viernes, 18 de mayo de 2018

richard skelton









Su música procede como por procesos geológicos: el tiempo se siente estirado, las capas se acumulan y se entrelazan en complejidad, y está apuntalado por una gravedad y deriva cuyo atractivo es a la vez emocional -la biografía de Skelton es grande- y elemental, como si estos sonidos siempre colgado brillando en los espacios entre el aire y la tierra.


Richard Skelton es un artista del norte de Inglaterra, Reino Unido. Su trabajo está basado en el paisaje, evoluciona desde una inmersión sostenida en entornos específicos y una investigación profunda y de amplio alcance que incorpora toponimia y lenguaje, ecología y geología, folclore y mito. Durante los últimos 10 años ha trabajado con textos, libros de artista, películas y música, pero más recientemente se ha interesado en usar la curaduría como un medio para explorar narrativas contrahistóricas. Además de dirigir Corbel Stone Press con el poeta canadiense Autumn Richardson, es "miembro fundador" del Grupo de Investigación Nocional para Artefactos Culturales y del Centro de Estudios de Alteridad.

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jueves, 17 de mayo de 2018

la guerra de trump

Después de 17 años de guerra en Afganistán y 15 años de guerra en Irak, el pueblo estadounidense no quiere estar involucrado en guerras interminables en Oriente Medio. No quieren verse implicados en el conflicto regional en Irán sunita-chiita, con Arabia Saudita. Pero estoy profundamente preocupado de que sea exactamente a donde nos lleve el presidente Trump. Si alguien se inclinara a desestimar esas preocupaciones, les recordaría que el asesor de seguridad nacional de Trump recién llegado, John Bolton, escribió un artículo hace algunos años titulado "Para detener la bomba de Irán, bombardear a Irán." Al retirarse del acuerdo nuclear y dejar en claro su objetivo de escalada, Trump y su administración parecen estar creando su propia excusa para hacer exactamente eso.

Bernie Sanders en The Guardian

miércoles, 16 de mayo de 2018

canibalismo

Foto Lea Crespi


El canibalismo es algo típicamente humano, por ejemplo en su ritualización, porque el canibalismo ritual es algo muy sofisticado. Hasta hace muy poco, en lugares como Nueva Guinea sobrevivían ritos funerarios que consistían básicamente en comerse un trozo de la abuela. Se trata de algo muy complejo. Es un comportamiento muy humano, que empieza en Atapuerca hace 800.000 años y que continúa con el canibalismo como forma de aterrorizar a los enemigos que se da todavía hoy en algunos conflictos. Es algo tan fuerte que lo hemos transformado en símbolo con la eucaristía, cuando hablamos de comer la sangre y el cuerpo de Cristo. Y que ha dejado huellas en nuestro vocabulario: decimos que alguien "está como para comérselo" o, al revés, que "no podemos tragarlo". Es muy interesante, pero también muy fuerte.

Marylène Patou-Mathis entrevistada en El País Semanal

martes, 15 de mayo de 2018

siurells








El Siurell, elemento básico de la cultura mallorquina, es una figurilla encalada de barro puesta encima de una peana, con un silbato y pintada con pinceladas verdes y rojas. Se empieza por modelar las diferentes partes de la pieza que se añaden una a otra con un barro más claro que se dice llamuga. Después se confecciona el silbato, la pieza fundamental del Siurell puesto que le da el nombre. Cuando está cocida se da un baño de cal. A continuación se pinta con pinceladas de color verde y rojo.

Los Siurells son un misterio. No se sabe cual es su antigüedad, ni su significado ni su origen. Hay quién piensa que sólo es un juguete pero también que puede tener un valor religioso. Algunas coincidencias y similitudes lo enlazan con la arqueología de Creta, chipriota, griega, sarda.



Son figuritas de barro cocidas y pintadas después sin que se pasen a una segunda cochura. Representan animales y hombres con aspecto de campesinos. Algunos tienen elementos o aire fantásticos, incluso inquietantes, como el jinete de las largas orejas, que puede representar al diablo.

J.Llorens Artigas y .Corredor-Matheos en Cerámica popular española. Editorial Blume 1982

lunes, 14 de mayo de 2018

sábado, 12 de mayo de 2018

bucho e tripas en pego

Un día a la semana, los habitantes de Pego se reúnen en los salones preparados en tres o cuatro de sus bares a cenar. Es una fiesta popular que no admite excusas: la Fiesta de Bucho e Tripas, una fiesta basada en la vieja tradición de la matanza del cerdo. Familias enteras y partidas de amigos buscan un hueco en sus mesas para comer estas partes del cerdo, con su sangre, cocidas en grandes calderos a la lumbre, y también chorizos, morcillas y demás productos de la matanza regados con vino. La reunión es una desmesura, una juerga tumultuosa y ruidosa donde todo el mundo comulga alegremente en la zampa.

viernes, 11 de mayo de 2018

apología de lo pequeño

Algo revolotea en nuestra mente como un pájaro pequeño. Es inútil querer hacer algo grande como una escultura barroca, como esas rocambolescas columnas que conducen al mismo sitio por un camino más largo. De los museos solo soy capaz de apreciar pequeños detalles, más bien intenciones. De los edificios solo aquellas casas pequeñas sin ángulos rectos. Solo aquellas cosas útiles sin grandeza, como la piedra que se pone bajo el chorro de agua de una poceta para que ésta no erosione la reguera. Los pequeños jardines que las mujeres construyen poco a poco en el metro de tierra que hay en su fachada. Esas flores pequeñitas que crecen en el campo y que recogía para mi madre.

Poco puedo decir del gran arte excepto que me abruma como una rosaleda. Odio la joyería, el oro, las piedras preciosas. Solo llego e esas figuras pequeñas que los chinos hacen con el jade que apetece tocarlas y meterlas en el bolsillo. Las figuritas de bronce que los íberos echaban a las aberturas entre las rocas. Los brazos rotos de los griegos y romanos ilustres, esas narices perdidas, esos huecos como elipsis. La madera pintada y desgastada por el tiempo. Los frescos desvanecidos. Los animales rojos y simples en las paredes de las cuevas. Esos dibujos de los escritos tartésicos y chinos. Esos pequeños juguetes que los padres les hacen a sus hijos o los mismos niños construyen para jugar un rato. Los peinados que las madres hacen a sus hijas en los pueblos perdidos de África. Los tiradores con que los niños filipinos matan a los pájaros. Los adornos con que se personalizan los trompos. Las primeras cuatro notas indecisas. Las canciones que las mujeres cantan cuando limpian en la casa. Las figuras que los pastores esculpen con la navaja. Un jersey de mezclilla o de ochos que se hace en el poco tiempo libre. Los dibujos sin destino que hacen los niños y los que siguen siéndolo. El barro desigual, las vajillas gruesas y pesadas, el tazón blanco donde uno puede beber medio litro de leche con pan empapado.

A veces un objeto resalta como cuando el sol ilumina solo una pequeña parcela en el mar, aunque estén escondidos en el rincón más oscuro de un museo o en la pared más fría de una casa. Esos objetos me emocionan como un árbol centenario y no sé qué cosas podría hacer para que perduraran en mí. Es quizá la intención de quien lo hizo, quizá su alma, lo que me retiene tanto tiempo frente a él. Me gustaría cogerlo con mis manos, besarlo quizá. Porque esos objetos son como las buenas acciones de los hombres, como esos detalles que nos hacen congraciarnos con los demás y el mundo donde vivimos.