lunes, 16 de septiembre de 2013

onas


Lahille, Fernand: Materiaux pour servir a l´histoire des oonas -indigenes de la Terre de Feu (Planches).
Bs.As. Coni, 1926.











Los primeros pobladores humanos de Tierra del Fuego fueron cazadores y recolectores nómadas que dependían de los recursos terrestres existentes. Ocupaban lo que hoy es la Isla Grande, hace ya más de 10.000 años. Llegaron desde el Norte, caminando, pues en ese momento la Isla Grande estaba todavía conectada con la Patagonia Continental. El Estrecho de Magallanes se abrió a aguas oceánicas hace sólo unos 8.000 años. Una segunda oleada de poblamiento fue la de los nómades del mar. Estos llegaron por mar, navegando de isla en isla desde el Islario Occidental de Patagonia.

Estos habitantes de la porción Norte de Tierra del Fuego, entre el Estrecho de Magallanes y las estribaciones septentrionales de la cordillera fueguina, se llamaban a sí mismos selk'nam. En el extremo Sud-Oriental de la Isla, los pobladores de la actual Península Mitre se autodenominaban haush. Unos y otros fueron conocidos por onas, denominación con que los designaron los yámanas, sus vecinos del Sur.

Los selk'nam se caracterizaban por el riguroso autocontrol de su comportamiento y su reserva; no había efusividad en los saludos y era de mala educación exteriorizar emociones. El lenguaje de los selk'nam era áspero, con muchos sonidos oclusivos y guturales; en este sentido era similar al de los tehuelches de Patagonia continental. Para oídos no acostumbrados, una conversación amistosa sonaba como un violento altercado. Siendo grupos nómades, sus viviendas eran de uso temporario y poco elaboradas. 

El hain era la ceremonia más importante de los selk'nam. Durante su desarrollo se cumplían roles tanto de capacitación (pues era el momento en que se trasmitía el conocimiento de mitos fundacionales de gran riqueza simbólica a los candidatos) como de evaluación (pues se los examinaba en lo referente a las capacidades desarrolladas para enfrentar las tareas propias de la vida adulta). 


Como parte del examen para ser reconocidos como adultos y cazadores, los candidatos debían soportar exigencias que demostraran dominio sobre sí mismos. Cacerías solitarias, limitación de los movimientos permitidos, de la expresión, del sueño, alimentación escasa eran las más frecuentes. Se les exhortaba a corregir su carácter. Pero lo más importante era la iniciación e ingreso de los varones a una cofradía masculina encargada de mantener la sumisión de las mujeres, sobre lo que se basaba la estructura social selk'nam. Se les narraba el mito fundacional: antiguamente la superioridad social estaba en manos de las mujeres, capitaneadas por la Luna, que disfrazándose de espíritus hacían creer a los varones que éstos las respaldaban. El Sol descubrió el engaño, los varones dieron muerte a todas las mujeres adultas y decidieron aplicar en provecho propio la simulación. La Luna, escapó de la masacre huyendo al cielo, donde sigue siendo perseguida por el Sol. La iniciación de los adolescentes incluía la revelación de que los espíritus no eran sino hombres disfrazados. Los varones cuidaban de no ser descubiertos: con máscaras de cuero de guanaco o de corteza y con otros elementos lograban desfigurar bastante exitosamente la condición humana de los actores y atemorizaban a las mujeres con apariciones de espíritus, cuyas personalidades y figuraciones eran muy definidas. Se suponía que algunos provenían de las profundidades de la tierra y otros del cielo. 

La ceremonia se realizaba en una choza especial de gran tamaño, también llamada hain, pero incluía diversas actividades exteriores. El acceso a esa choza estaba absolutamente vedado a las mujeres, incluso su acercamiento excesivo podía ser reprimido con violencia física. Que un varón revelara a las mujeres lo que ocurría en su interior podía ser castigado con la muerte, tanto del infractor como de la mujer que hubiese tenido acceso a tal secreto. Al parecer, las mujeres espectadoras creían en la real presencia de los espíritus; según Lucas Bridges, se enteraron de la simulación sólo cuando la desintegración étnica estaba ya muy avanzada. 

Hoy la cultura y el estilo de vida tradicionales selk'nam han desaparecido. No hay quien tenga el selk'nam como lengua madre. Esta desaparición es una triste historia plagada de asesinatos, secuestros, desarraigos e infamia. El pueblo Selk’nam fue lentamente sofocado y exterminado por el hombre blanco. Pero, antes de su definitiva desaparición en la bruma del tiempo, miradas occidentales pudieron contemplar, fotografiar e intentar comprender el maravilloso rito del hain. Este fue el caso del antropólogo austríaco Martin Gusinde que participó de uno de los últimos rituales onas, en el año 1923.

Fuente: Taringa!

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