domingo, 16 de junio de 2013

el río sado y el atlántico









La luz empieza a entrar en la furgoneta. Los viejos alcornoques desnudos y numerados. Hace fresco. Las puntas de las piedras empiezan a encenderse. Hace unos 8000 años, el hombre blanco ya había decidido dejar de vagar por el mundo y dedicarse a la rutina de la agricultura y de mirar al cielo. Alguno de ellos vio esto mismo o quizás las piedras se mantenían limpias. Ya existía el sopor rutinario del mantenimiento. Mantener, mantener, el principio de la esclavitud.

Hoy los guiris de gorros de lana peruana ya se subieron al altar y mueven una caña llena de conchas ¿quién necesita trascender si no aquel para quien la vida no es suficiente, aquel que pensó que hay algo mejor preparado para él? Las piedras empiezan a alargar sus sombras al Oeste como empezar la cuenta atrás de relojes de arena de un día. Asistimos boquiabiertos. La impresión es la de un coro de hombres fuertes, dioses eternos, poniéndose en pié. La diagonal larga del óvalo de piedras está alineada con el sol y un menhir cercano, que visitamos en la Heredade dos Almendres. 

En Portugal aún se puede viajar sin prisas por carreteras pequeñas, a la sombra de grandes y viejos árboles, a veces recortados como túneles y oliendo a la hierba recién segada de los bordes. Algo que en España ha ido desapareciendo con el ensanche de las carreteras y la consideración de los árboles de sus orillas como peligrosos. Los pueblos son pequeños, casas diseminadas con su trozo de huerta o jardín. Campos de fútbol solitarios.

Paramos en el Conventinho de Bon Jesus da Mitra, que fuera de capuchinos, del XVI, con claustro y huerto-jardín conocido como Jardín de Jericó. Llamamos y la señora de la limpieza nos enseña el pequeño patio-claustro. Luego más arroz y más cigüeñas, y Alcáçer do Sal, un pueblo al río Sado, donde están urbanizando el paseo fluvial. Su inmediata paralela es la calle más animada, peatonal y ahora adornada por las fiestas de Solsticio, de San Antonio a San Juan. Hay guirnaldas sardinas de colores y parejas de danzantes recortadas en cartón, también pájaros y macetas. Es en esta calle donde sacan los vecinos sus pequeñas barbacoas y llenan el pueblo de olor a sardinas. En el río descansan barcas de madera con el mástil plegado horizontalmente. En la plaza, una estatua de Pedro Nunes tiene la bolilla del mundo en la mano. Atravesamos el río, en el puente dibujo las vistas, arriba el castillo. 

Salimos por el puente de hierro pintado de verde. Paramos frente al mercado de Santiago do Caçém, donde nos comemos un rico arroz con calamares y unas sardinhas con un vino verde de aguja insulso. La crisis ha inventado el menú de un plato sin pan ni bebida, ni postre incluidos; hasta el medio plato por tres euros. Me fumo un Dunhill junto a un galao (café con leche en vaso) a la salud de los portugueses, que mantienen los comedores para fumadores.

Pasadas las enormes chimeneas humeantes de Sines, llegamos por la carretera de la costa a Porto Covo. En los años ochenta esto era un pueblo pequeño de pescadores un poco olvidado por las playas de Vilanova de Milfontes. Solíamos venir en Noviembre y pasar unos días en sus playas entre acantilados. Ahora venció la grúa urbanizadora y sigue siendo un pueblo pequeño pero con un montón de casas, supongo que de gente de Sines, Setúbal o Lisboa. Las cosas que nos gustaban ya no existen. Las casitas de madera de los trastos de los pescadores es ahora una urbanización de adosados y la escalera de madera con la terraza ha desaparecido. Ni me atrevo a entrar al bar donde había una foto en que yo dibujaba en un cuaderno y comíamos guisos de patatas con pescado. Al menos quedan las dunas, los acantilados y las playas escondidas. Pasamos el resto de la tarde en Playa Grande. Luego nos duchamos, cenamos y dormimos en el camping.

Kms acmdos 640. Gastos acmdos 59,10 euros dos personas.

sábado, 15 de junio de 2013

un río para comer y menhires para dormir










En Casas de San Pedro nos dan un café riquísimo. La señora dice que se llama Roso y lo compran en Portugal. Comemos a la orilla del Bullaque, cerca de Luciana, a la sombra de un tilo, una acacia y unos álamos negros, rodeados de las flores añiles de la vivorera. Después paramos frente a Puerto Peña, donde anidan el alimoche, el gavilán y el buho real culebrero. En la base hay una presa que embalsa al Guadiana. Después campos de arroz regados por el Canal de Orellana. En Valdivia, frutales, palmeras y nidos de cigüeñas en cualquier poste o silo. En Santa Amalia, campos de maíz. Agua y más agua del Guadiana.

En Évora, ya en Portugal, paseamos por sus calles y bebemos cerveza en una terraza de su plaza mayor, Praça do Giraldo, de 1571, rodeada de arcos. Un coro canta en un rincón. En San francisco vemos la Capilla de los Huesos, con los restos de 5.000 monjes. Subiendo la cuesta está la Sé con dos torres robustas y un bonito pórtico amarillento en la entrada. Nos entretenemos con las marcas de las piedras. Detrás, se levanta el templo romano dedicado a Diana, lo que queda de él.

Ya es tarde y nos gustaría ver atardecer en el Cromeleque (Crómlech) dos Almendres, un recinto funerario del Neolítico muy cercano, por la nacional 114, un lugar mágico. Cuando llegamos el sol se va a esconder detrás de los alcornoques y alarga las sombras de las piedras. Se acerca el Solsticio de Verano y resulta interesante esta visita. Unos guiris han tenido la misma idea, sacan sus sacos de dormir y duermen junto a las piedras. Es un sitio apacible y a la vez impresionante. Un montón de pedruscos (monolitos de hasta tres metros de altura, algunos de ellos grabados) de pié formando dos óvalos concéntricos y otros dos círculos más pequeños en el Este. En la parte interior del lado contrario una piedra con aristas en el suelo, como un altar. El suelo está inclinado para recibir la luz del amanecer. Hago varios dibujos, abrazo las piedras, fumo sobre el altar esperando que el sol se ponga. Nos comemos unos bocatas y dormimos en la furgoneta, junto a las grandes piedras, esperando que en los sueños nos hablen.

445 kms. 26,20 euros dos personas.

 

jueves, 13 de junio de 2013

martes, 11 de junio de 2013

viajeros del tren




De Almansa a Almagro, después de una siesta.

lunes, 10 de junio de 2013

gente que cambia el mundo


Hortensia, Manuel y Delirio. Dibujo para la revista a30.
  

domingo, 9 de junio de 2013

la ideología del lenguaje

Cuando los beneficiarios [de dinero del contribuyente] son ​​los pobres  (en términos generales) el rico habla de cupones, folletos, la dependencia, el fomento y el bienestar. Cuando los beneficiarios tienen el poder, y con el mismo efecto neto, se habla de apoyo al mercado, incentivos, bonificaciones fiscales y la creación de empleo que permite. -Ryan Pavlik