Aunque Jesús lo dejó muy claro a lo largo de su vida, en gran medida convertimos el cristianismo en una religión cuyo objetivo principal era la perfección moral personal, alcanzar algún tipo de salvación, «ir al cielo», convertir a otros en lugar de a nosotros mismos y obtener más salud, riqueza y éxito en este mundo. En esa búsqueda, terminamos alineándonos en gran medida con imperios, guerras y la colonización de nuestro planeta, en lugar de con Jesús o los más vulnerables. Todo esto nos ha alcanzado en el siglo XXI.
jueves, 3 de septiembre de 2026
la salvación
El filósofo Ken Wilber distinguía entre «religiones ascendentes» y «religiones descendentes». Jesús propone una religión descendente. El lenguaje principal es el desaprendizaje, el desapego, la entrega, el servicio a los demás, y no el lenguaje del desarrollo personal, que a menudo subyace a nuestras nociones populares de «salvación». Si no tenemos cuidado, volveremos a convertir la religión descendente de Jesús en una nueva forma de religión ascendente, como ya hemos hecho tantas veces.
Aunque Jesús lo dejó muy claro a lo largo de su vida, en gran medida convertimos el cristianismo en una religión cuyo objetivo principal era la perfección moral personal, alcanzar algún tipo de salvación, «ir al cielo», convertir a otros en lugar de a nosotros mismos y obtener más salud, riqueza y éxito en este mundo. En esa búsqueda, terminamos alineándonos en gran medida con imperios, guerras y la colonización de nuestro planeta, en lugar de con Jesús o los más vulnerables. Todo esto nos ha alcanzado en el siglo XXI.
Richard Rohr en Center of Action and Contemplation
Aunque Jesús lo dejó muy claro a lo largo de su vida, en gran medida convertimos el cristianismo en una religión cuyo objetivo principal era la perfección moral personal, alcanzar algún tipo de salvación, «ir al cielo», convertir a otros en lugar de a nosotros mismos y obtener más salud, riqueza y éxito en este mundo. En esa búsqueda, terminamos alineándonos en gran medida con imperios, guerras y la colonización de nuestro planeta, en lugar de con Jesús o los más vulnerables. Todo esto nos ha alcanzado en el siglo XXI.
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