lunes, 14 de abril de 2014

de manila a anilao




Cuando llegamos a la Gli Puyat Station ya hay un autobús para Taal, una ciudad colonial española, arrancado. Calculan unas cinco horas para llegar. Entran todo tipo de vendedores pregonando ¡maní, maní, empanada, huevos de pato, mentospino, caramelos de naranja, de menta! gritan. Los huevos se venden en bolsas de ocho que, junto a las bolsas de cortezas, cuelgan en una percha artesana. Oímos un perro dentro de una caja de cartón. Otra bolsita deja ver el maní. Los rótulos de las tiendas están pintados a mano. En Taal cogemos otro para Batangas y nos deja en Bauan, para coger un jeepney para Anilao.

En el jeepney, un chico va indicando las paradas y los arranques al conductor tocando con una moneda en la chapa. Un vendedor de gorros se presenta dándonos la mano. Una moto nos acerca al hotel, que resulta caro porque tiene una playa privada. Hay botes que pueden acercarte a la playa que quieras. Los chavales alquilan grandes recámaras de ruedas de camión de goma negra como flotadores. La chicas se bañan con camiseta. Nos bañamos entre un montón de niños jugando y después nos sentamos en la terraza para ver cómo el sol se pone, enciende los botes y hace brillar el agua. Entonces viene el ice tea con hielo glacé y espuma con unos calamares en tempura. ¿Qué más se puede desear?

Damos un paseo y una moto nos lleva al puerto de Anilao. Pescan con un palo con un sedal. Hay bullicio de niños que encontramos en un quiosco jugándose el dinero en un extraño juego de azar con un tablero con tres colores. Parece un sueño. Una niña con los labios muy pintados se niega a sonreír a los fotógrafos. Lee los números de las bolas que salen de un enorme bombo lleno. Los tableros están pintados en las mesas y enfrente hay unos bancos donde los niños eligen tablero y asiento. Todo es rústico, de madera sin pulir y de colores chillones. Nada parece real. No me atrevo a dibujar, de golpe me vería rodeado.


Anilao es una pequeña ciudad con tiendas de madera. La gente duerme en esa especie de camas con sombra que hacen con caña o junco, en plena calle. En una de las tiendas, una señora con gafas (nos extraña que no sean de madera) y voz muy suave nos saca una botella fría de agua. No regatean, no son comerciantes, no son agresivos, todo va suave.

Nos damos un paseo por la carretera equivocada. Una moto nos ayuda. Un santo se ilumina en la cresta de un monte. Vírgenes en las puertas y también vemos un dibujo de Confucio. Los adventistas luchan contra los católicos. En Ifugao no había santos, son animistas. Hay musulmanes, cristianos y católicos, y los chinos trajeron el Tao, Confucio y Buda.

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