombre. Cuando está cocida se da un baño de cal. A continuación se pinta con pinceladas de color verde y rojo.

Los Siurells son un misterio. No se sabe cual es su antigüedad, ni su significado ni su origen. Hay quién piensa que sólo es un juguete pero también que puede tener un valor religioso. Algunas coincidencias y similitudes lo enlazan con la arqueología de Creta, chipriota, griega, sarda.

jueves, 30 de mayo de 2013

vuelta a casa, en una calle con historias



Las gaviotas se bañan en la piscina armando jaleo. Cargamos de gasofa el coche. En un aeropuerto tan pequeño todo va fluido: facturamos, dejamos el coche, pasamos el control y ya nos están llamando para el embarque.

Cuando el avión se empieza a levantar, veo las cercas de piedra que dividen la isla y también la historia de su vegetación, la desaparición de lentiscos, pinos y acebuchares para quedar solo pasto, cereal o huertas. En un giro, aparece la enorme ensenada natural de Maó. Sobrevolamos Sant Lluis y toda la costa sudeste con las calas turquesas, pequeñas playas en los barrancos y pueblos colgados. Nos ponen un desayuno y ya estamos en Madrid.

En la panadería cuentan que en 6º C del 21 de mi calle había una casa de putas que llevaba una señora estupenda que ya murió, pero todavía vive el marido. Le pagaban al portero 10.000 pesetas al mes. Moisés dice que no lo sabía. Aunque hablaba mucho con ese portero, jamás le comentó nada sobre ese sobresueldo, ni que hubiese una casa de citas. Dice saber que había dos casas en el 25.

martes, 1 de enero de 2013

tramuntana y vuelta

Ducha y maleta. Desayunamos y dejamos la llave en el bar de enfrente. El dueño nos dice que hicieron más ruido montando la verbena que en la propia fiesta. Nos acostamos antes que él. ¿Qué pasará de vosotros cuando os jubiléis? se pregunta.

Subimos la hermosa carretera de la Tramuntana. Yeguada en Pollença y luego cabras, borriquitos oscuros y ovejas. Rocas rayadas verticalmente como si fueran cascadas. En el monasterio de Santa María de Lluc disfrutamos de la austeridad de sus soportales, las habitaciones y el comedor con pesebres (para comer junto a las bestias). La iglesia demasiado recargada de oro y jaspe encarnado. Papeles recortados de las monjas que luego veremos en algunas casas.

Bajada llena de curvas hasta Soller a nivel del mar, Deia a punto de ser destrozada por la sobreconstrucción y nueva subida a Valldemossa, villa rodeada de colinas arboladas. Un pueblo bonito lleno de azulejos de Santa Catalina en sus casas, la única santa de Mallorca. La Cartuja, donde viviera Chopin el invierno de 1838-39, está cerrada. Paseamos por sus calles empedradas, mirando las piedrecitas incrustadas y las plantas de sus fachadas. Lo más impresionante es que estamos en plena montaña el uno de enero y disfrutamos una buena temperatura rodeados de plantas grasas. En estos picachos no hiela jamás. Aprovechamos el tiempo que nos queda, Palma está muy cerca.

Sin darnos cuenta estamos en el aeropuerto. Dejamos el coche y nos comemos unos bocatas. Madrid está de resaca. El cercanías tiene sus puertas abiertas.

En el cuaderno puede verse el gallo símbolo de Pollença, en cerámica blanca con pinceladas verdes y rojas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

un pueblo para el final del año




Amanecemos en Cala Millor, frente a las palmeras, la playa, el mar. Desayunamos en la espera para entrar en las cuevas de Artá. Llega la guardia civil preguntando por dos señores en un coche negro, las manos en las armas. Marroquíes, hablaban francés, han abandonado este coche y han bajado por el cortado. Impresionantes las cuevas con salas de hasta 40 metros de altura. Casi un kilómetro y medio entre estalactitas, estalagmitas y columnas (la unión de ambas) alucinantes. Lo peor es hay humo negro por el paso del hombre. Al salir, la guardia civil sigue buscando.

Paramos en Albufera y Port d'Alcúdia. L'Alcúdia nos gusta. Es una ciudad medieval rodeada de murallas (terminadas de construir en 1363) con una ciudad romana extramuros. Paseamos por sus calles tranquilas, su iglesia gótica y sus callejuelas de piedra con casas antiguas. Restaurantes en los patios. En la puerta de los dos torreones, nos sentamos en una terraza al sol. Se está en la gloria. Alguien bebido habla fuerte en el interior. No tengo mujer, pero tengo una hermana ¡que me da miedo! dice con la voz cascada mientras dibujo las torres. Este sitio nos gusta, reservamos una habitación en un hostal que hay en la plaza, junto a un café y detrás del escenario que hay preparado para la fiesta de Nochevieja. El chaval nos avisa de que habrá fiesta hasta las siete de la mañana debajo de nuestra ventana.
Seguimos nuestra visita. Descansamos en un patio al sol del restaurante El Arca de Peter. Cae una ensalada con sobrasada caliente, solomillo con foie y carpaccio de ternera, regados con cerveza y vino. El solomillo lleva una salsa riquísima con manzana, foie y patatas.

Pollença está muy cuidada. En el casino (el Club de Pollença) hago fotos a los abueletes en esos sillones tan bonitos. Estamos en la falda de La Tramuntana y se ven los picos por encima de las casas. Aquí también se prepara la fiesta de esta noche, han puesto una carpa. Niños rubios alemanes hacen pompas de jabón. De camino vemos miles de ovejas, hacia la península de Formentor por una carretera alucinante que serpentea las montañas. Preciosas todas esas rocas entrando en el mar. Girando y girando, y subiendo y bajando, llegamos al faro, que ya está encendido. Hace tanto viento que Beni decide quedarse en el coche. Chivos con largas barbas rojas.

A la vuelta vemos la Bahía de Port Pollença. El tiempo ha hecho bonito el paseo marítimo de piedras irregulares con pinos gigantes y tarayes antiguos. Casitas de piedra con puertas arcadas. Compramos algo de cena y uvas. Tomamos un café en un chino abierto y paseamos solos por este hermoso pueblo. Las casas vacías, la mar calma, los enormes pinos.

Orillamos la gran bahía que da esa forma tan característica al nordeste de la isla. Rodeamos la muralla de L'Alcúdia hasta la ciudad romana. Carrer Major. Luces en el consistorio. Empezamos a recibir felicitaciones. Cenamos sencillo. La tele está insoportable. Los socialistas se adueñan de la movida madrileña y luego salen dos humoristas patéticos llamados Cruz y Raya. Salimos a la plaza a beber entre el ruido y la alegría. Hasta que descubrimos que el camino de la cama es el mejor camino.

domingo, 30 de diciembre de 2012

por la costa mallorquina



Comemos sobrasada, frutas y ensaimada en el desayuno del hotel. Vamos al Castell de Bellver, del siglo XIV, que se conserva perfectamente. Castillo alrededor de un patio circular en el que flipas porque la fachada se repite y uno no sabe donde está. Se sube hasta el tejado con estupendas vistas. El museo no es nada especial pero mola visitar las habitaciones con grandes chimeneas.

La Fundación Pilar y Joan Miró tiene el magnífico taller que hizo a Miró su amigo arquitecto Sert, Son Boter. Es un precioso espacio diáfano con luz indirecta y ese tufillo creativo y artesano cojorancio de las vanguardias de principios del siglo XX. En 1992 Moneo hace el edificio de la Fundación, que no llega a la altura del de Sert, pero al menos no lo destroza.

Santanyí es un pueblo lleno de galerías de arte. En el cementerio vemos avestruces en las cruces y muchos apellidos Vidal. Tomamos un café en la terraza del Bar La Cala, cuyo logo es una ballena, en Cala Figuera. Nos comemos los bocatas del hotel y hago un dibujo desganado. Se está en la gloria con este sol, hasta que llega una cuchipandi de superpijos y decidimos andar los caminos de la costa del Parque Natural de Mondragó. Acantilados con pinos y lentiscos, casas de las que bajan escaleras de piedra. Cuevas de roca roja. Un poco vértigo la altura. Cas Concos, Felanitx, Petra. Todas las habitaciones ocupadas, incluso la mía, dice la dueña, id a Manacor y si no a Porto Cristo. Este tiene un hermoso puerto y allí el hotel Felip, lleno. Pasado el puente de la bahía no hay nada para dormir. Acabamos en el Mercedes, donde nos dan un apartamento bonito y caliente por 51 euros. Cenamos conejo en salsa de marisco y caminamos por el paseo marítimo. La marea está alta y la franja de arena muy reducida. El sonido de las olas nos relaja. Pensamos en el frío que deben estar pasando en el pueblo. La habitación está caliente. En la tele, Bogart y Edward G. Robinson llevan camisas blancas y pantalones con el cinto sobre la barriga. La Bacall está realmente hermosa.

sábado, 29 de diciembre de 2012

viaje a mallorca en 2006


Viajamos en Air Berlín, un avión nuevecito, una hora. Apenas si cabemos en los asientos. Despierto sobre una cadena de montañas como papel arrugado. Luego agua.
Hotel caro. Poca gente por las calles. Cogemos el 6 hasta San Nicolás, cerrado. Edificios modernistas de 1911. Café y cigarro en el pequeño y agradable Café Savoy. La Catedral es robusta como una fortaleza de gruesos y abundantes contrafuertes. El Museo de las Muñecas no es más que una argentina con una colección de Muñequitas Pérez, juguetes de latón de ediciones actuales y mucha morralla. Los Baños Árabes es un pequeño espacio de cúpula semicircular y doce columnas, puerta con arco de herradura y pequeño jardín muy agradable con palmeras, cactus y limoneros.

Empieza a refrescar, pero las terrazas se mantienen. Visitamos el Convento de Santa Clara, de monjas de clausura y torre como un minarete, con aguja central a lo francés. Toca un grupo en la plaza, fandangos mallorquines y otras coplas típicas. Bailan y tocan las castañuelas, jóvenes y viejos. Paseamos por la calle peatonal de San Miguel. Tiendas de ropa cara y joyerías. En una pastelería antigua comemos una empanada de pimientos rojos riquísima, mientras oímos un dúo de cuerda que toca en la esquina. En la Iglesia de San Miguel cantan a capella espirituales negros. Uno del grupo explica su sentido de una forma rápida: Antes los negros tenían la tierra y los blancos la biblia, más tarde los blancos nos quitaron la tierra y nos dejaron la biblia.

Luego aparecen un saxofonista y un pianista sobre un escenario, buenos. Esto está entretenido. Allí nos quedamos hasta que las tripas demandan. Las callamos en un japo de esos en que los platos hechos pasan por delante de tus narices. Sopa de misho, makis, sashimi de salmón, ancas de rana caramelizadas, sushi, mucha fruta y helados, y vasitos de sake caliente a los graciosamente llaman chupitos. Ya en el hotel, encendemos la calefa y le doy color al dibujo mientras Beni ve los cotilleos de la tele.