miércoles, 11 de abril de 2012

por la sierra de puertollano


 Echo la mañana con Tranqui. Cogemos el camino desde el Paseo de Mestanza, y cortamos campo a través hasta la aruinada Huerta de Viruta, cuyas pilas de lavar están destrozadas y los árboles resucitan de troncos viejos y resquebrajados. Ya hablé de esta mítica lavandería en tiempos en que aún no había agua corriente. Puede verse en el primer dibujo. El cerro de la derecha es uno de mis miradores favoritos, pues se ven los dos valles. Es el Morro de la Fuente, y se refiere a la fuente de la huerta. A la izquierda está las olivas de la Antoñita, arriba del todo. Sigo con dificultad a través de las jaras pringosas. Cojo un camino para atravesar la sierra, pero muere sin continuación. Bajo al Arroyo del Venero. Junto al agua crece vegetación más variada. Más colores que buscar (¡cuánto verde, mare mía!). Hago otro dibujo.
Volviendo al pueblo, ya a la hora de comer, me siento para dibujar Mestanza, con la muralla de la Sierra de Solana detrás.
Por la tarde dibujo unos castillones a la ribera de un arroyo que atraviesa la carretera del Hoyo. Estas formaciones rocosas se produjeron al enfriarse la lava de tanto volcán como nos rodea. En aquellos tiempos remotos que aman los geólogos.

martes, 10 de abril de 2012

solanilla del tamaral


Día ventoso. Gasto la mañana de paseo con Tranqui y una visita a Puertollano. Una invitación de Isabel a unas fabes impresionantes me inutiliza para el dibujo, para todo. Voy con Beni y un móvil con GPS para encontrar los restos que quedan de la Mina Diógenes, pero nos corta el camino una maldita reja con candado. Imposible. Estoy muy harto de tanta valla, tanta cadena y tanto candado. Vamos a ver si han brotado los castaños de la entrada de Solanilla. Impresionantes vistas, a la izquierda la sierra de Solana y a la derecha el Hoyo, Riofrío y el tajo de la hoz del Jándula.
Los enormes castaños de la entrada están aún en el esqueleto, junto a la poceta donde siempre baja agua de un manantial. Detrás la sierra con sus lonchas gigantes de piedra y, a la derecha, una subida preciosa entre madroños. Un paisano cargado de leña me habla de los solares, casas y terrenos que se venden, de toda esa gente que se fue del pueblo. Las nubes se tiñen de naranja y amarillo. Ya es tarde.
Camino de Mestanza las nubes siluetean animales agresivos y deshilachados sobre las encinas de un verde tan oscuro que yo dibujaría con tinta china negra, son como chinchetas clavadas en el borde de la sierra.
En Los Arcos, me apreto un café y un refresquito de limón. Se presenta María Jesús, que juega a las cartas  con el resto de la familia mientras escribo golpeando teclas como árboles verdes, como piedras llenas de musgo, como nubes grises, como los hielos sonoros de mi gin lemon.

lunes, 9 de abril de 2012

arroyolahuerta

Así llaman aquí a uno de esos pequeños valles que forman las colinas de los alrededores de Mestanza. Al suroeste, colindante a Charcobotija. Bajamos por el camino del peazo de Chambra. Tranqui, mi perro, es feliz viendo como sus carreras producen un movimiento de las ovejas.Corre de un sitio a otro asombrado de lo que es capaz de producir. Pasa las vallas por debajo y luego persigue patos, ranas y galápagos. El arroyo ahora corre bien, con trozos profundos donde Tranqui se da algún chapuzón. Es en éstos donde en verano queda algún charco donde sobreviven ranas y galápagos. Damos la vuelta en un pozo que parece de una antigua mina, cuadrado, grande, de la que no tengo noticia.

domingo, 8 de abril de 2012

las piedras de Lituero


Este sitio mágico en el curso del arroyo Valdecabras, en la cola del pantano de Montoro, contiene muchas historias. Los mestanzeños venían a comerse aquí el hornazo en una especie de romería pagana. También sé de algunos que escondieron aquí las armas, una vez acabada la Guerra Civil, para evitar venganzas. Yo las he intentado dibujar muchas veces, y nunca estoy satisfecho. Nunca consigo atrapar esa magia. Ahora todo ésto está precioso, todo verde y lleno de vacas.

Sobre la forma de llegar andando desde Mestanza hablé en esta entrada. El dibujo de esta entrada me gusta más que los que hoy os enseño. Los cuadernos son así: también está lo feo, lo malo.

sábado, 7 de abril de 2012

vistas


Días de lluvia y frío. Imposible dibujar. Ayer me llevo, del arroyo de Valdecabras, una ´buena granizada y unos cuantos espárragos. Hoy hace tanto viento que dibujo al resguardo de las casas. Arriba: las vistas desde la casa de la Gena. Abajo: los almendros de Antonio el maestro desde Las Cuadras, en un descanso de cubatas. A la espera de que todos estos madrileños liberen los bares y vacíen de coches las calles. Deseo un lunes, sin tanto vocerío y chavalillos enganchados al móvil (como Los Arcos tiene WiFi, esto está hasta arriba de chavalería).

miércoles, 4 de abril de 2012

minas de mestanza





Hoy visito las antiguas minas de los alrededores. Minas ya cerradas, en ruinas. Sólo unas paredes para recordar un duro trabajo, quizás tiempos mejores de este pueblo.
De la carretera del Hoyo sale un buen camino, que lleva a Encinarejo, casa de Cañas, y vuelta a Mestanza entrando por el paseo. 
La primera mina que encontramos es la de la Perdiz. Paso la puerta de la finca. A penas si queda algo en pié. Se acerca el dueño con gorrilla, bigotito y pantalón de cintura alta. Estoy dibujando, sólo eso. Me cuenta Eugenio, que tenía su propia fundición de plomo.
Un poco más adelante pasamos por la Mina del Burcio y la Colada del Burcio. De la mina aún quedan restos como la chimenea, la central eléctrica y el pozo.
La del Encinarejo está vallada fuertemente y es imposible acercarse. La dibujo desde la valla. Me comentan que se puede llegar a ella pasando el volcán de la Cayetana y cogiendo un desvío a dos kilómetros y medio.
La Mina de la Gitana se ve desde el camino que cogí para subir a la Alberquilla. Demasiado lejos para dibujarla. Está vallada. Imposible pasar.
Me hablan de una mina muy cercana al pueblo, por el camino del arroyo de los Huertos, la Molinera, que la llevaba Don Fabián. Allí trabajó un poco tiempo Graciano, el padre de Beni, y también Eugenio, que me cuenta que no había electricidad y se generaba quemando carbón para calentar agua. El vapor movía una turbina. Él también trabajó allí. Me acerco paseando. Sólo queda un depósito, que dibujo, y restos de una torre caída.

martes, 3 de abril de 2012

las tiñosas y alrededores

Otro día lluvioso. Voy a Las Tiñosas, un pequeño balneario ya usado por los romanos por su cercanía con la Mina Diógenes, que ya explotaran. De camino paso por la Mina, de la que sólo quedan ruinas (se inauguró en 1939, por la empresa Peñarroya). Cuando se dejó de extraer plomo argentífero, en 1979, todo volvió al propietario de la finca. El pueblo se arrasó y el castillete del pozo númeo 5 se llevó al Museo Minero de Puertollano. Ahora es sólo una finca de ganado. Sus vecinos, después de 30 años, vuelven a reunirse para rescatar sus tradiciones, el 12 de Mayo, en el día de Nuestra Señora de las Minas.

Se pone a llover. Dibujo el valle y la Sierra de Humbría de Alcudia. A media altura, está Las Tiñosas, dos filas de casas encaladas formando una pequeña calle, árboles de todos los colores y la fuente de agua agria y ferruginosa. La dibujo con el tejado de pizarra que yo recuerdo y que ya ha desaparecido. Las casas son de alquiler y siempre están ocupadas, porque son de renta antigua, según parece, y la gente que vive en ellas veranea aquí. Ya hay gente en estas fechas. Los perros ladran. Dibujo la sierra desde aquí. Este lugar me encanta.

Subo de Sierra de Humbría por la antigua carretera. Arriba del todo, me aparto y, sentado en el suelo, dibujo los peñones cercanos y la Sierra Madrona, ya Sierra Morena, la frontera con Andújar. Bajo a Solana del Pino. Me bebo unas cañas con carne de ciervo de tapa. Este pueblo está lleno de furtivos y sus congeladores llenos de carne de ciervo y jabalí. Cuando pretendo dibujar la plaza, empieza a llover fuerte. Subo la Sierra de Humbría nuevamente, ahora por la carretera nueva. Sierra Morena se ha convertido en una serie de siluetas lechosas que dibujo sentado en el coche, bajo una tormenta que da miedo.

La Antoñita me cuenta que en pleno apogeo lo visitó. Recuerda un albercón donde la gente se bañaba. El agua estaba muy fría.


lunes, 2 de abril de 2012

pantano de montoro y laguna de la alberquilla






Amanece lloviendo. Apenas si se ve la silueta de la Sierra de Puertollano, escondida tras las nubes. Compro un pan pequeño. María Eugenia me da recuerdos para su chacha. La tienda tiene cosas que creía ya no se usaban. Compro una escoba de caña, maizena y un champú. Ha dejado de llover y me voy con los trastos al pantano. A medio hacer el dibujo, se pone a llover. Lo que era alegre y soleado, se vuelve triste y sucio. Comemos conejo a la Panta, un rico plato que ponía Panta de tapa aquí, en Mestanza. Beni lo mejora con cebolla y setas.
Por la tarde, cojo el camino de la casilla de Cañas y El Acebuchar. Subo el camino de la Laguna de la Alberquilla. Dejo el coche junto a la casilla, arriba el camino se complica para un coche tan bajo. Huele a tomillo, lavanda y mejorana. Desde arriba, el valle se ve en todo su esplendor. Verde y punteado. Tiene tonos distintos de verde y distintas luces, dependiendo de cómo la filtran las nubes. A lo lejos llueve. La cortina de agua es oscura frente a las nubes y como una columna de luz sobre el azul de la sierra y el verde del campo. Me meto campo a través para llegar a los peñones verdes y rojizos, que dibujo. Detrás está esta laguna volcánica, con agua y carrizos rojizos en su interior. Aún quedan troncos pelados de las carrascas incendiadas hace unos años; pero todo está bastante recuperado. Se pone a llover y me meto bajo el paraguas, sentado en las peñas. El sol ilumina lateralmente las montañas de enfrente, ilumina los peñones de las cumbres. Este sitio es una maravilla. Aquí se han visto ejemplares de cigüeña negra, jabalíes y ciervos, que vienen a beber. A la vuelta dibujo el valle. Al bajar, me salen liebres de fuertes tonos anaranjados, blancos y negros. También perdices. Oigo codornices y pájaros. Decenas de ellos salen de una zarza al cruzar. Se pone otra vez a llover. Me he librado por los pelos.

apuntes en mestanza




Huyendo de las procesiones sangrientas y la música militar que las acompaña (¡sacrificio, sacrificio!), me escapo a Mestanza que, al ser tan pequeño, carece de este conmovedor espectáculo. Allí encuentro paz para mi convulso coco, que no acaba de acostumbrarse al mundo que sale por la tele. He de reconocer que todo me parece marciano y sólo estos cerros verdosos punteados de encinas me consuelan. Hace un día precioso y dedico la tarde a dibujar a brochazos sin detalle el cerro de la ermita, sus vistas hacia el pantano y otros paisajes del Valle de Alcudia, que se muestra radiante y bello a contra luz.

La gran noticia es que en Los Arcos han puesto WiFi.