Desde la adolescencia, su sueño era vivir en una isla, entre las montañas y el mar; por lo que, recién graduada, viajó a las Islas Vírgenes, donde trabajó con veleros. Cruzó el Atlántico en barco de vela y visitó las islas del Mediterráneo, y finalizó su viaje atracando en Palma, uniéndose a la comunidad de artistas de Deià.
Allí se casó con su exmarido y tuvo dos hijos. Abrió una cafetería y empezó hacer la vajilla del negocio. A la gente le encantó, y empezó a preguntar y, finalmente comprar piezas. En 1997 vende la cafetería y se dedica a la cerámica a tiempo completo. La mayoría de los hoteles, cafeterías y restaurantes de la zona de Deià poseen y exhiben sus piezas de cerámica, que reflejan la abundancia de frutas y flora, así como el mundo marino que rodea Mallorca.
Allí aún tiene un pequeño estudio y tienda artesanal en este pueblo, en que ofrece cerámica hecha a mano y cerámicas decorativas que se inspiran en la naturaleza que le rodea, los colores mediterráneos y las tradiciones artesanales locales.


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