
Hoy amanece un día de verano. Vamos en coche hasta el
parking de Los Genoveses. El nombre le viene de la guerra de
los italianos contra el comercio de la seda en Las
Alpujarras. Parece que hubo en esta ensenada un barco anclado, durante varios días, que le
dió el nombre. Subimos entre barrones (plantas parecidas a los juncos, con hojas más finas, que crecen en la arena de las dunas) y bosques de flores de pitas, que de jóvenes son como espárragos gigantes y leñosos que luego
empezan a echar ramas, de cuatro a cinco metros de altas, y luego se secan y parecen esqueletos. Seguimos senderos equívocos en las dunas, entre aulagas y los pinchos de las pitas, hasta el Morro de los Genoveses. Justo detrás, está Cala Amarilla, pequeña y coqueta, encajonada entre acantilados de roca amarilla y pedruscos negros caídos al agua. Su arena es fina y su acceso difícil. Varios adanes y
evas se bañan
exultantes o toman el sol. Su visión, en este sitio idílico, me hace comprender cómo Colón creyó encontrar el Paraíso en el
Orinoco. Supongo que el atuendo de sus habitantes era parecido. A medio bajar por el sendero tortuoso que nos llevará a este edén, me siento a dibujarlo. A nadie le importa. Estos seres del Génesis son felices. Escalamos hasta que vemos la playa de El
Barronal y luego bajamos al morro para
recorrerlo por la linde con el mar. Sobre piedras andamos entre los acantilados y el agua, viendo estas formas extrañas que el agua y el viento esculpen. Un derrumbe nos impide seguir. Esto está lleno de gaviotas. Buscamos un sitio estable y bonito, y comemos unos
sandwiches de ensaladilla rusa.
Beni descansa luego, yo dibujo estas paredes arrugadas.

Bueno, hace
calorcito y la playa es de arena fina. Hoy hay mucha gente, para lo que estamos acostumbrados. Nos convertimos en bañistas: colocamos las esterillas al lado de un grupo de
jovencitos y
jovencitas franceses. tersos culitos y
tetitas incipientes. Comida
pa los pollos. Tanta joven estupidez me resbala. Hago un dibujo tan rápido que no pueda mosquear y,
seguidamente, disfruto del agua en este lugar que nos acerca a la idea de otro mundo que, hace décadas, algunos creyeron posible.
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