lunes, 19 de octubre de 2020

el buldócer gringo




Estados Unidos no se detiene ante nada. No reconoce derechos humanos, no reconoce nada que no sea la soberanía de Estados Unidos sobre el mundo y están dispuestos a hacer lo que sea. Evidentemente, en un sentido gradual no van a matar moscas a cañonazos, pero si tienen que disparar cañonazos, disparan cañonazos. Y esa verdad tan descarnada que es algo que muchos de nosotros ya intuíamos antes, con la historia de Assange queda en evidencia de una manera brutal. 
Que fueran capaces de parar el avión de un presidente (Evo Morales) cuando tenían una ligerísima sospecha de que Snowden viajaba dentro. Pues fueron capaces de hacerlo, es más, pidiendo a Francia, Portugal, España e Italia que colaboraran en esa fechoría. Y es más, los países europeos colaborando sin preguntar, cuadrándose a sus órdenes. Todo eso fue lo más escandaloso. Toda mi vida política había crecido pensando en que el poder imperialista era uno de los grandes enemigos de la humanidad. Pero hasta que no te ves en el día a día viendo las garras de ese poder y cómo te pasan cerquita los filos, no eres consciente de hasta qué punto ese poder es absoluto y que su voluntad es no detenerse ante absolutamente nada.

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