mariví
Estamos en una cena tremenda, con mucha gente. Me ha tocado al lado de una amiga muy graciosa de Mariví. Le pregunto sobre ella, sobre si sabe bailar. Se mueve fatal, sintiéndose ridícula, avergonzada, me dice. Y yo la veo bailar con los brazos en alto, a veces en una discoteca y otras en una verbena pueblerina en Mestanza. Pero ella sigue ahí, enfrente, comiéndose un cóctel de mariscos sin lechuga, pues desde que pasó el covid19 odia su sabor.
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