miércoles, 24 de agosto de 2022

la paloma del almarejo


En Bonete, Albacete, en el yacimiento del Cerro del Almarejo, una elevación con forma de tronco de cono cincuenta metros sobre los terrenos cirundantes, se encontró un yacimiento de la Edad del Bronce gracias a los hallazgos cerámicos de los agricultores de la zonaSalió a la luz un importante poblado fortificado abandonado hacia el s. III a C., donde aparecieron restos de la cultura ibera, destacando la Paloma del Amarejo, que se ha interpretado como un vaso de libaciones con forma de paloma.

Es una vasija ornitiforme dotada de un embudo de relleno (el único resto fragmentado) y de un pico vertedor en forma de orificio rectangular situado encima de la cabeza. Es la pieza más valiosa del poblado. El terminado es de gran calidad, pintada de color rojo vinoso con líneas incisas en el cuerpo, estampillas en cuello y cabeza simulando los ojos del ave. El diseño es de gran perfección desde el punto de vista técnico y con una gran belleza plástica, fechadaa en los últimos años del siglo III a.C. en opinión del más reciente excavador de la zona, Santiago Broncano.

La pieza tiene una altura de 11,2 centímetros y una longitud de 19 centímetros. La coloración achocolatada que muestra el ejemplar que se encuentra en el Museo Arqueológico de Albacete puede deberse al incendio violento y destrucción bélica del poblado. Su uso es posible que fuera como vaso de libaciones cuando en las ceremonias religiosas se derramaba el vino o la cerveza en honor de los dioses locales.
Como curiosidad, esta cerámica úbera del siglo IV a.C. encontrada en el paraje de ‘El Amarejo’ se adoptó como emblema del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete. Un hallazgo descubierto en 1985 y que hoy en día se puede ver como el logotipo que se muestra en documentos o recetas. Un fino diseño del hijo del ginecólogo Ismael Piñero.

Las primeras excavaciones las realiza Pierre Paris en 1898 y 1899; casi 100 años después, en 1978, comienza el segundo periodo de excavaciones que se prolongan hasta 1992, Se han visivilizado habitaciones rectangulares con zócalos de piedra y alzados de adobe, con suelos de barro apisonado o la propia roca. También se han hallado hornos, uno de ellos posiblemente destinado a la fabricación de cerveza y otro cerámico, silos, almacenes e incluso una posible tienda de ofrendas, además de espacios para la molienda y almacenaje del cereal.

En el interior del recinto hubo un santuario de tipo urbano con el que se relaciona una de sus estructuras más representativas, una favissa o depósito votivo tallado en la roca hasta 4 metros profundidad. Aquí se ha hallado desde piezas de la vida cotidiana hasta materiales de lujo en marfil, bronce, oro y plata, recipientes en madera y yeso, telas de lana, trenzados de esparto y lino, semillas…, todos al parecer destinados al culto de la diosa Deméter. Junto a este depósito una estancia que se ha supuesto podría ser de algún sacerdote o persona encargada del culto por los materiales allí encontrados como son los vasos calados. Igualmente debió relacionarse con el culto el departamento que fue catalogado como tienda, almacén o depósito de ofrendas, en cuyo interior se encontraron un altísimo número de vasijas decoradas y, entre otras, un pebetero en forma de cabeza de Deméter o el vaso de libaciones que nos ocupa. Estudios de arqueoastronomía han demostrado que la favissa está orientada y es un marcador del equinoccio de primavera.

La imagen de la paloma surge una y otra vez en contextos domésticos, religiosos y funerarios, en alusión a la divinidad femenina más extendida en ambientes de influjo púnico: Tanit, vinculada a la fertilidad. En el mundo ibérico la paloma tuvo un papel importante en los rituales religiosos y funerarios, sobre todo en las zonas de la península ibérica de mayor influencia púnica. A partir del siglo III a.C., con la presencia de los cartagineses, las influencias púnicas se acrecentaron y tuvieron su proyección en el mundo de las ideas y creencias, en el imaginario ibérico, donde la iconografía de la paloma aparece en diversos soportes: como aplique en una tapadera cerámica de La Serreta (Alcoy, Alicante); como figuritas de bulto redondo en el mismo yacimiento y también en el Tossal de San Miguel (Líria, Valencia) y en El Cigarralejo (Mula, Murcia); junto a figuras femeninas o grupos de figuras en terracota en La Serreta y en la necrópolis de La Albufereta (Alicante). Asimismo se encuentra en escultura funeraria, como el pichón que sostiene en su mano la entronizada dama de Baza (Galera, Granada); en timaterios de bronce como el de La Quéjola (San Pedro, Albacete); en exvotos, sobre todo femeninos; en joyas, y es especialmente abundante en la pintura vascular de la fachada mediterránea peninsular.

Con cabeza de paloma, en la necrópolis de Cabezo Lucero, aparece un vaso plástico pintado en rojo.
Emeterio Cuadrado nos dice, que parece que la paloma era un ave especialmente grata a la divinidad que pensaban que se alimentaba de su carne y que los indígenas realizaban como ofrenda se cree que a la diosa Proserpina (deidad romana) o Perséfone (deidad griega) y eran percibidas como una especie profética, relacionada siempre con la armonía espiritual y la salud con carácter protector y benéfico. Estas palomas cerámicas son en la mayoría de los casos «askos» ibéricos con un orificio para echar un líquido y otro para la salida de las libaciones que debían tener un carácter funerario dentro de un complejo ritual religioso.

Otra característica en cuanto a las palomas es lo que los arqueólogos, investigadores y científicos llaman sirenas que viene bien caracterizadas que no son ni más ni menos palomas pero con cabeza de mujer. La mayoría de las veces vienen representadas en el mundo funerario, es decir, en esculturas de los diversos túmulos funerarios, faltándoles a ellas la cabeza sobre todo la mayoría de las veces en que aparecen. Aquí reproducimos una reconstrucción del pilar estela encontrado en la necrópolis orientalizante del Corral de Saus. En dichos enterramientos se han encontrado una serie de fragmentos de vasos plásticos como colas de aves o sirenas que recuerdan mucho a la cola de la sirena encontrada en el Amarejo y están igualmente pintadas. En esta misma necrópolis aparecen dos sirenas de piedra y un vaso decorado con seres fantásticos de apariencia similar. Ricardo Olmos Romera nos dice que cabría la posibilidad de que se que se trata de sirenas en vez de palomas. Probablemente fueron los colonos griegos los que introdujeron esfinges y sirenas en Occidente, ya que son seres mitológicos bien conocidos por ellos.

En el mundo funerario el ave se dota de pechos, se convierte en sirena para amamantar a los hombres, a los que arropará con el velo de sus alas.No debe extrañarnos, pues, que la diosa estante de La Albufereta afronte, asocie al niño con la paloma en su diestra, fiel transmisora de la diosa. Una devoción muy antigua, oriental e ibérica, enlaza estas figuras con la tradición de las damas sedentes con palomas. R. Olmos nos dice que la paloma puede estar representada por una divinidad femenina, cuyo nombre no sabemos, y que es la protectora de la fecundidad, de los campos y la agricultura, del ganado y los animales, de la mujer , del crecimiento de los hijos en cuanto se les promete un viaje al más allá u quizá de un posible retorno.




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