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jueves, 25 de mayo de 2017
domingo, 27 de enero de 2013
otro día en lima
Una visita a Barranco explica las canciones de María Dolores Pradera que oíamos de niños. Ella cantaba un mundo caduco de capital de provincias, una vida tranquila, la felicidad que proporcionan sus rutinas. Ella cantaba el mundo de Chabuca Granda, a quien le robaba las canciones. Chabuca vivía aquí en este pequeño pueblo ahora pegado a Lima como barrio, cuna de compositores y poetas. Aquí se saludaban tocando el sombrero a la salida de misa, aquí está la Quebrada, el Puente de los Suspiros, y todas esas limeñas salerosas que van a mojar sus pies al Océano. Aquí Chabuca tiene su plazuela y su calle. Parece mentira que parte del mundo de mi madre esté en este sitio, que jamás ha visitado. El dueño del hostal, un señor que se parece mucho en los ademanes a Chicho Ibáñez Serrador y que tiene esos dejes largos en las últimas palabras de las frases, como en expiración (claaaaaro), me cuenta que los jóvenes gustan de ir viernes y sábado a tomar en sus baresitos nocturnos y fumar marihuana.
Ya ha amanecido y oigo la lluvia. Me asomo a la ventana. Una niña de catorce años empuja un carrito de sanduches. Lleva una tela reliada al tronco con la que sujeta un niño a su espalda. ¡Oh la gran ciudad! Otro sueño roto. Desayunamos con el dueño que nos cuenta que el caos circulatorio viene de la gran cantidad de vehículos de segunda mano que se importan de Japón. Hay grandes hangares en la frontera donde se cambia la ubicación del timón. La ley sólo limita los años y el kilometraje, ambos se trucan. Eso ha dado un parque móvil abundante, ruidoso y humeante; de tal forma que ha tenido que sacarse del casco histórico para no perder su etiqueta de Patrimonio de la Humanidad. Ahora el casco antiguo es más tranquilo. Hoy pretendemos recorrerlo.
Ruta de museos, iglesias casas y parques. Los edificios mezclan estilos. Casas modernistas y coloniales, aunque la mayoría son neoclásicos pues el terremoto acabó con todo. Nos gusta mucho el Museo de Artes y Tradiciones Populares, donde se juntan varias colecciones privadas. Hay máscaras salvajes y graciosas, como los diablos de Paucartambo, procesiones de cientos de personajes de barro, cestas amarillas de Ancash, telas preciosas con escenas surrealistas y jarrones representando animales.
Comemos Malaya en un italiano limpio, es una carne de res con forma de fajita. Fibrosa, pero no dura y muy muy sabrosa. La ponen con yuca, cebolla morada y arroz. También pato con arroz con demasiado cilantro.
Desde el corte del río, vemos los arrabales: cientos y cientos de casas de colores, unas encima de otras, encaramadas en la montaña, en el norte. En la Plaza Bolívar, las torturas de la Inquisición en un museo. La locura total del Mercado Central. Olores a carne empezada y hierbas aromáticas.
Ya en casa, trato de retener imágenes: el enano de rojo vendiendo helados, carteles pintados en los aparcaderos con la virgen sobre un carro, láminas escolares, chicas con los celulares metidos entre las tetas y los pobres limpiabotas limpiando esas largas botas de la policía de tránsito (supongo que por la cara). Voy a la taberna Queirolo (Quilca con Camaná), un verdadero descubrimiento. La dibujo. Es tanta mi felicidad que me llevo a Beni y nos apretamos un estofado de ternera a medias. Beni busca una alternativa de viaje a Cusco (no para de llover y están desalojando a los turistas con helicópteros).
La dueña del hostal nos orienta. Nasca no tiene nada si no váis a subir en avión a ver las líneas y Arequipa está demasiado lejos. Pisco tiene playa y las Islas Ballestas para visitar. Decidido: iremos a Pisco
.
sábado, 26 de enero de 2013
lima
A las cinco y media la azafata arremete: Señores viajeross, esstamos en Lima, favor de recoger sus objetos a fin de no olvidar nada. dejen sus mantas y audífonos sobre sus asientos. ¡Todo el viaje durmiendo!¿Podría dar otra vueltecita? Me temo que Beni se apuntaba a Trujillo y vuelta a Lima. Sólo
hay que verla.
Difícilmente nos despegamos del asiento. Vamos al hostal de la familia Rodríguez. Una casa antigua con olor a rancio, frisos de madera, vitrinas, techos altos, mosaicos en el suelo y también parquet. En las paredes puzles terminados. Le pedimos un desayuno a la señora mientras se levanta el dueño. Salimos a la plaza porticada de San Martín, la peatonal Jirón de la Unión a tope de tiendas, las farolas recién pintadas de purpurina dorada. En Grau pillamos un bus hasta Oval Miraflores. Bajamos paseando el barrio hasta San Martín. Es un barrio pijo y nuevo, con mucha tontería y mucha seguridad (alambres electrificados, guardias con ametralladoras). Gente bien que ha hecho su casita de diseño o ha arreglado una antigua con mucho gusto. Un remanso de tranquilidad y orden. En San Martín subimos hasta la tercera cuadra. Restaurantes puestecitos, pequeños. En el Rafael hemos quedado con Alfonso, pero no acude. Mientras esperamos nos ponen unas cremas mariconas de aceitunas, pescado y pimientos. Beni pide un ceviche de lenguado y conchas de abanuí al fuego. Yo pido una entraña Angus (debe referirse al famoso buey americano, de ternera, de la parte del costado, nos dice el camarero) a la brasa, pesto de perejil y ensalada de grillados, de textura suave y fuerte de sabor. Mezclado con las patatas (sin pelar) está deliciosa. La ensalada es caliente, con trozos de calabacín y pimiento a la brasa, rúcola y salsa vinagreta. Deliciosa. Con clavada de impuestos se pone en 176 soles, unos 48 euros. Una barbaridad para la gente que hemos conocido en Perú. Pero hay gente que lo puede pagar, como los personajes que pululan por aquí: unos ejecutivos, un abuelo forrado, un loro pedante y su buitre y dos guiris de Ciudad Real. No tengo por menos que echarme un cigarrito suelto.
Bajamos Miraflores hasta los acantilados al mar, y luego seguimos hasta Barranco, que tiene otro rollo. Vemos una expo de animales muy graciosos construídos con materiales reciclados. Buen rollo en la Plaza de la Municipalidad, donde juegan niños y grandes, y espectacular la bajada de la rambla hasta las playas, con todas las casas con las balconadas y terrazas colgando al barranco. Pasea mucha gente. Las playas son de chinatos gordos y, más allá, de arena. Alquilan tumbonas sólo para mirar. Se está muy bien. Viendo los acantilados de Barranco y Miraflores, estos últimos llenos de rascapisos que han crecido como hongos.
lunes, 27 de febrero de 2012
huesitos de santos, agua y adiós a lima
Paseo solo mientras Beni descansa. Esto es el final. Hoy subo Cailloma hasta la casa del Inca Garcilaso, con la que chocas, una casa colonial con fachada azul y blanca, balconadas de madera super labrada y hasta cúpula. A la derecha está una de las calles más bonitas de Lima. En la siguiente manzana la Plazuela de Santo Domingo, simple luse linda. Me gustaría subir a la torre de Santo Domingo y dibujar la ciudad, pero sólo puede ser en visita guiada y no me deja demorarme. Me entretengo en el primer claustro, con dos altas magnolias. En este convento dominico están los huesos de los santos peruanos Santa Rosa de Lima, patrona de los enfermeros, y San Martín de Porres, primer santo de color, al que aceptaron después de un training de ceniciento. Luego lo llamaron Fray Escoba. Desde arriba dibujo el cerro de San Cristóbal, un barrio pobre y amontonado con una cruz arriba.
Pasamos la tarde tirados en una terraza de gringos, junto a la Plaza de Armas, esperando se amanse el rey sol. Hace un día horrible de calor. Vamos al Parque de la Reserva, junto al Estadio Nacional, a pasar el resto de tarde bajo los árboles y el agua de sus fuentes, muchas, donde los limeños se hacen fotos y se meten debajo para regocijo de jóvenes y mayores, ya empapados. Allí vemos una expo impresionante de algunas de las doce mil fotos que hizo Bingham en su segunda expedición al Machu Picchu. Hermosas panorámicas con las nuevas cámaras que kodak le regalara y que en 1913 publicara National Geographic (sus grandes mecenas). Impresionante el trabajo de limpieza de la vegetación y los resultados finales. Y una de 1915, de cómo lo volvió a encontrar otra vez tapado por la vegetación (actualmete 60 operarios lo mantienen para que esto no suceda). Este choque supuso que Bingham callese en una profunda depresión y no volviera hasta 1948.
Todo el mundo está alegre menos nosotros. Esto se acabó. También para vosotros.
Un taxi nos lleva al aeropuerto. Controles y controles, precios abusivos y largas esperas. La misma puta historia gringa de siempre.
domingo, 26 de febrero de 2012
chinen limaos, mugre y pisco sour
Paseamos nuevamente, Pierola hacia Abancay. Una torre con un reloj en el Parque Universitario. Las peluquerías populares y tiendas de sellos en Abancay. Miro los modelos, son todo cauchos de dibujos infantiles, de cuadernos de primaria. Gente ofrece su máquina de escribir abajo de los ministerios. A la altura de Ucatali el Mercado Central, con un montón de tufos confundidos donde domina ese olor a carne que no se conserva en frigo. En una de sus esquinas, la puerta de entrada al Barrio Chino, una entrada triple con tejadillos verdes de teja vidriada. Al más puro estilo pagoda. Me gustaría dibujarla, pero hay mucho follón y el sol está arriba del todo. Me pego al mercado, le pido la banqueta al de una tienda y paso de todo el movimiento que hay alrededor. Muchas mujeres usan los paraguas de sombrilla. A la sombra de la puerta, una ciega canta con micro la canción más triste del mundo, mientras su hija ciega mueve la cabecita a su ritmo. Lloraría con gusto.
La calle de recepción al Barrio Chino es peatonal y embaldosada. Cada baldosa roja tiene grabadas unas fechas y nombres, por nacimientos, por bodas, por cumplir muchos años. En el centro lucen los animales de su horóscopo. Los bancos están techados con tejadillos verdes, como los de la puerta. Las farolas tienen forma de pagoda. Todo es un inmenso mercado.
Cuando en el siglo XIX se abolió la esclavitud, los hacendados de la costa sur lo aceptaron a cambio de esclavizar a los chinos. Ellos han aportado mucho a la cocina peruana, donde muchos platos traen la carne picada y frita en wok. Los restaurantes chinos en realidad son chino-peruanos, y se llaman chifas. Para los peruanos es una opción más, y no usan palillos. El plato estrella es el arroz chaufa, parecido, pero más rico porque lleva salsa, al tres delicias. También hacen ceviches y su comida suele llevar ají o coroto. Pica, como la comida peruana.
Muy cerca de los exagerados y enrevesados balcones de la Cancillería, está el Museo del Banco Central de Reserva de Perú, con cerámicas de las antiguas culturas de Perú: Chavín, Paracas (precioso pájaro), Virú (de donde viene Botero), Mochica, Vicús, Recuay y Nasca (mis dibujos y colores favoritos), Cajamarca, Wari, Chimú, Chancay, Ica Chincha e Inca en el sótano, junto a las cajas fuertes. Y en el primer piso una muestra pequeña del arte popular. La pinacoteca está cerrada.
Comemos en la calle Ica 153, La Rejita Chiclanaya, donde nos comemos un tiradito de pescado, perico, con salsa amarilla, choclo y camote, riquísimo. Es pescado marinado en limón, como el ceviche, pero en tiras y con distintas salsas. En Arequipa lo probamos con una salsa de aceitunas. El restaurante está muy bien. Vemos que tienen la tortilla de raya típica de Chiclayo, igual venimos a cenar. Después de comer me tomo una piña colada. Beni una crema volteada deliciosa y yo remato un helado de hielo de granadilla, semejante a un coyote, a falta de marcianos.
Nos vamos. Cuando nos damos cuenta, estamos en el sitio de partida. Parece que hemos entrado en un bucle espacio-temporal. Hemos conseguido la eternidad; pero una eternidad sucia y mugrienta. Todo cuesta.
Subimos la peatonal Jirón de la Unión, que va a tope, nos despedimos de la Plaza de Armas, sólo transitable de noche pues no hay árboles, sólo unas cuantas palmeras. Llegamos a la Alameda. A la Fiesta del Chilano y el Pisco, se han añadido músicos y cantantes. Es una verbena. Me tomo un pisco sour en una mesita y oímos y vemos cómo bailan. Son canciones tipo Chabuca Granda, que trajo a España María Dolores Pradera. Agradables. Dibujo hasta que la presión es fuerte por ocupar una mesa sin bebida ya.
Recorremos los corros. Alguna cantante de la famosa cumbia andina, que es circular, repetitiva, un gracioso que cuenta que está mal de la salud, toda la noche salud! salud!
Plazuela de Santo Domingo, nuestra favorita, e Ica para comernos esa tortilla de raya, que se malogró pues está cerrado.
Cenamos desacertadamente en un chifa, chicharrón de pescado. Rico el pescado, pero sólo el pescado.
En la Plaza de San Martín hoy se levanta un abuelete airado. Sólo una persona acabará con el narcotráfico y todos esos malditos drogadictos. Esa persona soy yo (risas). Hoy no mola el banco reivindicativo. Nos aburrimos como la llama de las fotos, que da penita. Nos vamos a casita. Ya queda demasiado poco para volver a España.
sábado, 25 de febrero de 2012
lima, alrededor de san martín
Comemos en el Cordano, un clásico, causa y una tortilla de verduras riquísima, y hacemos una larga sobremesa con Inca Kola helada para dibujarlo con calma. Damos vueltas por aquellas calles y luego nos echamos una siesta.
Salimos justo para ver la última sesión del IIº Festival Internacional de Clarinete en la primera sede del Conservatorio Nacional de Música. Tocan el guatemalteco Sergio Reyes y el belga Ronald van Spaendonck. Me pongo a dibujar a lo Santiago Ríos. Sólo que destrozo la punta del rotu gordo para conseguir doble imagen que le de cierto movimiento. También dibujo al público.
Salimos, la peatonal de la Unión o la Merced está bonita llena de gente con los comercios cerrados. Hay
sólo pequeños vendedores de cosas raras como ratas de un increíble realismo. En la Alameda está la feria del chilcano (un combinado con pisco) y el pisco. Nos comemos un chicharrón de chanco con cebolla y yo lo riego con un chilcano de a medio litro que me pone contén. Y a luego nos zampamos una leche asada que es como un flan casero. Unos de Arequipa me preguntan que si soy de allí, que tengo el acento. Esto es preocupante.
Paseamos despacito con el fresquito de la noche. Cada cual se monta su show. En San Martín el banco de las reivindicaciones tiene cola, y es que el mundo está mu malismamente mal repartío. Un medigo hace un cuaderno pintando con un rotulador gordo sobre un fotomontaje de poíticos. Me gusta, le pido que me lo enseñe y me regala una fotocopia que tiene para estos menesteres de la cosa de la propina. Los violines descubren la rendija de los cuartos. Se malogran. Yaah.domingo, 12 de febrero de 2012
ojalá lima
Mañoso en Perú se usa como sobón, metemano, turronero, babosón.
sábado, 28 de enero de 2012
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