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martes, 15 de mayo de 2018

siurells








El Siurell, elemento básico de la cultura mallorquina, es una figurilla encalada de barro puesta encima de una peana, con un silbato y pintada con pinceladas verdes y rojas. Se empieza por modelar las diferentes partes de la pieza que se añaden una a otra con un barro más claro que se dice llamuga. Después se confecciona el silbato, la pieza fundamental del Siurell puesto que le da el nombre. Cuando está cocida se da un baño de cal. A continuación se pinta con pinceladas de color verde y rojo.

Los Siurells son un misterio. No se sabe cual es su antigüedad, ni su significado ni su origen. Hay quién piensa que sólo es un juguete pero también que puede tener un valor religioso. Algunas coincidencias y similitudes lo enlazan con la arqueología de Creta, chipriota, griega, sarda.

viernes, 11 de mayo de 2018

apología de lo pequeño

Algo revolotea en nuestra mente como un pájaro pequeño. Es inútil querer hacer algo grande como una escultura barroca, como esas rocambolescas columnas que conducen al mismo sitio por un camino más largo. De los museos solo soy capaz de apreciar pequeños detalles, más bien intenciones. De los edificios solo aquellas casas pequeñas sin ángulos rectos. Solo aquellas cosas útiles sin grandeza, como la piedra que se pone bajo el chorro de agua de una poceta para que ésta no erosione la reguera. Los pequeños jardines que las mujeres construyen poco a poco en el metro de tierra que hay en su fachada. Esas flores pequeñitas que crecen en el campo y que recogía para mi madre.

Poco puedo decir del gran arte excepto que me abruma como una rosaleda. Odio la joyería, el oro, las piedras preciosas. Solo llego e esas figuras pequeñas que los chinos hacen con el jade que apetece tocarlas y meterlas en el bolsillo. Las figuritas de bronce que los íberos echaban a las aberturas entre las rocas. Los brazos rotos de los griegos y romanos ilustres, esas narices perdidas, esos huecos como elipsis. La madera pintada y desgastada por el tiempo. Los frescos desvanecidos. Los animales rojos y simples en las paredes de las cuevas. Esos dibujos de los escritos tartésicos y chinos. Esos pequeños juguetes que los padres les hacen a sus hijos o los mismos niños construyen para jugar un rato. Los peinados que las madres hacen a sus hijas en los pueblos perdidos de África. Los tiradores con que los niños filipinos matan a los pájaros. Los adornos con que se personalizan los trompos. Las primeras cuatro notas indecisas. Las canciones que las mujeres cantan cuando limpian en la casa. Las figuras que los pastores esculpen con la navaja. Un jersey de mezclilla o de ochos que se hace en el poco tiempo libre. Los dibujos sin destino que hacen los niños y los que siguen siéndolo. El barro desigual, las vajillas gruesas y pesadas, el tazón blanco donde uno puede beber medio litro de leche con pan empapado.

A veces un objeto resalta como cuando el sol ilumina solo una pequeña parcela en el mar, aunque estén escondidos en el rincón más oscuro de un museo o en la pared más fría de una casa. Esos objetos me emocionan como un árbol centenario y no sé qué cosas podría hacer para que perduraran en mí. Es quizá la intención de quien lo hizo, quizá su alma, lo que me retiene tanto tiempo frente a él. Me gustaría cogerlo con mis manos, besarlo quizá. Porque esos objetos son como las buenas acciones de los hombres, como esos detalles que nos hacen congraciarnos con los demás y el mundo donde vivimos.

martes, 6 de marzo de 2018

apología de los objetos



El poder de determinados objetos es en mi opinión indirecto, viene de la carga de su simbolismo, no es un poder directo, al no revestir carácter mágico. Un objeto religioso basaría en este sentido su fuerza en que puede suscitar en el fiel una serie de reacciones positivas, a nivel interior y relacional. Lo mismo se podría aplicar a otro tipo de objetos que, sin tener un origen espiritual, sí que son capaces de transmitir paz, alegría, sosiego, ímpetu, calma, capacidad de acción… por las connotaciones que tienen por sí o que han ido adquiriendo para nosotros. El regalo acertado que nos hace una persona querida podría tener este tipo de efectos positivos, de poder indirecto, llegando en algunos casos este simbolismo a ser enormemente motivador. No conocemos el recorrido que cualquier objeto usado ha tenido desde su fabricación, de modo que nos quedamos solo con la sensación positiva que transmite su belleza. Si ese objeto se hubiese convertido para sus anteriores propietarios en símbolo de desamor, en recuerdo de una deslealtad, ¿puede ese significado impregnar el objeto y cargar negativamente el hogar de su nuevo propietario, desconocedor del hecho? En mi opinión, en la gran mayoría de los casos no, ya que ha habido una transformación total de sus coordenadas sentimentales.

Desde que el hombre es hombre, éste siempre ha sobrevalorado los objetos, su capacidad para aportar dicha. Siempre los ha envuelto y confundido con su comprensión incompleta del mundo. Los objetos se multiplican ya a un ritmo exponencial, amenazan con inundar cada paisaje (como el caso de los plásticos). La importancia de los objetos para el hombre primitivo se aprecia por ejemplo en la existencia de los ajuares funerarios, en su deseo de ser acompañado en el tránsito de la muerte por determinados elementos que fueron para él importantes en vida o que ilustraban su estatus o el aprecio de sus allegados. En el cristianismo inicial se intentó fomentar el desapego hacia los objetos materiales, que dejaron de formar parte también de los enterramientos. Los objetos han sido con frecuencia usados para interrelacionar generaciones, ayudando a no olvidar a los familiares fallecidos o a los personajes ilustres. Al interactuar con los objetos, no debe perderse nunca la perspectiva humana, no deben colocarse las cosas por encima de las personas, por si acaso a la conciencia le diera por interpelarnos.

Los problemas personales que generan las acumulaciones de objetos han sido recientemente tratados por programas televisivos, y están en la base de un libro de gran éxito, “La magia del orden”, en el que su autora, la japonesa Marie Kondo, traza una especie de relación entre la vida plena y la compañía de pocos objetos, supervivientes de duras cribas y colocados de modo armónico. No comparto con ella la eliminación tan radical de numerosos objetos, estando mi postura más del lado de los coleccionistas. Pero sí que suscribo lo que ella indica con respecto al orden y su efecto psicológico beneficioso. Me sorprendió el hecho de que antes de tirar un objeto ella se despide agradecida de él por los servicios prestados. Me recordó que yo hacía algo parecido cada vez que tiraba mis botas destrozadas de fútbol-sala. Parece que en la tradición japonesa se da cierto diálogo entre los objetos y su propietario, atribuciones que convertirían a los objetos en distribuidores de buenas o malas sensaciones, en función principalmente de las connotaciones que nosotros mismos les añadimos. En la mentalidad japonesa tradicional se considera que muchos objetos están dotados de cierta ánima, especialmente los muñecos, a los que se les hace incluso despedidas rituales.

No es una coincidencia que las medidas tan extremas, ahora muy popularizadas, de tirar a la basura tantos objetos innecesarios para poder ser más feliz provengan de Japón, ya que allí el espacio es un problema de gran importancia, al tratarse de un país superpoblado. El exagerar a la hora de querer tirar cosas puede hacer que se pierdan irremediablemente elementos de gran valor sentimental, de cierto valor económico, de carácter histórico, de interés documental… En países menos desarrollados la gente se piensa mucho más eso de tirar los objetos, al no poder suplirlos en caso necesario con tanta facilidad. Un fenómeno curioso fueron las llamadas hogueras de las vanidades, esporádicamente organizadas en las ciudades italianas del siglo XV dentro de un movimiento espiritual renovador y rigorista, el cual provocó que fueran consumidos por el fuego instrumentos musicales, obras de arte, vestidos caros, piezas refinadas y otros muchos objetos, considerados como exaltaciones de lo mundano. La más célebre de estas hogueras fue la impulsada por Savonarola en Florencia durante el carnaval de 1497. En cambio lo que se quema aún hoy en día en las hogueras de la noche de San Juan son muebles y trastos viejos para representar el deseo de renovación vital. Precisamente este santo, San Juan Bautista, es paradigma del desapego hacia las cosas y de la frugalidad, al haber pasado bastante tiempo en parajes semidesérticos, alimentándose de miel e insectos.

La colocación equilibrada de los objetos cotidianos en el espacio familiar disponible para que genere formas de vida más saludables es uno de los aspectos tratados desde hace siglos por el feng shui, disciplina surgida en China. Sus técnicas pretenden atraer la buena fortuna. Los coleccionistas, para poder disfrutar más de los objetos que han ido acumulando con el tiempo, deben intentar resolver bien el reto de clasificar y ordenar adecuadamente todo ese material, disponiéndolo de forma que cualquier pieza buscada sea fácilmente accesible. A la vez, la libre circulación por la casa, convertida casi en museo, no debe quedar menoscabada, para lo cual se hacen imprescindibles las estanterías, las cajoneras, las vitrinas, los planeros… Uno de los aspectos más interesantes de coleccionar objetos antiguos de pequeño tamaño y gran durabilidad es el viaje temporal que se realiza al examinarlos, fechándolos, contextualizándolos, limpiándolos… La pequeña pieza se convierte en nexo de unión entre el ciudadano actual y la generación que la creó y puso en circulación. Imaginemos por ejemplo las peripecias de una moneda tardorromana, las distintas personas de esa época que la tuvieron en sus manos, hasta que un día una de esas personas vio con sus propios ojos llegar a los jinetes de los pueblos bárbaros, que siguieron admitiendo este tipo de piezas en sus transacciones. Las convulsiones generadas en los estamentos del poder hicieron menos sistemáticas las recogidas del viejo numerario para los procesos de reacuñación, gracias a lo cual muchas de esas monedas bajoimperiales pudieron seguir existiendo, llegando en bastantes casos hasta la actualidad. Si es cierto que puede establecerse un diálogo entre los objetos y las personas, entonces las cosas antiguas tienen más que contarnos, puesto que ha sido más dilatada su existencia, y tal vez, y ahí está lo emocionante, pueden decirnos más sobre otras personas que vivieron hace mucho. 

jueves, 18 de mayo de 2017

almogávares











Que es gente que nació para la guerra
Dispuesta contra el miedo y la fatiga
Gente que más en su tesón se aferra
Cuanto es más arduoso el trance que la obliga
Pues ni la misma muerte les aterra
Teniéndola en la lucha por amiga

J.Justo Uguet. Los Almogávares:Poema. Barcelona. 
Est. Tip. Luís Tasso, 1867

miércoles, 3 de diciembre de 2014

metamorfosis



Bajo este nombre La Casa Encendida ha montado un gabinete de curiosidades para todos aquellos amantes de lo fantástico, del terror de la medicina, el quimicefa y la magia Borrás, los gabinetes científicos, los insectos y la taxidermia rellena de paja, las momias, los milagros, los exvotos, los monstruos, los retablos inocentes de plastilina, los robots y demás máquinas, las alas de cartón y demás ingenios inútiles. Para todos los niños y los que aman las cajas misteriosas, los sueños y las cosas que pasan en los bosques.

Cientos de objetos cercanos a la locura reunidos por el cine animado del foto a foto del ruso Ladislas Starewitch (1882-1965), el checo Jan Svankmajer y sus seguidores estadounidenses Hermanos Quay.

Absolutamente recomendable.

La Casa Encendida de Madrid

viernes, 7 de marzo de 2014

sembrando azafrán




Infantería alfonsina con números en
las hebillas (Miniaturas militares)


































En la huerta, al cavar para sembrar los bulbos de azafrán, aparece a poca profundidad una hebilla de cinto militar con el número 31. Buscando en Internet un regimiento 31, aparece uno de infantería de Alfonso XIII. La infantería alfonsina llevó cada número del regimiento en sus hebillas hasta que lo cambió por el símbolo de Infantería. No obstante, en la Guerra civil se usaron estas hebillas numeradas. Por ejemplo la del número 30 de la foto se usó en la Batalla de Teruel. Como puede verse el número tiene gran parecido con el que yo he encontrado.

El Regimiento 31 o Regimiento Asturias nació el tres de febrero de 1663, por orden de Felipe IV como Tercio de Asturias, y poco más tarde fue el Regimiento de Infantería Asturias número 14, pasó por varias numeraciones hasta ser el nº 31 en 1841, en 1935 se cambió su nombre por el de Regimiento de Infantería Covadonga nº 31, en el 36 se llamó Regimiento de Infantería Covadonga nº 41, depués del asalto al Cuartel de la Montaña, al principio de la Guerra, fue disuelto y una vez terminada fue rehabilitado con el número 44, en 1944 volvió a su número 31 hasta la actualidad. En la campaña de Rosellón (1793-1795), se ganó el alias de el cangrejo.

Sobre los motivos por lo que estaba bajo tierra en la huerta del abuelo Juan son difíciles de imaginar puesto que en la Guerra Civil defendieron el Cuartel de la Montaña y fueron vencidos por los leales a la República, y más tarde disuelto como regimiento. Solo se me ocurre que Lorenzo Sánchez, abuelo de mi padre fuera a Cuba con este regimiento a finales del siglo XIX. Sé que estuvo allí varios años y que este regimiento estuvo de 1895 a finales de 1898, hazaña con la que se granjeó un estanco. Es posible que volviera con su uniforme rayado y luego éste diese unas cuantas vueltas por el pueblo con motivo de los carnavales.

Todo son suposiciones.