lunes, 24 de octubre de 2016

las plantas silvestres de augusto y ana

Increíble lo que estos dos botanófilos, Augusto y Ana, saben sobre nuestras plantas silvestres. Han llegado a estudiar y clasificar hasta 2.500 plantas en su herbario, que nos enseñan orgullosos de sus acotaciones en pluma de ganso y nogalina. Ellos nos pasean por el campo y, aún entusiasmados, nos van descubriendo que no hay mala hierba, que gran parte de ellas pueden tener una aplicación en la cocina, con el plus de sus propiedades medicinales. Nos las dan a probar, mezclando hojas de uña de gato con ombligo de Venus y unas flores de malva envueltas en una riquísima hoja de amaranto. Plantas diuréticas, cicatrizantes, para el pelo, digestivas, coronarias, para las vías respiratorias, para las hemorroides... nuestra tierra es una farmacia viviente que ellos han descubierto poco a poco en los libros clásicos, en la sabiduría popular y su propia práctica. Y ahora, generosos, nos la enseñan.

Gracias Maite. Y a Guillermo por sus deliciosas comidas y otros mundos paralelos.

domingo, 23 de octubre de 2016

el renault4 en el taller

No asustarse, es solo un cambio de aceite en Almodóvar.

sábado, 22 de octubre de 2016

almagro en bicicleta




Arriba: la Yezosa desde el camino de Ciudad Real. En medio: almacén de madera próximo a la estación. Abajo: Bar Prieto.

viernes, 21 de octubre de 2016

cosecha diaria (47)

La aparición de las lluvias, junto a las temperaturas aún cálidas, ha supuesto un rebrote de la huerta de verano que parecía estar en sus últimos momentos: más calabacines, berenjenas, pimientos, guindillas blancas, verdes y rojas, y los últimos tomates rojos y girasoles. A ello hay que añadir la aparición de las acelgas, y los nuevos tomates verdes, para conservas.
Por otra parte, se recogen las patatas, empiezan a verse calabazas pequeñitas y las primeras hojas de las lechugas. La albahaca y el perejil están a tope.

Para otros años, los tomates rojos ya habían desaparecido el 21 de septiembre y solo quedaban verdes.

jueves, 20 de octubre de 2016

pantano de montoro

No ha llovido apenas y ya se ven las farolas y las partes altas de la antigua presa.

miércoles, 19 de octubre de 2016

hospital santa bárbara de puertollano



En la habitación 225, Beni, Israel y Justa; y abajo Pilar, Justa y la Inés.

cambio de trenes

En Ciudad Real tengo que esperar al tren que me lleve a Almagro. Mientras, visito Manchacómic, una feria de cómic que se hace en el casino de Ciudad Real y su aledaño Paseo del Prado. Allí me apunto a un taller de caligrafía china, donde me divierto dándole al pincel vertical, y ceno algo en la terraza del A Sirigaita, a cuyo personaje del logotipo lo siento en la mesa del primer plano del dibujo (sacado de la servilleta). Dibujo a tientas, pues se ha hecho de noche y el camarero me atiende alumbrado por su móvil.

Ya en el tren regional, me llevo un gran susto cuando me asomo a la ventana y veo a un viejo cansado al otro lado, dibujando su propio reflejo con trazos de cómic.

martes, 18 de octubre de 2016

charleta en el avant



Aunque el Avant es un tren de alta velocidad, un lujo asiático, su precio es el de cualquier tren, ya que existe una financiación de la Junta de Comunidades que equilibra su precio, a costa también de los que no lo usan. El caso en que en 50 minutos llegas de Madrid a Ciudad Real, mientras que en un larga o media distancia necesitas más de dos horas. El billete para hacer el recorrido en autobús cuesta justo la mitad y tarda el doble en hacerlo. Lo más cómodo, para mí, del Avant es que hay trenes durante todo el día, y es más fácil dibujar, pues no existe el traqueteo y tiene hasta mesas individuales; pero creo que lo más honrado en estos tiempos es escoger un buen libro y tomar el bus sin prisas.

Me ocurre, como en otras ocasiones, que el dibujo hace de llave para abrir la conversación con los viajeros, que en esta ocasión son dos extrovertidos personajes. Lucía es enfermera en el Doce de Octubre y va a Puertollano a visitar a un amigo, se cultiva en el gimnasio y gusta de viajar. Richard tiene una academia de inglés en Ciudad Real. Mientras cada uno vamos construyendo nuestro personaje, mi dibujo va completándolos en el cuaderno. Y, sin darnos cuenta, ya hemos llegado.

billares


Los billares eran la única alternativa de diversión posible una vez que uno superaba la edad de andar por los descampados buscando lagartijas. En realidad al billar solo jugaban los mayores, los niños ocupábamos los futbolines, y cuando había dinero, rara vez, la mesa de ping-pong y las máquinas, que más tarde se llamaron de pinball a raíz de la ópera rock Tommy (The Pinball Wizard), de The Who, que narra las peripecias de un niño sordo, ciego y mudo que conecta con las máquinas tragaperras y es el número uno del mundo jugando con ellas. Como vemos, el LSD también ha hecho daño. En España, se llamaban máquinas, sin más. «Vamos a echar una partida a las máquinas», decíamos.

Los billares no eran un sitio adecuado para los niños, según los padres, porque se mezclaban jóvenes de todas las edades y se fumaba mucho. Tabaco, por supuesto. También se decían tacos y se producían peleas cada dos por tres. Presenciando una partida en unos billares junto a la calle Gabriel Lobo, a la vuelta del colegio, tras hacer una bola, que es como se llamaba a la carambola, uno de los jugadores le arreó con el taco al otro en la cabeza con todas sus fuerzas. Salí corriendo porque sabía que eso no iba a quedar ahí. No dejé de correr hasta llegar a casa. Éramos como perros de la pradera, ante la más mínima señal de alarma, emprendíamos la huida. Vivíamos a la intemperie, éramos carne de cañón, solo el instinto de supervivencia nos mantenía vivos. Ahora se ven menos costras en las rodillas, cicatrices y escayolas. Los niños viven más relajados.

Todo el mundo coincidía en que los billares no eran una buena escuela, pero no había ningún otro sitio donde ir, se convertía en el refugio universal, entre otros, de los que hacían pellas. También de rufianes, choricillos, macarras, convictos y todo tipo de personal de catadura moral dudosa. Las niñas no entraban. Si el sábado no había dinero para el cine, se pasaba en los billares. Ahí se reunía toda la golfería del barrio, había que ser discreto y mantener la invisibilidad porque en cualquier momento te podías ganar una gaya. Un simple cruce de miradas podía derivar en un «¿tú qué miras?» y la sensación de estar con un pie en el otro mundo.

El Gran Wyoming en ¡De rodillas, Monzón! Editorial Planeta. 
Primer tomo de su autobiografía, que sale hoy a la venta.

lunes, 17 de octubre de 2016

ultimas fotos de madrid con el móvil

















Desde que la arena de la playa destrozase mi última cámara de bolsillo y la sustituyera por un pequeño cuaderno, apenas si hago fotos. Solo me detengo ante aquellas imágenes cuya plástica me parece que merece la pena revisitar, y que el dibujo no puede ayudarme. Entonces, saco el móvil y hago lo que buenamente puedo.

Abajo, la clásica ferretería de la calle Atocha que ha cerrado.